INMIGRANTES 2G – ¿QUIÉN LES CONOCE? (III)

Los medios de comunicación juegan un rol vital en la integración de los inmigrantes en una sociedad. El enfoque, valoración y hasta las palabras que utiliza la prensa para referirse a ellos son tan o más importantes que las políticas oficiales. Por ello los periodistas estamos obligados a aprender de nuestros errores para enfocar un asunto que ya toma forma en España: los hijos de inmigrantes. ¿Cómo los ven los medios de comunicación? ¿Qué identidad les dan? Incidir en su diferenciación es el primer error. Pero hay muchos más. Sobre ello habló nuestro compañero Nacho Carretero en las jornadas sobre Identidades Transnacionales celebradas en el Círculo de Bellas Artes.

 

Algunos de los jóvenes participantes en `Identidades Transnacionales´.

FOTO ©  Javier Schejtman, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

Por Nacho Carretero, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

En lo que a inmigración se refiere, Rosa Aparicio directora del Instituto Ortega y Gasset y una de las mayores expertas si no la más en hijos de inmigrantes de España, me llegó a decir que eran más importantes los medios de comunicación que las políticas. Es decir, es más importante cómo se cuenta que qué se cuenta. ¿Por qué? Porque en realidad contar el fenómeno de la inmigración no es tan importante. Y que no se me entienda mal, no es tan importante desde el punto de vista del periodismo actual. El periodismo actual, de los grandes medios, vive sobre todo de dar noticias que llamen la atención y, para lograrlo, suelen tratar los temas desde un punto de vista impactante, llamativo. La inmigración no iba a ser una excepción.

En realidad la migración es un fenómeno sociológico y geográfico, que lleva teniendo lugar desde que la humanidad es humanidad. Los siglos XX y XXI no son una excepción. Muchos dicen que no, que ahora hay más inmigración que nunca, que las desigualdades son mayores… No es un debate que nos competa ahora, pero –en mi opinión- es un punto de vista algo cortoplacista. La inmigración siempre ha tenido lugar. Mismo en España, aunque nos parezca nuevo, todo esto ya tuvo lugar.

En los años 40 y 50 miles de personas se trasladaron del campo a la ciudad en lo que los urbanitas consideraban avalanchas sin control. Se instalaron en barrios como Lavapiés, malvivían hacinados, le quitaban el trabajo a los de la ciudad, se les reservaban los puestos más bajos, aumentaban la inseguridad, etcétera… ¿Y qué ocurrió? La migración campo-ciudad en España aumentó la riqueza de las ciudades, su población, el trabajo y la productividad. Hoy, los hijos, nietos, bisnietos de estos emigrantes son ciudadanos de a pie parte de un tejido urbano pleno y desarrollado. Pero el fenómeno es demasiado jugoso como para no sacarle zumo.

El periodismo siempre ha tratado la inmigración al compás de la agenda política, esto es, lo ha tratado como un problema. Decía al principio que la migración es un fenómeno social y geográfico que no daría buenos ni llamativos titulares tratada desde un punto de vista observador, académico, neutral. Por eso el periodismo ha elegido otorgarle el punto de vista de la política: ‘ojo, tenemos un problema’. La alarma.

Tratar la inmigración desde un punto de vista aséptico nos daría titulares como: ‘llegan a España tantas personas’, ‘la mano de obra ha aumentado tanto’, ‘el desarrollo económico ha mejorado esto’, ‘las pensiones se han garantizado esto otro’, ‘la natalidad ha repuntado hasta aquí’… Bastante aburrido. Es mejor titulares como ‘Avalancha en la valla de Melilla’ –pese a que se le llame a avalancha a 12 tipos-, ‘pateras’ –pese a que el 1% de la inmigración que llega a España lo hace en patera-, ‘inseguridad’ –pese a que la delincuencia no ha hecho si no descender en España desde mediado de los 90-, etcétera… Lo que quiero decir es que la inmigración es, posiblemente, el único fenómeno social que es y ha sido objetivamente positivo para un país y se percibe como algo negativo. ¿Por qué? Efectivamente, el periodismo es más importante que las políticas.

 

REPITIENDO ERRORES

 

En lo que nos ocupa, hijos de inmigrantes nacidos en España o que llegaron de muy pequeños, se están repitiendo errores e irresponsabilidades que se cometieron y cometen con la inmigración de primera generación. Cabe destacar algunas cosas que ya nos sabemos de memoria: incidir en la nacionalidad de los protagonistas de un suceso cuando no tiene valor informativo, hablar de grupos de albanokosovares, por ejemplo, en lugar de criminales. En la línea con lo que decíamos antes: la búsqueda de llamar la atención, de vender el titular, de que entre por los ojos. En ese sentido, ¿qué prefiero escribir, una noticia sobre un ecuatoriano licenciado en aeronáutica o un intento de salto de la valla en Melilla? Llama más la atención lo segundo, pero  ¿qué es más importante? Y sobre todo, ¿qué es más importante para nuestra sociedad? Poco le importa al periodismo actual, su cometido es vender. Vende la valla, no el licenciado.

Dicho esto, cabe llamar a la responsabilidad de cada uno. No somos tontos y podemos –y debemos- intentar huir de esta percepción. Que un marroquí haga algo no significa que los marroquíes se dediquen a eso. Que un búlgaro robe, no convierte a los búlgaros en ladrones. Es obvio. Se llama responsabilidad individual, discernir lo que nos cuentan y aplicar nuestras ideas no en base a los orígenes sino a las personas. Del mismo modo tampoco estamos aquí para juzgar si el periodismo se ha convertido –sólo- en un negocio o cuánto hay de nocivo en ello. La realidad es que, en inmigración, se generan estereotipos y debemos ser conscientes de ello mediante el análisis.

