EL SUICIDIO DE LOS GUARANÍES

Los guaraníes de Brasil, una de las primeras tribus indígenas conctactas en América, se están suicidando. Las violentas invasiones de los terratenientes agropecuarios han destruido su vida ancestral y prácticamente toda su tierra les ha sido usurpada. Los niños mueren de hambre y sus líderes han sido asesinados. Tribus enteras viven de la medicidad hacinados en míseras aldeas levantadas al borde de las carreteras. La única forma de protesta que les queda es quitarse la vida. Más de 500 suicidios han sido ya documentados. La ONG Survival Internacional (www.survival.es)  ha lanzado una campaña para salvarles. Con este reportaje, GEA PHOTOWORDS continúa la colaboración con la esta asociación sobre la tribus más amenazadas del planeta.

 

FOTO  ©   Patxi Uriz

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Por Juan Carlos de la Cal, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Vera Tupa asegura tener 104 años. No hay forma de comprobarlo. De todas formas, al viejo líder de la aldea guaraní de Biguaçu , en las afueras de Florianópolis, capital del estado brasileño de Santa Catarina, poco le importa. Cualquier tiempo pasado nunca fue mejor. Los guaraníes fueron uno de los primeros pueblos contactados tras la llegada de los europeos a América. Y a pesar del duro proceso de “aculturización” que han sufrido en estos cinco siglos, hoy constituye el pueblo indígena más numeroso de Brasil, donde aún viven alrededor de 46.000 guaraníes. Muchos otros habitan en los vecinos Paraguay, Bolivia y Argentina.

Con su camisa blanca y su pantalón de franela gris, el anciano luce un espeso cabello blanco cortado al estilo occidental. Habla despacio un aceptable portugués mientras apura su pipa de tabaco amarillo sin que el espesor del humo apague el fulgor de sus ojos. Un indio vestido de blanco. Pero indio hasta la médula.

A su lado Doña Rosa, su mujer, fuma de la misma pipa mientras le escucha entonar con su hilo de voz uno de los cantos rituales de la tribu que el anciano alterna con el relato de su vida. Ella no habla otra lengua que el guaraní mismo. Vera Tupa va traduciendo sus palabras a su manera: “Hasta hace no mucho tiempo pensé que me iba a tocar ver el exterminio de mi gente. Cuando llegó la carretera los jóvenes empezaron a beber, las mujeres a irse con los blancos, las tierras dejaron de producir y los sueños se convirtieron en pesadillas. Nos quedamos aquí porque no teníamos donde correr. Hasta que llegó el milagro…”, dice la anciana apuntando con la pipa a la hoguera que arde en el centro de la cabaña donde nos encontramos.

Se trata de la Opâ, una “maloca” sagrada de cañas y barro, totalmente diáfana y construida hace poco más de una década. Es un lugar de paz y concentración a pesar de que a lo lejos, entre el crepitar de las llamas, se escucha el incesante eco de los camiones pasando por la carretera. Media docena de sillas y los tocones de unos árboles cortados para sentarse componen el único mobiliario. En el centro arde el “fuego sagrado” perfilado por un contorno de piedras formando la silueta de un águila. Nunca se apaga. Es una herencia dejada por las tribus del norte de América llegados aquí a finales del siglo pasado siguiendo el hilo de la Alianza de las Tradiciones Nativas, un movimiento indigenista y espiritual que aglutina a varias tribus del continente americano.

A la conversación asiste su nieto Vanderlei, un joven de mirada fija ataviado con un sombrero negro ajeno a la tradición guaraní. Durante la entrevista, varios miembros de la familia entran y salen de la “maloca” en silencio, totalmente vestidos de negro. Parecen gitanos en un día de fiesta con su tez morena. Cuando preguntamos de donde han sacado esa ropa nos dicen que la heredaron de unos indios mexicanos que pasaron una temporada aquí hace unos años. Formaban parte también del “milagro”.

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LA PROFECÍA

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Los “mexicas” llegaron para participar en uno de esos encuentros de tribus que se celebran en todo el continente desde que en 1992 los ancianos decidieron que había llegado el momento de hacer cumplir una ancestral profecía indígena. El oráculo habla del día en el que el Águila y el Cóndor (los animales de poder que representan a las primeras naciones indígenas de América del Sur y del Norte) vuelen juntos nacerán los “uniquis”, la “gente verdadera”, los que liberarán a estos pueblos de la opresión, la injusticia y la enfermedad.

