CÁDIZ – ENTRE EL PARO Y `LA PEPA´

En 1812 se firmó en la ciudad más antigua de Europa la primera Carta Magna española, que se popularizaría como ‘La Pepa’. En el último año la ciudad gaditana, sobre todo, y su provincia han vivido numerosas actividades y una Cumbre Iberoamericana. Pero, ¿cómo es Cádiz hoy? Un cielo luminoso y una rica oferta turística conviven con altos niveles de desempleo que no parecen ensombrecer las sonrisas de los oriundos. Este es un paseo entre ellos en el Bicentenario de esta Constitución.

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FOTO ©  Francesc Morera

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Por Cristina Martínez Sacristán para GEA PHOTOWORDS

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“El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”. En la Torre Tavira, privilegiada atalaya en el centro del casco histórico gaditano, leemos este artículo 4 de la Constitución de 1812, que bien nos podría hacer pensar que los políticos españoles de hace dos siglos tenían fines más humanitarios que los actuales. Desde luego, al margen de esta consideración, nuestro periplo por la provincia de Cádiz al término de las celebraciones del bicentenario de ‘La Pepa’ está lleno de luz, de mar, de arena blanca, de naturaleza exuberante… y todo ello marida perfectamente con el carácter abierto y sonriente de los oriundos –de los gaditanos y de los que vinieron y se quedaron- y con una gastronomía llena de color y de sabor, de productos frescos y buena mano en las cocinas.

Los gaditanos se quitan importancia: “De todo hay”, afirman, si bien los responsables turísticos hacen gala de ese factor inherente a la idiosincrasia de la provincia de la Península más cercana al continente africano. “Aquí la gente sabe ser feliz con poco”, apostillan los tarifeños José Luis, del Hotel Misiana, e Israel, un patrón de Salvamento Marítimo. Puerta a Europa durante siglos, morada de fenicios y de romanos, asediada por los moros una y otra vez desde Tarifa, plataforma de la aventura de Cristóbal Colón y de la vuelta al mundo de Elcano y Magallanes, vía de inmigración donde las haya. Todo este movimiento marítimo, navegador y de flujos migratorios viene, sin duda, determinando la mixtura sociológica, la apertura a lo diferente y la convivencia entre variados orígenes en un colectivo acostumbrado a las personas. De hecho, en Tarifa hay poquísimos tarifeños. Muchos madrileños, algunos alemanes, vascos, asturianos, sorianos, leoneses… y las procedencias van desde Rumanía hasta Tetuán.

Pero lo más hermoso es que la mayoría de ellos dicen haberse enamorado de las olas de Tarifa, de su costa o bien de una persona. Y que por eso se quedaron en este tranquilo pueblo de casas de cal blanca…

El recorrido no estará exento de esos pescadores arreglando redes en El Puerto de Santa María, de sonrientes cocineros premiados por sus sabrosos ágapes, de la estela de poetas y músicos, de camareros y guías que informan sobre todo lo habido y por haber, sin mirar el reloj… Hasta los responsables de los museos son campechanos y sencillos en el trato… En Jerez, en la recepción del hotel homónimo nos ofrecen un fino fresquito al llegar: “Como hay crisis, no podemos regalar un caballo. Si no lo haríamos”, afirma con gracejo gaditano el recepcionista.

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FOTO ©  Ricardo Barquín Molero

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DESEMPLEO

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Sí que hay crisis en Cádiz, sí: dependiendo de las estadísticas, entre un 30 y un 40% de desempleo. Es una de las tasas más altas del conjunto del Estado español. En cambio, los gaditanos consultados –de diversos pelajes- coinciden en razonar que en esta provincia la gente “sabe vivir con dos duros”, y que por ese motivo “disfruta de la vida” sin obsesionarse con lo material tanto como en otros lugares. En la estación de Jerez lo comenta un empleado: “Sí tenemos humor, aunque hay razones para no tenerlo…”. Y así lo atestigua Marian, una guía de origen suizo que se casó con un gaditano hace casi 30 años, y alguna vez se le escapa un “¡Digo!”. Con ella paseamos por el capitalino Barrio del Pópulo, en uno de cuyos rincones hay una pareja con un tenderete. En algunas prendas figura un letrero: “Gratis”. “Lo ponemos para ver si la gente se para y compra. Pero ni aun así vendemos”, cuentan con resignación…

A priori no es caro comer en Cádiz. Cerca de la Torre Tavira, un bar ostenta un repertorio de bocatas que ocupa todo el escaparate. El precio oscila sobre los 3 euros. Los nombres, dotados de ese sentido del humor tan gaditano: ‘Los churretazos’, ‘El culé’, ‘El Pitufo’… No muy lejos quedan el Pá Jartarse y La gorda te da de comer.

Sorprende que un año entero de eventos en torno al Bicentenario de la Constitución de 1812 no haya redundado más en divisas. Al menos, fuera de la ciudad del istmo casi nadie se da por aludido. Así, por ejemplo, José Manuel, propietario de un local en la vecina El Puerto de Santa María y también animador cultural, observa que en El Puerto se han dado pocos eventos, que quizás algún restaurante “lo ha notado, pero en general no. En San Fernando, en la firma de 2010, sí”. La propia Isabel Domecq asegura desde su finca de Medina Sidonia que “no creas que el Bicentenario nos ha aportado mucho”.

Algo parecido ocurre en Tarifa, donde se les nota ajenos al mundanal ruido, con su único semáforo para toda una localidad. Algún barco con extras disfrazados sí hubo, pero el Bicentenario les suena a la capital. Efectivamente, por la ciudad de las torres-vigía la impronta del Bicentenario es visible. Por ejemplo, en la Plaza del Ayuntamiento, totalmente remozada y amplia. O en ese flamante Monumento a la Constitución de 1812, o en la actualización del Parador Atlántico como si fuera un moderno Palacio de Congresos.

La alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, realizó un balance con el cambio de año, en el que señaló que, a pesar del “marco poco favorable como el de esta crisis”, “la ciudad ha estado viva, se han concluido proyectos y se han comenzado otros”. La celebración del Bicentenario, subrayó, ha ayudado a que la capital gaditana “cuente con un 26% de desempleados, menos que la media en la provincia y en Andalucía”. A la alcaldesa le interesaba transmitir que la crisis y los eventos por ‘La Pepa’ no habían impedido que se atendiera “las necesidades de los gaditanos, invirtiendo en políticas sociales como el pago y ayuda de alquileres a las familias más necesitadas, alrededor de 1,6 millones de euros” (fuente: El Baluarte de Cádiz).

Según Martínez,  la proyección mediática que ha tenido la ciudad después de esta celebración “ha salido reforzada, dando una visión de ciudad moderna, preparada para acoger cualquier tipo de evento. Una imagen que deberemos rentabilizar entre todos”. Esta idea sobre la imagen de Cádiz es corroborada por otros agentes turísticos locales y provinciales consultados por GEA PHOTOWORDS.

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FOTO ©  Ricardo Barquín Molero

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Para ello, han sabido combinar eventos como la Cumbre Iberoamericana, la capitalidad del Carnaval y de la Cultura, el CEMR la Gran Regata y las diferentes exposiciones, que han proyectado Cádiz a través de publicaciones, medios digitales, televisión y radio, en muchos países tanto europeos como iberoamericanos. Las actividades citadas, el FIT, el festival iberoamericano de música, el festival de danza, las semanas temáticas dedicadas a países iberoamericanos y a Finlandia, las 38 muestras expuestas en la ciudad, además del turismo de congreso que ha traído a la ciudad a más de 30.000 personas, han llenado “no solo a la capital sino a toda la bahía de gran actividad”, afirmó la alcaldesa.

Efectivamente, las manifestaciones por el cumpleaños de la Constitución primera han sido muy diversas y variopintas. Desde el espectáculo de la gran bailarina gaditana Sara Baras, La Pepa; pasando por conciertos, actuaciones, recorridos por los lugares neurálgicos para su gestación… hasta el menú especial de Quilla, restaurante situado, con forma de barco, en La Caleta. Con imágenes de la época, Maribel Téllez y su equipo invitaban a degustar sus asequibles delicatesen “con mucho cariño”. En Cádiz siempre lo están celebrando todo, como ocurre con el circuito de Jerez, las carreras de caballos en Sanlúcar, los Carnavales, la Semana Santa, la feria de abril… por lo que los dos siglos de Carta Magna han sido un buen pretexto para el movimiento callejero.

 

OLOR A HISTORIA

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En Cádiz casi todo huele a Historia. Las huellas fenicias están por doquier, aunque es el Museo Arqueológico el que nos muestra algunas de sus joyas, como dos inmensos sarcófagos de alto valor. Ahí impresiona una enorme estatua de Trajano, quien en Baelo Claudia, en Bolonia, recreó un espacio idílico, entre el mar y las verdes colinas, y donde aún podemos disfrutar de la distribución de sus calles y espacios para macerar el atún. Todavía siguen encontrando restos arqueológicos. En Tarifa, en el Castillo Sancho Guzmán la guía bromea con todas las trabas de seguridad que se encontraban los invasores, de forma que si alcanzaban la última puerta “ya les habían dado p´al pulpo”, sintetiza. Y es que Cádiz es conocida como Puerta de América, recuerda el historiador José Berasaluze, pero Tarifa, un respiradero de África. Que se lo digan a los inmigrantes que arriban a diario, como pueden, en pateras…

Es en el Museo de las Cortes de Cádiz donde mejor podemos reproducir lo que ocurrió hace dos siglos, especialmente si atendemos al magno libro Cortes y Constitución de Cádiz. 200 años, de José Antonio Escudero. En 1812 la ciudad casi desgajada de la Península albergó a la resistencia española, en plena Guerra de la Independencia, para dar forma a la primera Carta Magna liberal de España y de Europa. Los diputados se congregaron en la Isla de León en septiembre y cinco meses después lo hicieron en Cádiz.

La Constitución fue firmada por 185 diputados. Una espléndida maqueta de 333 piezas nos permite recorrer aéreamente los puntos históricos neurálgicos, comprobar el uso de las torres, dónde se reunían los diputados, dónde se cayó Murillo antes de morir… Enfrente, el famoso lienzo de Salvador Viniegra y Lasso de la Vega, La promulgación de la Constitución de Cádiz. Desde la Torre Tavira, su cámara oscura –la primera de España- nos regala una visión de gaviota, sobre los tejados rojos, algo cubanos, algo marroquíes; con la luz inmensa y el mar de fondo; con las huellas de Alberti, de Pemán y de Falla… Con toda la fuerza que concedió a esta ciudad, fundada hace 3.000 años, su privilegiada situación entre el mar y tres continentes.

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Cristina Martínez Sacristán nació en Bilbao y es periodista. Vinculada desde los 90 al periódico Deia, ha trabajado en radio, en una productora audiovisual y para editoriales, en inglés y en castellano. Actualmente colabora con revistas especializadas, con radios y webs viajeras, culturales y de DD.HH. Estuvo con los primeros ‘indignados’ en Wall Street, realizó una investigación sobre La Maleta Mexicana y ha hecho baterías de reportajes de diferentes países y destinos. En este enlace encontrarás su nuevo blog.

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