65 AÑOS DE UNICEF

Es la principal organización internacional que trabaja por los derechos de la infancia. Está presente en más de 150 países, incluida España, donde este año celebra su cincuenta aniversario. Su labor se centra en la consecución de cambios que afectan millones de críos en todo el mundo. Desde su creación, el 11 de diciembre de 1946, UNICEF ha evolucionado con un único objetivo: garantizar los derechos de los niños. 65 años después, recordamos este impagable trabajo como homenaje a la parte más delicada y pequeña de nuestro planeta. 

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Vuelta a la escuela a tres meses del terremoto (Haití). Reportaje para XL Semanal realizado con UNICEF.

FOTO  ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por Nuria Blanco Hernández para GEA PHOTOWORDS

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Elie Wiesel es un referente mundial del sufrimiento, una víctima de la indiferencia. El escritor húngaro autor de La Noche y premio Nobel de la Paz en 1986, sobrevivió al infierno nazi y sus campos de concentración. Atenazado por el miedo y con el daño físico y moral siempre presentes, tomó la firme decisión de dedicar su existencia a hablar del Holocausto para evitar que cayera en el olvido, para impedir que se repitiera.

Una experiencia como la protagonizada por Wiesel (la guerra, el odio y sus devastadores efectos) no hubiera sido posible si en la mentalidad colectiva de entonces hubiesen estado presentes la existencia y los derechos del otro. De los otros, del resto de seres humanos con los que compartió tiempo y espacio. Wiesel, su pasado y su mensaje se concentran en la más fascinante de sus frases: “Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Lo opuesto al amor es la indiferencia ante el sufrimiento ajeno”.

La indiferencia impide comprender otras realidades, antepone un velo a través del cual resulta imposible empatizar. Sin embargo, en ocasiones las realidades golpean las conciencias. La guerra o el hambre suelen ser algunas de ellas. Wiesel fue con tan sólo dieciséis años una de tantas víctimas de la II Guerra Mundial. Aquel desastre, aquella guerra, dio origen, en 1946 y en el seno de Naciones Unidas, a UNICEF, ente imprescindible que garantiza desde entonces los derechos de los niños, y que no hubiera sido posible si sus promotores hubiesen cerrado los ojos, hubiesen optado por la indiferencia.

A día de hoy, con 65 años de existencia a nivel internacional y 50 años recién cumplidos en España, UNICEF está presente en más de 150 países. La organización presta ayuda a gobiernos y ONGs con las que se coordina para desarrollar políticas y proyectos que ayuden a solventar todo tipo de emergencias socio-político-sanitarias. Cuenta con oficinas regionales y comités nacionales en todo el mundo, y tiene su sede central en Nueva York. Desde su origen, la organización ha recorrido un dilatado camino en el que la perseverancia, el esfuerzo personal de cada uno de sus miembros y los recursos materiales, conseguidos a través de donaciones privadas e institucionales, han sido el verdadero motor de las transformaciones de países y mentalidades.

La organización humanitaria cuenta con un Nobel de la Paz concedido en 1965 por su labor “en el cumplimiento de los derechos de los niños a la salud, la educación y la protección en todo el mundo”. Fue el primer galardón que se otorgaba a una institución como ésta. Más tarde vendrían otros reconocimientos, como el Príncipe de Asturias de la Concordia, en 2006. UNICEF basa su labor en la Convención sobre los Derechos del Niño, el tratado de derechos humanos más ratificado del mundo, aprobado en 1989 y que entró en vigor a finales de los años noventa.

 

50 AÑOS EN ESPAÑA

Corría el año 1961 cuando la Asociación de Amigos de UNICEF tomó la decisión de divulgar su labor en España para “contribuir a la solución de los problemas de la infancia, aportando los medios económicos y materiales necesarios”. Por entonces, el grupo apenas contaba con 240 socios. Una situación muy distinta a la de hoy. Cincuenta años después, con casi 265.000 socios y proyectos activos en 22 países, el comité nacional español celebra una mitad de siglo en activo y, como señala Lorena Cobas, Técnico de Emergencias y Cooperación Internacional en UNICEF, cada día sonríen por el trabajo realizado sin dejar de observar el terreno y sin perder de vista su misión. Trabajan en países del Norte y del Sur. Cada uno presenta sus características, sus problemas e idiosincrasias. “La diversidad de cada territorio es extensa y en cada país hay que adaptar el trabajo y hay que adaptarse a la situación política, cultural, religiosa… el trabajo ha de ser profesional”.

