BUCEAR ENTRE CORALES EN CRISIS

A menos de 300 kilómetros de Cancún, donde a finales de noviembre se celebrará la XVI Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU, a los buceadores se les encoge el alma ante el degradante espectáculo que ven sus privilegiados ojos: el fondo marino está contaminado y las barreras de coral siguen en regresión. Algunas especies de peces están desapareciendo a velocidad alarmante y la temperatura del agua sube sin cesar. Esto es lo que se ve a 20 metros de profundidad. .


Buceadora entre los corales del Gran Arrecife Mesoamericano.

FOTO   © GUSTAVO CATALÁN DEUS

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Por GUSTAVO CATALÁN DEUS para GEA PHOTOWORDS


Mahahual es una pequeña población litoral en el caribe mexicano, que ha pasado en los últimos 20 años de ser una aldea de pescadores a una pequeña villa turística de 2.000 vecinos. La causa de la expansión vuelve a ser el turismo. En este caso los visitantes buscan sumergirse en la gran barrera de coral que se extiende 1.000 kilómetros frente a las costas orientales de Centroamérica, convirtiéndolo en el más grande tras la Gran Barrera de Australia.

El arrecife contiene cientos de especies de coral de todos los colores y formas inimaginables. Entre ellos encuentra refugio y alimento una multicolorida y abundante fauna de peces, crustáceos, esponjas o tortugas, que hacen de este lugar un punto caliente del planeta.

Sin embargo, los tentáculos de la actividad humana ya se hacen sentir allí abajo, a 20 metros de profundidad. De vez en cuando aparecen restos de corales rotos; otros empiezan a blanquearse y los que conocen estos fondos marinos aseguran que hay un proceso regresivo acelerado.

Tan preocupante es el asunto, que las autoridades mexicanas han enviados equipos de biólogos marinos a monitorear a qué velocidad va la destrucción. La respuesta a lo que ocurre ya existe: el cambio climático.

Bucear a 29 y 30 grados centígrados es muy agradable para los humanos, pero no para los corales. Esos dos o tres grados de temperatura que ha subido el termómetro en estas agua, es mortal para estos seres que forman los bosques sumergidos, un ecosistema fundamental de la cadena trófica marina.

No es el único problema que he hallado en estos fondos. El pez león, una vistosa pero agresiva y venenosa especie procedente del Índico se ha asentado entre los corales. Como no tiene depredadores se multiplica a la velocidad del rayo. Dicen que proviene de un acuario-zoo de Florida que se destruyó durante un huracán y desde allí se ha expandido por el Caribe.

La alarma se ha extendido en la región. Carteles de “se busca” están pegados en las paredes de Mahahual. Se pide la ayuda de pescadores y buceadores para que le exterminen. Pero va a ser difícil: cada cuatro días, las hembras hacen una puesta de miles de huevos.

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El pez león, agresiva y venenosa especie procedente del Índico que se ha asentado entre los corales.

FOTO   © GUSTAVO CATALÁN DEUS

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Todo esto ocurre a tan sólo 300 kilómetros de Cancún, que será la capital climática mundial a finales de noviembre. La XVI Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Cambio Climático de la ONU (COP-16) tiene ante sí la ingente tarea de que las negociaciones climáticas regresen al día antes de la COP-15 celebrada hace un año en Copenhague, con el desastroso resultado conocido.

EEUU y China han secuestrado el Protocolo de Kyoto. Lo han arrestado y está a pan y agua en una lúgubre mazmorra. Casi ha pasado un año y el rehén agoniza. Los secuestradores piden un rescate imposible de pagar y se busca con intensidad la fórmula diplomática para recuperar el mejor y más incisivo acuerdo global ambiental.

Ya es hora de que la UE dé un puñetazo en la mesa. Se ha dejado quitar a la niña bonita de su liderazgo mundial… pero sigue muda. Los 27 no pueden permitir que dos naciones -por muy grandes que sean- echen por tierra sus esfuerzos de la última década y media. El clima planetario necesita a la UE. Y nosotros -como los corales- necesitamos de un clima equilibrado.

Gustavo Catalán Deus es el decano de los periodistas ambientales en España, desarrollando sus trabajos en el extinto Diario 16 y en EL MUNDO. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos galardones, entre ellos el Premio Nacional de Medioambiente (2002); el de la Fundación BBVA a la difusión y sensibilización en Conservación de la Biodiversidad (2009) y, este año, el premio Artemio Precioso otorgado por Greenpeace.

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