HIMBA AMENAZADOS

La historia de los Himba, grupo étnico nómada ubicado en el Norte de Namibia,  característico por embadurnar sus cuerpos con ocre rojo, ha sido una historia de desastres, empezando por graves sequias y siguiendo por ataques de otros grupos étnicos, especialmente durante la búsqueda por la independencia de Namibia y como resultado de una guerra civil en la vecina Angola. El golpe final podría producirse con la construcción de una represa hidroeléctrica que inundaría 380 Km cuadrados de los valles alrededor del rio Kunene en los que los Himba viven, cazan y entierran sus muertos según sus rituales ancestrales.

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FOTOS  ©  DAVID KAME

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Una presa hidroeléctrica amenaza las antiguas tradiciones de los Himba de Namibia
Por David Kame para GEA PHOTOWORDS
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Más recientemente como consecuencia de restricciones en la caza, los Himba fueron marginados en sus propias tierras y durante un periodo no se les permitió cazar ya que el gobierno quería incrementar el número de animales a beneficio del turismo.
El golpe final a la cultura Himba y a sus tradiciones vendría por la construcción, ya planificada, de una represa hidroeléctrica que inundaría 380 Km cuadrados de los valles alrededor del rio Kunene en los que los HImba viven, cazan y entierran sus muertos según sus rituales ancestrales.
Preguntar a un Himba que lugar escogería, a lo largo del rio Kunene en el norte de Namibia, para construir una presa hidroeléctrica “es como preguntarme a mi cuales de mis 3 hijos quiero matar”, comenta un anciano Himba (Integrated Regional Information Networks – IRIN)
A finales del 2007, el gobierno Namibiano anunció la construcción del proyecto Hidroeléctrico en la zona de las montañas Baynes en un plazo de tiempo lo más rápido posible. La decisión fue tomada sin consultar a los Himbas, generando tensiones sobre la propiedad de la tierra y sobre el chovinismo étnico que surgieron ya por primera vez en los años noventa, cuando el gobierno SWAPO (South West African People Organization) intentó, sin éxito, construir una presa en proximidad de las famosas cascadas Epupa.

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El esquema hidroeléctrico de Ruacana, en el río Kunene lindante con Angola en el Noroeste del pais, es la fuente primaria de energía de la Namibia, excluyendo la energía importada de Sud Africa. El Kunene es esencialmente un rio desierto alimentado por lluvias estacionales, que hace imposible la generación de energía en periodos de sequía, debido a que los volúmenes de agua son altamente variables y pueden diferir de hasta 14 veces de un año a otro según el grupo ecológico, Birdlife International.
En el proyecto inicial de los años 90, la presa se hubiera tenido que construir bastante más arriba del rio Kunene pero hubiese significado estropear un destino turístico popular, las cascadas Epupa bordeadas por palmeras y baobab.

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La propensión del gobierno a construir un esquema hidroeléctrico en las montañas Baynes, aproximadamente 30km más abajo de las cataratas Epupa, es una demostración de las preponderantes necesidades energéticas, tanto a nivel nacional como a nivel regional, de los 14 miembros de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC – Southern African Development Community).
En la región del Kaokaland (región del Kunene) viven actualmente 12.000 Himba. En la segunda mitad del siglo XIX, el número de Himba, que habían cruzado la frontera por las frecuentes agresiones por parte de los Nama, oscilaba entre los 100.000 y 120.000 individuos. En el 1920, guiados por jefe llamado “Vita” (“guerra”),  los Himba  cruzaron nuevamente el río Kunene volviendo a sus tierras de origines.
Debido a un flujo incontrolado de turistas en el Kaokoveld, el estilo de vida de los Himba y su cultura está en un riesgo de extinción creciente. Sin intención, los turistas están introduciendo muchos conceptos ajenos a la cultura Himba, como dar caramelos a los niños y alcohol a los hombres. Como resultado, hay varios casos de Himba que se han vuelto mendigos y alcohólicos. A pesar de que muchas personas soliciten mayor control del turismo Himba y de que la entera región se haya declarado como zona protegida, el gobierno Namibiano es reacio a tomar medidas y actualmente acusa a la gente Himba de ser incivilizados y de constituir un obstáculo contra el progreso.
El anciano Hunga comenta que la decisión del Presidente Namibiano de construir la presa del rio Kunene, sin que los Himba recibieran la cortesía de ser informados al respecto, es porque el gobierno vee a los Himba como “nada”.

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La resistencia de los Himba contra la represa de las cascadas de Epupa se centraba en la pérdida de sus «cementerios» y la destrucción de 6.000 árboles de palmera, que producen las nueces omarrunga, una reserva fundamental de alimento durante los tiempos de sequía.
Los Himbas saben que el sistema de carreteras y la mano de obra necesaria para el proyecto de la represa serán una directa amenaza para su supervivencia. El líder Kapika, principal portavoz de los Himbas, dice que no se trata sólo del número de trabajadores necesarios, sino que para cada trabajador, «vendrán otros 50 o 100 buscando trabajo…y muchos de nuestros animales serán robados».
Según el estudio de viabilidad del embalse de Epupa, una represa en las montañas de Baynes ocuparía cerca de 57 kilómetros cuadrados, pero su lejanía implicaría la necesidad de construir un sistema de carreteras; una vez completada, la zona se tornaría en una atracción turística, se pondrían en marcha servicios para los turistas, y es previsible que lleguen barcos de crucero y de pesca, así como ocurre en la reserva del embalse de Kariba en Zimbabwe.


¿El fin de los Himba?

El aislamiento de los Himba, que era su seguridad, ha sido erosionado gradualmente a lo largo de los años, pero la entrada de la sociedad del dinero también ha servido como ventana para reconocer los peligros de una sociedad de ese tipo. Para los Himba, una visita a Opuwa, es también una escuela para aprender el uso de la electricidad. «La electricidad lleva al alcohol, porque lleva a un refrigerador para enfriar la cerveza, y la gente piensa en la cerveza fría, y no cuida más de los animales», afirma el anciano Mutambo.
La preocupación de que la sociedad Himba está siendo lentamente corroída por las tentaciones de la ropa occidental y por el uso del alcohol, está llevando al miedo genuino de los líderes ancianos de que «no habrá otra generación como nosotros».  «No nos gusta la ropa occidental, queremos mantener nuestras tradiciones. Queremos ser lo que somos. No estamos sufriendo. Estamos felices de lo que somos», dice Kapika.

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DAVID KAME. Fotógrafo, colaborador de GEA PHOTOWORDS y de África Sin Fronteras. Desde el 2006 es también socio de la Fundación Casa del Tibet con la que está participando en el proyecto de ayuda a los campamentos de refugiados tibetanos de Tezu y Miao en el Noreste de la India.
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