EL TERCER JINETE – HAMBRE VERDE (y II)

Históricamente, el racismo que han sufrido las etnias indígenas en Guatemala y los obstáculos que se les han interpuesto de forma intencionada en su progreso también ha afectado muy negativamente en su acceso a los alimentos. Además, son sobre todo las mujeres las más afectadas, en una sociedad patriarcal donde ha imperado la discriminación hacia ellas y la violencia extrema hacia el sexo femenino. En esta segunda entrega de El Tercer Jinete contamos las razones por las que más de seis millones de personas pasan hambre en el país más afectado por este problema en todo el continente.

El Corredor Seco guatemalteco. Microcuenca del Oquen.

FOTO  ©   Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Según la organización Oxfam, con fuerte presencia en los países americanos más afectados y con un amplio historial en la lucha por mejorar el acceso a los alimentos, esta discriminación y ese abandono histórico  a las mujeres indígenas han producido ese alto nivel de desnutrición infantil, provocado por el poco margen de actuación de las madres. Según un informe de esta ONG uno de cada dos menores de 5 años sufre desnutrición crónica en Guatemala, el índice más alto del continente americano y el cuarto más alto a nivel mundial. El 95% pertenecen a familias campesinas indígenas.

Acción Contra el Hambre apoya un proyecto de desarrollo y seguridad alimenticia en la micro cuenca del Oquen, un pequeño valle del Corredor Seco. Concepción Méndez, de 29 años de edad, tiene 5 hijos. Dos de ellos están seriamente desnutridos, Emilio y Elmer de 3,5 y 1,5 años respectivamente.

La media de hijos en etnias como la Chort’ i’ es de 6 criaturas. No existe la planificación familiar y las creencias religiosas cristianas y el sincretismo con las doctrinas mayas rechazan toda interferencia en la concepción de hijos. La madre muestra en sus manos la cantidad que suelen comer al día sus hijos: “Es un puñadito de frijoles nomás y uno o dos tiempos al día, no hay más”, me asegura. Apenas un 20% de las calorías mínimas necesarias para esa edad.

Lo mismo ocurre en Jalapa, en la comunidad indígena de La Pastoría, donde  los jóvenes Rosa Angélica y David Gómez sostienen en brazos a su pequeño de 5 años, Carlos David. El pequeño hace más de un mes que se le diagnosticó Kwashiorkor. “Este año perdí toda la milpa, planté casi 7 tareas –unos 4.000m2- pero tanto agua la pudrió, ahora no tenemos casi nada que comer”. Asegura el padre. El problema es que tampoco pueden comprar maíz pues los precios están altísimos, “250 quetzales el quintal y los frijolitos a 5 quetzales la libra” indica el padre con su hijo en brazos.

Continua: “Como me quedé sin siembra y no puedo comprar semilla, ahora salgo a  ganar de jornalero, pero con apenas 25 Quetzales al  día, poco puedo hacer por mi familia”. Y menos puede hacer por su hijo enfermo. Llevar a los niños al hospital es caro, no sólo las medicinas si no el alojamiento del adulto que lo acompañe, además del transporte. Es costumbre no poner nombre a los niños hasta que no han pasado la edad crítica de 1 año, que es cuando se producen más muertes por desnutrición. Además es mejor que los niños mueran en las comunidades y no en los centros de salud. Si el fallecimiento ocurre de forma discreta en el hogar, se entierra en las montañas. Si el niño muere en el hospital hay que registrar el deceso y pagar los costes del entierro, unos 200-300Quetzales. Una cantidad que muchas familias no tienen o que pueden utilizar para alimentar a los que quedan vivos. Así de horrorosa es la vida en las bellas montañas guatemaltecas.

 

TERRATENIENTES

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Muchos jornaleros trabajan por sueldos insultantes, son explotados sin piedad por finqueros que se enriquecen a cuenta de sus vidas. Según el informe Land & Power, publicado por Oxfam, en Guatemala el 78% de la tierra está en poder del 8% de los productores, de estos sólo el 8% son mujeres. Los sueldos jamás son los establecidos por ley y las condiciones laborales, sobre todo de las mujeres, son absolutamente inhumanas.

En el departamento de Alto Verapaz, en la comunidad de La Torre, vive o mejor dicho malvive Margarita Siquia, viuda y con 5 hijos. Margarita trabaja sin contrato, a jornal por día en las plantaciones de palma africana, monocultivos intensivos destinados  a la producción de biocombustibles que producen grandes beneficios a los empresarios finqueros guatemaltecos y extranjeros. La mujer se levanta cada día a las 3 de la madrugada para preparar algo de comida y llegar a tiempo para subirse al camión que lleva a mujeres y hombres hasta el tajo, en las extensas plantaciones que antaño fueron pequeñas parcelas cultivadas por familias.

