INDÍGENAS Y GLOBALIZACIÓN

¿Sobrevivirán los pueblos indígenas a la globalización? Este será el principal tema que durante diez días, del 12 al 23 de mayo, se debatirá en las reuniones del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas en la sede de la ONU, en Nueva York. Esta organización tiene ya una larga historia de lucha a sus espaldas. El Foro pretende fortalecer la unión de las minorías indígenas que tantas veces es olvidada por una sociedad caracterizada por la fugacidad e instantaneidad de las comunicaciones.   

 

Pajé Aracá (chamán) con árbol samauma

El chamán Pajé Aracá. Amazonia brasileña.

FOTO  © Patxi Uriz

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Por Ana de Gracia para GEA PHOTOWORDS

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“La globalización puede traer consecuencias muy positivas si se sabe aprovechar bien. Si no se sabe aprovechar, las consecuencias pueden ser las últimas para toda nuestra civilización”.

Así es cómo entiende este imperante fenómeno social Verá Mini, en guaraní Relámpago pequeño, chamán y cacique de la tribu Tenonde Porã, localizada en el distrito de Parelheiros, en el extremo sur de la misma ciudad de São Paulo. Para el pajé (término de origen tupi que define al líder espiritual de la comunidad indígena) la palabra globalización le incita a una profunda reflexión que bien podría resumirse en otra palabra: futuro.

Su rostro, surcado de arrugas bien marcadas y tostado por el caprichoso sol tropical, permite entrever cómo el tiempo ha querido dejar también su pequeña huella en Verá. Con una mirada limpia e inocente, sin perder su autoridad de pajé, observa a los niños de la tribu juguetear mientras reflexiona sobre el futuro de su aldea. Un futuro que, al igual que el tiempo que quiso dejar su legado en el rostro de Verá, también pretende dejar su penetrante marca en la comunidad indígena.

En pleno siglo XXI nos resulta impensable vivir sin tener presente la idea de Aldea Global que gobierna en nuestro pequeño universo virtual y que, poco a poco, va conquistando más parcelas de nuestra vida hasta convertirnos en personas totalmente “online”. La globalización se ha presentado como el fenómeno social por excelencia del cual somos ya cómplices pasivos. La cultura local es uno de los aspectos más amenazados y la cultura indígena se coloca entre los primeros de la lista.

Es por ello que todas estas cuestiones suscitadas por la vorágine globalizadora actual van a ser discutidas en el 13º período de sesiones del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas que tendrá lugar desde el 12 hasta el 23 de este mes. La misma sede de la ONU en Nueva York, una ciudad que bien podría representar a la perfección el movimiento globalizador, ejercerá el papel de anfitriona.

 

70 AÑOS DE LUCHA

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El Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas fue creado como un órgano más de las Naciones Unidas para trabajar y organizar todos aquellos temas relacionados con la causa. Cumple la función de asesoramiento del Consejo Económico y Social (ECOSOC). Fue en el año 2000 cuando dicho Consejo de la ONU amparó la resolución con la cual se creó el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas.

Se trató de una iniciativa que ya comenzó a adquirir forma en la Conferencia Mundial de Viena sobre los Derechos Humanos de 1993 aunque el inicio del recorrido comenzó mucho antes cuando el Jefe cayuga Deskaheh viajó en 1923 hasta Ginebra, a la misma sede de la Sociedad de Naciones,  para pedir el reconocimiento de las Seis Naciones de los Iroqueses, una serie de tribus indoamericanas que vivían en la parte del este colindante con los Estados Unidos y Canadá. Su pedido no obtuvo respuesta por parte de Ginebra. Pero Deskaheh continuó con su alegato sin dar marcha atrás. Dos años después el gran Jefe cayuga falleció. Ginebra, por su parte, continuó en silencio.

Desde entonces, fueron muchos los esfuerzos que se llevaron a cabo para que la comunidad indígena encontrase su hueco en el difícil mundo de las relaciones internacionales. Hoy en día aquel proyecto se tornó, finalmente, en una realidad plausible.

En 2002 por primera vez la comunidad indígena pudo manifestarse y dirigirse al mundo entero de manera oficial y protegida por el derecho internacional.  En mayo tuvo lugar el primer congreso en Nueva York con el que se inauguró el Foro. Desde entonces cada año se celebra este período de reuniones durante diez días, para debatir los principales temas que afectan a los pueblos indígenas del mundo: la cultura, la educación, la salud, el medio ambiente, el desarrollo económico y social así como los derechos humanos de esta minoría.

