CRISTINA SÁNCHEZ – PAÍSES EN CONFLICTO

Acaba de superar su primer año de vida en antena pero aún le queda mucho recorrido por delante y muchas historias que contar. Se trata del programa semanal ‘Países en Conflicto’, que se emite cada martes en Radio 5 (Radio Nacional de España). Hemos hablado con su directora y presentadora, Cristina Sánchez, sobre las claves de este espacio humanitario y también sobre el periodismo, los viajes, la situación actual de la llamada Primavera Árabe.

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Cristina Sánchez, directora de `Países en Conflicto´ de RNE.

FOTO ©  ALS

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Por Borja González Andrés para GEA PHOTOWORDS

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En Países en Conflicto hablas de guerras, de heridas sin cerrar, de cuestiones medioambientales… ¿cómo eliges los temas que tratas en el programa?

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Es una cuestión personal, porque no se puede disociar la persona del periodista. Un tema surge de otro tema, de una entrevista, de lo que podemos leer en un periódico o en un libro.  Y una vez elegido, lo primordial es encontrar las fuentes que nos pueden informar sobre él; primero con expertos, pero sobre todo, y si es posible, con aquellos que lo viven en primera persona.  En ‘Países en Conflicto’ hay mucho de curiosidad, de querer saber más, de querer ir más allá de la superficie que a veces muestran los medios de comunicación. Esa curiosidad es el germen del programa. Y por otro lado, intentamos huir del amarillismo, no ser muy condescendientes, no caer en el espectáculo fácil y gratuito.

Pero imagino que no siempre será fácil encontrar esas fuentes en primera persona…

No siempre, pero tengo la suerte de contar con un técnico de Radio Nacional de España, Francisco José Fernández, que no sólo da forma al producto final que llega al oyente, sino que también me ayuda en la búsqueda de información en diferentes formatos. Por ejemplo, en el programa sobre el Delta del Níger recurrimos a los audios disponibles en Internet de Ken Saro-Wiwa, el activista que fue asesinado por defender los derechos de su pueblo, el Ogoni.

¿Es posible condensar, en los poco más de 10 minutos que dura el programa, las claves de temas tan amplios como la hambruna en el siglo XXI o la situación de la mujer en África?

Para quienes estamos acostumbrados a contar con apenas un minuto y medio de tiempo en la información diaria, tener 10 minutos es un privilegio increíble. Un profesor de la Universidad Complutense de Madrid solía decirme que siempre hay margen: siempre hay margen para contextualizar, siempre hay margen para meter una frase que dé la clave de aquello que estamos contando. Cuando abordamos algún tema amplio, intentamos aportar algunos datos globales y desde la generalidad, pasar a un hecho concreto que lo refleje y lo simbolice.

De todos los países que has visitado y todos los conflictos que has vivido, ¿cuáles te han marcado más?

Me quedaría con dos, uno como enviada especial y otro para ‘Países en Conflicto’.
Como enviada especial no tengo duda: Haití. Profesional y personalmente ha sido la experiencia más dura, más difícil, pero más enriquecedora de todas. Llegué allí tres días después del terremoto del 12 de Enero de 2010 y todavía hoy me emociono recordándolo. Ver ese nivel de destrucción sobre lo que ya estaba devastado en el país más pobre de América, pero ver también toda esa dignidad del pueblo haitiano y cómo afrontaron esa enorme tragedia, ha sido un ejemplo y lo voy a llevar conmigo el resto de mi vida. Además, durante el tiempo que estuve allí, los haitianos se acercaban a nosotros para pedirnos trabajo, no limosna. Y me indigna que los medios de comunicación occidentales hablasen entonces de una violencia y unos saqueos que yo no vi; porque si a buscar entre los escombros algo de comida o algo con lo que arropar a tus hijos se le puede llamar saqueo…

¿Y cuál es ese otro país que te ha impresionado?

