LAS MONTAÑAS DE LOS NÓMADAS (II)

Continuando el viaje iniciado hace unos días en las montañas del Nepal, nos adentramos, de la mano de Gerardo Olivares y Ángel López Soto, en la frontera del Tíbet ocupado, donde están las cumbres y aguas más sagradas para los budistas. Uno de los lugares más puros de la tierra. Lugares míticos donde la leyenda del famoso `Yeti´, o abominable hombre de las nieves, aterrorizó a grandes y pequeños y donde el resquicio de un enlace espiritual y casi sobrenatural con la naturaleza aún es posible.

.

Proximidades del Lago Poksumdo. Dolpo, Nepal.

FOTO  ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

.

Por Gerardo Olivares, miembro de GEA PHOTOWORDS

.

Los Dolpo-pa no explotan la sal, solo la transportan. La sal se extrae del lago Drabié, un lago situado trescientos kilómetros hacia el interior del Tibet. Este trabajo lo realizan los Drog-pa bajo supervisión de las autoridades locales chinas, quienes controlan la producción y comercio de la sal desde que invadieron el Tibet en los años cincuenta. El lago se encuentra en la región de Changtang, hogar de entre 400.000 y 500.000 pastores nómadas y uno de los últimos ejemplos de las grandes sociedades nómadas que una vez existieron en el mundo.

A principios de la década de los setenta a la mayoría de los nómadas se les confiscaron sus rebaños y se les obligó a vivir en la mas absoluta pobreza. Durante este periodo el comunismo les impidió conservar sus señas de identidad, obligándoles a servir a una sociedad de la que no formaban parte. En la actualidad a los nómadas se les ha permitido recobrar sus costumbres tras décadas desastrosas bajo la “protección” del comunismo.

Normalmente las caravanas parten hacia el Tibet a principios de la primavera. Viajan cargadas de grano que un año antes han intercambiado por sal en las tierras bajas del sur. Los caravaneros realizan un ciclo anual que dura cinco meses y con ello se aseguran la sal para el ganado (y consumo humano) y el grano extra que necesitan para cubrir sus necesidades durante el largo y frío invierno. En el sur intercambian diez cuencos de sal por veinte de grano y al llegar al lago Drabié la misma proporción pero a la inversa; diez cuencos de grano por veinte de sal.

Mientras las mujeres preparan los sacos de sal, el padre y los hermanos de Pemba han partido hacia las tierras altas para reagrupar a los yaks. Este animal es imprescindible para los Dolpo-pa, tanto, que sin ellos la vida en el Alto Dolpo sería imposible. Con sus boñigas hacen fuego, cocinan y se calientan; su carne y su leche los alimentan; con su pelo fabrican los abrigos para el invierno; son fuertes y resistentes, aguantan mucho el frío y son necesarios para el comercio entre las aldeas. La base de su alimentación es el yogur, la mantequilla salada, el té y el “tsampa” una harina hecha a base de cebada tostada.

La familia de Pemba posee treinta yaks, 18 ovejas y 12 cabras que solo proporcionan leche durante los tres meses de verano. Así que durante esta época las mujeres pasan la mayor parte del tiempo fabricando queso y mantequilla que es almacenada o vendida para el resto del año. Las ovejas también les proveen de lana para hacer ropa; con los estómagos fabrican bolsas para almacenar la mantequilla y con los intestinos elaboran salchichas.


ALEJANDO LOS MALOS ESPÍRITUS


Tres días después de la luna llena, la caravana está lista para partir. Viajarán en tres grupos de diez yaks cada uno para evitar que se peleen. Cada grupo está encabezado por un yak guía al que se le adorna con katas -pañuelos de seda blanco- alrededor del cuello y con banderas de oración. Los yaks guías son muy apreciados porque son capaces de detectar el peligro en los pasos de montaña, perciben las avalanchas de nieve antes de que se produzcan, trazan rutas nuevas cuando el sendero se encuentra cortado y distinguen las zonas donde el hielo está duro o blando.

Antes de salir el gran lama efectúa una puya -oraciones a Buda- mientras esparce arroz. Los Dolpo-pa creen en los espíritus del más allá, son muy supersticiosos y para alejar a los malos espíritus, la madre de Pemba les unta manteca de yak en el pelo, cualquier protección es poca.

.

Interior de una casa de Yangchergompa. Alto Dolpo.

FOTO  ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

.

A media mañana la caravana se pone en marcha, por delante les espera un largo camino lleno de peligros y de incertidumbres. Durante siete semanas viajaran, de sol a sol, hasta alcanzar el lago turquesa. Luego iniciaran el regreso atravesando los valles del oriente, para llegar de nuevo a Saldang a tiempo para no ser sorprendidos por las primeras nevadas del otoño.

Ahora, a principios de verano, las tormentas son frecuentes por la influencia del Monzón y a media tarde comienza a nevar. En pocos minutos la temperatura desciende varios grados, hace un frío gélido pero la caravana no se puede detener. Para Tsewang lo más importante es alcanzar cuanto antes el Monasterio de Shey, situado al pie de las montañas de Cristal. Poco a poco van ganando altura y los verdes prados, protegidos por la nieve durante el largo invierno, hacen su aparición.

La mañana siguiente amanece clara y despejada, en pocas horas culminan el paso de Shela La (Gela La) que con cinco mil trescientos metros de altitud es uno de los pasos más peligrosos del viaje. Aquí las tormentas son frecuentes, pero hoy el cielo está despejado, no hace frío y tampoco les han sorprendido las ventiscas. Cuando hay mucha nieve las mujeres se untan una sustancia negra bajo los párpados elaborada con raíces que protegen sus ojos del reflejo del sol y los hombres se enrollan las trenzas a modo de gafas. Cuando alcanzan el paso todos gritan en homenaje a los dioses y colocan piedras y banderas de oración en el “Altar de los Dioses” de la montaña. El primer peligro ha pasado y en agradecimiento, la caravana se detiene para rezar. Los Dolpo-pa, como todos los pueblos tibetanos, son muy devotos y de ello dan muestras los innumerables símbolos religiosos que salpican el camino.

