LA LUCHA POR LA TIERRA PROMETIDA

La comunidad guaraní de Brasil vive uno de los momentos más tristes de los últimos tiempos. Asesinatos y persecuciones se han convertido en el cruel leitmotiv de muchos pistoleros y terratenientes que buscan expropiar a los indios de sus tierras para convertirlas en `productivos negocios´. El último crimen conocido hasta la fecha tuvo lugar el 3 de septiembre cuando una treintena de vehículos irrumpieron en la comunidad de Guyra Kambi’y, en Matto Grosso do Sul, disparando indiscriminadamente contra los indígenas. Unos hechos que ponen sobre la mesa la crítica situación de una comunidad aún de luto tras el asesinato el 29 de agosto de Simião Vilhalva, líder indígena de una aldea localizada también en el centro occidental del país.

 

Guaraní

Los guaraníes viven con el temor de ser expulsados forzosamente de sus tierras.

Foto © Survival International

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La lucha por la tierra prometida

Por Anna de Gracia para GEA PHOTOWORDS

 

“Es tradición guaraní. Cuando llego a un nuevo lugar, la primera cosa que hago es cuidar de la tierra”. Así lo aseguraba Ari Augusto Martim, uno de los caciques de las pocas aldeas urbanas existentes en la misma ciudad de São Paulo, en las cercanías del parque Jaraguá. Una declaración que dejó asombrados a algunos de los medios brasileños que a lo largo de este tiempo se han ido acercando a los aledaños de la zona para conocer en profundidad una tierra hasta entonces olvidada.

Una larga lucha ha acompañado a estos indios guaraníes hasta conseguir la victoria de una de las tantas batallas libradas con las autoridades brasileñas durante años: el reconocimiento por parte del Ministerio de Justicia de la propiedad indígena de estas tierras.

Se trata de una contienda que dura ya muchos años para la cual el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad paulistana, uno de los referentes culturales más destacados de Brasil, se ha convertido en el simbólico punto de encuentro que da comienzo a las pacíficas manifestaciones durante las cuales los guaraníes recorren la Avenida Paulista, la arteria vital de la llamada New York latina donde la modernidad, el arte y la cultura indígena se entrecruzan unas horas para pedir una justa demarcación territorial de sus tierras; el siguiente paso para que puedan vivir en paz.

Sin embargo, parece que no están corriendo la misma suerte los indios guaraníes del centro occidental del país tropical asentados en la región de Matto Grosso do Sul. El pasado mes de agosto, en concreto el día 29, el cielo de la aldea de Nanderú Marangatú se tiznó de negro tras conocer la muerte del líder indígena Simião Vilhalva tras el ataque perpetrado por pistoleros armados.

Esta comunidad guaraní (y kaiowá) ha querido regresar a la tierra que les fue arrebatada. Un territorio que les pertenece al haber contado con la correspondiente demarcación y aprobación por las autoridades competentes desde el año 2005 pero al que tuvieron que renunciar abandonándolo tras ser desalojados por los agricultores locales.

Por su parte, tal y como afirma Survival, el pasado jueves 3 de septiembre, la aldea Guyra Kambi’y (Matto Grosso do Sul) también se convirtió en el cruel objetivo de pistoleros y terratenientes que enfundando sus armas llevaron a cabo una auténtica cacería disparando e incendiando las humildes construcciones de los guaraníes desde sus siniestros vehículos, lo que obligó a los indígenas a huir.

Más de cincuenta niños tuvieron que sufrir en sus carnes las reminiscencias hechas presente de las antiguas persecuciones decimonónicas lideradas por los terratenientes y colonos cegados por la fiebre del caucho en busca de indígenas que se convirtiesen en su barata mano de obra.

Según datos de Survival International la comunidad indígena más numerosa de Brasil es la guaraní compuesta por 51.000 indios y a su vez es una de las comunidades que han perdido la mayor parte de su territorio.

En estos últimos meses el pueblo guaraní alza su voz al cielo para pedir ayuda. Para dejar de sufrir el desplazamiento hacia los estratos marginales de la sociedad brasileña. Es el pueblo guaraní: el mismo que constituyó el origen antropológico de esta nación.

La violencia contra los indígenas, la alta tasa de suicidios, las órdenes de desalojo de sus tierras originales, los asesinatos a manos de pistoleros contratados por los terratenientes y el vergonzoso y cómplice mutismo del Gobierno y la Justicia Federal firman la sentencia de muerte del lento exterminio de una civilización entera cuyos derechos, sin embargo, se suponen garantizados por la Constitución Federal de 1988.

 

Anna de Gracia es estudiante de Periodismo en la universidad Carlos III de Madrid. Actualmente vive en Sao Paulo, donde ultima sus estudios. Apasionada por el mundo de la corresponsalía, los viajes y los movimientos sociales. Ha trabajado en radio durante tres años en la rama del periodismo cultural en España así como para otros medios de comunicación digitales cultivando el género de la entrevista con personalidades del panorama actual de la cultura y de la política. 

 

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