INDÍGENAS RECLAMAN TIERRAS EN PARAGUAY

Días atrás, mi buen amigo Herico Campos-Cervera, hijo del poeta paraguayo Hérib Campos-Cervera (quien murió exiliado en Argentina en 1953, un año antes de instaurarse la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay), me presentó en Asunción a Mario Casartelli, entrañable ser humano cuya existencia navega entre la literatura, la música y el periodismo gráfico. Durante los pocos días en que compartí su tiempo y su casa, me contó diversas historias del Paraguay actual desde que Lugo asumió la presidencia. Una mañana me llevó a la Plaza Uruguaya para presentarme a Hermes García Martínez, líder de una comunidad indígena que había viajado a Asunción desde el departamento de Canindeyú junto a otros 85 indígenas para reclamar unas tierras que el gobierno prometió restituírles desde hace más de dos décadas.  Mario nos cuenta con sus propias palabras esta historia.

Angel López Soto

©  FOTO  ANGEL LÓPEZ SOTO, MIEMBRO DE GEA PHOTOWORDS


86 indígenas de Cerro Pytã, distrito de Corpus Christi,  llegaron a la plaza Uruguaya de Asunción. Partieron desde el Alto Paraguay y, luego de trasegar largas distancias, se instalaron en el sitio mencionado, para proseguir una lucha que comenzó hace décadas. Los sucesivos gobiernos prometieron pagar por las tierras donde viven desde que nacieron, para concederles el título de sus asentamientos. Desde entonces transcurrieron 22 años y se pagó el 70% de lo establecido. Y ahí paró la gestión. El plazo para pagar el 30% restante venció hace seis meses y estos pacientes nativos siguen sin recibir el prometido  documento. Las veces que vienen, terminan regresando a sus lares con ristras de promesas que no terminan de cumplirse.

Cuando Fernando Lugo asumió la presidencia del país, lo notorio en su discurso fue la frase “prioridad a los indígenas”. Y aunque también pasaron casi dos años de aquello, todo sigue igual.

Al no tener a mano el mencionado título los indígenas, puede ocurrir que cualquier empresario o ganadero, que finja ser propietario, se presente como poseedor del terreno para expulsarles, como es frecuente en esta historia.

Desde la llegada de los conquistadores, los indígenas, auténticos dueños de la tierra, son desplazados a la fuerza, hacia los rumbos del desamparo, Y la ijusticia hacia ellos es moneda cotidiana.

Pero los indígenas no cejan. Siguen viniendo, se siguen manifestando con la esperanza de ser visibilizados en una sociedad que en gran medida los ignora. Las ONG, como la mayoría de las que abundan por el mundo, hacen poco y nada; y el gobierno actual suma su indiferencia a la de sus antecesores.

Para colmo de males, este invierno ha venido más crudo que en otras ocasiones. Y estas personas, instaladas en carpas de plástico para enfrentar el viento frío y la lluvia, no tienen más que algo de leña para hacer el fuego, escasos bastimentos que les llegan al azar de algún donante y precarios atuendos. La mayoría de ellos, entre los que se encuentran numerosos niños, andan descalzos, con los labios amoratados y temblando. La falta de abrigo, el hambre y la indiferencia también los acompaña. ¿Hasta cuándo?

Hay otra versión: se dice que son manipulados por algunos políticos. Y que con la estrategia de la tierra, de tanto en tanto vienen con el único objetivo de reunir dinero para llevar. De ser así, ¿dónde están las medidas gubernamentales que puedan poner freno -con justicia- a todo esto?


MARIO CASARTELLI

23 de Julio de 2010

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