DETRÁS DE UNA FOTO | ANDREU FERNÁNDEZ

DETRÁS DE UNA FOTO es una sección semanal de GEA PHOTOWORDS. En ella, reconocidos fotógrafos profesionales, autores emergentes o estudiantes de fotografía nos comentan una de sus imágenes. Nos ofrecen sus palabras, su mirada y su agudeza; en definitiva, su captura del binomio espacio-tiempo. Hoy, Andreu Fernández, nos acerca a la comunidad armenia con este retrato hecho en una parroquia de Santa Coloma de Gramenet.

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FOTO  ©  Andreu Fernández

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Casi un siglo es el tiempo que nos separa del primer gran genocidio del Siglo XX. Me refiero, como no puede ser de otra manera, al genocidio perpetrado por el Imperio Otomano en Armenia entre 1915 y 1918 y que le costó la vida a alrededor de 1.500.000 de personas. La cifra es alarmante, pero lo más pavoroso es el hecho que a día de hoy Turquía todavía niegue esos hechos, una cuestión que la comunidad internacional contempla como veraz e incuestionable y que países como Argentina o Francia han reconocido oficialmente.

Tengo la impresión que, a cuatro generaciones de los hechos acaecidos en aquella ingente masacre, las heridas siguen todavía abiertas y por lo tanto están aún muy lejos de cicatrizar; y también tengo la curiosa sensación que los armenios de hoy (ya sean pertenecientes a la numerosa diáspora de 8 millones de armenios diseminados por todo el mundo frente a 3 millones de habitantes en el país) todavía lloran a sus antepasados por sucumbir de un modo tan horrendo y aberrante.

Así me lo pareció aquel día en una parroquia de Santa Coloma de Gramenet, ciudad nutrida de un numeroso colectivo de armenios, donde en la celebración de una misa evangélica observé desde el visor de mi cámara a aquella señora que parecía romper en llanto cada vez que repetía las plegarias al ritmo y según la cadencia marcada por el pastor, evidentemente también de origen armenio. La fisionomía y los rostros de las personas presentes en aquella ceremonia, pues no solo rompía en llanto -o parecía que lo hiciera- aquella señora, me generaron una fuerte sensación de sobrecogimiento porque me parecía muy sorprendente como aquellos creyentes se entregaban de una manera tan intensa en ese momento de servicio religioso apostólico.

A modo de conclusión puedo resumir que entiendo esa imagen, esos ojos vidriosos, húmedos y repletos de lágrimas, como una metáfora, la de una nación que por su ADN religioso y por estar ubicada geográficamente en una zona de grandes intereses geoestratégicos ha sufrido fuertes embestidas por el desarrollo de una historia que en pocos momentos le ha acompañado viento a favor.

Armenia lloró ayer, vierte lágrimas hoy y lo seguirá haciendo en un futuro mientras los descendientes de los genocidas otomanos no pidan perdón por el daño inflingido hace casi un siglo.

 

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Andreu Fernández (Barcelona, 1974) Atraído por la fotografía por esas cajas llenas de imágenes de su familia, empezó tímidamente a viajar acompañado de una compacta hasta que decidió dar el paso y adquirir su primera réflex analógica en el año 2000. Pero no fue hasta el 2006 y con el estallido de la fotografía digital donde empezó a entender como construir imágenes con rigor, precisión y carácter, sobretodo retratos, su verdadera vocación. Diversos cursos en escuelas (Can Basté y PhactoLab) intercalados con viajes (sobretodo por Nicaragua) le impulsan a continuar disparando y profundizar en la fotografía documental. En la actualidad colabora en un medio periodístico de su ciudad y en publicaciones de carácter alternativo y contra información.

 

Puedes ver parte de su trabajo haciendo click aquí.

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