ENTREVISTA GEA – SYDNEY POSSUELO

EL ÚLTIMO DEFENSOR DE LOS INDIOS

Blanco por fuera e indio por dentro. El brasileño Sydney Possuelo, 70 años, es, seguramente, una de las personas del mundo que más sabe de las tribus indígenas que habitan la Amazonia. Por algo lleva medio siglo dejándose su piel blanca para proteger a los últimos seres aislados del planeta. Fue el fundador del Departamento de Indios no contactados de la Fundación Nacional del Indio, FUNAI (el organismo creado por el gobierno brasileño para atender a sus moradores más antiguos) y esta experiencia le ha llevado a una única conclusión: el mejor contacto para ellos (los indígenas) es que no haya contacto.

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Possuelo frente a la estatua de Orellana, Trujillo, Cáceres – Octubre 2010

Foto  ©  Juan Carlos de la Cal, miembro de GEA PHOTOWORDS

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POR JUAN CARLOS DE LA CAL miembro de GEA PHOTOWORDS

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De visita en España, le entrevistamos en Extremadura, en la casa de Trujillo que vio nacer al primer hombre blanco que recorrió el mayor río de la Tierra, Francisco de Orellana, el mismo que le dio el nombre de Amazonas. Y lo hacemos el día en el que Brasil decide la continuidad política del gobierno de Lula da Silva del que Possuelo no es, precisamente, un simpatizante a pesar de que confiesa haberle votado siempre. El indigenista, acostumbrado a llevar la contraria cuando piensa que le ampara su humanismo descarnado, se confiesa decepcionado por uno de los líderes que, asegura, menos ha beneficiado al medioambiente y a los indios de Brasil.
Sydney es un hombre vital. Está vivo. Transmite vida. Siente la vida corriendo por sus venas. La ama profundamente. Alguien que pensase de otra forma sería un hombre muerto en la selva. Un hombre de acero y miel. Sus abuelos eran españoles aunque no sabe de donde y, de hecho, su nariz aguileña compite con la de la estatua del descubridor que encontramos un poco más arriba de la Casa de Orellana.
Ha recibido todos los premios posibles: “Héroe del planeta” según la revista TIME; Premio Fray Bartolomé de las Casas; Comendador por la Sociedad Geográfica Brasileña; Medalla de Pacificador por el Ejército Brasileño; Medalla al Mérito Indigenista; Premio Internacional de la Sociedad Geográfica Española en Madrid; Medalla de Patrono de la Royal Geographic Society en Londres, etc. La ONU le considera como “héroe desconocido del diálogo”, una de las diez personalidades más inspiradoras del mundo contemporáneo. Su nombre suena desde hace tiempo para el Príncipe de Asturias de la Concordia e, incluso, para el Nóbel de la Paz. Nadie lo discutiría.
Possuelo ha sido el responsable, entre otros méritos, de duplicar, en más de un millón de kilómetros cuadrados, la superficie legal de los territorios indígenas que existen en Brasil y de crear otra de las reservas más emblemáticas del mundo: la del pueblo Yanomami, de 9.4 millones de hectáreas. Esa fue la única condición que impuso cuando el gobierno brasileño lo designó como presidente de la FUNAI. Hoy, prácticamente jubilado, ha consagrado su vida a ir donde le llaman para hablar de los indios y de lo que hay que hacer para defenderles. Nunca cobra por sus conferencias. Y, si pudiera, seguro que hasta pagaría por ello.

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Parece que el pueblo brasileño está tan contento con la gestión de Lula que se inclina por la continuidad de su candidata. Mientras el mundo parece adorar a este hombre usted echa pestes contra él.


Por sus orígenes, Lula está más cerca de Octubre de 1917, cuando Rusia se transformó al socialismo, que de la sociedad multiétnica que forma el Brasil de hoy. Y él siempre ha gobernado sin considerar esta diversidad. Ni humana ni ambiental. Su obsesión ha sido hacer un pack de aceleración para el crecimiento a cualquier precio. Y el 30 % de este pack incide en tierras indígenas. Entonces casi se puede decir que la tercera parte del desarrollo de Brasil depende de ellos.
Lula ha sido pésimo para el medio ambiente y los pueblos indígenas. Para mí, que he dedicado mi vida a estas cosas, a salvarnos de nosotros mismos, no vale. Estoy a favor del progreso, pero no a cualquier costo. Sobre todo cuando no se piensa en lo que le vamos a dejar a nuestros hijos y nietos, cuando no se estudian las consecuencias del futuro, cuando se construyen macropresas en medio de la selva, cuando se impulsa una energía obsoleta como la nuclear, cuando el desarrollo del agronegocio tiene más valor que la vida humana… Y se lo dice alguien que le ha votado en todas las elecciones. Pero estoy profundamente decepcionado. Todos los días entono un “mea culpa” por ello.

¿Marina Silva era su candidata?

