DIARIO DE UN INVIERNO ISLANDÉS

Con sus poco más de 300.000 habitantes, Islandia tiene la misma población que una ciudad media española de provincias. Sin embargo, la climatología extrema confiere a sus habitantes una doble personalidad, según sea invierno o verano. Esta época del año se resume en una eterna noche que entristece el corazón de los antiguos vikingos  y hace más difícil salir de la recesión que sacó al país del anonimato. La autora del artículo vivió así sus meses en la capital.

 

FOTO  ©  Lluc Queralt

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Por Aurora Baldessin para GEA PHOTOWORDS

 

Según el novelista y poeta islandés Einar Már Guðmundsson:

“ Ya no es necesario escribir novelas en Islandia, porque ya ocurren en la vida real.  En Islandia es como vivir en un reality show”

Velkomin til Islands. Bienvenidos a Islandia. Cielo azul oscuro, nieve blanca y rojo fuego. Estos son los colores de la bandera nacional: azul oscuro como el cielo, con una cruz blanca como la nieve y una cruz rojo sangre dentro de la blanca. Islandia.  Al oir ese nombre algunos siguen confundiendose con Irlanda o con Finlandia, pero ahora son muchos ya lo que saben situarla en el mapa. Y no precisamente por su belleza, que la tiene y mucha. Primero, Islandia se hizo «famosa» de la noche a la mañana a causa de la catastrófica crisis financiera que se abatió sobre el país (quiebra de los tres principales bancos, devaluación de la corona islandesa hasta un 60% y crash de la Bolsa), con la consecuente recesión. Y después, en abril de 2010, por la celebre erupción del volcán Eyjafjallajökull que paralizó el tráfico aéreo europeo.

Islandia es una tierra de extremos; marcada por su origen volcánico y caracterizada por la abundancia de paisajes singulares y espectaculares. Los glaciales cubren más tierra que en toda Europa continental. Las tierras altas del interior están deshabitadas y la mayoría de los núcleos de población se sitúa en las costas. La mitad de sus 320.000 habitantes,  vive en la capital Reykjavík y las ciudades en el Suroeste. Cuenta con una historia legendaria, que se conserva en el espirito ‘vikingo’  de sus habitantes y en su actitud «autoirónica» hacia la vida. Aunque los estereotipos los presentan como personas sin sentido del humor, los islandeses sin embargo tienen, de hecho, su propia gracia derivada de situaciones extrañas  y personajes raros, con una afición especial por lo surrealista.

Era el 2008 cuando Islandia se vio afectada por el grave colapso económico que dinamitó la economía y derrumbó el sistema bancario, y los tres bancos más grandes tuvieron que ser nacionalizados debido a la deuda adquirida.

El país se vio obligado a pedir préstamos al Fondo Monetario Internacional y a países amigos (Finlandia, Noruega, Suecia, Finlandia y otros en proporciones minoritarias),  utilizar la inflación (en 2008 la tasa de cambio pasó de 70 ISK a 250 ISK por euro) como mecanismo de recuperación de las exportaciones y de su economía. Pasó de ocupar el sexto lugar del mundo, en funcion de PIB per capita, a experimentar una crisis devastadora.

Han pasado ya unos años y, poco a poco se empiezan a notar unas síntomas de mejora. Según una noticia difundida en enero 2011 por la Oficina Oficial de Estadistica de Islandia, la economia  consiguió salir de la recesión por primera vez desde octubre de 2008. No obstante los problemas actuales, los islandeses siguen viviendo con una mirada optimista al futuro, intentando ver el lado positivo en lo negativo. Aunque nada volverá a ser como antes.

Es cierto: se  nota un cierto paralelismo entre el espíritu de sus habitantes y la naturaleza que los rodea. Los factores climaticos  influencian su vida de manera poderosa. Si alguna vez habéis pensado que vuestra existencia podría estar en las manos del destino, ¿qué pasaria si esa vida estuviese totalmente en manos de la naturaleza? Nunca en mi vida había controlado tanto el tiempo y las previsiónes como cuando vivia en Islandia.

 

LA LARGA NOCHE INVERNAL

Contrariamente a lo esperado, el país no es tan frío como podria parecer. El clima es moderado y templado. Los inviernos son suaves debido a la corriente del Atlántico Norte y los vientos de sudoeste. Pero, lo que lo hace diferente son las pocas horas de sol que hay, que yo experimenté en Reykjavik entre 2010 y 2011. Mientras que durante los meses de verano el sol apenas se pone, a mediados de invierno, hay que esperarse tan sólo unas cuatro-cinco horas diarias de luz. No hay que olvidarse que es la capital más septentrional del mundo.

