LOBSANG SANGAY, PRIMER MINISTRO DEL TÍBET EN EL EXILIO

Joven, recién llegado a la política y sin mucha experiencia administrativa. Así es perfil político del Sikyong tibetano (primer ministro). Lobsang Sangay nunca ha pisado el Tíbet, pero tiene fuertes conexiones con el territorio y su historia. Nació en un asentamiento tibetano en Darjeeling (India) de padres tibetanos refugiados. Su padre era un monje que huyó del Tíbet en 1959, el mismo año que el Dalai Lama. Su tío fue asesinado a tiros. Su tía, incapaz de tolerar las injusticias cotidianas de su vida, se suicidó saltando a un río estando embarazada. Sangay asistió a la Universidad de Delhi y se convirtió en el primer tibetano en lograr un título de la Escuela de Derecho de Harvard. Allí se quedó como académico, organizando conferencias entre estudiosos chinos y tibetanos durante la década del 2000. La decisión del Dalai Lama en 2011 de ceder el poder político abrió un proceso electoral, del que Sangay salió elegido, contra todo pronóstico, y con el 55% de los votos. Reconoce divertido que despachar con el Dalai Lama es un privilegio que no tiene ningún otro dirigente mundial y que después de hablar con él, los problemas parecen insignificantes.

 

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Lobsang Sangay, Primer Ministro del Tíbet en el exilio 

 Foto ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Lobsang Sangay, Primer Ministro del Tíbet en el Exilio

`El Camino Medio es la estrategia para encontrar una solución para los tibetanos´

 

Por Mercedes Íñiguez Quintela para GEA PHOTOWORDS

 

La piedra angular de la política del Tíbet en los últimos años y de la estrategia hacia China ha sido el llamado “Camino Medio”, o la idea de que a través del diálogo y la no violencia, los tibetanos pueden lograr la autonomía dentro de China, similar a la que gozan hoy Hong Kong o Macao. Mientras tanto, Sangay gobierna en el exilio desde Dharamsala en la India. A pesar de no haber sido reconocido por el gobierno chino, insta persistentemente a las autoridades chinas a sentarse a dialogar para poner fin a la represión contra su pueblo.

 

Usted ha sido legitimado por la comunidad tibetana en el exilio pero no por los tibetanos que viven en el Tíbet que no han podido votar en el proceso y que no están representados dentro de las estructuras políticas, ¿tiene algún tipo de información sobre lo que piensan sobre su elección?

En primer lugar, he sido elegido por los tibetanos en el exilio de todo el mundo. Esto incluye también los tibetanos que dejaron el Tíbet en los años 90 y en los 2000, hasta muy recientemente. Así que indirectamente, gente dentro de Tíbet ha participado a través de ellos en la votación. En segundo lugar, he recibido muchísimas cartas, oraciones, canciones de tibetanos que viven dentro del Tíbet. Canciones mencionando mi nombre, las elecciones y la democracia. Así que, claramente hay una gran aceptación y apoyo desde dentro del Tíbet de mi nominación. Además, me han dicho y me han enseñado muchas fotografías de allí, muchos tibetanos tienen mi foto y, por lo tanto, saben de mi elección y mi posición. Y lo que es más importante, el anterior líder político devolvió la autoridad política al Dalai Lama y él me la paso a mí, así que hay una continuidad en la legitimidad de la autoridad política recibida.

 

Como líder político de un estado ocupado, ¿cómo representa, desde un país en el que es un invitado, a seis millones de personas?

Yo dirijo la Administración Central Tibetana que funciona como cualquier otro gobierno. Tenemos siete departamentos o ministerios: el de Educación, Religión y Cultura, Interior, Salud, Relaciones Internacionales, Seguridad y otro de Economía, así que funcionamos como cualquier otro gobierno. Tenemos un parlamento con 44 miembros que se reúne dos veces al año y yo he sido elegido por los tibetanos en el mundo, así que es como una elección presidencial. Tenemos 600 empleados a tiempo completo y 900 con otro tipo de contratos.

 

¿India no interfiere?

En algunos casos, como en asuntos municipales, es el gobierno indio el que se ocupa de administrar el agua, la electricidad y también en los asuntos legales que se presentan delante de las cortes indias. Aparte de esto, el resto de los asuntos los manejamos nosotros mismos.

 

Cree que la muerte del 14 Dalai Lama representará un punto de inflexión, ¿supondrá un desafío a la supervivencia de la defensa de la causa tibetana tal y como está planteada ahora?

