ABANDONAR ANGOLA

La cuenta atrás no se detiene para Angola. En este momento solo cuatro ONG permanecen en el país, ya que en los últimos años casi una veintena de ellas lo han abandonado por falta de fondos. La próxima podría ser la Fundación Codespa que junto con Cruz Roja son la representación española en el país africano. Para lograr permanecer en el país y continuar con sus proyectos dirigidos a la población rural han puesto en marcha un `street view´ solidario. Recorriendo sus calles podremos conocer la historia de Martinho, Natalia o Luciano entre otros angoleños que viven en zonas rurales, las más castigadas en las casi tres décadas de guerra civil que sufrió el país.

 

Sin título-1

.

DETRÁS DE UN PROYECTO – FUNDACIÓN CODESPA

Por María Álvaro Navarro para GEA PHOTOWORDS

 

Las heridas de la guerra civil más larga de África siguen abiertas en Angola. Tres décadas de un conflicto civil que no sólo truncó vidas, sino también la fuente de ingresos de muchos congoleños; la agricultura. Pérdida de infraestructuras, de cosechas y de conocimientos agrícolas que dejaron de transmitirse de padres a hijos. Todos estos factores, han provocado que en la actualidad muchos alimentos básicos sigan teniendo que ser importados de otros países. El sobrecoste que esto supone ha provocado una situación de inseguridad alimentaria. En provincias como la de Huambo, en el centro-oeste del país, el hambre afecta a más del 90% de la población.

Angola es un país con desigualdades palpables. La capital, Luanda, es considerada como la ciudad más cara del mundo situándose en la lista por encima de Nueva York, Tokio o Londres. Aunque en barrios humildes de la capital como el de Samba, sus habitantes viven en chabolas y su sueldo medio no supera los 150 dólares al mes.

Desde principios de la década de los setenta con la guerra de la Independencia de Portugal y después con una guerra civil que se extendió en el tiempo durante casi treinta años, Angola ha sufrido el mal de una guerra que parecía no tener final. En la actualidad, las armas ya no disparan pero ahora es el hambre y el olvido lo que mata a los angoleños. Los datos reflejan como en 2011 el 54,3% de la población vivía con menos de 1,25 dólares al día lo que provoca una situación grave de inseguridad alimentaria y desnutrición.

Quince organizaciones que se encontraban en el país realizando proyectos de desarrollo han tenido que marcharse por falta de fondos y dos más lo harán en diciembre. Cruz Roja y Codespa son las únicas españolas que siguen en el país, aunque la cuenta atrás para la permanencia de esta última ya ha comenzado. “Es muy caro estar en Angola. No es un país prioritario para la cooperación española” señala Alberto Durán, coordinador de la campaña “Angola Help View”. Con esta iniciativa pretenden acercar cómo es la vida en las zonas rurales del país a través de una visita virtual por las historias de muchos de sus habitantes y denunciar como uno de los países más pobres del mundo, también es el gran olvidado.

La Fundación Codespa lleva trabajando en las zonas rurales de Angola desde 2010 pero ahora está viendo peligrar su permanencia en el país ya que el convenio financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) finaliza el próximo año. “Nuestro trabajo, nuestro esfuerzo y el de los angoleños, su lucha y los resultados de todos forman parte de una carrera de largo recorrido. Dejar los proyectos ahora significaría interrumpir esta carrera. Tirar por la borda gran parte de los esfuerzos invertidos por todos. Todavía se necesita más tiempo para un completo fortalecimiento y empoderamiento, que les permita caminar solos” destaca Silvia Abadía, técnico de la fundación Codespa en el terreno.

 

Protagonistas en su comunidad

En las zonas rurales de Angola, como en muchos otros países africanos, las mujeres soportan una enorme carga de trabajo no solo en el hogar si no también en el campo. Son la espina dorsal de África encargándose de los trabajos más duros. “Esta situación reduce sus oportunidades para estudiar o desarrollar otras actividades generadores de rendimiento, de tal forma que se perpetúa su situación de dependencia económica y social” señala Silvia Abadía.

Natalia es miembro de la cooperativa Kalussinga en Andulo. Participa junto a otros miembros de su comunidad en las Escuelas de Campo que organiza la Fundación Codespa para recuperar los conocimientos y técnicas agrícolas que la guerra impidió que pasaran de generación en generación. “Juntos vamos perfeccionando el cultivo. Sola no se aprende nada, pero juntos se consigue todo” señala Natalia. Pertenecer a la cooperativa le ha permitido formar parte de las decisiones y el desarrollo de su comunidad.

María Madalena es otro ejemplo de cómo las mujeres están tomando el protagonismo en las comunidades rurales. Ella tiene una pequeña tienda en la que vende bidones para que los agricultores puedan guardar sus cosechas y estas no se pierdan por la falta de infraestructuras de almacenamiento. “El uso de los bidones permite a los agricultores almacenar semillas durante mucho tiempo. Además de eso otras personas compran los bidones para la conservación de otros productos. También es un beneficio para nosotros, los comerciantes, porque tenemos un producto nuevo en la tienda” señala orgullosa en la puerta de su local.

 

Cooperativas para ganar al hambre

Un molino cambió la vida de Manuel y de su comunidad, situada en la pequeña localidad de Chikelo. Los costes de transporte y las grandes distancias que tenían que recorrer impedían que pudieran viajar para moler sus cosechas de maíz. Lo que antes podría costarles 2 o 3 horas ahora lo consiguen en solo unos minutos gracias a un molino con el que además obtienen unos ingresos de 2.000 dólares al mes, que se reparten entre las 60 familias de la cooperativa. Manuel tiene claro que la obtención de nuevos molinos será la base para seguir creando oportunidades en la comunidad.

La de Luciano es otra historia de éxito. ‘Ben Vindo’ o traducido ‘Bienvenido’ es el nombre de la cooperativa de la que forma parte en el municipio de Caála. Gracias al trabajo cooperativo ha podido acceder a formación agrícola y a la comercialización de productos junto con otros miembros de su comunidad. El acceso a microcréditos permite que familias como la de Luciano puedan comprar ganado para la tracción animal, material didáctico para sus hijos o pagar los gastos de la escuela.

 

Títulos de propiedad que crean seguridad alimentaria 

Martinho y los miembros de su aldea en Andulo están impacientes por recibir el título que acredita que son propietarios de sus tierras. El proceso de delimitación de tierras les permite tener seguridad para cultivar sus alimentos y la certeza de que estas no caerán en manos de las grandes corporaciones. Angola cuenta con la Ley de Tierras para proteger a los agricultores de aquellos que quieren usurpar sus tierras aunque las autoridades locales de muchas zonas rurales no tienen ni con los conocimientos ni tampoco los medios para aplicar la legislación.

“Primero tuvimos una charla con los ancianos que aceptaron el proceso, después las comunidades de las aldeas vecinas también estuvieron involucradas y fui acompañado por Codespa, nuestra dirección de agricultura y muchas instituciones” señala Martinho en cuanto al proceso para obtener los títulos de propiedad.

 

Visita la web del proyecto

María Álvaro Navarro. Periodista valenciana afincada en Madrid dedicada a la comunicación de temas sociales. Máster en comunicación, cambio social y desarrollo. Ha trabajado en el departamento de comunicación de Cruz Roja Española y en Greenpeace España. También ha trabajado en el programa Medi Ambient de la televisión autonómica valenciana y ha colaborado realizando reportajes con diferentes asociaciones medioambientales. 

 

, , ,

No comments yet.

Deja un comentario

Leave your opinion here. Please be nice. Your Email address will be kept private.