ENTREVISTA – AGUSTÍN PÁNIKER (y II)

Segunda y última entrega de la entrevista a Agustín Pániker realizada por Mercedes Íñiguez para GEA PHOTOWORDS.  Pániker es autor de `La sociedad de castas: religión y política en la India´, recientemente publicado, un viaje ingente de más de 700 páginas que nos sumerge en la sociedad y en la cultura india. Un viaje de más de 10 años que lo ha dejado con un cierto sentimiento de vacío. El Teorema de Pániker acuñado por su padre, el filósofo Salvador Pániker, defendía la máxima según la cual todo entrevistado acaba reducido a los límites mentales de su entrevistador. Difícil, muy difícil vista la dialéctica de la que hace gala Agustín Pániker que ve la vida no como un problema, sino como una realidad a experimentar.

 

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Agustín Pániker en Chiang Mai, Tailandia.

Foto cedida por A. Pániker.

 

ENTREVISTA  -  AGUSTÍN PÁNIKER

Por Mercedes Íñiguez Quintela para GEA PHOTOWORDS

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“La verdadera espiritualidad, la he encontrado en los pueblos pequeñitos, en la India profunda

 

¿Es la India espiritual?

Es un país muy espiritual, sí. Muy religioso y muy espiritual, pero la gente no va levitando por la calle, jajaja. La india ha exportado muy bien, queriendo o sin querer, o nosotros hemos importado esa idea de la India como foco y fuente de espiritualidad, y aunque eso no es gratuito, ha generado la idea de que los indios son unos ultramundanos, que están todo el día meditando y haciendo yoga, y eso no es verdad.

 

Sin embargo, no tiene ningún pudor a la hora de mostrar una realidad muy dura. Este binomio choca.

Tema muy interesante…ya nos entendemos. Hay muchas Indias y es un país muy complejo. Lo que no podemos hacer con la India es proyectar nuestras ideas sobre la espiritualidad. Si pensamos que la espiritualidad es hacer el bien, la no violencia o la compasión nos equivocamos completamente, porque hay muchas maneras de ser espiritual y religioso. En la India, más que en ningún otro lado, porque no en vano comprende la quinta parte del mundo encontraremos de todo. Las formas de entender el mundo, la escala de valores o las prioridades pueden ser muy distintas, no son necesariamente las mismas que en Occidente. Por eso le choca a la gente que va a la India con los supuestos occidentales de espiritualidad. Yo, la verdadera espiritualidad hindú, la he encontrado en los pueblos pequeñitos, en la India profunda, donde no hay ningún gurú. En el mismo escenario en el que se pueden cometer las mayores atrocidades. Esta espiritualidad se encuentra en la actitud de las mujeres, los ancianos, los hombres, en las formas de afrontar la vida. Una vida plagada de injusticias y de problemas gravísimos, de violencia….pero la manera de cómo en ese pueblito, las personas, con gran padecimiento y sufrimiento, pueden ser capaces de sobrellevar eso con una sonrisa de oreja a oreja, esa es la verdadera espiritualidad de la India. Ahí es donde yo la encuentro. Es una espiritualidad cotidiana, poco sofisticada, de los que no tienen casi nada. Es una filosofía de vida diríase connatural a la India rural, que vive un tempo más lento. Una India que al mismo tiempo puede ser muy opresiva con las mujeres y con personas de determinadas castas (yo no tengo pelos en la lengua a la hora de denunciarlo) pero una India de la que sólo me queda decir que tendríamos mucho que aprender.

 

Sí, es también una manera muy inteligente de afrontar la existencia…

Lo es. Esa capacidad de resilencia. Yo creo que ahí hay mucha espiritualidad.

 

¿Cuál cree que es el elemento aglutinador de un país con 1200 millones de personas, cientos de lenguas, castas…? ¿Dónde está el pegamento?

Algo hay en ese espacio, del sur de Asia (yo le llamo el yo le llamo continente indio), le quito el sub, algo hay que ya no lo encontramos ni en Bangkok ni en Lasa ni en Teherán. Algunos hablan de la geografía del sari o de la comida picante, yo creo que es más bien la inmanencia de lo divino; es un lugar, un espacio, donde lo sagrado lo impregna todo, hasta una piedrita. Aquí está dios, y eso le da esa intensidad y ese colorido y esos contrastes tan bestiales. Comparte una común idiosincrasia espiritual y que es un poco la sensación de vivir esa tierra sagrada, donde lo divino, lo impregna todo y precisamente impregna las pequeñas cosas de la vida cotidiana. A eso, un teólogo lo llamaría inmanencia.