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FOTO  ©  Lluc Queralt

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Pero no deseo hablar de mi pasión por Islandia: isla que ocupa un lugar muy especial en mis recuerdos. Hablarè de algo incómodo que quizás debería haberse quedado dormido en la memoria. Algo que comprobé mientras vivia allí.Tras la crisis, tras la oscuridad, el frio, he oido historias, he  encontrado personajes inesperados en sitios improbables. Una pregunta común, fue: «¿Qué haces aquì en invierno? ¿De verdad te gusta estar aquí ahora?» He visto también la soledad, porque estar entre la gente no es sinónimo de tener compañía. Inquietud e inestabilidad, en algunos más que otros, pero todos desvelaban algo: vivir  la ‘oscura temporada’  islandesa deja marcas profundas.

Hay un sitio que considero especialmente peculiar. Casi anonimo, diria. Un minusculo bar cafeteria en el centro de Reykjavik. No sé si los retratos colgados en las paredes eran de personajes que no tuvieron mucha suerte en la vida, pero lo cierto es que desde la primera vez que vi aquellas fotos en blanco y negro, algo en mi se despertò. Estaban perfectamente alineadas en las paredes, una en frente de la otra, mirándote desde su marco. Puede que por alguna razón aquel sitio que normalmente pasaria desapercibido, en cierto modo sin gracia alguna, cautivara la atención, también por la fauna que lo habitaba: pintoresca, silenciosa o  ruidosa dependiendo del día y de la hora.

Habia uno de los retratos que hipnotizaba, quizá por la luz que se reflejaba o por su posición central en la pared. Hablaba. Las cicatrices en su rostro comunicaban una historia dolorosa. Lo más curioso es que he vi todas esas caras en piel y huesos antes de que fueran colgadas en la pared en forma de fotos. Todo empezò a finales de verano, cuando descubrimos aquel pequeño  lugar, hasta el profundo invierno con su oscuridad. Marineros, musicos, pescadores, artistas, obreros, caras de nomadas, estudiantes… Arrugas del alcohol, tabaco y quién sabe que más. Rostros que reflejaban abandono y depresión, perdida de trabajo; inquietudes y desequilibrio. La huella del invierno y la oscuridad en cualquier caso.

Todos los islandeses tienen historias para contar. Pero, ante todo, son muy curiosos y primero quieren oír la tuya. «¿Qué voy  a hacer yo, aquì? He dejado el trabajo en la fabrica de pescado porqué ya no tenia sentido estar allì. Con la crisis casi no habia nada que hacer. Y casi a los treinta, he vuelto a matricularme y estudiar historia en la universidad. ¿Qué harè luego? No tengo idea….», me confiesa un joven de mirada perdida sentado en una de las mesas bajo la galería de  fotografías. «Estudié bellas artes, pero por la situación económica he tenido que trabajar en construcciones, supermercados, he sido barbero,  carpintero, estuve en granjas, en verano», añade otro desde la barra. «Mi familia tiene origenes nobles con un negocio que tiene siglos. Yo seguiré allí  manteniendo su prestigio» apostilla un tercero sin entusiasmo.

Soledad y desilusión. Eso es lo que más me han impactado: no tanto en la gente ya un poco mayor, sino en  jóvenes como yo o mucho mas jóvenes. Familias desestructuradas, con niños muy jóvenes; adolescencia dedicada al vivirlo ahora y todo, intentando estudiar y trabajar, de lo que sea… Entre ellos hay también artistas, creativos y geniales. Un mix ‘volcanico’.

Hay todavía mucha incertitumbre, pero los jóvenes están, a pesar de todo, enfocados al futuro. Muchos han emigrado ya (Noruega y Estados Unidos muy populares) y otros lo harán en breve, quizás en la búsqueda de nuevas posibilidades o de suerte: alejarse de la ‘crisis invernal’ para volver en el amado verano. Y, es que, el invierno lo paraliza todo todo, los ritmos cambian, los humores se tiñen de tonos más oscuros: es un proceso natural en espera de que la luz del verano avive el espíritu…

En cualquier caso, si alguien me preguntara si volvería allí, no cabría duda: respondería que sí.La sensacion de calidez y de ternura, asì como de sentirse en un lugar amado es preciosa.Si has viajado un poco en tu vida, lo notaras al llegar en Islandia. ¿No serà el aire tan puro que  traiciona?

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Aurora Baldessin,  es licenciada en mediación lingüística y cultural, con especialización en estudios japonéses, y una pasión visceral para viajar. Italiana de origén, es también  periodista freelance y traductora.

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