16 expertos independientes componen el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas. Una mitad es escogida por el propio ECOSOC mientras que la restante es nombrada por la comunidad nativa. Cientos de representantes de los pueblos indígenas del mundo entero, desde Europa oriental hasta Asia, pasando por África, América y el Pacífico, son llamados a asistir. Todos ellos junto con el resto de organizaciones de la ONU y órganos intergubernamentales y no gubernamentales se unen al trabajo de estos 16 profesionales para poner en común toda la labor realizada. Generalmente, cada Foro cuenta con la asistencia de cerca de 1200 personas entre representantes indígenas y demás entidades.

Aparte de asesorar al ECOSOC y a otros organismos de la ONU en materia indígena,  el Foro se encarga de llevar a cabo la divulgación de los diferentes proyectos realizados en torno a la causa así como promover su total integración dentro del complejo sistema de las Naciones Unidas.

 

DERECHO A LA DIGNIDAD

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Para cada sesión anual el Foro escoge un tema general a tratar. Principios de buena gobernanza acordes con la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas: artículos 3 a 6 y 46 será el tema especial para esta vez. Aspectos como la libre determinación de los pueblos, su autogobierno y desarrollo económico, social y cultural junto con la cuestión de la nacionalidad indígena serán discutidos. Así es como la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas ha tratado de tutelar sus derechos fundamentales.

Su aprobación tuvo lugar el 13 de septiembre del 2007 por la Asamblea General tras un largo y arduo proceso de preparación y debate que duró más de veinte años. Dicha aprobación contó con la mayoría de la Asamblea. Derechos como el fortalecimiento, promoción y preservación de la cultura y tradición indígena,  su política y su lengua así como la garantía del mismo desarrollo económico y social de la comunidad respaldando el disfrute de una vida digna son especificados, entre otros, en esta Declaración que bien podría definirse como uno de los documentos oficiales más importante para los pueblos nativos en vigor.

El desarrollo resguardado por la igualdad social es uno de los objetivos más importantes. Una igualdad que aún representa la punzante asignatura pendiente del resto de la sociedad internacional debido a la extrema pobreza con la cual aún gran parte de estos pueblos ha de lidiar. Se trata, en definitivas cuentas, de las metas, objetivos y fines marcados por la comunidad mundial para lograr la legendaria justicia universal que ya comenzó a postularse con los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio que simbolizaron el nacimiento de un nuevo siglo; el siglo de la Sociedad de la Información.

 

¿INDÍGENAS DIGITALIZADOS?

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En efecto, una sociedad conectada con todo el mundo donde la comunicación digital se ha convertido en nuestro diálogo por excelencia y donde la palabra conexión adopta un significado equivalente al de progreso o avance tecnológico llegando a establecer aquella diferencia social conocida como brecha digital capaz de escenificar hoy en día la disparidad entre lo que comúnmente llamamos mundo desarrollado y mundo en desarrollo.

Y mientras todo este asunto de la globalización es discutido durante estos días en una de las mayores capitales cosmopolitas del mundo, Verá Mini continúa observando a los niños de su aldea jugar. Uno de ellos corretea cerca de la Casa de Rezo, Opy en guaraní, que como el mismo pajé explica, representa la Iglesia del Padre; la Casa de la Oración. Se trata de la construcción más importante de la aldea en la cual todo el mundo que entra encuentra su remanso de paz y espiritualidad conectando con Tupá, el dios guaraní.

Uno de los niños lleva la camiseta del equipo de fútbol del Barcelona, símbolo de la paradoja de la globalización que también llegó hasta la aldea de Verá. Con la mirada perdida medita sobre su porvenir sentado en la puerta de la Casa de Rezo. El humo del cachimbo, la pipa de los guaraníes, llega desde el lugar sagrado hasta él envolviéndolo en una especie de aureola la cual le da al pajé un toque lleno de misticismo. “El humo del cachimbo es especial para nosotros. Él nos protege”.

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 Ana de Gracia, es estudiante de Periodismo en la universidad Carlos III de Madrid. Actualmente vive en Sao Paulo, donde ultima sus estudios. Apasionada por el mundo de la corresponsalía, los viajes y los movimientos sociales. Ha trabajado en radio durante tres años en la rama del periodismo cultural en España así como para otros medios de comunicación digitales cultivando el género de la entrevista con personalidades del panorama actual de la cultura y de la política.

 

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