Al mismo tiempo, hay una cosa en que la India tiene muchísima experiencia: manejar la diversidad y compartir. Este era el slogan de Gandhi y de Nehru: unidad en la diversidad. Tantas lenguas, tantas castas, tanta variedad,¿ cómo se puede compartir un proyecto político común? Incluso para España sería muy interesante esta reflexión. Pero no me gusta comparar la India con España y prefiero hablar de Unión Europea. La UE es lo que más se le puede parecer en el mundo a la India, por su diversidad de idiomas y culturas. Aquí no sabemos manejar la diversidad.

 

Anantapur

Mujer de la zona de Anantapur, Andra Pradesh.

Foto © Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

¿El Progeso acabará con el sistema de castas?

Déjame romper una lanza a favor del sistema de castas, que ciertamente puede ser muy opresivo, pero no todo es blanco o negro y el punto bueno de esta sociedad de castas, que es una manera de auto organizarse lejos del Estado, es la aceptación de la diversidad. Todo pueblo, toda etnia religiosa, toda tribu puede mantener su particularidad, su hecho diferencial que dirían en Cataluña, convirtiéndose en casta. Poseen sus templos, tienen su tabúes de alimentación, sus joyas, propios de su casta y nadie les va a importunar por eso. La India es una buena tierra de acogida para gente perseguida, como los parsis de Persia, los judíos (el único lugar del mundo donde no han conocido la persecución), los cristianos nestorianos, los budistas tibetanos, etc. Porque nadie le va a importunar por ser diferentes, porque allí todos son diferentes. Occidente tiene la obsesión de que el diferents se integre ¿Pero qué quiere decir que se integre alguien que es distinto? En la India no he oído nunca nada parecido. Eso no es nada fácil de llevar, pero sí tienen muy integrada la idea de que somos todos diferentes y, por tanto, merecemos respeto. Esta es una cosa buena que tiene la India y que quizás en otras zonas podríamos aprender.

 

Volvamos al tema de si el Progreso conseguirá acabar con el sistema de castas.

Ese es un hueso duro de roer. El capitalismo, el sistema capitalista tiene el poder de aniquilar las castas, muy enraizadas en una economía agraria, rural, donde no había moneda, ni tecnología y donde el carpintero (de la casta de los carpinteros) generación tras generación le hacía los utensilios al terrateniente y éste a cambio le daba grano. Un sistema económico de reprocidad muy jerárquico, pero que estaba engranado en una economía aldeana. Eso ya no existe y cada vez va a existir menos. La paradoja que se da es que cada vez va a existir menos el sistema de castas, pero no las castas. La casta no es algo tan rígido como pensábamos. La casta se adapta al siglo XXI y ¿cómo lo hace? Se trasforma en macro casta, se fusionan las castas. Los círculos matrimoniales se abren a castas afines y se genera la tendencia de crear grandes conglomerados de castas. Las castas están ahora dirigidas por asociaciones de casta que gestionan hospitales, escuelas, webs, etc. y quieren hacer subir o bajar el estatus de la casta porque a veces, es incluso más conveniente bajar el estatus de la casta para recibir más prestaciones estatales (la llamada discriminación positiva) Se convierten en algo más parecido a un grupo étnico, se produce una etnificación. Hay castas que tienen 50 millones de personas y se convierten en grupos de presión, muchos de los cuales acaban creando partidos políticos que representan a su casta. Si quieren tener una repercusión más grande, se tienen que abrir a otras castas. Por lo tanto, entramos en la politización de la casta, que es algo muchísimo más complejo. La casta trasmigra en el siglo XXI de una manera que nadie esperaba. Aun así, yo creo que todos los aspectos rituales o religiosos asociados a las castas, los tabúes de pureza, de su alimentación, todo eso yo creo que va a ir cediendo mucho. Se hunde la verticalidad de las castas, no la horizontalidad; no la de grupúsculos enfrentados entre sí y en competencia.

 

En su último libro La Sociedad de Castas le dedica un capítulo a la situación de la mujer en India, ¿dónde está arraigada está cosificación de la mujer?

Eso no solo ocurre en la India, lamentablemente. Salvo el Sudeste Asiático, históricamente, casi todas las sociedades han sido evidentemente patriarcales.

 

Campesinos de Bestharapalli

Campesinos de Bestharapalli, Andra Pradesh.