Hoy el Gobierno recuperó unas tierras que había cedido engañosamente a los campesinos y las vendió a los terratenientes. A las 7 de la mañana comienza la dura de jornada de trabajo que finaliza sobre las 3 de la tarde. Margarita cobra unos 50 Quetzales al día por llenar unas 160 bolsas de 12 kilos cada una con el fruto de la palma. El problema es que si no llena esas 160 bolsas de una arroba cada una no recibe el salario, que se cobra cada 21 días. “ La única solución  es que mis hijos mayores me acompañen y trabajen junto a mí, para así alcanzar el mínimo que me pide el capataz”.

Los hijos que trabajan junto a ella tienen edades comprendidas entre los 10 y los 16 años. Es evidente que no van a la escuela, “hay que elegir entre comer o ir a la escuela, pero es muy triste pues tienen que trabajar en el fango, bajo la lluvia, lastimándose las manos con las espinas de la palma y soportando mosquitos y hormigas por todo el cuerpo”, añade como protesta la madre. La empresa para la que trabajan se llama Repsa y me asegura Margarita que el dueño, Hugo Alberto Molina Estrada, es familia del flamante presidente del gobierno Otto Pérez Molina.

“Aunque cobráramos todo el salario, cosa extraña  pues siempre hay dinero de menos, no nos alcanzaría para cubrir tres semanas de alimentos para la familia”. Asegura su vecina y compañera de trabajo Matilde Quiish.  Mucho más vehemente que  Margarita, puede que por la fuerza de la edad -22 años-, Matilde añade: “ la dieta siempre es la misma, pues no podemos comprar otra cosa, a base de tortillas de maíz con sal o chili, carne sólo un par de veces al mes pues es muy cara”, además concluye: “No podemos protestar, pues si lo hacemos nos despiden y entonces no comemos, escriba eso en su artículo…”

DESALOJO INDÍGENA 

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Uno de los puntos calientes del problema de la propiedad de la tierra se da en el valle del Polochic en Alta Verapaz. En este paradisíaco rincón del municipio de Panzós –lugar tristemente célebre por la matanza de campesinos en mayo de 1978- las comunidades indígenas qeqchíes han sido desalojadas por la fuerza por los finqueros y sus sicarios. Tierras que fueron suyas ancestralmente les han sido arrebatadas ante la indiferencia del gobierno actual, igual que les fueron arrebatadas en los tiempos de la conquista.

Los desalojos han provocado un claro aumento en los índices de desnutrición, por la falta de tierras que cultivar y han puesto en pie de guerra al campesinado. La sombra de una nueva revolución armada planea sobre el militarista gobierno de Pérez Molina. El problema es que todo el mundo sabe –y teme- que el nuevo presidente en el poder desde el 14 de enero de 2012,  estuvo involucrado en diferentes masacres de campesinos en la década de los 70 y los 80. Un hombre que no suele tener piedad a la hora de solucionar los problemas o  conflictos sobre la tierra.

En la finca Paraná, José Chó, Lionel Arturo Mérida y Federico Caal, junto a sus compañeros, se arman cada noche como pueden para esperar los ataques intimidatorios de los sicarios contratados por la empresa azucarera de Chabil Utzaj, un ingenio en manos de la familia Widmann y sus socios, que apoyados por el propio gobierno atemoriza a los campesinos para que abandonen las tierras que se les cedieron cuando la desmovilización de la guerrilla en 1996.

Me cuesta y mucho localizar a la viuda de Antonio Beb, Marta Alicia Chamá. Vive escondida en una remota comunidad, atemorizada desde que su marido fue asesinado a sangre fría por los miembros de la seguridad del complejo azucarero que los expulsó de sus tierras. El campesino fue abatido por una bala según su mujer, ella lo vio con sus propios ojos. Unos ojos que ahora lloran cuando me muestra el certificado de defunción en el que figura un escueto y frio: “muerte por traumatismo cráneo encefálico”, firmado por la doctora Flor de María Pacay Guay. Así de fácil y de impune.

A Marta Alicia no le ha quedado ningún tipo de pensión para alimentar a sus dos hijos, ni se ha abierto ningún tipo de investigación para aclarar la muerte de su marido. Expediente cerrado. Fin de la historia. Ella y sus dos hijos a vivir de la caridad. A pasar hambre.

 

Los campesinos de Paraná reciben la escasa ayuda del gobierno: La Bolsa Solidaria.

FOTO  ©   Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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ESPERANZA, EN FEMENINO

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Afortunadamente hay iniciativas que ayudan  a paliar este problema, sobre todo en los que más lo necesitan: las mujeres y sus hijos pequeños. Un esperanzador ejemplo está en la asociación de mujeres mayas Majawil Q’ij. Acción Contra el Hambre apoya a este colectivo en Guatemala. Majawil se constituyó en 1990 para fortalecer la participación de la mujer indígena en todos los aspectos y niveles de la sociedad.

