ENTREVISTA ONGEA – SAGRARIO MARTÍN

Sagrario Martín lleva casi toda su vida ligada a Médicos del Mundo desde que empezara como voluntaria hace 20 años, pasando por su experiencia en América Latina en cooperación y acción humanitaria, hasta ocupar el cargo de presidenta desde hace algo menos de un año. `Por desgracia para mí, se fue el anterior presidente y me tocó´, reconoce entre risas. Su vida hoy transcurre a caballo entre su consulta como médica de familia por las mañanas y una intensa agenda por las tardes al frente de la organización que ella misma define que tiene `vocación de transformación social y como norte los derechos humanos´.

 

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Sagrario Martín.

Foto  © Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS.

 

ENTREVISTA onGEA – SAGRARIO MARTÍN, presidenta de Médicos del Mundo

 Por Eva Mateo Asolas para GEA PHOTOWORDS

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Sagrario, ¿cómo empezaste a colaborar con Médicos del Mundo?

Empiezo en el año 94, cuando estaba recién abierto en Madrid el centro de atención sociosanitaria a inmigrantes (CASSIM). Era un centro en el que atendían personas voluntarias: sanitarias, trabajadores sociales, médicos, enfermeras, psicólogos, psicólogas… Era un momento en el que comenzaba a crecer mucho la población inmigrante que llegaba a España y llegaban sin papeles, sin recursos y sin acceso al sistema sanitario. Yo empecé como voluntaria en ese centro porque me parecía que era una población que estaba desprotegida y que, como parte de mi vocación sanitaria, estaba atender a aquellas personas.

 

¿Cómo ves la situación en ese momento, cuando empiezas a atender a inmigrantes y 20 años más tarde con la campaña actual sobre el #apartheidsanitario?

Entonces, los inmigrantes estaban empezando a llegar de una forma creciente. Fueron llegando progresivamente en los años 90 y 2000 en muy poco tiempo, cuando teníamos poca experiencia en este fenómeno. Algunas organizaciones como Médicos del Mundo trataban de acercarse a este colectivo desde un punto de vista sociosanitario, así como hacer de puente entre estas personas y el sistema de salud o de servicios sociales. En muchos casos, la atención se limitaba a explicar qué opciones tenían de conseguir la tarjeta sanitaria o valorar su situación social y derivarles a los servicios que había. Eso progresivamente a medida que pasó el tiempo evolucionó a un trabajo de Médicos del Mundo y de otras organizaciones para que estas personas pudieran incluirse en el sistema público de salud en España de una forma normalizada como otra población. Y eso se consiguió en el año 2000. Y ahí hubo un cambio total, como organización y para las personas inmigrantes, así como para el sistema. Desde que Alma-Ata, que es la referencia en atención primaria de salud y en desarrollo de salud, alabara los sistemas de salud universales y el sistema de salud español empezara a ser universal y lo hiciera por derecho porque incluye a las personas que estaban trabajando y, por tanto cotizando, y también a cualquier persona que no estuviera en esa situación como las personas irregulares o sin papeles y que, por ser un ser humano, entendemos que tiene derecho a la salud y al acceso al sistema sanitario, que es una parte de la protección de la salud.

Ahora nos encontramos con que hemos dado un paso atrás. El Real Decreto de 2012 supuso la exclusión, según los datos del propio Gobierno español, de unas 800.000 tarjetas sanitarias. (Puntualiza: no son las que se han perdido, sino las que se excluyeron). Por una parte, excluye a una parte importante de la población y, por otra, habla de las personas que tienen acceso en relación al aseguramiento, es decir, rompe ese principio del derecho humano a la salud.

Estamos trabajando mucho en este sentido, en todos los campos que podemos. Hemos hecho campañas de sensibilización a la población general, también a los profesionales sanitarios, las campañas “Nadie desechado”, “Derecho a curar” o la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios, un campaña no sólo de Médicos del Mundo, porque el trabajo con población inmigrante es uno de los más representativos y queridos y creemos que esta vuelta atrás nos pilló un poco de sorpresa.

Pensamos que para enfrentarnos a este Real Decreto cabían varias posibilidades: una era volver a abrir los centro asistenciales y hacer asistencia paralela, algo que supuso un debate dentro de la organización, y el camino que se eligió fue no hacerlo. Parece que hay una tendencia, como médicos, a desde un primer momento hacer la asistencia. Podría ser una tentación. Pero en esa línea del cambio social, pensamos que teníamos que hacer más un trabajo de apoyo a la población inmigrante para explicarle cuáles son sus derechos y acompañarle en esa reclamación de sus derechos y, por otro lado, dar a conocer la posición de Médicos del Mundo tanto al público general como al personal sanitario y, por supuesto, a las personas que tienen que tomar esa decisión.

