EN PRIMERA LÍNEA – MÓNICA BERNABÉ

El perfil que la mayoría de la gente tiene sobre los reporteros de guerra siempre es masculino. Sin embargo, hay un gran número de compañeras que trabajan desde hace muchos años informando sobre lo que pasa en esas guerras que nadie sabe como empiezan y que casi nunca se acaban del todo. Como homenaje a ellas, GEA PHOTOWORDS inicia la serie En primera línea, entrevistas en profundidad con mujeres periodistas españolas con experiencia en esos lugares donde nadie quiere ir. Nuestra primera parada será Afganistán, país en el que vive y trabaja como corresponsal para EL MUNDO desde 2007 la periodista Mónica Bernabé.

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Monica in Badghis

Mónica Bernabé, vestida con chapán y pañuelo negros. Provincia de Badghis.

Foto © Miguel Mendiguchía

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Por María Álvaro Navarro para GEA PHOTOWORDS

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Treinta y cinco son los conflictos armados que se encuentran en activo en la actualidad, según el barómetro que presentó el pasado julio L’Escola de Cultura de Pau (Escuela de Cultura de Paz) de la Universidad Autónoma de Barcelona. En África, Asia y Oriente Medio se concentran una treintena de estos conflictos.

La guerra va de la mano de la muerte, las injusticias, los desplazados, el dolor y las desigualdades, pero también de historias de esperanza que nos devuelven la fé en el ser humano. Los periodistas, que trabajan en estas zonas de conflicto denuncian la barbarie de la guerra a través de sus crónicas, sus reportajes y sus fotografías, pagándolo muchas veces con sus vidas. Según Reporteros sin Fronteras más de cincuenta periodistas han sido asesinados durante 2014, y más de 180 permanecen encarcelados.

“Hay quién sigue diciendo que estoy loca. ¿Por qué Jon Sistiaga tiene muchos cojones y yo estoy loca?” Así de contundente fue la periodista Mayte Carrasco, corresponsal en Siria, en una conferencia sobre periodismo de guerra hace unos meses. ¿Se conoce el trabajo de las periodistas de conflicto en España? ¿Cómo es, o ha sido, su día a día en zonas de guerra? ¿Qué significa ser mujer y periodista de conflicto? Mónica Bernabé, Carmen Rengel, Raquel Villaécija y Cristina Sánchez serán algunas de las profesionales del periodismo con las que hablaremos.

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ENTREVISTA GEA  

En primera línea –  Mónica Bernabé

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Mónica Bernabé es la única periodista española que vive y trabaja en Afganistán desde el año 2007. Viajó a este país por primera vez en el año 2000 para visitar las escuelas clandestinas para niñas y mujeres, ya que durante la época de los talibanes se prohibió su educación. Preside ASHDA (Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán), que desde hace más de una década trabaja en apoyo a la sociedad afgana, los procesos de paz y la lucha por los derechos de la mujeres. En 2012 publicó el libro Afganistán Crónica de una ficción.

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Viajaste por primera vez a Afganistán en el año 2000 en un momento en el que el país estaba controlado en un 90% por los talibanes. ¿Qué cambios ves tú en el Afganistán del año 2000 y el de 2014?

Los cambios más visibles son los de la reconstrucción que se ha llevado a cabo a lo largo de estos años y que ha sido como consecuencia de la intervención internacional. El Afganistán del año 2000, era un país totalmente arrasado por la guerra. A nivel social, los talibanes pusieron una serie de restricciones y las mujeres no podían trabajar fuera de casa, estudiar, ni apenas recibir asistencia médica. Con la caída del régimen talibán toda esa situación cambió. Ahora las mujeres, en teoría, pueden trabajar fuera de casa, estudiar y recibir asistencia médica, pero en la práctica no siempre es así. Afganistán continúa siendo un país tremendamente conservador, machista y religioso.

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¿Cómo ha cambiado tu vida tanto profesional como personalmente desde que te instalas definitivamente en el país, el año 2007?

Profesionalmente yo había ejercido como periodista en Barcelona y mi trabajo estaba centrado sobre todo en temas de inmigración, pero nunca me había dedicado al periodismo internacional. Estos casi ocho años que llevo viviendo en Afganistán, y además siendo la única corresponsal española instalada en el país, han supuesto una gran promoción profesional. A nivel personal pagas una factura muy alta por estar aquí, ya que es una vida prácticamente dedicada al trabajo. Creo que Afganistán me ha convertido en una persona más fuerte.

