BRASIL – LUCES Y SOMBRAS DEL MUNDIAL

Poco a poco el gigante Brasil comienza a despertarse para hacer resurgir los resquicios perdidos de aquellos meses de junio y julio en los que la protesta social se convirtió en la protagonista de las portadas internacionales. La Copa Confederaciones fue aprovechada para dar a conocer al mundo la precaria situación de muchos brasileños. Un aperitivo de lo que vendría después con el Mundial. Ahora, nuevamente la bonanza económica del negocio surgido a raíz del fútbol y el descontento social se presentan como las dos caras de una moneda a punto de caer al suelo.

 

Camera 360

Policía en las calles de São Paulo durante las protestas del pasado verano.

FOTO  ©   Ana de Gracia 

 

Por Ana de Gracia para GEA PHOTOWORDS

 

En lo que va de año ya se han llevado a cabo varias manifestaciones en las principales ciudades del país contra la Copa. Una de las últimas tuvo lugar el día 27 de marzo que ocupó las calles de la avenida central de São Paulo, la Paulista. La avenida que representa la región potencial y financiera per se del país y de gran parte de América Latina.

Desde que Brasil fue designado como país organizador de la Copa del Mundo dos facciones bien distintas parecen disputarse la razón. A saber, aquella que defiende la celebración del evento deportivo con más solana del momento capaz de reunir al mundo entero en un solo país para vibrar al mismo tiempo y en el mismo lugar. Y, por otro lado, la facción del descontento y de la crítica que actúa como esa china en el zapato para recordar la falta de miramientos que las autoridades brasileñas dedican a esta considerable proporción de un país que se coloca entre los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Un conjunto de naciones con varias características en común como su gran cantidad de población y su rápido crecimiento del PIB. En suma, países emergentes con un potente atractivo para la inversión que comienzan a apuntar alto, aunque en Brasil ya se escuchan las primeras voces de alarma ante su momentáneo auge económico.

El dinero, la fama y la posibilidad de crecimiento a corto plazo con el negocio del deporte futbolístico parecen avivar el recuerdo de aquellos viejos fantasmas del pasado que colonizaron gran parte de Brasil con la famosa fiebre del oro que afectó a una nación movida por el deseo de grandeza durante los años ochenta gracias a las incontables toneladas de oro encontradas en Sierra Pelada, la mayor mina de este preciado metal localizada en la misma Amazonia, al sur del estado de Pará. Viejos fantasmas que consiguieron movilizar a miles de hombres en busca del sueño del Dorado durante la década de los 80. Más de 10.000 toneladas de oro fueron extraídas del vientre de dicho yacimiento y más de 70.000 mineros, los llamados garimpeiros, fueron en busca del sueño teñido de aquel glorioso color áureo. Una fiebre que, como toda oportunidad que se brinde para hacer negocios, también sirvió para alimentar el insaciable apetito del contrabando. Hasta que llegó el día en el que aquella explotación minera, una de las mayores canteras de oro del mundo encontradas hasta la fecha, se inundó. Y con ello todos los sueños dorados de los garimpeiros.

BURBUJA

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Y es que, como suele pasar, la crisis agudiza el ingenio. Aún más cuando se trata de una situación que parece afectar a una gran parte del pueblo brasileño que durante toda su vida ha tenido que avanzar sin entrever un atisbo de mejoría a lo largo del tiempo. Así es como la periferia de las grandes urbes como São Paulo, en concreto en el distrito de Itaquera situado al este, zona superpoblada de la capital paulistana donde se concentra la mayor parte de la población con menos recursos de la ciudad y donde se encuentra el estadio de fútbol Arena Corinthians (que acogerá la ceremonia de inauguración de la Copa) está comenzando a intentar hacer el agosto a partir del Mundial de Fútbol.