 

Por cierto que no es la única campaña con la que estáis en estos momentos, también la de la Hepatitis C.

Cuando surge el tema de los medicamentos se hace un análisis de la patente de la hepatitis C y de por qué tiene un coste que pone en riesgo la sostenibilidad del sistema y se llega a la conclusión de que esta patente que está registrada en Europa no tiene alguna de las características para ser patentada y una es la innovación, porque no es tanto una molécula nueva como modificada. Es parte de un desarrollo en el que han participado universidades públicas americanas, etc. Por eso hemos puesto en cuestión la patente. Ni mucho menos estamos en contra del desarrollo farmacéutico ni la de investigación, en absoluto. Lo que creemos es que los criterios de investigación y desarrollo y los de “patentabilidad” y los criterios para poner los precios de los medicamentos tienen que estar marcados por la transparencia, por un lado, por el desarrollo empresarial – que eso lo entendemos perfectamente- y también por la ética.

 

¿Tenéis la esperanza de ganar la batalla?

Ya se ha ganado en algunos países como India. Yo tengo la esperanza de que sí. Independientemente de que la ganemos, hemos abierto el debate, no sólo Médicos del Mundo sino otras organizaciones también como la Plataforma de Afectados de la Hepatitis C. Esto también forma parte del trabajo de Médicos del Mundo, que los protagonistas sean los titulares de derecho.

 

Inmigrantes, Hepatitis C… habéis puesto contra las cuerdas al Gobierno, a la industria farmacéutica. ¿Os convierte esto como organización en un elemento incómodo?

No lo sé, supongo que sí (ríe). Me gustaría creer que sí no porque seamos incómodos, sino porque sea una organización escuchada por que lo que digamos tenga peso.

 

ACCIÓN HUMANITARIA

 

Lleváis 13-14 años en Sierra Leona. Conocéis muy bien su sistema sanitario, los problemas que había antes de la irrupción del ébola y desde julio desarrolláis un programa de prevención e incluso formáis equipos allí. ¿Cuáles son los retos a día de hoy?

Cuando surge la epidemia de ébola, estábamos a punto de finalizar un proyecto de atención primaria de salud en una zona rural muy extensa. Una parte importante del proyecto era fortalecer el sistema local de salud: desde apoyo en infraestructuras a apoyo en programas de salud concretos como salud sexual y reproductiva, formaciones… Estábamos en este desarrollo cuando surge la epidemia de ébola en una zona que no era nuestro departamento, justo en el lado contrario de Sierra Leona.

Ahí debatimos porque Médicos del Mundo no es una organización que haya tenido un histórico de trabajo con el ébola, ni mucho menos, es la primera vez que trabajábamos con este tema. La experiencia la tienen otras organizaciones (Médicos sin Fronteras era el único que lo tenía, sin duda). Pero estábamos allí, con las dificultades que supone el ébola y fue un reto para todas las organizaciones, incluida la nuestra. Empezamos con un trabajo de prevención, que consistía en preparar al sistema de salud a una posible llegada de la epidemia y, por otra parte, preparar también a las comunidades para esa llegada y cuidar la formación del personal local. Eso llegó así hasta octubre y tuvimos suerte porque casi no hubo casos en nuestro departamento.

Como somos una red internacional, Inglaterra nos propuso abrir juntos un centro de tratamiento en otro departamento distinto, en Konadu. Médicos del Mundo Inglaterra es una organización muy pequeñita con poca experiencia en proyectos de acción humanitaria, pero sí tenían la capacidad de movilizar fondos. Con la Agencia de Cooperación inglesa abrimos un centro en prácticamente un mes, en diciembre, en un tiempo récord. Ahora estamos en Konadu, donde hacemos sobre todo prevención, detección y apoyo al sistema de salud y en Moyamba con el centro de tratamiento.

Estamos comprometidos con la situación que hay allí porque el ébola se ha llevado buena parte del sistema de salud, en lo que respecta a todo lo que se había conseguido de acceso de la gente a este sistema, por ejemplo. Antes la gente iba a tener su parto al centro, aunque con dificultades porque hay muchos fuera del sistema, pero ahora mucho más porque debido al ébola ha cambiado radicalmente. Prácticamente todos los programas de salud se han caído: salud materno-infantil, salud sexual y reproductiva, atención primaria… realmente ha habido un cambio en la salud, social, económico y yo diría que hasta comunitario.

 

¿Es el caso más grave en acción humanitaria al que os habéis enfrentado?