Su Santidad tiene 79 años, pero goza de una excelente salud y vivirá por muchos años. Aparte de eso, estoy convencido de que cuando eso suceda habrá muchos diferentes puntos de vista y estrategias que se querrán tomar, pero la no violencia es nuestro principio innegociable. La fórmula del Camino Medio es la política principal y es la que apoya la gran mayoría. Así que nosotros creemos que se debe resolver mientras el Dalai Lama siga vivo. Pero ¿puntos de vista diferentes? es muy probable que aparezcan y están apareciendo, así que resolveremos estas diferencias de manera pacífica y democrática.

 

¿Cuáles son los puntos discordantes que mantiene con el Dalai Lama a la hora de interpretar el enfoque del Camino Medio?

Es la misma política, la fórmula del Camino Medio. El Dalai Lama apoya esta fórmula y yo continuo con la misma política. Su Santidad introdujo la democracia al pueblo tibetano. Yo mismo soy un producto, un resultado de la democracia. No hay diferencia de perspectiva entre nosotros.

 

Sí, pero el abandono de la petición de un sistema democrático es el más significativo. Usted promueve la integración dentro del sistema comunista chino.

La democracia es lo que practicamos, a lo que aspiramos, es fruto de una elección. Queremos una autonomía genuina dentro de China, con leyes chinas. Las leyes chinas no permiten la democracia y todo lo que yo he intentado e intento decir es que queremos una autonomía de verdad para la gente del Tíbet. La democracia no forma parte de nuestra petición. Pero sí, si se nos da la oportunidad, queremos democracia. En cualquier momento. Eso es lo que dijo su Santidad y es lo que digo yo: una autonomía genuina, dentro de China y dentro de sus leyes.

 

Autonomía significa un cierto autogobierno ¿qué tipo de autogobierno contempla Usted para poder hablar de esa autonomía genuina?

A lo que aspiramos es a una autonomía verdadera, que nos permita practicar nuestra religión, nuestra cultura, nuestra lengua, que nos podamos administrar nosotros mismos. El medio ambiente tiene que ser protegido porque es vital, vital incluso para toda Asia. Nuestros recursos tienen también que ser protegidos. Lo que buscamos es una administración práctica y experta.

 

¿Usted piensa que el gobierno chino les permitirá tener esa autonomía genuina?

Lo espero y creo que deberían permitirlo. Es también por su interés.

 

¿Por qué?

Porque Hong Kong tiene un sistema constitucional, Macao también, Shenzen, la provincia de Cantón, Shanghai, todos ellos gozan de una mayor autonomía. Así que en China se permiten muchas autonomías y tienen tratados especiales con otras regiones.

 

Lobsang Sangay - Namgyal Monastery - Rezo por Inmolados 7791

Lobsang Sangay en el monasterio de  Namgyal, Dharamsala, orando por sus compatriotas inmolados. 

 Foto ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

Pero tienen acuerdos especiales porque son zonas económicas muy importantes, la economía manda…

Es verdad, pero nosotros tenemos razones muy poderosas. No éramos parte de China en 1949 cuando se fundó. Tíbet tenía una cultura y una historia autónoma que eran y son completamente diferentes. Así que nosotros buscamos autonomía para que nuestra cultura, religión y lenguaje puedan perdurar, así que es una cuestión completamente diferente. No estamos pidiendo una autonomía basada en una economía basada en los mercados.

 

En los últimos años, 131 tibetanos se han inmolado como forma de protesta pidiendo democracia y libertad para el Tíbet, ¿cree que pidiendo una autonomía genuina, en cierta medida, les están traicionando a ellos y a todos los presos políticos?

Por lo que se refiere a la Administración del Tíbet, nosotros no alentamos la inmolación. La vida es un hecho precioso. Apoyamos las aspiraciones de los que se inmolan, lo mismo que las aspiraciones de aquellos que protestan. Desalentamos la acción, pero apoyamos la aspiración. Creo que hay confusión de términos entre el inglés y el tibetano. El término para independencia en tibetano es rangzen, para libertad es rangwang y se interpreta como libertad individual básica. Creemos que apoyar la propuesta del Camino Medio tiene que ser entendida como libertad individual básica para los tibetanos.

 

Si se consigue esa autonomía genuina de la que Usted habla, ¿cree que les dejaran ir al Tíbet al Dalai Lama y a usted?

Una vez que se haya alcanzado un acuerdo, deberían permitirnos regresar porque eso será parte del acuerdo. Pero si me permiten o no a mí ir al Tíbet es secundario, pero permitírselo al Dalai Lama es lo más sabio que pueden hacer, ya que nuestra preocupación principal es dotar a esos seis millones de tibetanos de una autonomía de verdad. Los tibetanos dentro del Tíbet están sufriendo, nuestro medio ambiente está siendo destruido, nuestra cultura está siendo diluida, nuestro lenguaje no está siendo usando. Queremos cambiar todo eso, queremos mantener nuestra propia tradición dentro del Tíbet, ese es nuestro objetivo primordial. Queremos unas condiciones mejores de las que ahora hay en el Tíbet. Democracia es también una aspiración, pero no es un objetivo inmediato. Nuestro objetivo inmediato es la autonomía para los tibetanos que viven encarcelados en una realidad muy dura.

