ISRAEL & PALESTINA – ENTRE LOS DOS POLOS

La paz entre palestinos e israelíes quedó a la misma distancia que antes – entre los dos polos – tras los discursos de sus líderes, Mahmud Abás y Benjamín Netanyahu, el pasado viernes, en el recinto de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El presidente palestino fue recibido como un héroe en su país mientras que el israelí volvió con la satisfación de mantener un status quo que le favorece. El autor de este artículo analiza la ¿nueva? situación del conflicto de Oriente Medio tras los discursos en la ONU.

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Muro divisorio entre Palestina e Israel en Qalquilya.

FOTO  ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por Elías Zaldívar para GEA PHOTOWORDS

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Cada uno de ellos con verdades a medias y aun falsedades históricas de esas que se emplean en los lemas y en la propaganda, se dedicó a exponer su causa sin infundir esperanza a nadie, que es lo que tendría que haber sucedido.

El presidente Abás pretende, y con razón, la independencia de su pueblo en el marco de un estado, en los territorios que conquistó Israel en la guerra de 1967. Según Netanyahu, aspira a un estado sin negociar y sin hacer antes las paces con Israel. Desea un gol olímpico, pasar por encima de las realidades sobre el terreno.

Netanyahu y su coalición de gobierno, en la que militan partidos de derecha ultranacionalista, se convirtió en los dos últimos años de vaivenes y cabildeos con los palestinos, en el rey del estancamiento diplomático. Quienes abogan por la paz en Israel suponen que el statu quo, la inmovilidad, llevan a Israel al abismo.

Tras veinte años de conversaciones y negociaciones con numerosos mediadores extranjeros desde antes de la Conferencia de Madrid de 1991, hasta la fecha no maduró el fruto que Abas fue a buscar a la ONU, como su antecesor, Yaser Arafat, en 1974. Abas les disparó la presión a los israelíes al exaltó sólo los vínculos históricos de cristianos y musulmanes – muy posteriores a los judíos- con Tierra Santa.

Con todo, la ONU no “crea” estados, y aunque el Consejo de Seguridad admitiera a la actual Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania ocupada (5.400 kilómetros cuadrados) y en la franja autónoma de Gaza (330 kilómetros cuadrados), gobernada por el movimiento isdlámico Hamas, el estado del que habla Abas, cuyos habitantes dependen en gran medida de las donaciones y otras ayudas de la Unión Europea, Estados Unidos y otros países simpatizantes, debe ser proclamado.

El 24 de noviembre de 1947, la misma Asamblea de la ONU pero con muchos menos estados miembro, aprobó un “plan de partición” para solucionar el también entonces existente conflicto entre judíos y árabes. La solución que propuso fue exactamente la de establecer dos estados, uno hebreo y otro árabe palestino.

Esa resolución de la ONU fue rechazada de plano por la Liga Árabe y dio pabilo a la guerra de 1948-49 entre combatientes de siete estados árabes y palestinos contra el flamante estado de Israel. Este estado no surgió por aquella resolución de 1947 sino cuando lo proclamó David Ben Gurión en Tel Aviv porque Jerusalén estaba cercada.

Netanyahu dijo que sí, que está de acuerdo un estado palestino, pero se limitó a poner el énfasis en los talones de Aquiles de la seguridad de Israel (21.000 kilómetros cuadrados) por más que, se supone, este país es el único de Oriente Medio que cuenta con armamento nuclear. Pero las bombas atómicas no se arrojan así como así.

Y también prefirió centrarse en la negativa de los palestinos, que reconocen al Estado de Israel pero no como el “estado del pueblo judío” (que lo creó), con el argumento de que también reside en su territorio una minoría de un millón y medio –de sus siete millones de habitantes-, en su gran mayoría musulmanes.

Abas , recibido como un héroe al regresar a su sede en la ciudad de Ramalla, hizo una defensa apasionada del estado palestino pero este seguirá en ciernes por más que haya recibido una ovación en la ONU, y que hubiera condenado con justicia a los asentamientos judíos de Cisjordania, para los israelíes Judea y Samaria bíblicas.

El presidente palestino, sucesor de Arafat, no perdió ocasión de responsabilizar a los ocupantes israelíes (desde 1967 pues Cisjordania estuvo antes bajo control jordano y Gaza supeditada a Egipto) por todos los males que aquejan a su pueblo.

Sin embargo, no mencionó y quizá quiso ocultar que sus fuerzas de seguridad y las de Israel coordinan sus operaciones en Cisjordania, que en los últimos dos años dio un notable salto en la economía, y también pasó por alto la profunda división entre su partido nacionalista, Al Fatah, y la organización islamista Hamas, que lo expulsó por las armas hace casi cinco años de la franja de Gaza.

También Netanyahu poco menos que demonizó a los palestinos recorriendo el espinel de los atentados de los suicidas terroristas y, en los últimos años, los ataques contra civiles en el sur de Israel desde que Hamas se hizo con Gaza.

En rigor, el único gesto conciliador del líder israelí, al menos para la galería, fue invitar a Abas a reanudar las (una vez más) estancadas negociaciones de paz “aquí y ahora”, en la ONU, sabiendo aparentemente que el presidente palestino ya estaba volando de regreso a su despacho junto al mausoleo de Arafat.

El “espectáculo” recorrió todas las cadenas de televisión del mundo, casi como una gran curiosidad, los pros y los contras cada uno en sus trece.

La UE, la ONU, Rusia y Estados Unidos, el “cuarteto”, procuraba a estas horas convencer a Abas -que se opone- y a Netanyahu -que la estudia- una nueva, quizá la enésima, propuesta para reanudar las negociaciones.

Netanyahu dice: volvamos a negociar pero sin condiciones previas, pero el estado palestino tendrá que estar desmilitarizado, por ejemplo.

Abas lo condiciona a que primero congele Israel la expansión de los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén oriental o árabe, y que las líneas de armisticio de Rodas, que en 1949 siguieron a la primera guerra árabe-israelí (la “fronteras de 1967), sean admitidas como el límite de un futuro estado palestino.

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Elías Zaldívar (originalmente Elías Scherbakovsky, hijo de un judío de una aldea vecina de Pinsk que huyó a la edad de seis años de Rusia con unos tíos, uno de los cuales se había hecho con un carro de sal, que entonces valía lo que el oro, y les financió la travesía en un vapor a Buenos Aires) nació en Argentina en el año 1936. Desde hace casi medio siglo ejerce el periodismo. En Buenos Aires, como cronista cinematográfico y, desde 1977, con el seudónimo de Elías Zaldívar, como representante de la Agencia EFE en Jerusalén, y como corresponsal de las cadenas de televisión Univisión, CBS y Telemundo.

En 1972, en Jerusalén, publicó un volumen de relatos, El inventor de la mentira real y, en el año 2001, la editorial Milá de Buenos Aires dio a conocer la novela La Monalisa de Jerusalén, premiada en un certamen de la editorial Acervo Cultural de esa ciudad. Tiene en edición la novela El padre de los monos, y dos novelas sin publicar: «Los idealistas de la Patagonia» y «La trapecista ciega» (título provisional). Con excepción del primer título, las otras tres obras transcurren en Jerusalén y en Europa.

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