EL TERCER JINETE – HAITÍ (I)

Con motivo de la presentación del libro “El Tercer Jinete, un mundo hambriento”. de nuestro compañero Alfons Rodríguez, un proyecto participado por GEA PHOTOWORDS, publicamos en varias entregas algunos de los reportajes de su intenso trabajo realizado con el apoyo de ongs como Intermón Oxfam, MSF y Acción Contra el Hambre. Los artículos han sido publicados en la revista YO DONA además de en otros medios nacionales e internacionales como El País o La Repubblica y en este blog en el caso de África. Seguimos, en tres partes, con Haití, el país más pobre y asolado del mundo, justo tres años después del terremoto.

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Una mujer sostiene arroz cultivado en Artibonite.

 FOTO  ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

La Española es una isla compartida por dos países, Haití y República Dominicana. Dos hermanas que nacieron el mismo día pero que tomaron caminos muy diferentes. Esta es la historia de la hermana desafortunada, Haití, un país que trata de resurgir de entre sus ruinas pero que no acaba de encontrar el camino del progreso y la esperanza. El 12 de enero de 2013 se cumplen tres años desde que un terrible terremoto apagó la poca luz que alumbraba un futuro incierto. Es hora de hacer balance y de ver como se sufre el olvido de la comunidad internacional y como se combate contra la desidia de un gobierno inepto e irresponsable en un lugar donde la mujer se lleva, una vez más, la peor parte.

Doce de Enero de 2010. Son las 16.53.09 horas de la tarde. Hora local de Puerto Príncipe, capital de Haití. Todo se viene abajo. Se abre en canal el mundo. Se grita, se muere. Se hace la oscuridad y del miedo se pasa a la desesperación y a la angustia. Un terremoto, considerado ya una de las catástrofes naturales más graves de la historia conocida -7,3 grados de la escala Richter y docenas de réplicas en las horas siguientes-, deja 316.000 cadáveres, 350.000 heridos y 1.500.000 personas sin hogar y sin comida. Les deja sin aliento y sin futuro.

Tres años después, más de 600.000 personas siguen viviendo en precarias carpas, montadas en 802 campamentos que salpican parques, avenidas y diversos recintos de la ciudad y sus aledaños. Calles que todavía dejan entrever edificios totalmente derrumbados en unos casos o grietas desgarradoras que presagian un mal final en otros. Claro que se ha realizado una cierta labor en este tiempo, pero la situación del país demuestra que no ha sido suficiente.

Un joven me aborda mientras contemplo el destrozado Palacio Presidencial: “Esa es la casa del Diablo, cualquiera que habite ahí mientras nosotros los de fuera nos morimos de hambre, es el Diablo”, me dice con una expresión de desprecio en la cara y las manos aferradas a la verja verde que rodea la destrozada residencia presidencial.

Jerome continua con su diatriba oral: “ Todo es una gran mentira en este país. Nuestro Gobierno se limita a engañarnos un día tras otro. Llevamos 2 años viviendo sin hogar, sin electricidad, sin agua limpia, sin comida suficiente, sin dignidad, y ellos al margen, sin ninguno de estos problemas”. Y entonces, durante nuestra conversación, formula la paradigmática pregunta que me volverían a realizar muchos otros en el país: “ ¿Dónde esta la ayuda internacional, tantos y tantos millones de dólares?, ¿Por qué las Naciones Unidas y las miles de oenegés que hay basadas aquí no nos sacan de la miseria de una vez?, En Cité de Soleil hay 27 organizaciones internacionales y continúan viviendo como cerdos!, añade Jerome. Preguntas, que acabaran por resonar en mi cabeza como un martillo, para las que no tengo respuestas. Nadie las tiene o nadie quiere darlas. Impotencia.

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Unas mujeres rezan en la catedral destruida por el sismo de 2010.

 FOTO  ©  Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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UN MUNDO SIN COLUMNAS

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A las puertas de la Catedral de Puerto Príncipe un hombre con un bebé en brazos me asalta para pedirme dinero. El templo está rodeado de fuerzas militares brasileñas, integrantes de la MINUSTAH – en francés, Misión de Naciones Unidas para la Estabilización en Haití-. En su interior, un escenario de devastación con columnas que ya no soportan ningún techo. Los rayos de sol ya no tienen obstáculo en su camino entre el cielo y la tierra. Unas mujeres lloran y rezan apoyadas en una gran columna. A sus pies más escombros y basura. Un espectáculo triste. Dantesco.

