ESCAPADOS DE SIRIA

Los campos de refugiados que rodean Siria están desbordados por el influjo de personas que escapan del país. Este trabajo del fotógrafo italiano Italo Rondinella documenta el campo de Domiz, en el Kurdistán iraquí, mientras que Nacho Carretero acaba de llegar del campo de Zaatari, en Jordania. En ninguno cabe un alfiler. El reportaje gráfico fue uno de los finalistas en la II edición de los Premios Revela y fue considerado por el jurado de nuestra organización para el II Premio de Fotografía Documental GEA PHOTOWORDS.

 

FOTO  ©  Italo Rondinella

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Por Nacho Carretero para GEA PHOTOWORDS

 

Hace semanas que superaron una cifra contundente: dos millones. Es el número de refugiados sirios que han huido de la guerra en su país para instalarse, como pueden, en campos o asentamientos de los países limítrofes. Las víctimas reales, ciudadanos de a pie que nada tienen que ver con los enormes intereses geopolíticos que mueve este conflicto, asumen desde hace tiempo que su condición de refugiados será extensa, muy extensa en el tiempo. Agolpados en campos de refugiados como el de Zaatari, en Jordania, el segundo mayor del mundo, no ven la luz al final del túnel del conflicto. El conflicto interminable. El conflicto que nadie entiende.

En medio de la extensa y blanca polvareda diez hombres avanzan despacio, bajo el sol agobiante, llevando en volandas una enorme tienda de campaña. Como una figura fantasmal, la improvisada casa de tela se mueve flotando sobre la tierra, con su emblema de Acnur –el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados- bien visible. “Es una mudanza”, explica Karl Schembri, uno de los cientos de cooperantes que trabajan en el campo de refugiados de Zaatari. “La mayoría de gente no quiere vivir a las afueras, así que cogen sus tiendas y se trasladan a los distritos del centro, donde está casi todo el mundo”.

Mudanza, centro, distritos…  El vocabulario muestra la dimensión de la tragedia: hay tanta gente en Zaatari que el campo de refugiados está mutando en ciudad. Una de las ciudades más tristes, duras y frustrantes de cuantas pueda uno toparse en el mundo.

De los dos millones de refugiados que ya ha escupido el conflicto de Siria (cifra que convierte a esta guerra en la mayor crisis humanitaria del siglo XXI), Zaatari alberga a 125.000. Esto le supone el título de segundo campo de refugiados más grande del mundo, por detrás de Dadaab, en Kenia. Está situado en el norte de Jordania, a pocos kilómetros de la frontera y fue abierto el 28 de julio de 2012. Nació como lugar para acoger a los sirios que decidieran abandonar el país por culpa de la guerra civil. Al principio, unos pocos. En seguida, el éxodo. Desde el pasado mes de febrero llegan a este lugar una media de 1.500 personas al día. Hace unas semanas el gobierno jordano dijo que no podía más. Y cerró la frontera.

“Esto ha crecido en seis meses lo que suele crecer una ciudad en 20 años”. Quien lo explica es Kilian Kleinschmidt, máximo responsable de Acnur en el campo y al que se le conoce como ‘el alcalde’. “Hemos dividido el campo en doce distritos. Del uno al cuatro son los más antiguos y la mayor parte de los refugiados quiere vivir en ellos para estar cerca de familiares y amigos”.
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FOTO  ©  Italo Rondinella
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“Refugiados industriales”.

 

La concentración en el llamado ‘downtown’ de Zaatari ha convertido esta zona en una suerte de ‘slum’: miles de tiendas de campaña se agolpan silueteadas por caminos de tierra, ocupados por basura y niños descalzos. En las afueras -los distritos del seis al ocho- las tiendas se convierten en grandes contenedores industriales compartidos por varias familias y las callejuelas dan paso a enormes extensiones de tierra. “Cada distrito tiene un jefe”, prosigue Kleinschmidt. “Una especie de ‘capo’ que manda en la zona y se encarga de la seguridad”.

El poder de estos jefes de distrito es tal, que las ONG sobre el terreno tienen que consensuar con ellos cualquier mejora o infraestructura que vayan a llevar a cabo en sus calles. Y no siempre es fácil.

Desde el nacimiento de Zaatari se han desmantelado infraestructuras por valor de un millón de dólares. “Montamos un baño y a la mañana siguiente ya no está”, explica Jeffrey Silverman, responsable de Salud de IntermónOxfam. “Hasta que hablamos con los jefes. Entonces se solucionó”. En el campo no hay policía. La jordana no puede entrar y los soldados de los tres hospitales militares no tienen autorización para intervenir. Lo que ocurre en el campo se queda en el campo. Y esto es un principio que convierte a Zaatari en un lugar peligroso. Los extraños no suelen ser bienvenidos, especialmente por los niños, que matan su frustración vagando en grupos, armados con cuchillos.