Una zona donde el lujo y el desarrollo pasan a segundo plano para convertirse en meras leyendas urbanas y donde la pobreza y la miseria llaman a la puerta de las comunidades hacinadas repletas de edificios sin acabar, con pocas previsiones de desarrollo y favelas. Es allí donde comienza a extenderse el negocio del alquiler de habitación en las casas e inmuebles localizados en los aledaños de la ciudad próximos a los estadios de fútbol. Un negocio pensado y hecho para los llamados gringos, o sea nuestros guiris, por precios que superan el umbral considerado como normal para el hospedaje de un mes lleno de fútbol y atracciones turísticas pero que cualquier visitante sediento de aventura futbolística y con capacidad económica para permitírselo pagaría.

Estos argumentos económicos y de `emprendedurismo´ que incluyen la mejora de un Brasil con una mayor integración en el escenario internacional son reprobados por la parte opuesta que ha movilizado a la otra facción de la sociedad brasileña que protagoniza la protesta contra aquel Dorado que muchos tratan de diseñar para recordar la falta de infraestructura pública así como la insuficiencia de recursos y políticas sociales básicas.

Las muertes sucedidas a lo largo de la construcción y renovación de los nuevos estadios se presentan como causa suficientemente loable para abanderar la protesta, entre otras cuestiones. La última de ellas fue en este mes de marzo cuando el pasado sábado 29 el obrero Fabio Hamilton da Cruz caía de una altura de ocho metros durante la edificación del estadio de Corinthians. Se trata de una muerte que ha ayudado a acalorar el polémico debate entre la conveniencia o perjuicio de celebrar una Copa del Mundo de tales características y dimensiones.

En lo que va de año ya se han producido siete muertes en total como consecuencia de las obras de los diferentes estadios en los que se van a disputar los diversos partidos a lo largo de todo el campeonato. Los de Brasilia y Manaos han sido los estadios más mortíferos que ya cuentan con más accidentes a sus espaldas que han acabado en fallecimiento. Muertes, que por cierto, se han visto envueltas por una nebulosa de confusión y falta de datos en las que la seguridad y salud laboral parecen dejar mucho que desear.

PROTESTAS

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Ya son varias las protestas contra la planificación de ciudades como Rio de Janeiro siguiendo las directrices del mercado y de la Copa que ha llegado a crear a su vez una potente burbuja inmobiliaria a través de los incentivos promovidos por el gobierno para la inversión y el negocio contratista. De esta manera, más de 7000 familias en la capital carioca han sufrido la amenaza de ser desalojadas de sus casas situadas en favelas y demás zonas carentes para llevar a cabo obras faraónicas ideadas para la consecución de una buena imagen de Brasil de cara al Mundial y de cara al turismo internacional sin ofrecer una alternativa que mejore sus condiciones de vida. Atendiendo al cómputo global, más de 160.000 personas se han visto en la misma situación.

Una buena parte del dinero de las arcas públicas ha sido invertido para la renovación y levantamiento de la infraestructura deportiva que pretende acoger las competiciones que tendrán comienzo en el mes de junio. Un ejemplo de ello son los 705 millones de reales destinados a la reforma del estadio Maracaná, en la periferia de Rio, una zona que precisa de otro tipo de ayudas sociales que aún no han sido atendidas por las autoridades. Se trata de estadios cuya renovación e inversión han superado con creces la cifra inicial que se ponderó en un principio para su financiación. En definitivas cuentas, estadios que simbolizan la polémica limpieza social que en estos momentos vive un país marcado por su diversidad étnico-racial.

Así es como se concibe una Copa del Mundo que no ha dejado de suscitar una acalorada discusión desde el inicio entre las dos caras de la moneda de un país en el que su gran riqueza cultural y social no deja indiferente a nadie. En efecto, aquella moneda que encarna las luces y sobras de un mundial tan propicio para algunos y tan concluyente para otros tantos.

 

Ana de Gracia, es estudiante de Periodismo en la universidad Carlos III de Madrid. Actualmente vive en Sao Paulo, donde ultima sus estudios. Apasionada por el mundo de la corresponsalía, los viajes y los movimientos sociales. Ha trabajado en radio durante tres años en la rama del periodismo cultural en España así como para otros medios de comunicación digitales cultivando el género de la entrevista con personalidades del panorama actual de la cultura y de la política.

 

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