EGIPTO ANTE LAS URNAS

Unos 50 millones de egipcios están llamados a votar hoy y mañana un nuevo gobierno que sustituya al que formaron los militares tras la caída de Hosni Mubarak. Un año después de su salida del poder, el país se encuentra estancado, con su principal fuente de divisas -el turismo- hundido y con unas bolsas de pobreza inasumibles. Los islamistas se presentan como favoritos a pesar de los temores que siguen suscitando en el exterior. Lo que pase estos días en Egipto será trascendental para el equilibrio político de la región.

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Ilustración GEA PHOTOWORDS

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Por Sergi Ribas para GEA PHOTOWORDS
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El alto nivel de desempleo, las pocas o nulas posibilidades de los jóvenes y un poder descaradamente corrupto llevaron el pasado año, entre otras causas, al pueblo cairota a la plaza Tahrir para forzar la salida del eterno Hosni Mubarak y recuperar la dignidad. El primer objetivo se alcanzó y Mubarak ahora se limita a aparecer en pijama y en una camilla ante el tribunal que decidirá su futuro. Pero, por otra parte, desde la caída del dictador es el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto el que ostenta el poder y aunque su máxima autoridad repita sin cesar que  “las elecciones de Egipto serán un modelo para el mundo” y se comprometa a entregar todo el poder al presidente que salga electo, ya nadie confía en ellos. De hecho no lo hizo en ningún momento porque en Egipto ya están hartos de la interminable vinculación entre los militares y el poder.

La junta militar que “gobierna” ha sido muy criticada debido a como ha manejado el período pos-Mubarak. Ha sido denunciada por los abusos políticos y de los derechos humanos que se han cometido, con detenciones y torturas injustificadas, lo cual no les distingue en casi nada del anterior líder contra el que el pueblo se rebeló. Y las sospechas de que los militares se querrán aferrar al poder a partir de la constitución que nazca con las elecciones son muy amplias. Por estos motivos en Egipto se respiran nervios, esperanza, fe, ilusión y miedo. Pero sobretodo incertidumbre. En estos quince meses el país ha pasado por tres Gobiernos transitorios, unas elecciones legislativas –donde arrasaron los antes ilegalizados Hermanos Musulmanes-, un referéndum constitucional y el juicio a Mubarak, que aún traerá cola.

Se puede afirmar con rotundidad que las expectativas que el pueblo egipcio volcó el día 25 de Enero del año pasado en el llamado “Día de la ira” en la plaza Tahrir no se han cumplido. Ahí radica parte de la importancia de estas elecciones: en las esperanzas y los sueños de millones de egipcios que creyeron en un futuro mejor, un futuro libre, el futuro que trajo la primavera árabe.

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TESTIGO DIRECTO

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Tuve la suerte de visitar Egipto y poder hablar con Mohammed H. para que me cuente cuáles son las sensaciones in situ cuando faltaba aún un mes para las elecciones. Mohammed lleva años viviendo del turismo, gran pilar de la economía del país. Me cuenta que lleva demasiado tiempo sin trabajar, exactamente desde que empezó la revolución. El turismo se ha visto reducido como nunca desde las manifestaciones de Tahrir del año pasado y debido a la indeterminación que vive el país esta situación se está prolongando más de lo que en un principio podían pensar. “Mucha gente joven y que hemos estudiado nos dedicamos al turismo. Hemos aprendido idiomas y es una fuente de ingresos muy importante que antes era segura. Además ahora la policía no se quiere posicionar. Como no saben quién saldrá elegido no actúan, están de brazos cruzados esperando a tener un nuevo “jefe”. Y esto es especialmente notorio con la policía turística, la cual hasta está permitiendo que se saqueen restos arqueológicos”.

Mohamed espera ansioso las elecciones y está convencido de que al menos servirán para hacer fuerte un país que ahora mismo “va a la deriva, sin rumbo”. De todas formas no muestra especial simpatía por ninguno de los candidatos, aunque sí apunta como favorito al ex-secretario general de la Liga Árabe Amr Musa, al que califica de “hombre culto, con experiencia y respetado por el pueblo”. Éste será un rasgo común que me iré encontrando en todas las personas con las que tendré ocasión de conversar sobre el tema: nadie me nombra un partido, sino los candidatos; nadie me nombra unos ideales políticos, sino unos rasgos personales. En estas elecciones no se votan unos ideales políticos o estructurales, no se vota un tipo de sistema u otro. Se votan unos valores personales y universales que han estado desaparecidos mucho tiempo en Egipto.

