A SEIS MESES DEL TERREMOTO DE HAITÍ

EL TERREMOTO DE HAITÍ SE REGISTRÓ EL 12 DE ENERO DEL CORRIENTE AÑO. SE CUMPLEN HOY SEIS MESES DEL DESASTRE Y EL MUNDO YA CASI NO HABLA DE UNA DE LAS TRAGEDIAS MÁS TERRIBLES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

CRISTINA HERNÁNDEZ, envíada especial de Radio Nacional de España a Haití, nos recuerda su experiencia en los días inmediatos al seísmo.

©  Fotos ANGEL LÓPEZ SOTO, miembro de GEA PHOTOWORDS

DESDE PUERTO PRÍNCIPE

Por Cristina Hernández

En el norte de Haití, a 900 metros de altura, en lo alto de un pico llamado Laferrière, se alza la mayor fortaleza de toda América, La Citadelle, con muros de cuatro metros de grosor, 365 cañones, puentes levadizos y pasadizos secretos, se convirtió en inexpugnable y fué, precisamente ese, el objetivo de su construcción: defender el interior del país de posibles invasiones. Porque la primera y única revolución negra que triunfó en la historia había decidido no volver a tener nunca un amo blanco. Haití había puesto fin, en 1804, a más de un siglo de ocupación francesa de esclavitud. Baste decir que a mediados del siglo XVIII habitaban en esa parte de la isla La Española 300.000 esclavos traídos, la mayoría de Africa, frente a apenas 12.000 ciudadanos libres, blancos y mulatos fundamentalmente, aunque los haitianos, por su libertad, tuvieron que pagar a Francia un alto precio, la primer deuda económica de su historia.

Cuatro días después del terremoto del pasado 12 de enero crucé por tierra la frontera con República Dominicana para entrar por primera vez en Haití. Y la primera sensación fué comprobar que ese país es un trocito de Africa trasladado al Caribe ya que la mayoría de sus habitantes son descendientes de esos esclavos. La segunda, admirar la misma dignidad y determinación para afrontar la catástrofe que llevó a sus antepasados a rebelarse por su libertad.

Muy al contrario de lo que muchos medios de comunicación publicaron esos días durante mi estancia en Haití, no observé ningún altercado y me negué a utilizar la palabra saqueo, porque no se puede calificar así a la necesidad de buscar, entre toneladas de cascotes, algo con lo que alimentarse cuando lo has perdido todo. El pueblo haitiano fué para mí un ejemplo. Cientos de sus ciudadanos se agolpaban cada día a las puertas del aeropuerto de Puerto Príncipe, en cuyo interior acampaban ongs, organismos internacionales y prensa. Cien aviones aterrizaban allí cada día, cargados de ayuda humanitaria y sin embargo, en mis recorridos por la ciudad, pude comprobar cómo ni agua ni alimentos llegaban a los casi dos millones de seres humanos que, en campamentos improvisados, dormían noche tras noche al raso. Cascos azules de la ONU custodiaban la entrada al aeropuerto y en ocasiones utilizaban la violencia para dispersar a los allí congregados. Yo pude hablar con muchos de ellos y, siendo conscientes de que era una periodista occidental, nunca me pidieron limosna. Querían trabajar, ganarse su sustento con dignidad y que nadie les impidera acceder a unas instalaciones que eran suyas, haitianas. Querían que se les tuviera en cuenta a la hora de abordar la titánica labor de reconstruir y sacar adelante a su país. Está por ver si ésto último se cumple.

En la construcción de La Citadelle participaron hasta 20.000 hombres durante quince años en condiciones de semiesclavitud. Es la otra historia negra de Haití, la de sus corruptos gobernantes. Porque alcanzada la libertad, una sucesión de tiranos se han hecho cargo de los designios del país al que han sumido en la pobreza al mismo ritmo en el que incrementaban su riqueza personal. Han masacrado a sus habitantes en muchas ocasiones con la connivencia de potencias extranjeras. Solo basta recordar que Estados Unidos ayudó a huir del país al hijo sucesor del siniestro François Duvalier. De ahí las palabras que una vez escuché de boca del periodista haitiano Rolphe Papillon:  “las organizaciones locales haitianas deben ser escuchadas a la hora de afrontar la reconstrucción del país. Es la única garantía de que los miles de millones de euros comprometidos por la comunidad inernacional no vuelvan a perderse entre la corrupción internacional y local. Incluso en situaciones tan dramáticas como esta, la soberanía nacional no es negociable”.

Aprendamos de errores pasados y confiemos en el potencial humano que, yo misma, pude descubrir durante diez días que cambiaron mi vida.

Haití: seis meses después, las víctimas siguen viviendo en condiciones de extrema precariedad
Médicos Sin Fronteras presenta su informe ‘Respuesta de emergencia tras el terremoto de Haití: Decisiones, retos, actividades y finanzas’

Seis meses después del terremoto que sacudió Haití el pasado 12 de enero, la organización médico-humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) recuerda las terribles condiciones en que siguen viviendo las víctimas de la catástrofe, con motivo de la publicación del informe en el que hace balance de la que ha sido la mayor intervención de su historia.

La intervención médica de MSF en Haití ha evolucionado durante los seis últimos meses, desde un modelo de respuesta de emergencia a un abanico más amplio de actividades médicas y de asistencia de primera necesidad. “Los haitianos fueron los primeros en responder a esta catástrofe, y hemos respaldado su esfuerzo con una intervención masiva. Hoy, la atención médica que reciben los haitianos ha mejorado, y ciertamente es más accesible que antes del terremoto y esto supone que la población más desfavorecida recibe la adecuada asistencia sanitaria”, explica el coordinador general de MSF Stefano Zannini, quien ya se encontraba en Puerto Príncipe cuando se produjo el seísmo, que mató o hirió a cientos de miles de personas y dejó en la calle a cerca de un millón más.

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