EN PRIMERA LÍNEA – GEMMA PARELLADA

Sudáfrica y Costa de Marfil han sido los países en los que la periodista Gemma Parellada ha residido en África aunque desde 2006, recorre el continente para contar historias de superación y vida más allá de los tópicos de la hambruna y las guerras. En la quinta entrega de la serie En Primera Línea sobre mujeres periodistas españolas que trabajan en zonas de conflicto armado, conversamos con ella sobre la actualidad del continente africano y todo lo que de él desconocemos.

 

Mass evacuation from the capital Bangui to the border of Chad

Gemma Parellada.

Foto ©  Catianne Tijerina

 

EN PRIMERA LÍNEA – Gemma Parellada

Por María Álvaro Navarro para GEA PHOTOWORDS

 

“Hasta que no seamos capaces de mirar al continente de una forma madura, no podremos comprender qué está pasando y cómo nos afecta en nuestra vida diaria”

 

Gemma Parellada empezó a trabajar en el continente africano en 2006, cuando cubrió las primeras elecciones de la República Democrática del Congo (RDC) después de la independencia. Siente que en África, su trabajo como periodista tiene sentido y lo define como su vida, su lucha y su razón de ser. En 2013 recibió el premio de periodismo Joan Gomis por el reportaje Guerra Sin Fin en el que habla del conflicto en el este de RDC. “Mi camino va a seguir en África, me quedan muchas preguntas por responder, muchos caminos por recorrer y mucha gente a la que quiero escuchar” nos cuenta. 

 

África no es un país, hay muchas realidades y distintas culturas. ¿Qué conocemos y qué desconocemos de África?

Creo que lo desconocemos prácticamente todo. Conocemos solo los tópicos y nos abrazamos a ellos. Seguimos asociando África a la hambruna y a las guerras que siempre vienen acompañadas del adjetivo étnicas. Hay muchos conflictos pero la forma como se cubren sigue siendo muy poco madura. Nos planteamos muy poco todas las razones geoestratégicas y políticas que hay detrás de esos conflictos. Seguimos teniendo una visión muy paternalista y sesgada de lo que es la realidad africana.

 

¿Qué es para ti África personal y profesionalmente?

Es mi vida, mi lucha y ahora mismo mi razón de ser. Aquí creo que mi trabajo tiene sentido porque realmente muy a menudo estoy en sitios donde no hay otros periodistas y menos otros periodistas españoles. Siento que realmente en las historias doy voz a gente que de otra manera no la tendría. Eso da sentido a mi trabajo.

 

El hambre, la pobreza o la guerra son un clásico en los medios de comunicación cuando se habla de África. Pero, ¿qué historias de superación, de amor, de vida te has encontrado tú?

Hay muchísimas más historias de superación y de vida que historias tristes. Estoy pensando en Mama Masika. Mataron a su marido, le cortaron en pedazos y a ella la violaron encima de sus restos mientras escuchaba que otros hombres estaban también abusando de su hija. Ahora ella tiene una casa donde escucha y acoge a otras mujeres que también han sufrido abusos sexuales. Esa mujer se levanta cada día a escuchar historias durísimas de otras mujeres a las que ni siquiera conoce y muy a menudo le hacen revenir a su propia historia. Gente como ella son el ejemplo de la superación, personas que sacan la energía de no sabes dónde y siguen adelante con su vida.

 

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Evacuación en masa de la capital Bangui hacia la frontera de Chad.

Foto ©  Gemma Parellada 

 

La mujer es el sustento de África pero también la más olvidada y vejada ¿no?

La mujer es el pilar silencioso y tiene un rol mucho más importante del que nos imaginamos. El hombre sigue mandando de puertas afuera pero la mujer sigue llevando la economía, la familia y las comunidades. Son unas luchadoras, ellas se levantan y se enfrentan a lo que sea.

He conocido a muchas mujeres que son capaces de enfrentarse a autoridades locales, líderes rebeldes, gente armada y milicianos. Muchas nunca serán valoradas ni premiadas pero el trabajo que hacen a diario es enorme. Su lucha está presente en muchas partes del continente.

 

¿Qué dificultades has encontrado en África como mujer y de que te ha servido ser mujer en algunas ocasiones?

Como todo tiene ventajas e inconvenientes. Yo siempre digo que no puedo compararlo porque nunca he sido hombre, así que no se en que hubiera cambiado. Yo creo que muchas veces te menosprecian o consideran que por ser mujer eres menos peligrosa, te ven como a alguien más próximo y es más fácil acercarte. A los hombres periodistas quizás por tenerles más miedo les cierran puertas. Por ser mujer, he podido aproximarme más a lideres armados que con esa mentalidad tan de hombre y tan militar creen como que no eres capaz ni de pensar, ni de analizar y se abren mucho más. En las montañas de Musa en el Congo me preguntaban: ¿tú qué haces aquí? ¿tu familia sabe que estas aquí?

El hecho de ser mujer sobre el terreno es menos perjudicial. Me molesta mucho más la discriminación por ser mujer que padezco en cómo se te ve en España. Creo que es más triste y fuerte incluso.

 

Hoy en día hay muchas periodistas trabajando sobre el terreno y en zonas de conflicto. ¿Se conoce y se reconoce su trabajo?