Hablo por ejemplo de honestidad, voluntad, experiencia, lealtad o justicia, pero por encima de todo de honradez y libertad. A mi juicio, quién haya conseguido erigirse como representante de este tipo de valores, quién se haya presentado como el líder justo y bondadoso que los egipcios llevan tiempo esperando, será el que podrá intentar gobernar el país.

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ISLAMISTAS

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Visto así,  los islamistas tendrían mucho terreno ganado gracias al propio Mubarak. La situación social es catastrófica, con un Cairo que cuenta con más de diecisiete millones de habitantes que la han convertido en la mayor ciudad de África y de todo el mundo árabe -y que va aumentando su población sin parar-, con más de 30 millones de personas que sobreviven con menos de 1,5 euros al día, con unos servicios sanitarios y de limpieza que parecen inexistentes…; en resumen, con un país donde la riqueza se ha acumulado de forma extrema en muy pocas manos, la clase media es clase baja y la baja es un insulto a la raza humana y una muestra evidente del egoísmo de ésta. Los islamistas han sido los que han aprovechado para transmitir solidaridad con los desdichados, recoger el malestar de los más pobres, de los que nunca son escuchados y convertirse en los únicos opositores frente al poder prooccidental.

Cuando Mubarak los ilegaliza no hace más que darles más poder y legitimarlos. Al aislarlos les está haciendo un favor, ya que les da más argumentos para decir “ves, yo soy como tú, un despojo del régimen. Únete a mí y venceremos”, igual que ya hiciera Perón en Argentina con sus “cabecitas negras”, donde fueron estas clases bajas las que acabaron dándole el poder y apoyándolo hasta el final. Los convierte en los portavoces del malestar de una población extremadamente explotada y exprimida. Para ser más exactos, los islamistas de los que hablo han sido mayoritariamente los Hermanos Musulmanes y como dice el sociólogo Sami Naïr, la táctica del régimen para desacreditarlos ha sido “plantear una decisión entre  “nosotros que os preservamos de los islamistas, aunque tengamos que utilizar la violencia, o los islamistas que os llevarán a un Estado integrista”. Esta política del chantaje ha sido durante mucho tiempo el medio de legitimación de las dictaduras árabes”.

Con todo lo dicho, si tuviéramos que apostar lo hubiera hecho sin demasiadas dudas por los Hermanos Musulmanes, como reacción adversa hacía lo que se tenía antes, como búsqueda de todo lo contrario, de lo que antes estaba prohibido. Pero, a mi parecer, la táctica que han utilizado no ha sido la más apropiada. Primero la Junta Electoral les eliminó al primer candidato, el millonario Jairat al Shater, por no cumplir con todas las normas que los aspirantes a Presidente deben cumplir, con lo que se vieron obligados a postular con su candidato reserva, Mohamed Mursi, del que dicen que le faltan grandes dosis de carisma y que le costará mucho convencer a la población de que puede ser Presidente.Por otro lado, Abdel Moneim Aboul-Fotouh fue expulsado de la organización por aspirar a ser candidato a la presidencia, lo que chocó contra las declaraciones de la organización sobre que no presentaría a nadie a las elecciones presidenciales. Y éste, presentándose de forma independiente, se ha convertido en uno de los favoritos en todas las quinielas –junto al ya mentado Amr Musa- y en quién recaerán gran parte de los votos islamistas.

El analista Adam Marrow advierte que  “En los últimos 40 años, la unidad lograda por la Hermandad Musulmana fue la envidia de la oposición política de Egipto. Pero en los seis meses que siguieron a la caída del régimen de Hosni Mubarak, esta organización islamista experimentó fracturas sin precedentes”. Considerando una de las más hirientes la que acabamos de mencionar.

Egipto siempre se ha considerado un país paciente y argumentos para demostrarlo no les faltan. Lo más importante los días que vienen no es quién saldrá elegido si no que alguien salga elegido, que se respete la decisión del pueblo y que el Consejo Militar haga lo que ha prometido y abandone el poder lo antes posible dando libertad para que se elabore una nueva Constitución consensuada por los representantes electos. Nadie asegura que aún así salga bien, pero de lo que sí se puede estar seguro es que lo que no ha salido bien han sido las dictaduras militares.
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Sergi Ribas es licenciado en Sociología por la Universidad de Barcelona. Especializado en Medio Ambiente  y Sociedad, ha trabajado para  el Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible de la Generalitat de Catalunya y posteriormente ha tenido la oportunidad de viajar por el Cono Sur americano colaborando con diferentes ONG como la Fundación ambiental boliviana Gaia Pacha y la entidad chilena ¡Activo! Actualmente escribe en Ecodiari.cat

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