ALBINOS – LOS FANTASMAS AFRICANOS

Tanzania, el país con mayor población albina de África, se ha visto obligado a crear centros especiales, como Kabanga, para proteger a las personas con albinismo que tienen que huir de sus poblados por miedo a ser descuartizadas por los traficantes de cuerpos. Pero el verdadero asesino al que se enfrentan es el sol que consumirá sus vidas antes de los 30 años si no se protegen adecuadamente. Estas historias nos llegan de la mano de Ana Palacios que el jueves 6 inaugura la exposición Albinos en Tanzania en la galería madrileña Espacio Foto.

 

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Foto ©  Ana Palacios

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ALBINOS EN TANZANIA

Por Ana Palacios para GEA PHOTOWORDS

 

África no es sitio para una hipocondríaca de provincias, así te lo digo. Yo, que me dan un beso y me hago la prueba del sida, que si alguien tose cerca dejo de respirar y que si me duele la tripa pienso que es cáncer de colon… cojo y me voy a Tanzania de voluntaria. “Yo puedo”, pensé. Al fin y al cabo fui monitora de campamentos en 1990. Una semana, nada menos.

Vacunada hasta los dientes, incluida la encefalitis japonesa, terminé en Kabanga, un remoto pueblo minúsculo al este del país, en la frontera con Burundi, muy cerca de los campos de refugiados de ACNUR, donde viven miles de ruandeses, congoleños y burundeses. Allí ni safaris, ni hoteles de bungalows, ni corriente eléctrica, ni agua corriente. Allí nada es corriente, todo es escaso. Un lugar donde el lujo es sobrevivir. 

Al final del pueblo, donde pastorean a las cabras famélicas, está Kabanga Center. Un lugar alegre, lleno de vida donde conviven unas doscientas personas. Comen, duermen, trabajan la tierra, tienen su propio huerto, taller de costura, comedores, cocina comunitaria, aulas, zona de juegos… Hasta aquí suena estupendo, pero Kabanga es en realidad una fortificación. Un pueblo amurallado, que acoge a personas muertas de miedo y que no tienen donde ir.

En Kabanga viven personas con diversidad funcional de vista, oído, problemas psíquicos, y unos cien albinos. El azar de la genética los ha convertido en excepcionales y los ha agrupado aquí para poder sobrevivir. Albinos que, o bien han tenido que huir de sus aldeas por miedo a que los descuarticen, o porque los han abandonado en ese centro por vergüenza de su propia familia.

El albinismo, que parece tan exótico en Occidente, es un drama en África. Es una condición genética que consiste en la falta de pigmento en piel, ojos y pelo. Además, sufre serios problemas de vista como la fotofobia, estrabismo, miopía y el nistagmo (no pueden dejar de mover los ojos de un lado a otro). Al no tener melanina en la piel, que es un fotoprotector muy eficaz contra las radiaciones solares, la vulnerabilidad ante los efectos abrasivos del sol es tremenda. Si no se protegen de otra manera (cremas solares, ropa de manga larga, gafas de sol, gorros, etc.), es muy probable que empiecen desde niños a padecer quemaduras severas que pueden degenerar en un cáncer de piel o que el daño en los ojos acabe en ceguera total.

Hasta aquí podría decirse que la genética te ha repartido unas malas cartas y que te ha tocado tener ese color lechoso -cuando tus hermanos son negros como el tizón-, no vas a ver tres en un burro y olvídate de los vestidos de tirantes. Pero es que eso no es todo.

Las personas con albinismo en Africa sufren una seria discriminación social. Hay poca conciencia de que es una condición genética y que es el azar el que te ha jugado una mala pasada. Muchos africanos no saben porqué son de ese color tan parecido al de sus colonizadores con lo que empiezan a inventarse mitos y supersticiones para explicarlo. Que si son hijos de Lucifer, que sí la madre se ha liado con un blanco, que si se ha concebido durante la menstruación, que si es un castigo de los dioses… Un hijo “blanco” se convierte en un estigma para la familia: los cuidan menos, les alimentan menos, les educan menos.

 

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Foto ©  Ana Palacios

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Incluso muchos albinos se llaman Mavuto (“problema” en chichewa, idioma de Africa Central). ¿Cómo vas a tener autoestima si te llamas así? No te cuidan en casa, no ves la pizarra en clase y, encima, eres de otro color. Así comienzan los obstáculos sociales. No llegas a Secundaria, así que no accedes a trabajos de mayor responsabilidad, no te quieren mucho, así que te cuesta casarte, y encima das miedo porque se creen que estás maldito. Tus propios vecinos dicen por ahí que los albinos no mueren, sólo se desvanecen, o que si les tocas te vuelves blanco o caes enfermo. Muchas tribus matan a los niños si nacen albinos, los abandonan o los ofrecen para sacrificios rituales. Sí, sí, en pleno siglo XXI, sí.

