ENTREVISTA ONGEA – CARIDAD PARAMUNDAYIL

La pobreza y la escasa formación obligan a miles de mujeres en India a ejercer la prostitución incluso desde niñas. `Nadie quiere ayudarlas ni tener contacto con ellas. Incluso a algunas religiosas les sorprende que vayamos a los barrios y trabajemos con ellas. Son mujeres y jóvenes muy buenas pero con la autoestima muy baja. Ellas mismas dicen se ven peor que la basura´, así describe Caridad Paramundayil la vida de las jóvenes en ciudades como Calcuta, Khalpara o Siliguri. En la reciente campaña de Manos Unidas conocimos más de su trabajo con las mujeres en la India.

 

CARIDAD PARAMUDAYIL PARA GEA PHOTOWORDS

Caridad Paramundayil.

Foto  ©  Adrián Domínguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

ENTREVISTA onGEA – CARIDAD PARAMUNDAYIL

Por María Álvaro Navarro para GEA PHOTOWORDS

 

Con mucha crudeza relata Caridad Paramundayil la vida de las jóvenes a las que ayudan desde la Congregación de las Adoratrices en la India. Hablamos con ella en su reciente visita a Madrid, en la que participó en la presentación de la nueva campaña de Manos Unidas: Luchamos contra la pobreza ¿Te apuntas?

La exclusión, la pobreza y la escasa formación condenan en India a miles de mujeres a ejercer la prostitución en los denominados Barrios Rojos. Y no solo a ellas, sino también a sus hijas predestinadas a seguir los pasos de sus madres con el único modo de vida que conocen. Otras niñas de zonas rurales son captadas por mafias locales que las trasladan a grandes ciudades para ejercer la prostitución. Desde hace quince años casi una treintena de religiosas de la Congregación de las Adoratrices, Esclavas del Santísimo y de la Caridad, trabajan junto a Manos Unidas en el subcontinente indio en varios proyectos con el objetivo de ofrecer formación y apoyo a las hijas de estas mujeres para que no sean herederas de una vida de miseria y esclavitud.

La hermana Caridad es una de estas misioneras. Se desenvuelve con soltura en un español casi perfecto y en una ciudad que para ella es familiar. Nació en Kerala (India), en 1948, aunque con tan solo 17 años se trasladó a Madrid donde inició su formación como religiosa de la Congregación de las Adoratrices. En su presentación de la campaña anual contra la pobreza de Manos Unidas muestra las condiciones en las que viven las mujeres y sus hijas en los slums de la India, historias que conoce muy de cerca.

 

¿Cómo es la vida de las niñas?

 

Algunas niñas no tienen más de 12 años cuando las mafias locales las reclutan en zonas rurales y las trasladan a ciudades como Calcuta o Siliguri, cuando se cerraron las fábricas de té y las familias se quedaron sin trabajo, las mafias se aprovecharon de su situación engañándoles y sometiendo a sus hijas a ejercer la prostitución. Las niñas no conocen otra cosa y no tienen ninguna formación, y aunque las madres no quieran que sus hijas ejerzan la prostitución tienen que seguir haciendo lo mismo que ellas, quizá por las mujeres ya no podemos hacer mucho pero a las hijas las salvamos.

 

¿En qué consiste el trabajo de la Congregación de las Adoratrices?

 

La salvación de estas niñas y adolescentes está en la educación, la Congregación está construyendo Centros para que ellas puedan ir a aprender. En estos pocos años hemos comprobado que es posible sacarlas de allí, liberarlas. La formación profesional es necesaria para que puedan aprender un oficio y ser económicamente independientes. En los Centros se trata de desestigmatizarlas desde pequeñas, nadie sabe de donde son.

Nadie se preocupa de los hijos de la prostitución, ni de su educación. Mandamos muchos niños a los Salesianos pero aunque consigan entrar en algunas escuelas, hay muchos prejuicios y discriminación; la gente de clase media no quieren que sus hijos se mezclen con estas niños… Por lo general las familias no saben nada, si una familia acepta que su hija ha entrado en la prostitución se vería excluida y obligada a salir de su pueblo… La mayoría no lo saben, por eso una vez que entran las niñas no tienen salida, además no tienen ninguna formación, no tienen adonde ir… por eso se ven obligadas a seguir allí. Por eso digo que no podemos hacer mucho por esas mujeres que están allí, porque su situación para sacarlas de allí, seria un proyecto enorme que nosotras no nos sentimos capaces de hacerlo, por eso nosotras nos concentramos en la segunda generación, en las hijas, para que esa generación no sufra lo que sufren las mujeres ahora. Y aún así lo que hacemos en un granito de arena.