Sin duda. Ella viene de la selva, forma parte del mayor entorno ambiental del mundo. Lula tenía a Marina Silva como ministra de Medio Ambiente y la dejó marchar. Se fue harta de sufrir las presiones del equipo económico de su gobierno, representantes del sector agropecuario, que sacaban medidas contrarias al medioambiente que Marina conseguía paralizar a duras penas. Marina no necesitaba a Lula porque tenía una trayectoria personal muy ética. Pero el Gobierno si necesitaba de ella. Todas las personas serias de ese Gobierno acabaron por marcharse. Y hoy, los niveles de corrupción son terribles, no hay ética política, no hay moral política. El único éxito de Lula fue seguir las reformas económicas iniciadas por Fdo Henrique Cardoso, no meter la mano en áreas que no dominaba como la financiera. Fuera tiene la fama de un Dios, pero está lleno de contradiciones.

¿Corren malos tiempos entonces para los pueblos indígenas?

No aprendemos nada. Seguimos huyendo hacia adelante decidiendo siempre contra nuestra naturaleza, contaminando todo. ¿Hasta cuando vamos a resistir? Estamos caminando hacia un suicidio colectivo.
Cada dia que pasa disminuye el tiempo de vida de los indios aislados porque su destino no depende de ellos. Y como nosotros, los blancos, somos intrínsecamente malos entre nosotros mismos no se puede esperar nada bueno para ellos, que viven acorralados. Sólo un milagro puede salvarlos. Y yo no creo en los milagros. Nuestros hijos y los indios están condenados a vivir una vida peor. Es increíble como, a pesar de nuestros adelantos técnicos, seguimos viviendo como los neardentales. Si yo fuese indio también me aislaría. Y si fuese aislado jamás permitiría contacto alguno con el hombre blanco.

Usted, que fue el “inventor” de los primeros protocolos para contactar a estos indios aislados, acabó renegando de esa forma de trabajar y ahora es un defensor acérrimo de ese aislamiento. Siempre recomienda que les dejemos en paz. ¿Cree que así tienen más posibilidades de supervivencia?

Nuestro mundo es un encantamiento para ellos. El contacto traía aparejado: desestructuración grupal, necesidades artificiales –si les das ropa, luego debes darles jabón para que la laven-, descontrol personal, borrachera, prostitución, destrucción… Lo peor de todo eran las epidemias que nosotros curamos a diario con una pastilla pero para las cuales los indios del corazón de la selva carecían de cualquier defensa inmunológica y morían sin remedio, solos, abandonados en la selva por sus hermanos.
Por eso, en 1987 pasé del contacto a la protección, es decir al no contacto, al derecho al aislamiento como la mejor manera de preservarlos. Si fuéramos más decentes, no habría pueblos aislados pero nuestra conducta los ha llevado a buscar protegerse de nosotros. Su aislamiento no es voluntario, es forzado. No podemos ni debemos alterar eso.

¿Qué siente cuando camina por estos palacios e iglesias de piedra, levantados con las riquezas traídas de América, cuna de conquistadores como Orellana o Pizarro?

Ha sido como retornar al principio de la historia. Para mí es muy simbólico visitar la casa donde nació Orellana, donde se crió el hombre que estableció ese primer contacto entre los blancos y los indios amazónicos y a cuyas secuelas yo he consagrado mi vida. Y estoy impresionado.
España tiene un papel profundamente importante en la conformación del mundo pues fue después del viaje de Colón que la Tierra se volvió redonda. Y los hombres que hicieron eso, los conquistadores y descubridores que pusieron su sangre, su dinero y su energía, fueron los que hicieron las cosas acontecer. No lo hicieron con palabras de amor y poesía, porque la historia de cualquier conquista se hacía a sangre y fuego. España no hizo en América nada que no hiciera aquí entre ellos mismos. Era una época dura pero hay que ponerse en ese contexto. Los grandes imperios americanos tampoco eran modelos de convivencia idílica. Por eso soy benevolente con ese proceso histórico que han vivido todas las culturas del mundo. Otras fueron más exterminadoras y hoy no queda ni rastro de los vencidos. Los españoles, por lo menos, decidieron mezclarse e integrar lo que encontraron.

500 años después parece que la Conquista no ha terminado. ¿No le parece que es igual o peor que la de entonces?

La conquista de ahora es mucho más desalmada. Los conquistadores de entonces ponían su vida en esa empresa, pero hoy los que nos sacan la vida, el dinero y estrangulan nuestra existencia están detrás de ordenadores negociando con cosas, gentes y hechos que ni siquiera conocen. Nosotros somos como los indígenas que luchamos contra algo que no se sabe lo que es, donde están y con que armas combatirles. Enonces había más lealtad a los principios que defendía don Quijote. Hoy no hay principios. Sólo un poder sin cara. Las grandes mulltinacionales no tienen escrúpulos ni sensibilidad y los gobiernos políticos viven para sí mismos.
Hay que retornar al pasado para tener una mejor visión del mundo. Eso se llama cultura y nos permite ser más hermanos, más comprensivos. Y si no comprendes algo, por lo menos admítelo. No como hicimos nosotros con los indígenas. Como no los comprendimos, no les admitimos. El descubrimiento de América fue una de las últimas gestas del hombre sobre la tierra. Ellos buscaban lo mismo que nosotros hoy: gloria, fama y dinero. El hombre como tal no ha cambiado nada. Ni Pizarro, ni Orellana, ni Lula.

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