DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE

Según las Naciones Unidas 232 millones de personas buscan en países distintos al suyo nuevas oportunidades de mejorar su vida y desarrollar sus conocimientos. En los últimos dos años, este número de migrantes económicos se ha visto incrementado con el flujo de refugiados que huyen de los conflictos bélicos y afectan más que nunca a los miembros más indefensos de la sociedad, niños y mujeres. El Día Internacional del Migrante que conmemoramos el 18 de diciembre, quiere reconocer la gran contribución que millones de emigrantes aportan a la economía y al desarrollo en todo el mundo, pero sin dejar de lado el análisis de los desafíos que la migración presenta para el futuro.

 

Frente al campo de golf 9313

Jóvenes universitarios huídos de Siria aguardan en Melilla el salto a Europa. 

Foto ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

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DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE

Redacción GEA PHOTOWORDS

 

En octubre de 2013, Ban Ki-moon declaraba «La migración es una expresión de la aspiración humana por la dignidad, la seguridad y un futuro mejor. Es parte del tejido social, de nuestra condición como una familia humana»

El Día Internacional del Migrante fue proclamado el 4 de diciembre de 2000 ante el aumento de los flujos migratorios en el mundo. En los últimos quince años estos flujos se han visto incrementados pasando de 175 millones de migrantes en el año 2000 a los estimados 232 (más del 2% mundial) que hay actualmente. Se incluyen en esta cifra tanto a trabajadores emigrantes, como a refugiados, a personas en busca de asilo, y a inmigrantes permanentes. Sabemos que el 49% de ellos son mujeres y que uno de cada diez tiene menos de quince años de edad.

A medida que aumentan las diferencias económicas entre países ricos y pobres aumentan los flujos migratorios, la aspiración inherente al ser humano de tener una vida digna en los países de destino son el más poderoso de los reclamos. Pero también los países de acogida, a menudo reticentes a recibir estos flujos migratorios que son percibidos con desconfianza y rechazo deberían de admitir que la migración internacional resulta positiva tanto para el país de origen como para el de acogida. Estos, ven dinamizado su mercado laboral, impulsado el crecimiento económico, demográfico y asegurado el mantenimiento de los sistemas de pensiones, muy afectados por el envejecimiento de la población. Pero no se trata sólo de una gran contribución de tipo económico la que reciben los países de acogida, también social y cultural. En los países de origen las remesas contribuyen al propio desarrollo local de la economía. Por ello es necesario implicar a todos los gobiernos, y plasmar todas las necesidades de esta población en leyes que redunden en su protección y reconocimiento.

Como recientemente reconocía el Secretario General es más que nunca “necesario debatir sobre medidas prácticas para facilitar la movilidad laboral, fomentar el desarrollo sostenible y proteger los derechos de los migrantes, en especial de las mujeres y los niños”. Durante los periodos de crisis económica, lo hemos podido comprobar, los más discriminados son ellos, las políticas de austeridad les penalizan al mismo tiempo que se convierten en el chivo expiatorio de las políticas económicas y sociales.

 

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