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El burka se convirtió en un símbolo de represión contra las mujeres afganas. Sin embargo, tu lo tienes que utilizar habitualmente por motivos de seguridad. ¿Cómo se asume eso?

El burka se puede ver de muchas maneras. Durante el régimen de los talibanes fue un símbolo de represión porque se obligaba a todas las mujeres a llevarlo cuando salieran de casa, tanto si querían como si no. Ahora en Afganistán, yo diría que la mayoría de mujeres continúan llevando burka. Sobre todo lo ves cuando sales de las grandes ciudades. Y es por dos razones. Por un parte porque Afganistán es un país profundamente conservador, machista y religioso.

Y, por otra, por razones de seguridad. Una mujer debajo del burka no se sabe si es guapa, si es fea, si es vieja o si es joven. Eso le da el anonimato y una cierta seguridad. Y lo que ocurre con las afganas pues me ocurre a mí, aún más, como extranjera. Debajo del burka nadie sabe que una extranjera, por ejemplo, está viajando por una carretera.

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Si quieres tener hijitos y una vida normal, olvídate de irte a Afganistán”, es lo que te dijo Gervasio Sánchez. ¿Es difícil ser mujer, ser periodista, querer trabajar a nivel internacional y formar una familia?

Es bastante difícil. Tener hijos aquí en Afganistán no creo que fuera el acto de mayor responsabilidad. Creo que a ningún padre ni a ninguna madre le gustaría tener a sus hijos aquí. Para una mujer es mucho más difícil tener una vida personal y de familia siendo periodista y, en mi caso, además en Afganistán. Yo lo veo con muchos ejemplos de otros compañeros que tienen una familia, van a la zona de conflicto y después regresan y no se les cuestiona socialmente. Estoy segura que a una mujer si se la cuestionaría.

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GEA Mònica Bernabé a Bamiyan (Afganistan) Mikel Ayestaran

Mónica Bernabé en Bamiyan (Afganistán).

Foto ©  Mikel Ayestaran

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Después de 7 años viviendo en Afganistán, ¿llega a desaparecer el miedo en algún momento o simplemente pasa a ser parte de tu día a día porque si no, no podrías seguir viviendo?

El miedo no lo he perdido, solo te acostumbras a determinadas situaciones. Si oyes una explosión tal vez no te pegas un susto como si fuera la primera vez que lo escuchas, porque ya estas más acostumbrada. Pero las situaciones de miedo yo las sigo teniendo. Yo creo que nadie pierde el miedo, porque nadie quiere que le pase algo malo.

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Muchos compañeros periodistas tanto españoles como de otros países han muerto en Afganistán y otros muchos han sido heridos en lugares donde el azar podría haber hecho que estuvieras tú. Cuándo lo piensas fríamente ¿qué sensación tienes?

Lógicamente lo tienes muy en mente. Cuando voy a lugares determinados en Afganistán donde la situación de riesgo es mayor, me acuerdo siempre de estas personas. Me identifico con ellos y tengo miedo de que a mí me pueda ocurrir algo. Eso lo tienes siempre muy presente.

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¿Cuál ha sido esa situación en la que has sentido que corrías peligro?

Tal vez cuando estaba con las tropas norteamericanas en la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán. Íbamos caminando en fila india, cuando un soldado pisó un artefacto explosivo y resultó gravemente herido. Lo evacuaron en helicóptero pero después nosotros debíamos regresar a la base caminando por el mismo campo. Yo recuerdo ese trayecto con mucho miedo de pisar en algún sitio donde hubiera un artefacto explosivo. Después en un par de ocasiones, en las que no me ha pasado absolutamente nada, me he encontrado con intentos de abusos sexuales por parte de algún afgano. Este es uno de los temas de los que quizás las mujeres periodistas no hablan pero es uno de los riesgos principales de las mujeres que se dedican al periodismo, y más en zonas de conflicto.

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En una entrevista Gervasio Sánchez decía: “Tienes que dejar de lado la arrogancia cuando trabajas en contacto con el sufrimiento, y saber que lo principal es lo que le sucede a esa persona, no realizar tus fotografías.” ¿Ha habido situaciones tan duras y difíciles en las que has pensado que lograr la fotografía o el testimonio debía pasar a un segundo plano?

Sí en muchísimas ocasiones el reportaje y la fotografía tienen que pasar a un segundo plano porque si tú no eres capaz de sentir empatía con la persona que tienes delante no tiene ningún sentido tu trabajo. Y sí, en decenas de ocasiones no he llegado a hacer una fotografía porque me parecía una situación de mal gusto. Si yo hubiera estado en esa situación no me hubiera gustado que alguien hubiera venido y me hubiera hecho una fotografía.

