LA HORA DE CROACIA

Hoy entra en la Unión Europea su 28º miembro, Croacia. Lo hace sola y en un mal momento económico en Europa, y mientras ella sigue luchando por dignificar sus niveles de vida tras otras malas rachas. En medio de visiones positivas y recelosas de los oriundos, paseamos por una Zagreb luminosa, con mucho ambiente, verdor, color y sabores, músicas y arte clásico y vanguardista. Es admirable y una lección la entereza de los croatas para afrontar la construcción de sus vidas.

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Guardias en Zagreb.

 FOTO ©  Cristina Martínez Sacristán

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Por Cristina Martínez Sacristán para GEA PHOTOWORDS
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Aterrizamos en Zagreb impresionados por el verdor de esta ciudad. Grandes parques, muchísimo y frondoso arbolado, miles de flores coloristas por doquier… Un festival callejero invade numerosas vías y plazas con gran colorido, narices rojas de payaso, artistas ambulantes, pinturas en el pavimento, disfraces…

Ha salido el sol veraniego y las terrazas se llenan de ambiente. A todas horas. Los ojos abiertos de los reporteros no encuentran grandes heridas, sino más bien una actitud llena de humor ante las adversidades del siglo anterior y las dificultades presentes. Sin regodearse en el pasado… Para mayor confusión, decenas de escoceses han arribado a Zagreb para jalear a su equipo de fútbol y se pasean por el hotel y por las calles con sus kilts… Estas son las primeras sorpresas de la capital croata.

El embajador en Madrid, Neven Pelicarić, es humilde ante mi asombro: “Podría ser mejor, podría ser mejor”, dice en referencia a Zagreb, aunque consciente del buen carácter de sus conciudadanos. Él nació en esa luminosa urbe de raíces eslavas y muchos sabores mediterráneos, pero también trabajó en la ONU, en Nueva York, y ahora lleva cuatro años comandando la Embajada de Croacia en España, lo que ha mejorado su castellano notablemente. De todas formas, y aunque a Pelicarić le quedan muchos restos de lirismo de su tierra en el habla, su mente funciona rápidamente, y tiene claros los objetivos: “Croacia empezó un largo camino, nuestro Camino de Santiago duró 13-14 años. Cuando empiezas no sabes siquiera cuándo, en qué fecha vas a llegar, ni en qué situación va a estar la casa en la que vas a entrar. Ahora, las cosas han cambiado, sea por el camino que para nosotros ha resultado con más curvas, y también porque la casa en la que estamos está un poco con problemas”.

El embajador atribuye un “esfuerzo enorme” no sólo a “la sucesión de gobiernos a lo largo de este camino, y del Parlamento, por asimilar los reglamentos europeos y aproximar Croacia lo máximo posible a esta escena comunitaria”, sino además “a toda su población”. “Croacia llega a esta casa con 27 habitaciones y en este trayecto hemos construido una pequeña habitación para nosotros, y es verdad que el techo gotea. Fuera llueve, pero todos juntos lo podemos arreglar bien”, retrata.

Pros y contras en este momento de séptima ampliación de la UE, la del 28º país miembro. Croacia entra sola a la Unión, no como sus antecesoras, que se integraron “por olas”, y lo hace con el viento en contra: el de la crisis económica general y el de su propio renacimiento en particular. “Es mejor formar parte del club que mantenerse aislado, incluso cuando el club tiene problemas como en este momento”, advirtió hace unos meses el primer ministro, Zoran Milanovic, quien añadió que “durante diez años recibiremos de Bruselas el doble del dinero que tendremos que pagar. Tendremos toda una generación de tiempo para alcanzar al resto de Europa”.

 

INTEGRACIÓN

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Pelicarić rememora la quinta ampliación (2004), de 12 países, como “la reunificación de Europa, la ola grande, el cumplimiento del llamamiento de Juan Pablo II de que Europa tenía que respirar de nuevo a ambos pulmones. En aquel momento había una gran ilusión al Este y al Oeste del continente. Ahora esa gran secesión, ese hito histórico de 2004 no existe. Esa ilusión se acabó”. Ya la anterior integración, la de sus vecinas Rumanía y Bulgaria (2007), no estuvo exenta de reticencias e incertidumbres por parte de algunos depauperados ciudadanos. Así lo comentaba entonces Maya Kutva, búlgara residente en Tenerife: “Cada día suben más los precios y es más difícil vivir en Bulgaria. Los búlgaros tienen miedo a que con la adhesión los precios sean insufribles”.

En el caso de los croatas consultados este mes, se nota bastante recelo. Tin, un guía zagrebí que tuvo que permanecer durante casi dos décadas en Málaga debido a la guerra de los Balcanes, votó negativamente en el referéndum de enero de 2012, pues “ya había visto el ejemplo de España. Creo que en Europa los países grandes se aprovechan de los más pobres”. Davor, otro zagrebí que acudió a Bilbao a ayudar a un paisano empresario, Zdravko, recuerda cómo en España se pasó de pagar cien pesetas por una barra de pan a un euro. “Puede que algo así pase en Croacia”, baraja.

“En mi entorno nos lo tomamos como una broma, no creemos que nos vaya a beneficiar”, aprecia una estudiante empleada en el singularísimo Museo de las Relaciones Rotas, en la Ciudad Alta de Zagreb. Cerca de los jardines del primer rey croata, Kralj Tomislav, y su imponente estatua a caballo, Marija vende coloristas bandejas de fresas rojas de Pisarovina, de un profundo aroma y sabor. “La gente está asustada”, piensa, “no confiamos demasiado en los beneficios de pertenecer a la Unión Europea. ¿Qué pensáis vosotros de vuestra experiencia”, inquiere.