El encuentro fue organizado por la Iglesia del Santo Daime, una religión sincrética brasileña con miles de seguidores que utiliza la ayahuasca, una bebida enteogénica de la selva amazónica, para comulgar en sus rituales. Su ingesta en un ritual de música y bailes provoca en los participantes un estado modificado de consciencia que les permite llegar a unos niveles de introspección espiritual muy profundos. A la reunión fueron invitados representantes de varias tribus del norte del continente, entre ellas los del Fuego Sagrado de Tenochtitlan, que trajeron también consigo sus “sacramentos nativos”: el peyote, el “San Pedro” y los honguitos sagrados. Se realizaron ceremonias conjuntas usando todos ellos y el resultado, como dice doña Rosa, fue un auténtico “milagro”.

“Los jóvenes dejaron de beber, los viejos mejoramos de salud, los sembrados comenzaron a dar su fruto, reaparecieron las antiguas tradiciones, recuperamos olvidados cánticos de nuestros mayores y la esperanza nació de nuevo para el pueblo guaraní”, recuerda el anciano Vera Tupa.

Según nos confirma nuestro “lazarillo” en esta visita, el cineasta brasileño Ennio Staub, lider de la comunidad daimista en Florianópolis que organiza estos encuentros “el contacto con estas tribus del norte y el uso de estas medicinas rituales permitió a estos guaraníes iniciar el camino de vuelta a sus tradiciones recuperando así su identidad como pueblo y la posibilidad de reestructurar su vida comunitaria perdida por el influjo de la cultura blanca. Hoy los índices de alcoholismo, enfermedades y pérdida de valores se han reducido muchísimo a diferencia de lo que pasa en otras aldeas del interior”.

Por las calles del centro de Florianópolis es habitual encontrar familias indígenas sentadas en las principales esquinas, con sus cestos llenos de animales de madera y sus niños. Van descalzos hasta el alma. Salen de sus misérrimas aldeas para conseguir algo de dinero para sobrevivir. Como el resto de las 240 naciones indígenas del país, la mayoría de los guaraníes vive casi de la mendicidad, luchando para que el Estado o las grandes corporaciones petroleras o del agronegocio no acabe por borrarles del mapa.

Un informe del Consejo Indígena Misionero, (CIMI), fechado el año pasado, ha demostrado que la violencia, física o institucional, sufrida por estos indios en Brasil se ha intensificado gravemente. Porque fue en 2012 cuando la Comisión de Justicia de la Cámara de los Diputados brasileña aprobó una enmienda constitucional, la 215, que supuso un tremendo retroceso legal para los derechos indígenas al poner en mano de los propios diputados la concesión de las tierras ancestrales a sus moradores atávicos. Algunos de esos territorios, otrora indios, pertenecen ahora a multinacionales como Monsanto, Cargill, Bayer y otras, la mayoría en la frontera agrícola del país que linda con la Amazonia.

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Video cedido por Survival Internacional.

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SUICIDIOS

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Profundamente afectados por la pérdida de casi toda su tierra a lo largo del último siglo, los guaraníes están sufriendo una oleada de suicidios sin precedentes en América del Sur. Desde 1986, por lo menos 517 de ellos se han quitado la vida. El más joven de ellos tenía sólo nueve años. La situación llegó a tal extremo que, en Mato Grosso del Sur, donde los guaraníes llegaron a ocupar una extensión de 350.000 kilómetros cuadrados de bosque y llanura, centenares de indígenas que viven a la orilla de las carreteras, rodeados de haciendas de ganado y de extensos cultivos de soja y de caña de azúcar, lanzaron un manifiesto donde anunciaban su decisión de suicidarse colectivamente si el gobierno no protegía sus tierras. Sólo la reacción internacional pudo evitar la tragedia.

“Estos indígenas estaban aquí antes de la llegada de portugueses y españoles. Y esa realidad no se puede esconder debajo de la alfombra. Hoy hay más de un millón de personas con sangre indígena con todo el derecho del mundo a vivir en esas tierras, mantener su cultura y decidir como quieren vivir su vida. Es un derecho constitucional. Y ese debe ser un imperativo ético. La batalla de los indígenas por su territorio es también la batalla de la gente a favor de la armonía y el equilibrio”, asegura la periodista brasileña Elaine Tavares.

Fuentes de Survival recordaban que «hay guaraníes que viven sin acceso a agua potable en chozas de lona al borde de autopistas y otros están atrapados con poca comida en medio de miles y miles de kilómetros de campos de caña de azúcar. Las autoridades brasileñas deben asegurar el futuro de los guaraníes garantizando su derecho fundamental a vivir en sus territorios ancestrales».

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LA `TIERRA SIN MAL´

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Hasta donde les alcanza la memoria, los guaraníes llevan buscando el lugar que les fue revelado por sus antepasados, donde la gente vive libre de dolor y sufrimiento, al que denominan ‘la tierra sin mal’.