Situado en un enclave privilegiado, Shey es más que un pequeño monasterio perdido entre las montañas. Para los budistas es uno de los lugares de peregrinación más importantes del mundo y para las caravanas un centro estratégico clave. Aquí encuentran cobijo y protección, el lugar donde descansar antes de afrontar el temido y mítico paso de Gandala (más conocido como Kang La) (6000m) sin duda el punto más peligroso de cuantos existen en la ruta.

El interior del monasterio está decorado con magníficos frescos que representan escenas de la vida monacal. Si se observan estas pinturas con detenimiento se puede apreciar, en un rincón apenas iluminado, una extraña figura blanca, cubierta de pelo y que parece una mezcla de oso, tigre y leopardo de las nieves. Jamás había visto una pintura semejante en los monasterios que he visitado en anteriores viajes al Nepal, Tibet, Mongolia o la India.

Camuflado por la penumbra, la voz de un hombre me dice que es Jemo. El monje me cuenta que Jemo no es un animal, es un monstruo tan grande como los árboles y tan fuerte que de un zarpazo es capaz de partirle el cuello a un Yak. Jemo vive escondido entre las montañas que rodean al monasterio y me aconseja que si lo encuentro debo correr monte a bajo porque así el pelo de la cara no le dejará ver, nunca monte arriba. Antes de marcharse me dice; los blancos lo llaman Yeti.


HISTORIAS DEL YETI


Aquella noche, al pie del Gandala (Kang La) y compartiendo el calor de la hoguera con Tsewang y su familia, les pregunto si alguna vez han visto a Jemo. Todos niegan excepto Norbu, el hermano mayor de Pemba. Norbu comienza su relato ante la atenta mirada y el silencio respetuoso de quienes están convencidos de que Jemo existe. …estaba oscureciendo, se me perdió un yak y fui a buscarlo. Me metí en el bosque y al doblar un peñasco sentí que algo me observaba. Me detuve conteniendo la respiración y allí estaba, justo frente a mi, era tan grande como tres yaks juntos. Me enseñó los dientes y comencé a correr, corría más que el leopardo de las nieves…Como no podía ver, se iba tropezando con todos los árboles. Cuando logré alcanzar el campamento temblaba de miedo y sudaba como las mulas al arar…

Antes de dormir Tsewang arroja un puñado de sal al fuego y tras una pausa nos dice que el Gandala (Kang La) mañana estará despejado. Norbu me cuenta que la sal es el mejor barómetro; si la sal cruje es porque el ambiente es seco y estará despejado, pero si por el contrario la sal queda callada es porque hay mucha humedad y hay que estar atentos a las tormentas.

Con las primeras luces del alba, la caravana inicia la marcha, Tsewang nos advierte de que el día va a ser duro. Tras una hora de caminar, una imponente pared de roca, nieve y hielo, que se levanta dos mil metros por encima de nuestras cabezas, nos corta el paso. Por más que la miro no me hago una idea de por donde la vamos a atravesar. De repente los yaks guías toman la iniciativa colocándose a la cabeza de la caravana. Comenzamos a ascender por un pequeño sendero esculpido en la pared, tan estrecho que apenas queda espacio para las pezuñas de los yaks. La subida se hace lenta y penosa. El mal de altura comienza a afectarnos y cada cincuenta metros debemos detener la marcha para tomar aire. Conforme vamos ganando altura el camino se hace más peligroso. A la izquierda una pared vertical por la que continuamente hay desprendimientos de piedras y a la derecha un vacío que te hiela la sangre.

A media tarde alcanzamos el paso y de nuevo los caravaneros se detienen para rezar. Sin perder tiempo iniciamos el descenso, bastante sencillo para nosotros pero muy tedioso para los yaks que continuamente se hunden en la nieve. Nos dirigimos hacia el valle del río Phoksundo, principal donante del Lago Turquesa. En poco tiempo pasamos de seis mil a tres mil metros de altitud, límite al que pueden bajar los yaks para que no se fatiguen.

Es difícil describir su belleza. Encajonado en una profunda caldera de paredes casi verticales, su color es tan irreal que parece pintado. Para los budistas sus aguas son sagradas y afirman que son las más puras de la tierra. La caravana permanecerá un par de días en el lago descansando y negociando con la sal. Luego iniciaran el largo regreso a Saldang a través del valle de Tharap, donde llegarán a finales de verano. Para nosotros ha llegado el momento de despedirnos, también nos queda un largo camino hasta alcanzar el aeródromo de Juphal.

Antes de separarnos, el abuelo y el padre de Pemba me piden un favor; ellos son conscientes de que la vida en estas montañas es muy dura, siempre han buscado una buena educación para Pemba, pero la única educación posible en el Dolpo son los monasterios. Los jóvenes solo tienen dos salidas; ser monjes o ser caravaneros, un futuro difícil e incierto. Pemba nos acompañó hasta Katmandú, la capital de Nepal y actualmente estudia en un internado ingles sufragado por Explora Films.

.

CON ESTA SEGUNDA ENTREGA CONCLUYE MONTAÑAS DE LOS NÓMADAS.

LA PRIMERA SE PUBLICÓ EL 29 DE AGOSTO.

.

, , , , , , , ,

No comments yet.

Deja un comentario

Leave your opinion here. Please be nice. Your Email address will be kept private.