CIEN AÑOS DEL GENOCIDIO ARMENIO

Todos los 24 de Abril se conmemora en Armenia y en otros países el `Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los pueblos´ en memoria del horror sufrido por el pueblo armenio a partir de 1915. Se cumplen 100 años de la fatídica noche en que se considera comenzaron los intentos del entonces agonizante Imperio Otomano por exterminar al pueblo armenio. Ana Morales y Alfons Rodríguez, ambos miembros de GEA PHOTOWORDS, recuerdan este aniversario con sus palabras e imágenes.

 

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Conmemoración en el Memorial de Yerevan. Cada 24 de abril se recuerda a las víctimas.

FOTO  ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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CIEN AÑOS DEL GENOCIDIO ARMENIO

Por Ana Morales, miembro de GEA PHOTOWORDS 

 

En pocas palabras, el conocido como genocidio armenio significó para esa minoría la detención, deportación y masacre de un número aún hoy indeterminado de civiles, estimados en más de un millón y medio de personas según el lado armenio, (lo que habría supuesto el aniquilamiento del 75% de su entonces población en el Imperio Otomano) y en torno a unas trescientas mil personas según las autoridades turcas. Tuvo lugar durante entre 1915 y hasta 1917 y fue orquestada bajo el gobierno de los Jóvenes Turcos, a la par que se desarrollaba la Primera Guerra Mundial.

En un momento en que el antaño poderoso imperio comenzaba a desmembrarse y a perder una parte importante de sus territorios, los nacionalistas, conocidos como los Jóvenes Turcos, que habían llegado al poder en 1908, vieron en las premisas de homogeneidad religiosa, cultural e idiomática la receta necesaria para fortalecer a la nación.

Los armenios, que habían convivido desde el s. XV sin mayores problemas dentro del imperio, acatando la autoridad del sultán y pagando sus cuantiosos impuestos, habían comenzado a exigir mayores derechos, lo cual significaba en realidad equiparar sus derechos a los de los musulmanes. Al igual que las numerosas minorías que conformaban el imperio, eran tratados como ciudadanos de segunda categoría por el hecho de no ser musulmanes. La insatisfacción comenzó prender en la población, pero estos primeros signos de rebeldía fueron duramente sofocados en lo que se conocieron como “masacres hamidianas”. Tras la llegada al poder de los exaltados nacionalistas se fue más allá. Para intentar fortalecer y consolidar el imperio idearon e impulsaron una política de exterminio de estas comunidades armenias, mayoritariamente cristianas, de las que desconfiaban y a quienes culpaban de la inestabilidad del mismo.

En la noche del 23 de abril y madrugada del 24 de abril de 1915, cientos de notables armenios, entre ellos intelectuales, religiosos, y conocidos profesionales considerados como las cabezas más visibles de la comunidad fueron detenidos y acusados de “hostilidad al Estado” y predisposición “a la traición”.

 

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Una mujer barre la esplanada principal del Memorial de Yerevan.

FOTO  ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Las hostilidades sin embargo, venían produciéndose desde la celebración del Tratado de San Stefano (1878) en el que el Imperio Otomano derrotado por Rusia, se vio obligado a aceptar la independencia de Rumania, Serbia y Montenegro, y la semi-independencia de Bulgaria.

Con esta situación política el gobierno intentó anticiparse a la posible creación de un Estado armenio independiente en el este de Anatolia y hasta el Cáucaso, territorios poblados durante siglos por los armenios pero sometidos al yugo del Imperio Otomano. Un nuevo estado que se consideró sería previsiblemente favorable a Rusia, enemigo directo. La propaganda otomana del momento presentaba a los armenios como saboteadores e integrantes de una “quinta columna” pro-rusa.

Los soldados armenios del ejército turco fueron desarmados, desmovilizados y enviados a campos de trabajo donde posteriormente serían ejecutados, y, el resto de población civil, mujeres y niños fueron sometidos a marchas forzadas a lo largo del desierto en condiciones extremas hacia alguno de los 26 campos de concentración creados para confinar a la población armenia y que estaban situados cerca de las fronteras con Siria e Iraq. Las propiedades armenias fueron confiscadas. De todo ello existen abrumadores testimonios pues embajadores, agregados diplomáticos, misioneros y cónsules neutrales lo denunciaron sin que se hiciese nada por evitarlo.

Si bien el pueblo armenio fue el más sufrió y vio diezmada a su población, otros grupos étnicos también resultaron atacados por el Imperio Otomano durante el mismo período, entre ellos los asirios y los griegos, aunque no con la misma inquina que sufrieron estos.

Pese a la magnitud de estos crímenes, sólo veintidós países (entre los que no está España) han reconocido, mediante una resolución de carácter formal, la existencia del genocidio armenio. Su reconocimiento es hoy más que nunca un asunto espinoso de política exterior, que podría dañar las relaciones con un aliado clave en la OTAN y en la guerra contra el terrorismo.

El propio Estado turco nunca ha reconocido el genocidio perpetrado hace ya casi cien años. Hablar del holocausto armenio en la propia Turquía sigue siendo un tema muy sensible. El artículo 301 del Código Penal, sobre “insultar la identidad turca”, se ha utilizado para procesar a aquellos que han hablado de genocidio. Entre ellos el premio Nobel Orhan Pamuk, cuya demanda fue finalmente desestimada o el periodista Hrant Dink, quien fue asesinado en enero de 2007.

 

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FOTO  ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Como sucesora jurídica del Imperio Otomano, Turquía se opone a considerar que se tratara de un genocidio. Nunca ha negado que estas masacres de civiles armenios tuvieran lugar, pero no como un plan orquestado por la maquinaria del estado para exterminar masivamente al pueblo armenio, sino en el ámbito de la contienda. La posición defendida por Ankara es que esas muertes se debieron a luchas interétnicas, hambre y enfermedades, y con la intención de sofocar una sublevación que estaba teniendo lugar dentro de su territorio protagonizada por milicianos armenios que contaban con el apoyo de Rusia durante la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, esta tesis es minoritariamente compartida entre todos los investigadores que han abordado con rigor el tema.

El artículo dos de la Convención de la ONU sobre Genocidio de diciembre 1948 define el genocidio como la realización de actos destinados “a destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso” Por ello, para los estudiosos, el genocidio armenio se considera el primer genocidio moderno, anterior al genocidio judío acontecido poco después.

La comunidad armenia sigue luchando por que se reconozca, se pida perdón y se repare por estos crímenes, acto necesario para comenzar a cerrar unas heridas que siguen muy presentes para esta comunidad en la diáspora. Este 24 de abril numerosos actos para honrar la memoria de estas víctimas se llevarán a cabo por todo el globo donde hay comunidades de armenios. Pero también para que no se les olvide y se ponga de nuevo en la primera plana internacional.

El recuerdo del Genocidio Armenio debe invitarnos a reflexionar sobre el significado del respeto entre los pueblos sobre las consecuencias de la intolerancia y el racismo. Por otro lado también sobre la defensa de los valores que sustentan la vida en democracia, la acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos.

 

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