INDÍGENAS Y CAMBIO CLIMÁTICO

Cuando hablamos de cambio climático hay una verdad que incomoda más que otras: los que menos contribuyen a esta transformación ambiental son los que más la sufren. Este es el caso de los pueblos indígenas del mundo. El pasado domingo acabó en Durban, Sudáfrica, la Cumbre Mundial del Clima con un nuevo fracaso. En ella, Survival Internacional lanzó un informe en el que hace un llamamiento para que se tenga en cuenta los conocimientos ecológicos de estas comunidades a la hora de tomar decisiones globales. En muchos casos, el remedio ha sido peor que la enfermedad.

.

Indígenas de Comunidad 9 de Octubre. Rio Marañón, Perú.

FOTO  © Alfons Rodríguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

.

Por Juan Carlos de la Cal, miembro de GEA PHOTOWORDS

.

El informe es una vuelta al mundo de los pueblos indígenas, desde la Amazonia hasta el Ártico, profundizando en sus costumbres de conservación del medio ambiente, comparando la pequeña huella ecológica que dejan con las inmensas heridas que provoca la civilización occidental. Estas comunidades ancestrales han practicado formas de vida sustentables desde hace miles de años, pero sin embargo son más vulnerables que nadie frente al cambio climático, y a las medidas que se toman para mitigarlo como los biocombustibles, las presas hidroeléctricas y los proyectos de conservación.

A menudo, estas medidas que se toman en las cumbres mundiales chocan frontalmente con las costumbres milenarias de estos pueblos, que no entienden nada de modelos “globalizadores” al estar en la primera línea de fuego. A continuación, exponemos algunos de los ejemplos recogidos en el informe de Survival a modo de ejemplo. Apenas la punta del iceberg de lo que está pasando realmente.

 

YANOMAMIS Y GUARANÍES EN AMAZONIA

 

En 2005 hubo una sequía muy grave en la selva amazónica, hogar de cientos de pueblos indígenas como los yanomami. Los expertos predicen menos lluvia, sequías más frecuentes y temperaturas más altas. “Las lluvias llegan tarde. El sol se comporta de una forma extraña. El mundo está enfermo. Los pulmones del cielo están contaminados. Sabemos lo qué está ocurriendo. No se puede seguir destruyendo la naturaleza. Todos moriremos, quemados y ahogados”, asegura Davi Kopenawa, líder y chamán yanomami, de Brasil.

Los biocombustibles se están promoviendo como una fuente de energía “verde” alternativa a los combustibles fósiles, pero mucha de la tierra destinada a cultivarlos es la tierra ancestral de pueblos indígenas. Si continúa su expansión, sesenta millones de indígenas de todo el mundo perderán su tierra y sus medios de subsistencia.

Una de las principales víctimas de la locura de los biocombustibles es el pueblo indígena guaraní de Brasil, el más numeroso y el primero en ser contactado por los europeos hace 500 años. En este país se está expandiendo el cultivo de caña de azúcar para convertirlo en etanol y poder responder a las demandas energéticas. El objetivo es hacer que Brasil sea, a nivel energético, más autosuficiente y lograr reducir el consumo de biocombustible fósil como forma de combatir el cambio climático.

Pero los guaraníes, que ya han perdido mucha de su tierra a causa de las plantaciones de caña de azúcar y de los ganaderos, están ahora amenazados por los planes de crear más de 40 nuevas plantaciones. Muchas de ellas ocuparán la tierra ancestral reclamada por este pueblo indígena. Los efectos ya han sido catastróficos. Antiguamente eran propietarios de 350.000 km2 del estado de Mato Grosso do Sul. Ahora, muchos viven acampados al lado de carreteras o en minúsculas parcelas de tierra rodeadas de plantaciones.

 

 LOS INUIT DEL ÁRTICO

 

Los inuit llevan años diciendo que el cambio climático está afectando a su tierra. Su modo de vida depende del hielo y ahora se está derritiendo. La caza y la pesca se han vuelto más difíciles, los viajes entre comunidades peligrosos y la vida en sus hogares precaria. Según los últimos informes, este año una comunidad de los yup’ik (un pueblo indígena emparentado con los inuit) anunció que se vería obligada a buscar otro emplazamiento tras las inundaciones.

Los pastores de renos nenets, del Ártico ruso, dicen que se enfrentan a un tiempo cada vez más impredecible. Su peregrinaje anual del año pasado, que trasladaba a miles de renos, fue retrasado porque el hielo sobre un río que debían cruzar no era suficientemente grueso.

Por su parte, los pastores  saami de Finlandia, Noruega, Rusia y Suecia informan de que sus manadas están disminuyendo. A los renos les cuesta más obtener comida y son más probables las caídas en un hielo cada vez más fino. “Ya no se puede confiar en las técnicas tradicionales de interpretación del tiempo. Antiguamente podías ver con antelación qué día iba a hacer. Los viejos indicadores ya no sirven. El mundo ha cambiado demasiado”, aseguraron hace poco en un comunicado conjunto.