Y el drama continúa. Además de tener una salud raquítica, sufrir la discriminación de su entorno y afrontar un futuro desolador, cogen los brujos y ponen de moda el elixir de albino. Parece que la hechicería presume de fórmulas clásicas y, de vez en cuando, innovan con pócimas de temporada.

En 2007 empezaron a pedir trozos de cuerpo de albino para hacer sus brebajes, panacea de riqueza y buena suerte. Se abrió la veda para los cazafortunas sin escrúpulos y comenzaron las cacerías, descuartizamientos y asesinatos de personas albinas. Muchas veces sus propias familias comunicaban a los rateros la existencia de un albino en casa para que les pagaran por él.

Un brazo de albino puede valer hasta 2000 $ en el mercado del hechizo y, en países de extrema pobreza, esa cifra ciega muchas conciencias, convirtiendo a cualquier vecino en posible verdugo. En los últimos cinco años ha habido más de cien muertes causadas por traficantes de cuerpos. Así empezó el pánico y el éxodo de albinos a aldeas remotas, a las grandes ciudades para pasar desapercibidos o a centros como Kabanga, donde el Gobierno provee vigilancia policial y están más seguros.

En Tanzania, el país con mas población albina de África, hay registradas 8.000 personas con albinismo, según la Tanzanian Albino Society. Claro que, si lo piensas, entre los que no saben que existe esta asociación y los que prefieren que no se sepa donde están, en realidad son muchos más. Se estima que hay unos 150.000 en toda Tanzania, según la Tanzanian Albino Charity.

Según se mire pero… esas son muchas personas en situación de emergencia. Así que Cruz Roja Tanzana, en su informe del 2009, hace un llamamiento a la ayuda exterior para atender a esta comunidad tan frágil y AIPC Pandora, una ONG española, acude a la llamada y… allí estábamos: once españolitos listos para remangarnos el alma y echar una mano. Había que hacer entender a esos niños a los que llaman “fantasmas africanos”, que eran unos mocosos como otros cualesquiera. Enseñar a las mamás a hacer cuentas, a coser, a optimizar el huerto, a hacer un horno de pan, y a rentabilizar los pollos de corral. Por cierto, los pollos no siempre son amarillos ni son todos pequeños, torpes y gorditos. Estos eran blancos, escuálidos y de complexión atlética. Corrían que se las pelaban. Fue un gran descubrimiento para mí.

Conseguir que un niño se ponga crema, que se ponga un sombrero y gafas todos los días de su vida es un espanto. Te dicen que se han puesto la crema y no es verdad, pierden los sombreros, rompen las gafas… Pues como los de aquí. Sólo que, éstos, como no se cubran la piel, se morirán antes de cumplir treinta años, que es la esperanza de vida de un albino tanzano.

 

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Foto ©  Ana Palacios

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Otro gran problema es que un fotoprotector vale tres pollos. Con tres pollos comen quince personas. Estas sencillas cifras de cuadernillo Rubio lo que indican es que van a preferir comer a protegerse. Además, el cáncer de piel no duele. Se van quemando y consumiendo sin conciencia de que su vida se acabará pronto si no se protegen del sol.

Hay tanto por hacer que se me ponen los pelos de punta. La prevención es fundamental para evitar los daños físicos. La sensibilización entre la población no albina es necesaria para disminuir la discriminación y eliminar la violencia. La educación en los colegios para corregir los prejuicios equivocados sobre el albinismo es imprescindible. Agilizar la justicia para resolver las condenas de los cazadores es muy urgente para evitar impunidad. Es escalofriante todo lo que queda por hacer.

Viendo a esos niños, me sentía impotente ante tanta emergencia. De repente, Zawia empezó a hacer fotos con una camarita compacta que le había dejado. Aprendió a encuadrar, a pensar lo que quería fotografiar y a valorar su propio trabajo. Me miró, me sonrió y me dio las gracias. Mientras la abrazaba, emocionada perdida aunque intentando que no me pegara los mocos en la camiseta, entendí que todos podemos hacer algo por los demás, que cualquier ayuda tiene sentido y que es cierto el tópico ese de que recibe más el que da. Yo quiero que Zawia llegue a Secundaria, a ser maestra y que, algún día, haga fotos a sus hijos y me las enseñe.

 

ALBINOS EN TANZANIA

INAUGURACIÓN JUEVES 6 NOVIEMBRE – 20,00h.

Galería ESPACIO FOTO
Viriato, 53
Madrid
915 91 69 78

www.espaciofoto.com

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Ana Palacios es periodista y fotógrafa. Tras su paso por Estados Unidos, trabaja desde hace 15 años en producción de cine internacional con directores como Ridley Scott, Jim Jarmush o Roman Polanski. Entre película y película, hace fotografía documental en proyectos de cooperación y desarrollo relacionados con la mujer y la infancia. Colaboradora habitual de Fotodos (Madrid), también escribe para El País, blogs de viajes y publicaciones culturales. En la actualidad lleva a cabo un proyecto fotográfico sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU en colaboración con varias ONG, compaginándolo con su trabajo en producción de cine.

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