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¿Por qué dices que se ha idealizado demasiado la figura del corresponsal de guerra?

Parece que un periodista que va a una guerra, ya es un buen reportero. Yo creo que un buen reportero tiene que demostrarlo en muchos contextos y no solo cubrir un conflicto armado te hace bueno. Antes de ir a un conflicto hay que aprender a ser un buen periodista, y a eso se aprende buscando información al lado de tu casa por ejemplo.

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¿Cómo organizas tus jornadas a nivel profesional como freelance en medio de un país como Afganistán?

Mi manera de trabajar ahora en Kabul, es más o menos la misma que en Barcelona. Yo salgo a buscar información, a hacer entrevistas, a hablar con la gente y después regreso a mi casa y escribo. Es un reporterismo de calle. Normalmente una vez al mes intento hacer un viaje a otras partes del país.

Pero, lógicamente aquí tengo que tomar muchas más medidas de seguridad. La situación de Afganistán hace que ponga mucha atención en mi manera de vestir, en mi manera de moverme, los lugares a los que voy o la gente con la que hablo. Las facciones de las mujeres afganas son muy similares a las españolas por eso, y con la vestimenta adecuada, yo puedo pasar perfectamente como afgana.

Mi situación cuando empecé era muy diferente a mi situación actual. Yo continúo siendo freelance pero básicamente colaboro para el periódico El Mundo. Cada vez que salgo de Kabul tengo que informarles, y ellos me tienen que dar su permiso para poder salir, teniendo en cuenta la situación de seguridad. Aun así yo soy freelance pero bueno, en un país en conflicto, te puede ocurrir algo en cualquier sitio. Cuando más riesgos tomas, las posibilidades son mayores, pero la verdad es que cuando estás trabajando no piensas mucho en eso.

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¿Crees que los medios no valoran como deberían el trabajo de un freelance que se juega el “pellejo” de esa manera en situaciones muy peligrosas y difíciles?

Los medios no valoran el trabajo periodístico bien hecho en general, ya sea un freelance que se juega la vida o una persona con contrato que hace un trabajo bien hecho en España. Se tira mucho de la información de agencia y no se apuesta por un periodismo de investigación.

A lo largo de los años mi situación económica ha ido cambiando al ganar más reconocimiento profesional por mi trabajo en Afganistán. Lo que si lógicamente, la situación de inestabilidad la continuas teniendo, porque tú no tienes una nómina como un trabajador que sabe lo que va a cobrar a final de mes, eso depende de lo que produzcas y de lo que vendas.

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¿Ha habido momentos en los que has pensado en volver a tu vida en Barcelona?

Yo me estoy planteando ya irme de Afganistán. Llevo demasiado tiempo, son ya casi ocho años en este país. Ahora ya me estoy pensando un cambio profesional aunque no se hacia dónde. La rutina te hace perder la sorpresa ante determinadas situaciones porque ya se han convertido en situaciones de tu vida cotidiana. Yo creo que para cualquier periodista son importantes los cambios.

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¿Te arrepientes en algún momento de haber creado un nexo tan fuerte con un país del que ahora te es difícil separarte por los vínculos creados durante tantos años?

La creación de vínculos tan fuertes te genera, o al menos yo lo estoy viviendo ahora, una sensación de frustración, porque después de tantos años aquí, ves que el país no va hacia adelante, sino que empieza a ir hacia detrás. Ya no está en el foco de atención internacional y dentro de nada, la presencia internacional será mínima con las consecuencias que eso supondrá para la población civil. Tienes una sensación de pesimismo e incluso a veces te preguntas que para que han servido todos los esfuerzos ya que pocas cosas en realidad han cambiado. Es un sentimiento de pena, de rabia y de cansancio a la vez. Pero no me arrepiento de haber estado aquí. .

 

María Álvaro Navarro. Periodista valenciana afincada en Madrid dedicada a la comunicación de temas sociales. Máster en comunicación, cambio social y desarrollo. Ha trabajado en el departamento de comunicación de Cruz Roja Española y en Greenpeace España. También ha trabajado en el programa Medi Ambient de la televisión autonómica valenciana y ha colaborado realizando reportajes con diferentes asociaciones medioambientales. .

 

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  1. EN PRIMERA LÍNEA | mariaalvaro - 10 diciembre, 2014

    […] podéis leer las entrevistas de Mónica Bernabé y Raquel […]

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