Para Países en Conflicto, la República Democrática del Congo, concretamente el este del país. Por un lado están las violaciones masivas de mujeres (es el país del mundo en el que más agresiones sexuales se cometen, con total impunidad y con una brutalidad increíble). Recuerdo las palabras de un ginecólogo en un hospital de Bukavu y cómo describía lo que se encontraba cuando una mujer que había sufrido una violación acudía a él: hablaba de cristales rotos en las vaginas, de bayonetas… que les destrozaban, no sólo desde el punto de vista físico, con unas secuelas que van a sufrir de por vida, sino también psicológico y social, porque son repudiadas. En otra ocasión, un doctor de ‘Médicos Sin Fronteras’ me comentaba que una vez se encontró con una mujer que no había ido a denunciar su violación, porque había sido violada por `solo´ cinco o seis hombres y le parecía poco. Si a todo esto le unimos el tema de los minerales y de las injerencias externas que buscan mantener el conflicto en la zona, nos encontramos con un lugar que ejemplifica desgraciadamente, lo que sucede en muchos otros países del planeta.

¿Qué es lo primero que sientes cuando te avisan de que tienes que marcharte a hacer una cobertura en un país en conflicto o en un país que acaba de sufrir una catástrofe?

Lo primero que me entra es pavor, nervios. No importa las veces que lo haya vivido antes, siempre me vienen a la cabeza las mismas preguntas: ¿seré capaz de hacerlo? ¿cómo me voy a desenvolver?
Pero lo cierto es que una vez allí las cosas son bastante más sencillas. Y por otro lado, desde el punto de vista personal, siento que soy muy afortunada. Aunque vaya a ver una catástrofe, siento que ese es el lugar en el que tengo que estar. Y de hecho, cuando no voy, me subo por las paredes.

Emocionalmente, ¿cómo te planteas que después de dos o tres semanas de trabajo en un país así, tienes que regresar a la redacción?

Eso es terrible, porque a veces ni yo misma sé qué estoy haciendo allí. Me pasa cuando entro en los hospitales y me pregunto qué puedo hacer yo, con una grabadora, intentando captar un momento vital de alguien a quien, seguramente, lo que menos le apetece es que le hagan preguntas.
Siempre me cuestiono estas cosas. Me ocurrió en la frontera entre Túnez y Libia, cuando los trabajadores extranjeros, que habían permanecido 10 días al otro lado de la valla sin agua y sin comida, pasaban por delante. Yo me acercaba y pensaba “¿qué les pregunto?”… al final te entra pudor. Lo que intento decirme a mí misma es que tengo que seguir creyendo en la función de denuncia del periodismo y que la forma más rápida de llegar a la gente es que escuchen a aquellos que están viviendo esa situación extrema.

Hablas de Túnez y de Libia, dos países en los que has estado recientemente. ¿Qué diferencias y qué similitudes pudiste ver entre ellos?

La principal diferencia es que en uno ha habido una guerra y en otro no. Por tanto, se parte de una base en la que es imposible tratar de comparar ambos casos. En Túnez estuve cuando huyó el dictador Ben Ali, y pese a que hubo una fuerte represión en los primeros días, el proceso ha sido más limpio, más idílico entre comillas. Y a Libia llegué en mitad de la guerra. Las calles de Trípoli estaban desiertas y la gente no podía hacer una vida normal, con lo cual era muy difícil acceder a ellos y preguntarles. Sólo me encontraba con los rebeldes en las zonas seguras donde se podía estar, pero nosotros nos movíamos de manera independiente.

¿Qué relación mantuviste con los rebeldes libios?

No son un grupo homogéneo. Existe el Consejo Nacional de Transición (CNT) pero también existen chavales de 15 o 16 años que, a pecho descubierto, cogían un Kalashnikov y se iban al frente, a luchar.
Sé que la sociedad libia es mucho más compleja que la tunecina: en ella pesa mucho la estructura tribal, que puede ser un obstáculo para el proceso de transición. Y aunque también haya disensiones internas en el CNT, entiendo que hay que darles tiempo.

¿Qué te parece el concepto de Primavera Árabe?