Aquí se sigue asumiendo que el conflicto es una cosa que la cubren los hombres, algo masculino que viene acompañado del rol de héroe. Son más conocidos los hombres periodistas que cubren conflictos y por eso a veces cuenta más la imagen que la experiencia y el trabajo que hay detrás. Hay mujeres que han trabajado durante muchos años, que han estado en el terreno y creo que siempre quedan en un segundo plano. En la balanza a la hora de valorar el trabajo creo que sigue pesando, desgraciadamente, el género.

 

¿Cuáles han sido las experiencias más difíciles que has vivido en estos años?

Donde pasé mucho miedo fue en Mogadiscio (Somalia). Fui a cubrir las elecciones y nada más ser elegido el nuevo presidente, tres kamikazes intentaron atentar contra él en la primera rueda de prensa que daba. Éramos unos diez periodistas internacionales y quizás unos quince locales. Dos kamikazes consiguieron estallar dentro del recinto y al tercero lo abatieron de un tiro.

En otra ocasión, en Costa de Marfil nos detuvieron los militares durante la violencia postelectoral de 2010. Éramos cinco personas y en un descampado nos dijeron que nos pusiéramos de rodillas que nos iban a fusilar. Yo pensaba que era intimidación, pero entonces empezaron a pegar con la culata de los fusiles a los hombres. Finalmente, nos llevaron a la gendarmería pero esos minutos de estar en el descampado fueron muy difíciles.

El último que he vivido ha sido este año en República Centroafricana. Me uní al viaje de unos mil trescientos musulmanes que huían de Bangui porque estaban cercados por los antibalacos. Se organizó un gran convoy y salieron hacia Chad. En una emboscada mataron a una chica en el camión en el que yo estaba e hirieron a tres personas más. Cuando pudimos parar vimos que aunque la mujer respiraba, tenía la cabeza abierta y no pudieron salvarla. En un momento dado la querían dejar al lado del camino, la gente se opuso, dijimos que fuera enterrada en próxima parada. No teníamos ni siquiera morfina para que no sufriera. Este viaje fue horroroso, tuve un buen cúmulo de experiencias muy duras.

 

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República Centroafricana.

Foto ©  Gemma Parellada 

 

¿Qué te ha enseñado África como periodista?

Me lo ha enseñado todo. Toda mi vida profesional está ligada a África. Me ha enseñado a ser muy humilde en mi trabajo y a ser muy estricta. Desde África se pueden decir mentiras gratuitamente, se puede manipular, decir medias verdades y prácticamente nadie lo va a notar. Es autocritica, autodisciplina y perseverancia. Cuando hay una historia que crees que se tiene que contar pues no parar aunque te digan cincuenta veces que no interesa. A los lectores si les interesa África, pero los editores de los medios son la barrera.

 

¿Hay mucho que contar en África subsahariana y poca voluntad de que se cuente?

Sí, hay muchísimo que contar. No nos damos cuenta de los vínculos que tenemos con el continente. El bienestar, el lujo y parte de la supervivencia en nuestra sociedad está fundamentada y tiene las raíces en África. El cacao que consumimos viene de Costa de Marfil, los teléfonos a los que estamos pegados necesitan el coltan que viene de Congo, la gasolina, el petróleo, etcétera. No es una realidad ajena. Incluso en Níger hay unas minas que son las que iluminan literalmente Francia, sin las cuales la electricidad del país pues no podría funcionar. Son parte de nuestro mundo y no nos damos cuenta por desconocimiento o por falta de voluntad. En África no hay corresponsales fijos y ningún medio, solo la Agencia Efe, tiene una oficina, el resto son periodistas que van y vienen. Son periodistas que están allí porque ellos lo han decidido y han intentado convencer a los periódicos, no hay una apuesta de los medios españoles para tener una vía fluida de información con el continente.

 

Dices que nos venden que los conflictos son étnicos y que nada tienen que ver con las multinacionales. ¿Realmente qué papel juegan las multinacionales en los conflictos que azotan el continente?

Son las multinacionales, son los gobiernos extranjeros, son los gobiernos locales y son los líderes comunitarios, es una mezcla y por eso son tan complejos los conflictos. Es complicado generalizar porque en cada conflicto es diferente, pero es evidente que la economía y los recursos están detrás de todos los grandes conflictos del continente como lo han estado desde la colonización.

No estamos muy lejos de finales del siglo XIX. África se está remilitarizando, y Occidente está volviendo a poner la bota militar en el continente. Francia ha vuelto con mucha fuerza a Mali, Burkina o Costa de Marfil sin ningún tipo de pudor o vergüenza y escondiéndolo bajo intervenciones humanitarias o por la paz. Es muy ingenuo pensar que Europa solo interviene por intentar mantener la paz.

 

Cuando te preguntas ¿De qué sirve lo que estoy haciendo? ¿Qué te respondes a ti misma?

Depende de la dosis de optimismo que tenga ese día. Al final yo creo que sirve de mucho y que es necesario. Si alguien no decide contar las historias de esta gente, simplemente no se sabrían. Si los ciudadanos no son más empáticos con lo que allí sucede es porque no lo sabe, y es el rol de los periodistas es el contar historias que importan. Es nuestro deber.

 

María Álvaro Navarro. Periodista valenciana afincada en Madrid dedicada a la comunicación de temas sociales. Máster en comunicación, cambio social y desarrollo. Ha trabajado en el departamento de comunicación de Cruz Roja Española y en Greenpeace España. También ha trabajado en el programa Medi Ambient de la televisión autonómica valenciana y ha colaborado realizando reportajes con diferentes asociaciones medioambientales.

 

 

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