GOLES DE CALLE

La Copa del Mundo de Brasil 2014 ya está en manos de sus merecedores pero en las calles de Madrid no acaba el fútbol. Esta es la historia de otros luchadores que entrenan con el balón para regatear la adversidad, dejar fuera de lugar la exclusión y defender el campo completo de la dignidad. Fútbol Calle es un proyecto de RAIS Fundación que utiliza el deporte como herramienta de lucha contra la exclusión social. 

 

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Campeonato Nacional de ‘Fútbol calle’, celebrado en Madrid. Un jugador en las gradas del Polideportivo Vicente del Bosque.

Foto ©   Adrián Domínguez

 

GOLES DE CALLE 

Por Jon Rojas para GEA PHOTOWORDS

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El Mundial no había comenzado cuando Laura ya vivía la pasión que produce el juego de la pelota. Luego de una temporada de torneos locales, en la que su equipo había enfrentado a empleados de empresas, asociaciones de vecinos y cuerpos de bomberos, llegó la fecha decisiva: El VI Campeonato Nacional de Fútbol Calle.

El certamen, que ha tenido como sedes Sevilla, Alcobendas, Bilbao y Valencia, se celebró este año en Madrid, en el Centro Deportivo Vicente del Bosque, el 4 de junio. Laura no descuidó un solo minuto de juego, y desde la tribuna lanzó indicaciones, arengas y tacos para picar el ánimo de su equipo. El entusiasmo que expresaba era por sí mismo prueba de que el partido más difícil de su vida ya lo había ganado.

“Cuando tenía 30 años mi padre enfermó y murió. Al poco tiempo me dijeron que yo tenía cáncer. Ahí comencé a descuidarme total. Me fui apartando cada vez más. Me peleé con mi marido, él me denunció, yo lo denuncié, vendimos el piso y con lo que me quedó me fui a la calle, a drogarme… Ya no sentía cosas, solo impotencia y miedo de mí misma”.

De eso hace 12 años. Seis pasaron en la calle y casi dos en centros de rehabilitación. Camina con zapatillas y ropa deportivas llevando la bicicleta que hoy le sirve como medio de transporte habitual. Dice que la vida en la calle es tremendamente dura, pero que no por ser mujer lo es más: “Los mismos que a veces te chulean y te quitan el dinero son los mismos que te protegen”.

Acentúa su expresividad para recordar el día que decidió retomar el timón de su vida: “¡Me dije hasta aquí! No me veo con ochenta años yendo a coger al poblado en ayunas con la garrota. ¿Qué pasa, que voy a estar sola y encima jodida? ¡Pues no! Si la familia me quiere, bien. Que no me quiere, pues mira… Que si no tengo afecto, ya me abrazo yo”.

En el equipo todos reconocen que Laura es una de las más activas y enérgicas —por algo la eligieron como entrenadora—. Aún así ella tiene especial cuidado de no hacer movimientos bruscos: “Con mis pechos no me la juego, ahora que los he recuperado”. Con respecto al novio que se ha echado en la cancha, suelta entre risotadas: “Es al que más le doy caña”.

Y si bien se emociona cuando su equipo compite, sabe perfectamente que el objetivo de estos encuentros es realzar el aspecto participativo y no competitivo del deporte: el compañerismo, el trabajo colectivo, la lucha por objetivos compartidos. Por eso no le atormenta que los suyos hayan logrado apenas el quinto lugar entre los ocho conjuntos que participaron en el VI Campeonato Nacional de Fútbol Calle.

 

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El equipo de ‘Fútbol calle’ de RAIS Fundación en el Polideportivo Vicente del Bosque, Madrid.

Foto ©   Adrián Domínguez

 

FÚTBOL CALLE

Fútbol Calle es un proyecto de RAIS Fundación que utiliza el deporte como herramienta de lucha contra la exclusión social. La capacidad de una actividad como esta para potenciar la superación de personas menos favorecidas está refrendada en muchas experiencias similares en otros países. Tanto así que una red internacional de 70 organizaciones sociales preside la Homeless World Cup, un evento en el que personas sin hogar de todo el mundo se encuentran cada año en una ciudad distinta para comprobar que también para ellos es posible el sabor del triunfo.

En Madrid los primeros partidos de Fútbol Calle comenzaron a celebrarse en 2004, pero solo hasta hace tres años los entrenamientos adquirieron disciplina y regularidad. Esto ha permitido consolidar un equipo con representantes que han aprendido a lucir jugadas verdaderamente admirables dentro y fuera de la cancha.

“Antes esto era un descontrol total. En pleno partido el uno tomaba, el otro fumaba, el otro no jugaba. Ahora se nota que tenemos entrenadora”, comenta uno de los jugadores más veteranos mientras desayuna en una cafetería de Móstoles, al suroeste de Madrid.

Se llama Enrique. Lleva gafas de sol, camiseta polo y el rostro bien afeitado. Si no es porque él mismo lo cuenta nadie creería que vivió 10 años en la calle.

“Perdí la casa, el coche y lo dejé con mi mujer. Me eché al alcohol. No tenía fuerzas para tirar yo solo, ni para hacerme una comida… La primera vez que dormí en un cajero tenía 30 años… Lloras. Sufres. Tienes miedo… RAIS me ofreció un calor que no tenía. Yo llegaba allí y tenía un sitio donde ducharme, un sitio con ordenador, un sitio para leer, para hablar con personas que más o menos saben lo que hay en la vida y que te pueden orientar”.