En tamaño y en riesgos probablemente sí. En tamaño porque es el reto en el que tenemos más personal implicado tanto aquí como las personas voluntarias que han ido y siguen yendo. Paralelamente, por el tamaño del centro y el riesgo porque, aunque en acción humanitaria suele haber un alto riesgo, el contagio es alto. Tenemos la suerte de haber entrado a trabajar –sobre todo en el tratamiento- más tarde que otras organizaciones y poder aprender de otras. Hemos intentado marcar nuestros niveles de seguridad lo más altos posibles pero es cierto que es una situación de alto riesgo.

 

¿Dónde ponéis el foco en los próximos años en este área?

Ahora mismo estábamos terminando un proyecto importante de apoyo a un hospital que terminó cuando los bombardeos en Teherán. Ahora estamos viendo cuál es la continuación, que probablemente vaya en la misma línea, de apoyos, de formación y de material en ese hospital en concreto.

El otro gran tema que trabajamos siempre en Gaza, el de salud mental. Son los dos grandes temas.

Otro reto importante es América Latina porque para Médicos del Mundo ha sido tradicionalmente uno de los proyectos más antiguos y clásicos, el modelo. Ahora mismo estamos en Bolivia, Perú, Ecuador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Haití. En parte porque América Latina está cambiando mucho, estamos dejando Ecuador, vamos a cerrar el proyecto que estábamos haciendo allá y Perú probablemente también. Perú y Honduras, quedarían suspendidos, que quiere decir que de momento no hay una decisión de salir de ahí pero sí de no continuar porque no estamos encontramos fondos. En los otros países queremos continuar, pero con dificultades.

Tenemos el reto de cómo adecuarnos a la nueva situación en América Latina. La cooperación española es una de las más importantes allí y eso hace que sea más difícil porque es la cooperación que más ha caído. Y dentro de la cooperación en general, la de salud, que es nuestro ámbito de trabajo. Seguimos creyendo que merece la pena continuar trabajando allí. Por eso, estamos trabajando con Médicos del Mundo Francia en modelos diferentes que pueden pasar por la creación de organizaciones locales de Médicos del Mundo, que tengan nuestro ideario y que puedan ser independientes. Es lo que llamamos la Estrategia América.

 

SAGRARIO

 

Si hace 20 años cuando eras voluntaria de Médicos del Mundo te hubieran dicho que estarías hoy aquí respondiendo esta entrevista como presidenta, ¿qué hubieras pensado?

(Ríe). Yo creo que ni lo hubiera pensado. Porque siempre desde que empecé como voluntaria aquí veía los órganos de dirección como algo muy macro y muy lejos de mis capacidades. Lo que demuestra que cualquiera puede hacerlo (más risas).

Médicos del Mundo y yo misma, entendemos la organización como un espacio de participación. La gente puede venir a trabajar en un proyecto pero no solo eso, también puede decidir sobre el mismo e incluso avanzar más y tomar parte en las grandes decisiones de la organización.

 

¿Cuándo dejes de ser presidenta de Médicos del Mundo que te gustaría que quedara como legado?

Yo saldré de aquí dentro de un año y medio. Mis compañeros y compañeras siempre me dicen que parece que llevo la presidencia como una carga. No es eso.

Obviamente, si tuviera que poner en una balanza, el Real Decreto. Estamos haciendo un trabajo en red con los partidos políticos para que lo incluyan en sus programas electorales. Esto sería un logro para mí muy satisfactorio.

Otro es América porque tengo un lazo allí por la cooperación que he hecho. También conseguir que acabemos el año sin ningún contagio por ébola de nuestro personal español o internacional. El ébola nos ha hecho reflexionar el modelo, la dimensión y el trabajo en acción humanitaria.

Y por último dejar la organización en una situación estable económicamente. Médicos del Mundo ha sido una organización excesivamente dependiente de los fondos públicos, ahora estamos en 60% públicos y 40% privados viniendo de un 70-30. Además, muy dependientes de la cooperación española, centralizada y descentralizada. La caída de fondos en España nos ha supuesto replantearnos todo el tema financiero. Pero no solo eso. El mundo está cambiando. Las grandes bolsas de pobreza se están reduciendo por suerte o trabajo, lo que están aumentando muchísimo son las desigualdades, tanto aquí como allí.

 

 Eva Mateo Asolas (Madrid, 1981). Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Comunicación y Máster en Cooperación Internacional y Ayuda al Desarrollo. Durante 8 años ha trabajado en medios a caballo entre Madrid y Bruselas. En 2009 recibe el Premio de la Academia Española de la Radio como Mejor Presentadora de Informativos. En la actualidad, pertenece al equipo de Comunicación de la Fundación Vicente Ferrer, trabajo que compagina con colaboraciones con otros proyectos de cooperación por el mundo. Un orgullo: viajar con 5 idiomas en la mochila. Un nuevo reto: el periodismo en imágenes.

 

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