En lo que a los hijos de inmigrantes se refiere, se están volviendo a cometer esos errores. De nuevo el periodismo busca insaciable el titular, la etiqueta, la definición vendible. Me incluyo. Cuando elaboramos este reportaje iba con dos ideas fijas en la cabeza que quería utilizar. Una era averiguar qué modelo está siguiendo España para lograr la plena integración de los hijos de inmigrantes. La otra era preguntar, directamente a los protagonistas, qué se sienten: españoles o del lugar dónde son sus padres.

En primer lugar me encontré con un golpe en la cara: “Buenas tardes, es que estoy haciendo un reportaje de inmigrantes de segunda generación y..” “¡Epa! Un momento, ¿cómo que inmigrantes de Segunda Generación? Tú estás haciendo un reportaje de españoles cuyos padres son inmigrantes, ¿no?” “Pues sí…”. “Entonces ¿por qué estos chavales que son españoles deben seguir portando la etiqueta de inmigrantes?”. “Pues vaya, no sé, es verdad”. Después apareció Rosa Aparicio y me dijo, “es normal el rechazo a este término, sin embargo es un término académico que nos sirve para hacer un seguimiento de esta generación, la primera en España cuya realidad es distinta a la de sus padres. Es necesario hacer un seguimiento para comprobar que su integración es buena. Puede llamarse portar una etiqueta, pero desde un punto de vista académico es necesario”. Como veis, primer debate.

Después allá fui con mi pregunta de qué modelo se sigue en España. “Ninguno”. Oiga, esto no me sirve para nada. Yo quiero hacer un reportaje. Pero es que, efectivamente, me fueron explicando que tan importante es poner las herramientas para la integración y que nadie se quede en la cuneta, como no incidir en la diferencia. Y esto, me explicaron, es especialmente importante en el colegio.

Me contaron casos y casos de profesores que, con la intención de proteger y respetar la cultura de un alumno extranjero, incidieron en ella hasta el punto de lograr diferenciarlo del resto de la clase. “Hoy fulanito nos va a contar por qué en su casa no comen cerdo. Hala fulanito, en pie y que se te oiga bien lo distinto que eres y todos te podamos respetar tremendamente”. Es decir, un excesivo paternalismo que acabó siendo contraproducente. Lo mismo ocurre con el Estado. Un excesivo paternalismo conduce a marcar a los ciudadanos por su origen o nacionalidad. Menos sentido tiene todavía este paternalismo con chicos y chicas que ya han nacido en España que, en su condición de niños, aprenden a toda velocidad y se integran en su inmensa mayoría. Miren, aunque yo nací en Galicia mis padres se fueron a vivir a Asturias cuando yo era un bebé y regresaron cuando yo tenía 6 años. En clase me sentaron al lado de un chaval que hablaba sólo gallego. Estuve exento de la asignatura de lengua gallega tres años, pero en cuatro meses yo hablaba gallego perfectamente. Y, créanme, si yo puedo, puede cualquiera.

 

NO HAY MODELO

 

Mi segunda obsesión era la identidad. ¿Qué te sientes, español o ecuatoriano? ¿Española o china? Y así. De nuevo, sin titular. Primero porque me hicieron ver  que la identidad es algo fluido, no es un tótem inamovible cuya condición perdura. La identidad va variando, va cambiando y hoy me siento una cosa y mañana otra. Los factores externos y avatares de la vida le van dando forma. Una volubilidad de la que los chicos se enriquecen.

La mayoría me decía que las dos cosas, que se sentían orgullosos, que se aprovechaban  de su doble condición (incluso triple en algunos casos) y que no se paraban a pensar si más de una o de otra. Hasta muchos me decían que era la primera vez que se lo paraba a pensar. Incluso Nessrim, una chica de padres marroquíes que trabaja como abogada en Madrid, me dijo que cuando la llamé para hacer la entrevista fue la primera vez que tomó conciencia de que era una ‘inmigrante de segunda generación’.

Es decir, desde un punto de vista comunicativo, periodístico, podemos hablar de inmigración, de segunda generación, de sus problemas y podemos tratarlo como un grupo homogéneo con problemas y soluciones. La verdad es que cada uno tiene su realidad, son españoles con otras culturas, identidades, religiones y costumbres, pero eso no es un problema, es una ventaja para una sociedad. Por tanto, no estamos ante un grupo social del que hay que definir problemas. Estamos ante una nueva realidad de la sociedad española: ser español ya no es ser bajito (más bien feo), blanco y católico: ahora también es ser árabe, latino, de tez negra u ojos rasgados. También son españoles.

Y en periodismo, la comunicación debe estar a la altura. Si un chico o chica ha nacido aquí, especificar sus costumbres orígenes o religión no tiene otro sentido que el de estigmatizar. Deben dejar de salir en los medio en el rol de inmigrantes, deben ser una parte integrante, una parte más de la sociedad en los medios.

Me decían algunos protagonistas del reportaje que el día que en las series de TV (y yo añado que en la realidad, que incluso va por detrás), haya jueces negros, policías chinos o diputados árabes, entonces lo habremos logrado. Debemos afrontar y celebrar que la sociedad española camina imparable hacia un nuevo paisaje, hacia nuevas identidades que sin duda nos van a enriquecer y a hacer mejores.

 

 

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