LA OLVIDADA ZONA CERO DEL ÉBOLA

En Guinea Conakry al verdugo se le conoce con el nombre de ébola. En el país africano ya han muerto más de mil personas de las 5.420  fallecidas en todo el mundo a causa de esta epidemia, que se sigue extendiendo sin control por el continente negro. Tras el descenso en el número de casos registrados semanalmente que se produjo al inicio del verano, la transmisión de la enfermedad ha experimentado un segundo pico que duplica el número de casos semanales de la primera fase.

 

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Hospital Jean Paul II. Conakry.

FOTO  ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

Por Lucas de la Cal para GEA PHOTOWORDS

 

Ébola ha sido una de las palabras más buscadas en google este año. En España comparte podio junto con Gran Hermano y la ganadora de Eurovisión Conchita Wurst. Sin embargo, desde que el foco de la epidemia se ha controlado en occidente, parece que los medios de comunicación han restado una considerable importancia a las informaciones sobre la enfermedad. La fiebre mediática del ébola ya ha pasado. Ya sea porque nos empacharon de ella durante dos meses con los misioneros, Teresa, su perro Escalibur. O por la aparición del pequeño Nicolás como personaje del año. O porque ya sólo se muere gente en África, ese continente que queda tan lejano y olvidado para muchos. Pero lo cierto es que el ébola sigue extendiéndose sin control en el continente negro y los servicios sanitarios continúan superados por las circunstancias.

El número de casos ha superado la barrera de las 15.000 infecciones, con un total de 15.145 contagios, y la cifra de muertos es ya de 5.420, según el último recuento ofrecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Especialmente delicado es el caso de Guinea Conakry, epicentro de la enfermedad originada en este país en diciembre de 2013. Allí el total acumulado de infecciones es de 2.394 casos. De las cuales 1.538 personas han muerto. Tras el descenso en el número de casos registrados semanalmente que se produjo al inicio del verano, la transmisión de la enfermedad ha experimentado un segundo pico que duplica el número de casos semanales de la primera fase. “Aunque parezca increíble, existe todavía resistencia en sectores población a creer en la enfermedad y a tomar medidas básicas de prevención lo que está propiciando la propagación del virus. Es por ello que el trabajo enfocado a sensibilizar sobre prevención es estratégico para pararlo”, subraya Susana dos Santos, Directora de Acción contra el Hambre en Guinea.

 

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Hospital Jean Paul II. Conakry.

FOTO  ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

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La aldea de Meliando en Guina Conakry cerca de la frontera de Sierra Leona y Liberia, está considerada por los científicos como la zona cero de la epidemia. Aquí comenzó todo. El peor brote de la enfermedad desde su descubrimiento en 1976. Un murciélago, hace más de un año, contagió el virus a Emile Quamouno, un niño de apenas dos años. El pequeño murió, una semana después su hermana de cuatro, a continuación su abuela, su tía y su madre embarazada. El padre de Emile perdió a seis miembros de su familia en menos de un mes. Creía que la enfermedad era producto de la brujería y que el pueblo estaba en contra de ellos. Desde entonces todo ha cambiado en esta pequeña aldea de 500 habitantes. Ahora ya no hay ébola, pero tampoco futuro. El pueblo vivía de la agricultura pero ya nadie compra sus productos y por sus calles de tierra deambulan decenas de huérfanos a quien nadie quiere.

En el Centro de Tratamiento del Ébola (CTE) en Donka (Conakry) han pasado más de mil afectados por la epidemia, enfermos o casos sospechosos. Los médicos ya no tienen miedo a la enfermedad. Pero temen a una exclusión social al haber estado en contacto permanente con los enfermos. “No queremos que nos hagan fotos. Nuestros familiares y amigos no saben que trabajamos aquí. Como se enteren nos rechazarán por miedo a contagiarse”, afirma Mozca, uno de los 140 sanitarios del centro.

Xavier Trompette dirige el CTE. Este francés de 48 años alerta sobre necesidad apremiante de desarrollar tratamientos para curar la enfermedad y, de cara al futuro, vacunas. “En noviembre hemos tenido un 25% más casos que en octubre. En mi opinión personal, esta epidemia va a durar un año más. La gente se desplaza, los contagiados entran en contacto con otras personas… no hay suficiente información, sobre todo en el campo, y hay mucho miedo de ir al hospital”, afirma.

 

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Hospital Jean Paul II. Conakry.

FOTO  ©  Ángel López Soto, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Los economistas calculan que Guinea Conakry crecerá un 4% menos de lo previsto por culpa del ébola. Hay menos inversiones extranjeras y disminuyen los ingresos del país. Y esto preocupa más incluso a su presidente, Alpha Condé, que su propia gente.

Guinea ha pasado por varios golpes militares, masacres de civiles y el saqueo constante de sus gobernantes. Al inicio de la epidemia el líder político elegido para gobernar esta nación – que pasó gran parte de su vida adulta en el exilio en París – dijo tener controlada la epidemia. Afirmó repetidas veces que no era una enfermedad seria y que las empresas extranjeras no tuvieran miedo de invertir en Guinea, pese a ser el país más maltratado por el ébola.  Sin embargo, en los últimos meses, su cambio de actitud ha sido agudo. “La primera preocupación del gobierno era no asustar a los inversores. Querían reducir al mínimo el caos y esconder la dura realidad que estaban viviendo”, denuncian desde Médicos Sin Fronteras. Ahora, después de más de mil muertes, el presidente Condé ha invertido su discurso. “Mientras me afeito pienso en el ébola. Mientras como pienso en el ébola. Mientras me duermo pienso en el ébola”, sentenció.

La Unión Europea destinará 61 millones de euros a minimizar la crisis provocada en los países africanos por el decimotercer brote epidémico de este virus en lo que va de siglo. La mayor parte de esta ayuda está pensada para apoyar al Gobierno de Guinea. El objetivo principal es contribuir con este apoyo a reducir el impacto económico de la epidemia y a emprender las medidas necesarias para reforzar la seguridad del país, donde a la muerte muchos ya la llaman simplemente ébola.

 

Lucas de la Cal Martín es colaborador de GEA PHOTOWORDS y del periódico El Mundo. Licenciado en Periodismo en la Universidad Complutense, es experto en reporterismo social y diplomado en Educación Sexual y Prevención de ITS (Infecciones de transmisión sexual).

 

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