Teresa Caal trajo la iniciativa a su comunidad, La Prensa en el  departamento de Chiquimula, en el año 2001. Esta emprendedora mujer -60 años- ha tenido 11 hijos pero sólo 6 han sobrevivido. Además de liderar el grupo Majawil aquí en La Prensa, es la presidenta de su comunidad. “Primero fui promotora de Majawil, pero al  poco tiempo empecé a liderar el grupo. Quise luchar por nuestros derechos y hacer ver a los hombres que podíamos conseguir lo que quisiéramos. Ahora somos 60 mujeres sólo acá en nuestra comunidad. Hemos conseguido acabar con el miedo que teníamos a salir de la oscuridad de nuestro hogar y tomar decisiones propias para salir adelante”. Declara Teresa. “Aprendimos a hablar,  a liderar las familias, a defender nuestros derechos entre los hombres”. Y añade: “Tardamos casi 7 años en alcanzar la libertad que ahora tenemos, pero ahora somos un referente en otras comunidades donde la mujer todavía está sometida. Acá el hombre nos respeta y admite nuestro liderazgo”. “Ahora, no sólo capacitamos a otras mujeres, si no que hacemos ver a los hombres como interactuar y respetar a las mujeres, es lento pero funciona…”. Concluye satisfecha.

Majawil es un ejemplo a seguir. Su tesón ha fortalecido la capacidad de las mujeres indígenas en todos los aspectos, ha mejorado su aptitud de liderazgo y ha implantado el reconocimiento por parte del hombre. Sus capacitaciones han aumentado la rentabilidad de sus producciones agrícolas en varias comunidades y han aportado, de forma concreta, alimentos y nutrientes muy necesarios para sus hijos. Por ejemplo, la producción de hongo del tipo ostra, muy nutritivo y gestionado absolutamente por las integrantes de la asociación.

También la gestión de pequeños huertos de los que obtener diferentes hortalizas y verduras muy necesarias en la alimentación de sus familias. Martina Ramírez, otra integrante, de etnia chor’ti’, añade: “ Para obtener buenas cosechas hemos de respetar a nuestra Madre Tierra, le ofrecemos nuestro respeto y le brindamos nuestra ayuda y amor”. Y es que la cosmogonía maya juega un papel muy importante en su cultura y en su forma de entender el mundo que les ha tocado vivir.

Más al norte, en El Petén, la pura selva guatemalteca, la comunidad-cooperativa de ex -guerrilleros de Nuevo Horizonte es otro ejemplo de autogestión. En 1996 hombres y mujeres, todos guerrilleros de esta zona del país, fueron desmovilizados y se les concedió un préstamo para adquirir una gran parcela donde cultivar y crear un hogar. Labrar un futuro para ellos y para sus hijos. Sin guerra ni carencias básicas. En la actualidad todavía permanecen endeudados con el Fondo de Tierras, una institución pública encargada de otorgar créditos para la compra de tierras y la puesta en marcha de negocios productivos relacionados, pero gracias a su tremendo esfuerzo y a organizaciones como Oxfam el porvenir de Nuevo Horizonte parece arrojar una buena dosis de esperanza.

 

“CRECE”

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Puestos a hacer balance, Oxfam en la declaración de intenciones de su campaña CRECE asegura que el sistema falla de forma evidente. Por un lado está el aumento desmesurado de los alimentos básicos en todo el planeta. Se calcula que en menos de 20 años el aumento será de más del 100%. El 50% de esa cantidad será debido al cambio climático producido por los países industrializados.

Luego está la discriminación de la mujer. Si se repartiera equitativamente la tierra y los recursos entre hombre y mujeres se aumentaría el rendimiento agrícola entre un 20 y un 30%. Hasta 150 millones de personas dejarían de pasar hambre.

También se habla de la repartición de la productividad agrícola en los verdaderos necesitados. Se calcula que el 90% del grano que se comercializa en el planeta está en poder de tres empresas solamente: Cargill, una empresa estadounidense considerada uno de los mayores negocios privados del mundo. Bunge, una gigantesca multinacional argentina que destaca en la producción de soja y ADM, estadounidense y líder en la producción de biocombustibles.

De estos tres grandes factores se derivan otros, como la violencia, la pérdida de tierras, la vulneración de los derechos humanos y en consecuencia la imposibilidad de acceder de forma normal y suficiente a los alimentos necesarios para vivir y forjar un futuro para casi mil millones de personas y sus generaciones venideras.

Concluyendo: mejorar los sistemas de cultivo y hacerlos más rentables, repartir mejor las tierras, los recursos y el negocio pueden ser, en  buena medida, las vías para solucionar el problema y arrojar un poco de luz en el oscuro camino que recorre el Tercer Jinete, el jinete negro.

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