 

Las autoridades chinas lo han etiquetado como terrorista, incluso antes de ser elegido Primer Ministro, ¿Usted creen que lo aceptarán como interlocutor?

¡Porque no! Si ellos quieren, pueden hablar con quien quieran. Hay muchos casos en lo que los gobiernos primero tildaban de terrorista a alguien y después se sentaban a negociar para encontrar una solución. Por ejemplo, Ian Paisley en Irlanda del Norte,. Ahora, si me aceptan como interlocutor o no, también eso es secundario. Nosotros estamos muy abiertos al respecto. Han hablado previamente con el Dalai Lama, así que deberían seguir hablando con él, así podremos resolver el asunto del Tíbet. Este es nuestra postura.

 

¿Cómo se lleva eso de practicar la no violencia y que le tilden de terrorista?

Jaja, sólo te puedes reír ante eso. Pasé 16 años en la Facultad de Derecho de Harvard, a lo mejor tuve algún tipo de entrenamiento allí, jajaja. Suelen utilizar ese tipo de etiquetas y bueno, es para reírse.

 

Hablando de democracia, en el Gobierno en el exilio no hay oposición o plataformas para los partidos políticos, ¿será un siguiente paso o se quedarán con la misma estructura actual?

En este momento somos una democracia sin partidos, pero todos los individuos pueden votar y elegir a quien quieran. Estamos hablando de una pequeña comunidad, alrededor de 90.000 personas. Los partidos políticos son iniciativas privadas, en el pasado hubo algún partido político, pero no perduraron. Es por eso que los partidos políticos no tienen mucho apoyo de la gente, pero nadie está impidiéndolo. La gente es la que tiene que decidir. Y esto es lo que el Tíbet prefiere en este momento. Si hubiese partidos políticos, yo no hubiese ganado las elecciones porque provengo de fuera del sistema, era joven, nunca había estado en Dharamsala, ni formado parte de la administración, ni era un miembro del parlamento. No he sido ministro, ni secretario, ni siquiera un burócrata. Vine de la nada. Esa es la belleza del sistema democrático del Tíbet, cada cual puede votar por quien quiera y las sorpresas suceden. Si hubiese partidos políticos, el sistema controlaría el proceso y sólo los candidatos del propio sistema podrían ganar.

 

Dado que los tibetanos en el Tíbet están siendo silenciados, ¿siente que la diáspora tiene la responsabilidad de preservar la identidad tibetana para las próximas generaciones?

¡Desde luego! El 90 por ciento de nuestros monasterios fueron destruidos, han querido destrozar la civilización budista tibetana, así que nosotros tenemos que preservar, revivir y desarrollarla porque nuestra civilización está en peligro, así que definitivamente lo estamos haciendo lo mejor que podemos. Hemos reconstruido la mayoría de los monasterios más importantes destruidos en Tíbet en el exilio.

 

¿Qué opinión le merecen los casos legales en España por la Justicia en el Tíbet y la “Agenda para su consideración” presentada en el Parlamento Tibetano en apoyo al Derecho Internacional y la Justicia Universal para el Tíbet citando como ejemplares los casos en España?

La Audiencia aceptó los casos que habían sido presentados por individuos tibetanos entre los que estaba Thubten Wangchen, así que para ellos fue simbólico y de justicia. Creo que se ha mandado un mensaje a los tibetanos de todo el mundo, incluyendo los que viven dentro del Tíbet, de que la justicia puede vencer incluso en una forma simbólica. Nosotros seguimos los procesos judiciales muy de cerca. Nos extraña que una ley que ya estaba aprobada y con las querellas en marcha, luego se echara atrás. Es necesario buscar justicia, respeto y reconocimiento por los derechos humanos y la gente del Tíbet que sufrió en las cárceles chinas. La democracia y la independencia judicial deben seguir su curso.

 

¿Habrá algún tipo de postura formal al respecto?

No vamos a tomar ninguna postura formal. Por lo que se refiere a la Administración Central Tibetana nuestra preocupación está centrada en los tibetanos que viven en el Tíbet y el Camino Medio es la estrategia para encontrar una solución para los tibetanos

 

Mercedes Iñiguez Quintela, licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y Master en Periodismo por la Universidad de Barcelona y Columbia University de Nueva York. Ha vivido y trabajado durante 15 años en el extranjero y ha colaborado para medios como Il Sole 24 Ore, The Guardian, La Vanguardia o el Periódico de Catalunya, entre otros. En los últimos tiempos se ha especializado en temáticas de igualdad de género y derechos humanos. 

 

 

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