Una situación precaria que se ensaña con los más débiles, mujeres y niños que parecen haber caído a través de las grietas abiertas por el terremoto en un oscuro destino.

Según alertó Intermón Oxfam, más de 100.000 haitianos viven bajo el riesgo de ser desalojados por la fuerza de sus precarios refugios, ubicados en lugares públicos que dificultan la vida en las zonas más pudientes y afectan negativamente a la imagen de la capital. De producirse este hecho, el gobierno incurriría en una actuación ilegal dado que los Principios Rectores aplicados a los refugiados en su propio país dictan que la salida de un campamento de desplazados ha de ser voluntaria, previa notificación y con la garantía de acceso a servicios básicos en la nueva reubicación. Es verdad que muchos de los lugares utilizados para refugiarse tras el terremoto son propiedades privadas, pero es el gobierno el que ha de buscar soluciones en un caso así, dada la situación de emergencia y la ausencia de alternativas.

Por el momento, desde el acceso al poder del nuevo presidente, Michel Martelly, sólo se han reubicado unas 25.000 personas. Es el caso del asentamiento levantado en Corail, donde unos 10.000 afectados han comenzado una nueva vida. Pequeños barracones y micro negocios –apoyados por Intermón Oxfam en algunos casos- que ofrecen una débil luz en un oscuro futuro. Corail fue establecido para ubicar desplazados durante unos 3 años, pero visto como están las cosas en la capital y los cientos de miles que todavía viven en la calle, se augura un periodo mucho más largo. En realidad nadie sabe cuanto tiempo.

En Puerto Príncipe, en la pudiente y muy poblada zona de Petion Ville, algunos campamentos con miles de personas hacinadas se levantan frente a bancos, comercios y hoteles de lujo, mientras que otros lo hacen en las laderas de las montañas cercanas. Al recorrer estas zonas, así como el centro, uno tiene la impresión de que es imposible reubicar tal cantidad de gente en un lugar tan densamente poblado como es la capital. Aún así, es necesario y urgente hacerlo. Pero llevarlo a cabo con ciertas garantías para todas las partes.

Según Oxfam, el Gobierno español es el tercer donante a Haití con 346 millones de euros hasta el 2013. Este acuerdo con el ejecutivo haitiano y su participación en la Comisión Interina para la Reconstrucción del país, nos obliga a velar porque el destino de los desplazados se realice garantizando y respetando todos los derechos y la dignidad de los afectados y sin crear conflictos sociales derivados, sobre todo, de la propiedad de la tierra.

DESNUTRICIÓN

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Este hacinamiento y las precarias condiciones de vida han originado un aumento considerable de la desesperación, la violencia y la desnutrición. Está claro que estos eran factores ya existentes antes del terremoto, pero no como con posterioridad a este. No se tienen datos concretos sobre el aumento, pero UNHCR, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para el Refugiado, alerta en un reciente informe de Octubre de 2011 que la violencia sexual y de género contra mujeres y niñas se ha expandido masivamente en los campamentos.

Además, las víctimas permanecen en el mismo lugar donde fueron atacadas, al no poder mudarse por su condición de desplazados y la total carencia de recursos y alternativas. A esto hay que añadir el estigma, por el rechazo y la burla que sufren tras las violaciones, con lo que los ataques suelen ser, en muchos casos, reiterados, por la impunidad total por parte de los agresores. Asimismo, las condiciones en los campamentos son idóneas para este tipo de crímenes: tiendas abiertas, sin puertas que cerrar, oscuridad, desconocidos, miedo, desconfianza y desesperación.

Entre estos factores, es precisamente la desesperación la que juega un papel primordial y aterrador a la vez. El acceso a los alimentos es muy difícil y las madres se ven empujadas a ejercer la prostitución para alimentar a sus hijos. De aquí ha surgido el llamado “Transactional Sex” , es decir sexo a cambio de alimentos o artículos de primera necesidad.

Los hombres no tienen dinero para contratar a una prostituta pero si pueden utilizar los alimentos que les entregan las diferentes organizaciones o aquellos productos a que tienen acceso para intercambiarlos por sexo. Algunos agentes designados por las organizaciones humanitarias para la distribución de alimentos se aprovechan de su privilegio y exigen sexo a cambio de los cupones que les deberían entregar a las mujeres beneficiarias. Un caldo de cultivo perfecto para incrementar la violencia sexual y el abuso. Aquí las únicas que se alimentan bien son la violencia y la tensión social.

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PRÓXIMA ENTREGA: LA VIOLENCIA SE CEBA EN LAS MUJERES

 

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