Siempre nos gusta poner nombre a todo y la Historia está llena de símbolos que son especialmente importantes, porque al final es con lo que uno se queda y lo que se recuerda años después. Aunque primero habría que ver dónde comenzó la Primavera Árabe. Hace unos días participé en una mesa redonda organizada por la ‘Asociación de Mujeres Saharauis en España’ y los saharauis reclamaban el campamento de El Aaiún como el origen del que surgieron después el resto de levantamientos populares. Y puede que no les falte razón,  porque las reivindicaciones en ese campamento eran muy similares a las que se han hecho después en el resto del mundo árabe y, por qué no decirlo, en muchas capitales europeas: una vivienda digna, un trabajo, oportunidades para los jóvenes…
Obviamente, la Primavera Árabe lleva gestándose años. Esto no surge de la nada: son décadas de nepotismo absoluto en el que familias enteras han copado, no sólo los puestos de poder sino todos los resortes del Estado, incluidos los económicos.

También has estado en los Territorios Ocupados Palestinos. ¿Qué siente un periodista cuando tiene que hacer su trabajo desde Cisjordania o desde el interior de la franja de Gaza?

Si no has estado en Cisjordania o en Gaza, no eres consciente de la magnitud de lo que sucede allí. Si no has estado delante de esa mole de cemento que es el muro que rodea Cisjordania, construido por Israel, o si no has atravesado el paso fronterizo de Erez que separa Israel de Gaza, no puedes comprender lo que es para un palestino vivir allí. Me impresionó especialmente la primera vez que accedí a Gaza. El paso de Erez es como una gran terminal de aeropuerto, en la que cruzas distintos controles que te dan acceso a un enorme pasillo de alambradas, donde ya recorres al aire libre territorio gazatí. Y a cada paso puedes encontrar sillas de ruedas, que son las que utilizan los pocos afortunados para salir de allí y recibir el tratamiento médico que necesitan y que no pueden recibir en la franja. De repente, pasas de estar en la opulencia israelí a encontrarte en un territorio, lleno de solares y escombros, que parece anclado en los años 40 o 50.

Pero eso último, la situación en Gaza, parece que no siempre se quiere recordar desde la visión oficial israelí del conflicto, ¿no?

No es fácil hablar del problema palestino-israelí, porque suscita mucha controversia y mucha reacción airada, pero para ser gráfica me preguntaría que opinaríamos nosotros si, de repente, alguien decidiera que la ciudad de Ávila sea cerrada a cal y canto, y que ese alguien decidiera quien entra, quien sale o qué productos pueden llegar hasta allí.
Esto se puede enlazar con la Primavera Árabe, porque los jóvenes de Gaza no tienen ninguna oportunidad, ningún futuro. Hay escuelas y hay universidades, pero no hay trabajo, no hay tejido industrial ni económico, el 80% de la población depende de la ayuda internacional para sobrevivir, no se les permite viajar… al final, todo eso es un germen de extremismo. Creo que para empezar a intentar solucionar el problema, lo primero es acabar con el bloqueo a la franja.

Otro país en conflicto que has visitado es Afganistán. Viendo algunas de las fotografías en la página de Facebook de ‘Países en Conflicto’, llama mucho la atención la cantidad de niños, huérfanos de la guerra, que vagan por las calles de Kabul…

Es que en Afganistán hay generaciones enteras que no han conocido la paz, que han vivido siempre en guerra y desde distintos bandos: primero contra la Unión Soviética, después entre los señores de la guerra, más tarde contra los talibán… Afganistán es un puzzle muy difícil de encajar y al ver a esos niños, aún me sorprende comprobar que siguen sonriendo, lo cual es una lección para nosotros, los occidentales. Ellos son la representación de que, hasta en las condiciones más adversas, son capaces de sonreír delante de un extraño. Porque siempre, en cada viaje, yo me llevo muchísimo más de lo que dejo y eso es algo que agradeceré siempre a todas las personas que me he ido encontrando en este apasionante camino.

¿Lo importante es el camino?

Lo importante es la gente que te encuentras en el camino. Da igual la nacionalidad, el género, la religión, la raza. Hay seres humanos increíbles repartidos por todo el planeta.

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Borja González Andrés es estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), diploma en Periodismo Preventivo también por la UCM y colaborador en prácticas en GEA PHOTOWORDS.

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