Mourad Cachouri es psiquiatra y trabaja en el hospital militar que Marruecos ha levantado en Zaatari. “Aquí hay una concentración de 125.000 personas frustradas, enfadas y, en muchos casos, con traumas graves de la guerra. Sobre todo los niños”, explica.”Es entendible que haya problemas”. 

Incluso aquí, en un lugar en el que la mayoría de la gente afirma convencida haber perdido la fe en el futuro, la normalidad pelea por imponerse. Con alma de comerciantes, los refugiados sirios han levantado un mercado en el centro de Zaatari que ya cuenta con más de 300 tiendas. Discurren a lo largo de la calle principal del campo, a la que han llamado Campos Elíseos. Se vende de todo, desde comida fresca hasta televisiones, pasando por ventiladores y conexiones a internet. La mercancía entra y sale del campo cada día a pesar de que está prohibido. Los alimentos que reparte Acnur se revenden, los vecinos jordanos de los alrededores acuden al mercado a comprar más barato y hasta hay compraventa de tiendas de campaña y caravanas. “Venían creyendo que estarían aquí dos o tres semanas”, termina el alcalde. “Ahora ya saben que estarán en Zaatari mucho tiempo”.

 

FOTO  ©  Italo Rondinella

EL PROYECTO.

Este trabajo fotográfico muestra las duras condiciones de vida que imperan en el Campo de Refugiados de Domiz, en el Kurdistán iraquí,  y las numerosas carencias, especialmente en temas fundamentales como higiene, salud, atención infantil, educación y trabajo. Originalmente, el Campo  fue preparado para alojar a 10.000  personas. Ahora, superando ya cinco veces su capacidad original, multiplica los problemas y las necesidades se hacen más acuciantes. Y más gente llega cada semana, lo que amenaza con superar los precario sistemas de servicios puestos en pie por el gobierno kurdo y el Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados.

Los problemas respiratorios y los dolores de garganta son una gran preocupación, así como los dolores en las articulaciones y los problemas de espalda. La gente está muy expuesta al frío porque vive en tiendas de campaña sin aislamiento, en lugar de casas. Y debido a la sobrepoblación, es muy fácil que las enfermedades se contagien de una persona a otra y de una tienda a otra.

Los niños son los más susceptibles al frío porque sus sistemas inmunológicos son más débiles que los de los adultos. En el momento en que se hizo esta documentación fotográfica, era diciembre, a principios del invierno. El alojamiento no estaba preparado: en lugar de tiendas de campaña, deberían haber tenido tiendas que estén más separadas del suelo. También faltaba queroseno para poder mantener caliente a la gente del campo. Hay mucha humedad dentro de las tiendas, lo que deriva en bacterias. Un sistema de calefacción secaría las tiendas, destruiría las bacterias y las tiendas serían más cálidas y seguras. Hay un gran número de casos de diarrea, especialmente entre los niños.

Dada la naturaleza de la vida diaria de un refugiado y su desconocimiento de la disponibilidad de tratamiento médico, el proyecto desarrolla una unidad de salud móvil dirigida tanto por un doctor masculino como por uno femenino, y apoyado por voluntarios no médicos entrenados.

 

EL AUTOR

Italo Rondinella nació en Italia en 1974. Se licenció en Derecho y, después de casi una década ejerciendo la profesión de abogado, decidió dedicarse a su pasión: la fotografía documental. Empezó como fotógrafo de prensa diaria en Corriere della Sera y, en 2009, viajó a Barcelona para especializarse en fotoperiodismo en la Universitat Autonòma. Actualmente trabaja como fotoperiodista freelance, colaborando con algunas de las principales revistas internacionales de política y actualidad.

LA ONG

RISE es una organización sin fines de lucro basada en Erbil, KRG, Irak, que provee de servicios básicos a los refugiados sirios en la región. Fundada hacia el final de 2012 por Dr. Amer Harky, Tom Robinson y Cecily Cook, RISE ya está evaluando las necesidades de los refugiados y entregando bienes esenciales.

Actualmente presta servicios a aproximadamente 400 familias en áreas como Kasnazan, Berkut, Bahrka, Pirzin y Mala Omer. Los tamaños de las familias varían de 3 a 14 miembros y tenemos nuevas llegadas casi cada semana. Una tarea en curso ha sido desarrollar una red de contactos y trabajar en colaboración con líderes comunitarios entre la población de refugiados a fin de valorar mejor las necesidades.

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