Foto © Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

Sin embargo, y a diferencia de muchos otros países, en la India hace muchos años que se han aprobado varias leyes en favor de los derechos de la mujer y no se cumplen en absoluto…

Hay varios puntos clave en este tema. Uno es que la India es una país patriarcal que se mantiene patriarcal porque existen una serie de rasgos sociales todavía muy arraigados que hacen inútiles esas leyes de las que hablas. La primera costumbre muy, muy negativa para la mujer es la patrilocalidad es decir, que cuando ellas se casan va a vivir a casa del marido. Eso sucede en el 90 y pico por cierto de los casos. Ella abandona su familia, su pueblo, su apellido, incluso su casta y pasa a formar parte de la casa de su familia política. Aparte del trauma que este tránsito supone, esto hace de la mujer un ser extremadamente vulnerable. Si ella se quedase en su pueblo, probablemente no sufriría ni la mitad de violencia que recibe porque estaría entre los suyos.

 

Sí, pero en muchas ocasiones si ella vuelve a casa para escapar de muchas violencias y vejaciones, su propia familia la rechaza.

¡Claro! pero hay que acabar la secuencia. No sólo transita y se va, sino que otro punto importante es la patrifocalidad; esto es, ella renuncia a su herencia, a su propiedad, aunque la ley le permite reclamarla, incluso la mitad de las viudas también renuncian. Mantienen la posibilidad ( una cosa más teórica que otra cosa) de que si le van mal las cosas, siempre puede regresar. Pero en muchos casos, como tú has dicho, esto no es así porque en realidad, sus hermanos y su familia ya la han descontado porque ya han incorporado otras mujeres a la patrilínea, ya no forma parte de esa familia. Mientras esos dos pilares se mantengan ¡y se mantienen todavía!, sobre todo en la zona norte, no mejorará su situación.

Y no es un problema de educación o de pobreza porque estas son las partes más ricas de la India. Las malas noticias son que el sur de la India, que hasta hace tres o cuatro décadas estaba, en cuestiones de género, en una situación muchísimo mejor que en el norte, cada vez se parece más al norte. Lo malo se está extendiendo y prácticas y costumbres que eran propias de sociedades extremadamente patriarcales como el Punjab, Rajastán o Madhya Pradesh se están extendiendo al sur. Sigue muy arraigada esa noción de que la mujer transita y no hereda. Si la mujer fuera propietaria de las tierras de su familia, de la herencia de su familia, la situación sería muy distinta para ellas; ni tanto ácido, ni tanta dote. A partir de ahí, cambiarían muchas actitudes y prácticas.

 

¿Es entonces un problema más económico que de educación?

Es un problema socioeconómico, social porque hay una serie de costumbres sociales muy arraigadas y es un problema económico. En la clase media, no es que las mujeres estén fantásticas, pero se han producido grandes mejoras.

 

Sí, pero el feminicidio se produce muy a menudo entre gente pudiente y con educación…

En efecto, no es un problema de educación. Sigue habiendo el tic que el hijo varón es el que va a hacer prosperar el negocio de la familia y que cuidará de sus padres cuando éstos sean viejos. Aunque no será él, ¡será su mujer! En un lugar donde apenas hay seguridad social, existen toda una serie de factores concatenados, sociales, económicos, incluso alguno religioso que hacen que ¡Houston, tenemos un problema! Pero en estas cuestiones de género, a medio y largo plazo soy optimista, ya que esa clase media urbana, que si bien todavía es pequeña, tiene una autoridad desproporcionada en la nueva India. Para esa clase media, hay una serie de actitudes y de comportamientos que ya no se pueden tolerar. En el tema de las violaciones, hasta que no hubo una chica de clase media que fue violada y asesinada brutalmente, porque violaciones así en la India profunda suceden constantemente y nadie va a manifestarse y a protestar, pues hasta que no hubo un caso en el que la clase media se sintió identificada y dijo “hasta aquí hemos llegado” fue entonces cuando la opinión pública se hizo eco y hablar de las violaciones ha dejado de ser un tabú. Hoy se recuerdan otros casos, incluso de niñas dálits ahorcadas, actos horrorosos que antes ni se mencionaban. Hay una serie de actitudes que cambiarán, aunque será a medio y largo plazo, ya que los cambios sociales requieren mucho tiempo.

 

La primera parte de esta entrevista se publicó el 25 de febrero pasado

 

Mercedes Iñiguez Quintela, licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y Master en Periodismo por la Universidad de Barcelona y Columbia University de Nueva York. Ha vivido y trabajado durante 15 años en el extranjero y ha colaborado para medios como Il Sole 24 Ore, The Guardian, La Vanguardia o el Periódico de Catalunya, entre otros. En los últimos tiempos se ha especializado en temáticas de igualdad de género y derechos humanos. 

 

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