 

LOS PENAN DE BORNEO

 

Como los biocombustibles, la energía hidroeléctrica ha sido señalada como una fuente principal de energía alternativa a los combustibles fósiles. Pero la construcción de grandes presas hidroeléctricas en nombre de la lucha contra el cambio climático está destruyendo las tierras indígenas y expulsando a la gente de sus hogares.

En Borneo, el Gobierno de Malasia promovió la construcción de Bakun, una presa gigante, como una fuente de “energía verde” y ejemplo del esfuerzo del país por detener el calentamiento global. La presa se terminará de construir el próximo año e inundará 700 km2 de tierra. La presa “concuerda con el objetivo de reducir y contener el calentamiento global, además de reducir la lluvia ácida a nivel local y regional”, dice el informe “Energía Verde para el Futuro”, publicado por la oficina del primer ministro de Malasia.  Pero la presa desplazó a 10.000 indígenas, entre ellos muchos Penan, cazadores-recolectores seminómadas, que ahora tienen grandes dificultades para obtener su sustento en pequeñas parcelas de tierra, algunas de las cuales incluyen ciénagas y escombros.  “En nuestros antiguos hogares era fácil encontrar comida, pero vivir aquí es muy doloroso”, declaró un penan llamado Deling, uno de los desplazados por la presa Bakun, a un investigador de Survival este año. “Solíamos comer tres veces al día, pero ahora es muy difícil hacerlo una sola vez”.

 

 LOS OGIEK DE KENIA

 

El primer ministro de Kenia, Raila Odinga, ha realizado un llamamiento internacional para salvar la selva Mau de Kenia. Allí viven los ogiek,  un pueblo indígena dedicado a la caza y a la recolección a los que quieren echar de su tierra desde hace décadas. En su llamamiento el Gobierno de Kenia menciona el cambio climático como un motivo clave para su expulsión, acusándoles de depredar el bosque. Este año, el país ha vivido sequías devastadoras que han provocado restricciones graves en el suministro de energía y alimentos.

“Años de exceso desenfrenado en la mala gestión local y mundial de nuestro medio ambiente han contribuido al deshielo de las capas de hielo del Monte Kenia y a la gran destrucción de nuestras antes bellas selvas. Ningún asunto es tan importante hoy para nosotros como el cambio climático”, afirmó Odinga en la sede de la ONU en septiembre. El ministro declaró que Kenia estaba actuando para “invertir los estragos” del calentamiento global y citó los esfuerzos del país por salvar la selva Mau como ejemplo.

Kenia también ha anunciado su intención de plantar 7.600 millones de árboles, algunos de ellos en la selva Mau. El carbono almacenado en estos árboles podría volverse muy valioso en el mercado de CO2, mientras que los habitantes ancestrales de la selva, los ogiek, se quedan sin hogar. “Todos han vivido con miedo el último mes. Esto es muy grave. Los ogiek no tienen ningún otro lugar al que ir. La gente llora por la expulsión. El Gobierno dijo que no quedaría nadie”, declaró Kiplangat Cheruyot, del Programa de Desarrollo del Pueblo Ogiek.

En los esfuerzos por detener la deforestación se han propuesto varios programas conocidos como “Reducción de Emisiones Derivadas de la Deforestación y la Degradación Forestal” (REDD). El principio básico de este programa es animar a los países “en vías de desarrollo” a que protejan sus bosques a cambio de que los países “desarrollados” les paguen. Una forma de hacer esto es que el carbono almacenado en estos bosques genere “créditos” que las naciones más industrializadas puedan comprar para compensar sus emisiones de carbono. Los pueblos indígenas han expresado en múltiples ocasiones su preocupación sobre REDD porque otorgaría un valor económico enorme a sus bosques y podría ser la chispa para que se apropiaran de sus tierras.

«Los pueblos indígenas son los científicos originarios», asegura Stephen Corry, director de Survival International. «Es evidente que allí donde se les ha permitido seguir viviendo en sus tierras, la conservación de los bosques y de la biodiversidad es mucho más alta que en otro tipo de áreas protegidas. Y sin su conocimiento ecológico, puede que nunca se hubieran desarrollado muchas medicinas vitales. Ahora es fundamental para todos nosotros que sus conocimientos y opiniones sean consideradas legítimas. Los pueblos indígenas deberían tener un papel mucho mayor en las decisiones políticas sobre la mitigación del cambio climático, y el derecho a la propiedad de sus tierras debe ser reconocido».

.

Para ver el informe completo de Survival haz click aquí.

.

, , , ,

No comments yet.

Deja una respuesta

Leave your opinion here. Please be nice. Your Email address will be kept private.