A lo largo de los últimos 500 años, prácticamente la totalidad de sus tierras les han sido arrebatadas.

Los episodios de deforestación han convertido el que una vez fuera fértil hogar de los guaraníes en una extensa red de haciendas de ganado y plantaciones de caña de azúcar que abastecen el mercado brasileño de biocombustibles.

La destrucción de los bosques ha traído como resultado la imposibilidad de cazar o pescar, y disponen de tan poca tierra que casi no es posible el cultivo. La malnutrición constituye un serio problema, y desde 2005 al menos 53 niños guaraní, según Survival, han muerto de hambre.

Brasil tiene una de las industrias de biocombustibles más desarrolladas del mundo. Las plantaciones de caña de azúcar se establecieron en la década de los años 80 y dependen en gran medida de la mano de obra indígena. A menudo los empleados trabajan por un salario lamentable en condiciones terribles. En 2007 la policía llevó a cabo una redada en una destilería de alcohol de caña de azúcar y descubrió que 800 indígenas trabajaban y vivían en condiciones infrahumanas.

Debido a que los hombres indígenas se ven forzados a buscar trabajo en las plantaciones, se ausentan de sus comunidades durante largos periodos, lo que tiene un gran impacto en la salud y en la sociedad de los guaraníes. Enfermedades de transmisión sexual y el alcoholismo se han introducido por los trabajadores que han regresado, y han aumentado las tensiones internas y la violencia.

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ATRAPADOS

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Unas 80 nuevas plantaciones de caña de azúcar y destilerías de alcohol están planificadas en Mato Grosso do Sul, muchas de las cuales serán construidas en la tierra ancestral que reclaman los guaraníes.

Los guaraníes de Mato Grosso do Sul sufren el racismo y la discriminación, así como altos niveles de acoso por parte de la policía. Se estima que unos 200 guaraníes están en prisión con muy poco o nulo acceso a asesoramiento legal o a intérpretes, atrapados en un sistema legal que no entienden. Como resultado, personas inocentes están siendo condenadas. Además Muchos están cumpliendo severas y desproporcionadas condenas por delitos menores.

Apretujados en minúsculas reservas y con consecuencias sociales devastadoras, muchos guaraníes han intentado recuperar pequeñas parcelas de su tierra ancestral. Pero los poderosos e implacables terratenientes que ahora ocupan sus tierras se han opuesto violentamente a estas “retomadas” de tierra. Éstos contratan pistoleros a sueldo con frecuencia para defender sus “propiedades”, e incontables guaraníes han muerto durante las “retomadas”, o poco después.

La pequeña comunidad de Ñanderú Marangatú constituye un ejemplo típico. A pesar de que la ley reconoce su derecho a vivir dentro de una reserva de 9.000 hectáreas, fueron expulsados a punta de pistola por los terratenientes en el 2005. Demostrando una gran valentía, la comunidad regresó. Ahora viven en una pequeña fracción de aquello que les corresponde legalmente y el área que rodea de forma inmediata al asentamiento es patrullada por pistoleros a sueldo del terrateniente que, además, han violado a dos mujeres guaraníes.

Pero entre tanta desolación el rescate que ha supuesto para estos pueblos el encuentro con sus paisanos del norte del continente ha supuesto una esperanza para su futuro. Los guaraníes de Florianópolis, como en la aldea de Astérix, han encontrado en la «porción mágica» de los sacramentos nativos el hilo conductor para retomar su pasado con el que enfocar mejor su presente y su futuro. Un futuro que pasa por la apuesta vital de recuperar sus tierras ancestrales enfrentando la condena que les ha impuesto la sociedad blanca. Una apuesta por la supervivencia.

Para saber más has click aquí

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2 Responses to “EL SUICIDIO DE LOS GUARANÍES”

  1. Ana M.
    6 octubre, 2013 at 10:28 #

    Excelente artículo Juan Carlos, no hay duda de que conoces la problematica indígena en profundidad.
    Vivimos un momento en la historia de la humanidad, en el que los viajes al espacio e Internet conviven con las flechas y las hachas de piedra. Pero estamos tan ciegos que sólo queremos mirar hacia el futuro, parece que esto es lo único que importa,sin darnos cuenta de que preservar y favorecer esta diversidad y estos modos particulares de vida nos enriquecería, y posiblemente nos ayudará a mantener nuestra dimensión humana.
    Saludos

  2. Pienso Para Perros
    16 octubre, 2013 at 23:48 #

    Ey Me ha gustado bastante tu articulo asi que pense en dejarte un saludo. He pillado tu feed para no perderme tus noticias. Besos desde Peru

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