TRABAJO INFANTIL VERSUS INFANCIA | GEA Photowords

TRABAJO INFANTIL VERSUS INFANCIA

Bolivia se ha convertido en el único país del mundo en legalizar el trabajo infantil (por cuenta propia) a partir de los diez años. Tras las sucesivas presiones protagonizadas por Unastbo (Unión de niños, niñas y adolescentes trabajadores de Bolivia), finalmente el gobierno de Evo Morales firmó una ley no exenta de polémica debido a la contradicción con lo ratificado por el país en los tratados internacionales. Trabajo infantil versus infancia. Una polémica difícil de valorar en un país con más de 800.000 niños trabajadores.

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Niños trabajadores en las minas de Cerro Rico en Potosí, Bolivia.

FOTO  ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por Ana de Gracia para GEA PHOTOWORDS.

 

El pasado 10 de diciembre, como cada año en conmemoración del fallecido Alfred Nobel, se entregaron en el salón de actos del Ayuntamiento de Oslo (Noruega) los Premios Nobel de la Paz, unos galardones caracterizados esta vez por la lucha de los derechos de los más pequeños. “No pararé hasta que vea a todos los niños en la escuela” se convirtió en el titular de la que hasta ahora es la Nobel más joven de la historia con 17 años.

Un nueve de octubre de 2012 la joven paquistaní Malala fue atacada en un tiroteo a quemarropa perpetrado por terroristas talibanes al salir de la escuela donde solía ir en su tierra natal, Mingora en el valle del Swat. Milagrosamente Malala despertó del coma una semana después en Inglaterra donde permaneció refugiada del despiadado terror talibán.

La defensa de la educación fue el grito de guerra de un día convertido en pieza clave para los derechos de los niños del mundo. El activista indio Kailash Satyarthi, presidente de la ONG Marcha Global contra el Trabajo Infantil también fue homenajeado el miércoles 10 de diciembre junto con Malala Yousafzai. La lucha contra la explotación infantil que abandera desde su organización ha logrado sacar de las garras de las multinacionales que perpetúan estas condiciones de total aniquilación de su inocente infancia a más de 80.000 niños en cerca de 160 países.

La educación, efectivamente, ha sido la principal reivindicación este año en unos premios Nobel en los que se han barajado hasta 278 nombres. Finalmente la protección de los derechos de los niños que garantice el futuro de las nuevas generaciones ha sido la quijotesca reclamación manifestada en esta ocasión en favor de la justicia mundial.

Según el Informe del Estado Mundial de la Infancia 2014, el documento más influyente presentado cada año por UNICEF, desvela que el 15% de los niños de todo el mundo están obligados a trabajar lo que obstaculiza enormemente el derecho a su educación así como el de vivir su infancia. Este hecho prepara el terreno para que muchos niños se vean atrapados entre las zarpas de la inhumana pobreza infantil.

Siguiendo los datos de UNICEF, el encarnizado azote de la pobreza dobla la probabilidad de muerte entre los menores de cinco años. El trabajo infantil se ha transformado en una devastadora enfermedad en nuestra sociedad. La Convención sobre los Derechos del Niño establece como punto a destacar la obligación por parte de los Estados de proteger a los menores de cualquier trabajo que impida el correcto cumplimiento del derecho a la educación. Esta Convención es el primer instrumento jurídicamente vinculante en favor de los derechos de los pequeños.

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Descanso en la mina. Cerro Rico, Potosí, Bolivia.

FOTO  ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

BOLIVIA.

Bolivia fue uno de los países que ratificaron en su momento dicho tratado internacional. Actualmente se encuentra en la lista de los países más pobres de Latinoamérica y, a su vez, se ha convertido en el único del mundo en legalizar el trabajo infantil por muy contradictorio que nos pueda sonar al saber que fue uno de los 191 Estados que avalaron la Convención sobre los Derechos del Niño (lo que hace recordar que dicho tratado es el que cuenta con más avales de la historia). Para ser más concretos, según la legislación boliviana los menores de 12 años pueden comenzar a trabajar como empleados y se permite la inclusión laboral a los 10 años si es “por cuenta propia”.

Unastbo, la Unión de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores fue quien se encargó de movilizar esta iniciativa tras muchas y arduas negociones con el gobierno boliviano incluyendo concentraciones que protagonizaron a pie de calle. Gracias a esta presión se consiguió que finalmente el gobierno legalizase el trabajo infantil entre los menores de 10 años si estos cuentan con el permiso de los padres o si dicha actividad laboral es llevada a cabo por cuenta propia (de manera autónoma) y a partir de los 12, que no de los 14 como recomiendan los organismos internacionales, los pequeños pueden trabajar ya como empleados contratados.

El propio presidente Evo Morales ha expuesto en favor de la nueva ley el argumento referente a la cuestión cultural. El trabajo infantil en Bolivia forma parte del tejido social dentro del cual muchas familias necesitan la ayuda de sus pequeños para salir adelante. No obstante, dicho argumento parece debilitarse cuando los datos arrojan números escalofriantes acerca de la situación de muchos de los menores bolivianos: cerca de 850.000 niños trabajan en el país de los cuales el 87% se dedican a actividades laborales consideradas peligrosas como la minería llegando a trabajar por especie.

UNICEF ha mostrado su preocupación por dicha legislación dado que el 90% del trabajo infantil en Bolivia es llevado a cabo al margen de lo establecido como legal, dentro de los parámetros propios del mercado informal, tal y como afirma el propio organismo internacional.

La educación y el derecho a vivir su infancia deben convertirse en las principales armas de combate contra la erradicación del trabajo infantil y contra todos aquellos que impidan a los niños gozar de la oportunidad que les permita mejorar su calidad de vida a través de la cultura y el aprendizaje. Expandir esta situación en el mapa social solo permitirá postergar una injusticia que cada día se cobra el valioso tiempo de aquellos pequeños que, desgraciadamente, se ven obligados a crecer antes.

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Ana de Gracia es estudiante de Periodismo en la universidad Carlos III de Madrid. Actualmente vive en Sao Paulo, donde ultima sus estudios. Apasionada por el mundo de la corresponsalía, los viajes y los movimientos sociales. Ha trabajado en radio durante tres años en la rama del periodismo cultural en España así como para otros medios de comunicación digitales cultivando el género de la entrevista con personalidades del panorama actual de la cultura y de la política..

 

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