 

¿Qué significa para ellas la acogida?

 

Trabajamos abriendo un centro de contacto donde vienen las jóvenes a aprender y luego si necesitan salir de ese ambiente, las sacamos y las llevamos a las casas de acogida… A las niñas pequeñas las sacamos convenciendo a sus madres, las llevamos a las escuelas donde nadie sabe de donde son estas niñas, son niñas de la Casa de las Hermanas. Las madres van a la casa y las visitan pero nunca van a las escuelas. Así las vamos convirtiendo en niñas normales, nadie sabe de donde son… Nuestro equipo es de unas 30 adoratrices repartidas en seis Casas de Acogida y cuatro Centros de Contacto. Sus condiciones de vida son terribles, viven en tugurios sin condiciones higiénicas. Dan casi la totalidad de sus ingresos a una “madame” o las proxenetas. Hay varias castas en la India, pero yo creo que estas no entran ni en esas castas; nadie quieren saber de ellas, se sienten rechazadas por todos, nadie quiere mantener contacto, incluso algunas religiosas les sorprende que nosotras vamos ahí a ese barrio y trabajamos con ellas. Pero es nuestro carisma y entramos y nuestra experiencia es que son mujeres y jóvenes muy buenas, lo único que nadie quiere ayudarlas y nadie quiere tener contacto con ellas, nadie les valora. Nosotras sea la religión que sea las vemos como personas, y como personas las aceptamos, respetamos y tratamos de darles una vida nueva. El Centro se llama ‘Luz Nueva’ y entonces queremos encender una luz nueva en su vida.

 

¿Habéis tenido problemas con las mafias?

 

No hemos recibido amenazas de las mafias, pero nos resultó muy difícil alquilar un local donde trabajar, incluso nos acusaron de promover la prostitución y hasta tuvimos que ir a juicio, los jueces sentenciaron a nuestro favor: “dejar a estas misioneras que hagan algún bien por estas mujeres a las que nadie quiere ayudar, todo el mundo se aprovecha de ellas y las rechazan y estas misioneras lo que hacen es intentar ayudarlas.

Las mujeres decían, “que hipócritas son, por la noche vienen a pedir nuestros favores y luego durante el día no nos conocen ni quieren saber nada de nosotras, ni siquiera quieren dejarnos un local donde podamos aprender algo…”

 

¿Cuál es vuestra valoración de éxito?

 

A algunas no hemos conseguido motivarlas suficientemente, aunque damos las mismas clases para todas, para todas es un dinero fácil y muchas prefieren continuar así, pero son poquísimas, la mayoría quiere salir. La mayoría vienen sin saber leer ni escribir, ni contar y les cuesta, es muy difícil. Nunca les decimos que no vayan a la prostitución, simplemente no hablamos de ello, lo que pretendemos es enseñarles que hay otros medios de ganarse la vida y luego les hablamos del rol de mujer, de su dignidad como persona, les formamos de forma indirecta, nunca tocamos el tema de la prostitución, estamos formando y desarrollando su personalidad para que puedan ser niñas normales. También hay un grado de reincidencia, aunque consigan salir muchas no tienen ninguna preparación ni manera de ganarse la vida. También hay historias felices y son el ejemplo para otras mujeres. Incluso algunas que han aprendido habilidades en nuestro centro, ayudan a otras chicas y les enseñan.

 

¿Se convierten en agentes de cambio en su comunidad?

 

Hay doce jóvenes del Centro de Siliguri que se han casado, los maridos conocen su pasado. También saben que han estado 3-4 años con las hermanas, que han tenido una buena formación en todos los sentidos… Alguno nos dijo; “no me importa lo que ha sido, lo que me importa es lo que es ahora”. También hay ejemplos de chicas que han llevado una vida desorganizada y han cambiado y que ahora quieren ayudar a sus madres a salir de allí.

 

¿Cómo véis el futuro?

 

Empezamos en 2005 y no tenemos intención de parar, una de nuestras niñas está haciendo la carrera de enfermera, se casó y tiene un hijo de un año, está feliz. Solo es una es una pero para nosotras ya es un gran logro. Y desde luego es un ejemplo para las otras que quieren seguir a las que ya lo han conseguido. Y un gran empuje de esperanza para todos nosotros. Ahora mismo queremos seguir formándolas para que cada vez salgan más chicas de allí.

 

María Álvaro Navarro. Periodista valenciana afincada en Madrid dedicada a la comunicación de temas sociales. Máster en Comunicación, Cambio Social y Desarrollo. Ha trabajado en el equipo de Comunicación de Cruz Roja Española y en Greenpeace España.

 

 

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