El sitio al que se refiere fue precisamente donde surgió la idea de regatear las dificultades con el balón, como explica Tomás Corrales, técnico de intervención psicosocial de RAIS Fundación:

“Los Centros de Día ofrecen diferentes recursos de recuperación y fortalecimiento personal a quienes se encuentran en situación de exclusión severa. En el Centro de Día de Móstoles se creó entre otros el recurso Fútbol Calle, con tanto éxito que luego se replicó en las demás Comunidades Autónomas donde tenemos presencia. Este febrero, como desapareció la aportación de la Comunidad de Madrid, tuvimos que cerrarlo”.

 

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Jugadores de distintos equipos en el vestuario del Polideportivo Vicente del Bosque.

Foto ©   Adrián Domínguez

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EXCLUSIÓN SOCIAL

Las ONG afrontan en España un mayor volumen de necesidades sociales al mismo tiempo que resienten una disminución de sus recursos para atenderlas. De acuerdo con Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, la tasa de pobreza en España viene en aumento desde 2004. Actualmente el país ocupa en la región el tercer puesto en tasa de pobreza, con una proporción del 22% de hogares por debajo de este umbral (Cáritas). En esta situación —en la que la clase media multiplica sus bajas y arroja cada vez más personas al borde de la miseria— el gasto social por habitante es 15 puntos menor que la media europea (25 menos que Alemania).

En cuanto a las personas que experimentan situaciones de exclusión social severas —es decir, aquellas que viven literalmente en la calle, en albergues, en centros de acogida o en edificios y casas abandonadas— no existe en España datos actualizados y exactos. La cifra que estiman organizaciones como Cáritas y RAIS Fundación es de 40.000 personas; casi el doble de las que reconoce la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística (23.000).

No solo las personas que carecen totalmente de techo están en una situación o riesgo de exclusión grave. Dentro de esta categoría también hay que considerar a las personas que habitan en viviendas precarias o inadecuadas. En esta situación se encuentran un millón y medio de familias españolas; una cifra que tiende al alza debido a la situación de crisis económica, al importante problema derivado de los desahucios y a la fragilidad cada vez mayor de las redes familiares y sociales.

Quienes acaban encontrándose en la calle, en albergues o en centros de acogida, no han llegado a esta situación de la noche a la mañana; la mayoría ha pasado por un largo proceso de sucesos adversos encadenados con una falta de apoyo familiar y afectivo.

Pero lo que más destaca en los estudios e informes recientes que analizan la situación, es la identificación de nuevos perfiles “sin hogar”. Al perfil tradicional de “varón proveniente de un medio familiar desfavorecido, soltero, con baja formación laboral y con muy bajo nivel educativo”, se suman ahora los perfiles de hombres y mujeres de mediana edad cuyos procesos de exclusión se relacionan con rupturas familiares y pérdidas de trabajo.

Lo anterior se refleja en un informe del Ayuntamiento de Madrid que en 2012 contó 701 ciudadanos durmiendo en la calle, de los cuales el 25% tenía estudios superiores y llevaba menos de cuatro meses sin hogar —contando a quienes dormían en albergues, el número de personas sin techo en la capital ascendía a 2.041—.

La tendencia también se corresponde con un informe presentado este junio por EAPN-Madrid, que identifica a las personas entre 16 y 29 años como el grupo con mayor incidencia de riesgo de pobreza y exclusión social.

 

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Mohamed, el capitán del `Equipo de Fútbol Calle de RAIS Fundación – Móstoles´.

Foto ©   Adrián Domínguez

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MOHAMED

En la cafetería de Móstoles donde desayuna Enrique también se encuentran otros jugadores de su equipo. Discuten sobre si es cierto que en los últimos años se haya reducido la edad media entre las personas sin hogar. Todos parecen estar de acuerdo en que esta es una realidad evidente.

Mohamed, el más joven de todos, apunta que en los edificios abandonados donde se refugian muchas personas sin hogar no es difícil encontrar a menores de edad. Él mismo, con 19 años, se vio durmiendo en esos sitios al poco tiempo de llegar a España. Por entonces, siendo un “sin papeles”, no le sirvió de mucho hablar un correcto español, como tampoco el curso de fontanería ni el de electricidad que realizó con la ilusión de ayudar a los seis hermanos que había dejado en Tetuán. Los esporádicos trabajos continuaron escaseando, y así fueron llegando los días en que no tuvo con qué pagar el modesto lujo de un buen sueño. Recuerda especialmente una mañana de invierno.

“Estaba en situación de buscarme la vida, de encontrar edificios donde dormir. Me pasó de irme a buscar el desayuno al comedor y al volver encontrarme con que me habían robado… ¡Todo! Las dos maletas, la ropa… No me dejaron ni el pasaporte, que fue lo que más me dolió… Yo me quedé con la bolsa del desayuno en la mano, mirando así… ¿Qué hice? Llorar, llorar con ese agobio de saber que ahora sí que no tenía nada.”

Pero el capitán del equipo no es de los que se queja. Por el contrario agradece tener hoy con qué pagar el alquiler mensual de la habitación que comparte con su esposa, una mostolense cuya imagen lleva grabada en el corazón de plata que cuelga de su cuello. Asegura que tocar fondo, lejos de derrotarlo, le infundió coraje y confianza: “Si te caes, te levantas”. Como confirman sus compañeros que hace en el campo de juego.

 

 

Jon Rojas es periodista y fotógrafo. Se interesa en edición digital y narración multimedia. Actualmente trabaja como editor de contenidos de comunicación científica para la Universidad Autónoma de Madrid. @LabC2

 

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