Lo dice mientras despacha las bandejas aromáticas por 10 kunas, unos 1,3 euros. Los precios en Croacia, al igual que en otros países su área como República Checa o Polonia, aún son asequibles para nosotros. Podrán cambiar sus euros en las casas destinadas a ello, gratuitamente, y los restaurantes, aparte de ofrecer mimados platos, no les descapitalizarán. Con todo, “ya no son tan asequibles los precios en Croacia, no es un país barato, como algunos países mediterráneos donde hay grandes resorts, todo incluido”, valora Pelicarić. “Nuestra costa es preciosa, hay muchos parques nacionales, muchos protegidos; 1.244 islas, cada una con un pueblecito o una pequeña ciudad, hoteles pequeños… Por eso el nivel de precios es relativamente alto”.

El embajador es consciente de que “se puede esperar que los comerciantes aprovecharán el cambio de moneda para superar el precio que está vigente ahora mismo. El Banco Central croata mantiene que no habrá cambios bruscos, que no caerán o subirán de la noche a la mañana”, si bien la Unión Monetaria está por venir. Antes de ella deberán “demostrar en tres años que somos capaces de controlar el flujo migratorio legal e ilegal, aduanas, animales, etc., y todo lo que supone tener frontera exterior. Esa es la primera meta. El segundo paso es entrar en el euro, unos cinco o seis años después de la entrada. Croacia no puede optar: todos los miembros lo tienen que asumir”, señala.

Curiosamente, en Croacia los bienes “con más valor”, como coches, pisos o terrenos, se contabilizaron durante años en marcos alemanes y, actualmente, en euros. “No se habla de cuántas kunas vas a pagar por un coche, la gente se entiende diciendo 15.000 euros”, relata el embajador.

Ivica, un doctor en Economía que vive a caballo entre Zagreb y Frankfurt, sopesa los pros y contras de la adhesión, pero “pienso que en general va a ser más positivo que negativo”. Ivan, un bosnio que se mudó a Zagreb para estudiar Económicas, se ha quedado, encantado, y para costearse la estancia trabaja por horas como chófer turístico. “Creo que la entrada va a ser positiva”, pronostica.

En el caso de la directora de Turismo de Croacia en Madrid, Sania Jelic, ha visto multiplicada su actividad estas semanas por la integración en la UE, y en su oficina observan más personas interesadas en viajar a ese bello país, con siete sitios protegidos por la Unesco y 14 inmateriales. El turismo aporta a Croacia el 14% del PIB. Sania resalta las facilidades de accesos de viajeros tras la integración, el uso de la tarjeta sanitaria europea y la agilización por carreteras. Ella interpreta este momento histórico como “un hijo que vuelve a la casa familiar. Y, aunque haya problemas, los resolveremos entre todos”.

 

REINO DINÁSTICO

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El embajador Pelicarić corrobora esa sensación, remontándose a su pasado: Croacia fue un principado en los siglos VII-VIII, después un reinado de dinastía nacional (s. IX-X), se unió a Hungría en los siglos XI-XVI, después a Austria (s.XVI-XIX) y así hasta el fin de la I Guerra Mundial. “Ha formado parte del mundo occidental con la literatura, la gastronomía, la historia…”. Pelicarić siente orgullo al recordar cómo, a lo largo de los siglos, han conservado su idioma. El croata, una lengua difícil y con muchos rasgos eslavos. Aunque en Zagreb se habla, también, un inglés fluido.

Pelicarić no oculta que Croacia “es un país por debajo de la media europea, como podía esperarse de un país ex comunista y después de una guerra de cuatro años (1991-1995) que suponía un 50% del PIB en gastos directos, que Croacia tenía que superar para lograr su desarrollo”. Lo cierto es que en Zagreb, excepto quienes perdieron a algún ser querido en la contienda, no se mira hacia atrás demasiado. Fue menos vapuleada que Split y Dubrovnik y, desde luego, que Bosnia.

Actualmente, y como pasa entre Praga y otras poblaciones checas, existen notables diferencias de nivel de vida entre Zagreb y otras localidades croatas. Su nivel de desempleo es de un 19%  y algunos pisos cuestan 500 euros, que los sueldos medios de 600-800 no pueden pagar. De ahí el famoso pluriempleo en estos países. Lo curioso es que muchos croatas viajaron al Estado español a trabajar hace años y ahora se encuentran con una recesión aguda frente a una Croacia emergente.

Algunos croatas lamentan que su país podría estar mejor “si no hubiera habido tanta corrupción entre nuestros políticos”. En su opinión, habrían avanzado aún más.

Este lunes 1 y el martes 2 hay varios actos conmemorativos en Zagreb y en Madrid, donde los croatas se han sentido muy respaldados en este proyecto europeo. En España hay 1.632 croatas actualmente. En el Palacio Cibeles penderá una corbata de 10 metros, no en vano fueron ellos sus inventores. Del mismo modo que del bolígrafo, que nació en Zagreb. Una ciudad de gran ambiente, museos muy interesantes, bellos edificios y contrastes variopintos.

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Cristina Martínez Sacristán nació en Bilbao y es periodista. Vinculada desde los 90 al periódico Deia, ha trabajado en radio, en una productora audiovisual y para editoriales, en inglés y en castellano. Actualmente colabora con revistas especializadas, con radios y webs viajeras, culturales y de DD.HH. Estuvo con los primeros ‘indignados’ en Wall Street, realizó una investigación sobre La Maleta Mexicana y ha hecho baterías de reportajes de diferentes países y destinos. En este enlace encontrarás su nuevo blog.

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