Vinculada a la organización desde 2003, Lorena cuenta con experiencia en muchos países, sobre todo en los de América Latina y del sur y suroeste de África. Bolivia, Honduras, Ucrania, Angola, Mauritania o Kenia, son sólo algunos de ellos.  De Kenia acaba de regresar hace escasos días. El país presenta dos emergencias principales: la sequía que afecta a más de 3 millones de personas y el campo de refugiados somalíes que alberga a 460.000 personas, problemas a los que se añade la subida del 240%  en los precios de los alimentos básicos, algo que afecta a todo el territorio africano para sonrojo de la comunidad internacional.

La peor parte se encuentra en el campamento de Daabad, que concentra el mayor número de refugiados. Por suerte para la población somalí que huye del hambre y  las represalias (ecos de una guerra con intermitencias), el gobierno keniata concede el estatus de refugiado a todos los que hacia allí se dirigen, lo que les proporciona automáticamente mayor protección. “La solidaridad keniata es ejemplarizante, demuestra que ese gobierno quiere formar parte de la solución”, añade Cobas.

Otro ejemplo del interés y la perseverancia de UNICEF, de su profesionalidad y de su trabajo con los gobiernos, es el que destacaba hace unos días en un encuentro digital Paloma Escudero, Directora Ejecutiva de la organización, y que hacía referencia a Brasil, país en el que colaboran. “Desde que entró Lula da Silva en el poder se concentró en la lucha contra el hambre como una de sus políticas prioritarias. Y ha obtenido buenos resultados” añade Lorena Cobas quien matiza que América Latina “tiene sus propias particularidades”.

UNICEF trabaja por el desarrollo de los países y sobre el terreno con los gobiernos de los países afectados, “requisito imprescindible”. También con ONGs y otras agencias de Naciones Unidas. “Somos una organización de apoyo a los gobiernos para que lleven adelante la vida de sus países”. Inciden sobre todo en la formación de los funcionarios y personal, en la implantación de políticas públicas defensoras de la infancia, o en acciones encaminadas a los cambios de comportamiento culturales como son la mutilación sexual femenina o el reclutamiento de los niños soldado.

Respecto a estos últimos, una medida increíblemente eficaz y en apariencia meramente administrativa es el registro civil de nacimientos, que ha logrado un control absoluto sobre las poblaciones, de las cuales ahora sí se puede comprobar edades y procedencias así como el número de miembros de cada familia. Un mecanismo con el que hacer fuerza y exigir liberaciones, al tiempo que interponer cotos a la impunidad de los captores.

Nutrición, educación, protección de la infancia, saneamiento e higiene, potabilidad del agua, lucha y prevención del VIH-Sida son algunos de los proyectos que UNICEF asume y que pone en marcha gracias a los fondos procedentes de la ONU y de los comités nacionales que cuentan con diferentes vías de captación de fondos.

En España, la vía principal de financiación son los socios que han conseguido destinar a la emergencia nutricional del Cuerno de África (que afecta a más de 13 millones de personas en Somalia, Kenia, Etiopía y Yibuti), casi 4 millones de euros; “somos un país solidario”, señala con agradecimiento Lorena, quien asegura que sin el esfuerzo común de la organización, sin la buena voluntad de los gobiernos y sin las aportaciones de instituciones y socios no sería posible alcanzar la eficacia de sus acciones. Su presencia en estos países, afirma con rotundidad, “es clave” porque “la solución a los problemas de estos territorios tienen que salir del propio entorno, de la comunidad”, y la mayoría de las veces los afectados no cuentan con la preparación o los medios para afrontarlos por sí solos.

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Nuria Blanco es periodista por la Universidad Complutense de Madrid y ha trabajado en varios medios de comunicación, especialmente en radio. Apasionada por la fotografía edita un blog personal que puedes ver haciendo click aquí.

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