EL SILENCIO DEL PROGRESO | GEA Photowords

EL SILENCIO DEL PROGRESO

En estos meses de continuos encuentros entre dirigentes y aparentes acuerdos que mantienen en vilo a los españoles nos queremos hacer eco del escándalo que Survival sacaba a la luz referente a su informe `El progreso puede matar´. Un documento que entre sus páginas esconde el terrorífico testimonio de menores y más víctimas indígenas explotadas y `pagadas´ con drogas como el propio alcohol.

 

 The edge of two worlds

La inhalación de pegamento es un problema serio entre niños y adolescentes innus.

Foto  © Dominick Tyler / Survival

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El silencio del progreso

Por Ana de Gracia para GEA PHOTOWORDS

 

Al mismo tiempo que en nuestro país se trata de aventurar el futuro político mientras cada mediodía se cuelan en los miles de hogares de España más noticias de tramas corruptas hilvanadas por algunos de nuestros dirigentes, en otras partes del globo terráqueo, allá por donde otros prefieren llamarlo “fin del mundo”, el futuro de millones de niños parece estar escrito desde su nacimiento.

Se trata de un informe que hace años, con su publicación oficial, ya caló hondo en nuestra sociedad justo en un momento en el que la crisis llegaba para quedarse y comenzaba a adentrarse profundamente en las grietas de nuestro país y en el resto de Occidente. Ahora sus conclusiones vuelven a recordarse tras ocho años en los que parece ser que nada ha cambiado.

Como progreso entendemos, de forma generalizada, una idea positiva. Un concepto que los llamados países desarrollados han hecho suyo y en nombre del cual han abanderado causas atroces cuyas consecuencias continúan hostigando y sangrando a los pueblos aborígenes.

Suicidios, hambre, muertes prematuras, enfermedades importadas como el sida que causan estragos y merman estas poblaciones son tan solo unos pocos ejemplos de esta realidad junto con las elevadas tasas de adicción al alcohol y demás drogas en cuyas garras quedan atrapados niños indígenas que resultan, en múltiples casos, explotados y pagados con dichas sustancias creándose a su vez un ciclo mortal sin salida como los niños bayakas en la República del Congo donde en el año 2013 ya se registraron casos en los que recibieron como “paga” pegamento para esnifar tras “vaciar letrinas”, según indica el informe de Survival.

La adicción a estas drogas, de las que tampoco podemos olvidar el puesto que ocupa en esta mortal lista la gasolina a la que también han quedado “enganchados”, entre otros, niños innu en Canadá, se convierte en una salida fácil a la que se entregan muchos nativos para contrarrestar el duro golpe que supone el aislamiento producido por la falta de respeto de las sociedades “desarrolladas” para con los pueblos indígenas que finalmente se ven obligados a vivir en ellas.

Se trata de un progreso cuyos inicios se remontan a las épocas coloniales cuando el objetivo de llevar la palabra de dios y la civilización a las nuevas tierras de aquel continente virgen que pasó a llamarse El Nuevo Mundo se convirtió en el ordeno y mando de los autoproclamados conquistadores.

 

The Guarani have one of the highest suicide rates in the world.

“Nuestros jóvenes piensan que no queda nada, se preguntan cómo pueden vivir y al final se suicidan.”  

La más joven se quitó la vida con solo 9 años.

Foto  © Joaó Ripper / Survival

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Contra ello se alzaron voces críticas como lo fue la publicación en el siglo XVI de la Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552) en la que fray Bartolomé de las Casas narraba la brutalidad con la que se estaba llevando la conquista de América. Con una visión transgresora para la época, no exenta de polémica por la controversia que ha suscitado a lo largo del tiempo la figura del dominico, su obra pudo marcar un antes y un después en la historia de los derechos de los indígenas lo que daría pie, asimismo, a la leyenda negra de España.

Para nuestra memoria quedarán grabados a fuego nombres como los del diplomático Roger Casement quien denunció ante el Foreign Office en Inglaterra la barbarie cometida en nombre del progreso y del caucho, allá por el siglo XX, contra los nativos del Congo y de la Amazonía.

En definitiva, el progreso se ha convertido en una bandera que no flamea de igual forma para todos. El robo de tierras ha supuesto otra de las principales causas de muerte entre los aborígenes. Este saqueo ha significado, a su vez, el despojo de sus alimentos y de su principal sustento. En Argentina, tal y como indica el informe El progreso puede matar, los guaraní han llegado a perder por año hasta el 10% de sus tierras lo que ha conllevado a la malnutrición de sus familias y consecuente muerte. Del mismo modo, sus vecinos en el país brasileño han testimoniado la destrucción de sus tierras en la selva y posterior sustitución por las plantaciones de soja y caña de azúcar de los ricos fazendeiros quienes no dudan en contratar a mercenarios para aniquilar a quien trate de oponerse a sus ambiciosos objetivos.

¿Hasta dónde pueden llegar los límites del progreso? ¿Y a qué, precisamente, llamamos progreso? Una pregunta que en mitad de la selva amazónica también se hace el doctor Campbell en el filme de McTiernan, Los últimos días del Edén (Medicine Man, 1992). Entre los restos del devastador incendio, sentado y exhausto, Campbell (interpretado por Sean Connery) observa una selva desgarrada resultado del avance de “las máquinas del progreso” que con el fin de construir sus carreteras arrancan de cuajo los árboles y los secretos de la naturaleza que esconden el remedio de su investigación para el cáncer; la peste del siglo XXI.

 

Ana de GraciaGraduada en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid y estudiante de Ciencias Políticas y de la Administración. Ha colaborado en radio durante cuatro años en la rama del periodismo cultural en España, así como para otros medios de comunicación digitales cultivando el género de la entrevista con personalidades del panorama actual de la cultura y de la política. Los viajes y los movimientos sociales la llevaron hasta São Paulo, Brasil, donde pudo llevar a cabo un proyecto de inmersión cultural durante su larga estancia en el país conviviendo con los indios guaraníes y analizando el impacto social que el movimiento globalizador ha provocado en la cultura indígena. Concienciada con los problemas sociales y con el periodismo comprometido, desde siempre ha querido dar voz a aquellas personas que han permanecido y permanecen invisibles para el resto de la sociedad. Actualmente trabaja en Onda Cero.

 

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