LA PAZ ERA POSIBLE EN PALESTINA

Un infarto terminó el mes pasado con la vida de Qadura Musa, alcalde de Jenin, en Palestina. La noticia no  pasaría de ser la lamentable pérdida de un dirigente palestino más si no fuera por lo que Musa, junto a su homónimo y amigo israelí Dani Atar, alcalde de Gilboa, logró llevar a cabo: la paz entre Palestina e Israel. La historia de Musa y Atar, alcaldes de la palestina Jenin y la israelí Gilboa, demuestra que la convivencia entre ambos pueblos es posible. 

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Qadura Musa, cuando aún era alcalde de Jenin.

Ilustración  ©  Als

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Por Nacho Carretero, miembro de GEA PHOTOWORDS
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Daniel Atar, ex militar israelí y alcalde de la ciudad judía de Gilboa, informó hace unos días de la muerte de Qadura Musa, alcalde y gobernador de la ciudad palestina de Jenin y miembro del partido Al Fatah. Atar transmitió la noticia golpeado por el dolor. Un dirigente israelí desolado por la muerte de un líder palestino. El paisaje opuesto al habitual. El paisaje que Atar y el fallecido Musa dibujaron por la paz.

Gilboa y Jenin son dos poblaciones enfrentadas sólo en lo geográfico. A un lado, en Israel, Gilboa. Al otro, en Cisjordania, Jenin. Atar y Musa sus alcaldes, un ejemplo de cómo Israel y Palestina podría, sin el menor de los problemas, vivir en paz.

Desde hace años ambos alcaldes trabajan para la convivencia entre ambas comunidades. Relaciones comerciales, institucionales y ciudadanas entre dos ciudades llamadas a odiarse. El clímax llegó hace tres años, cuando ambos dirigentes solicitaron al Gobierno de Israel que retirase la valla de separación entre las dos localidades. Israel accedió y más de 10.000 israelíes pudieron pasar con tranquilidad a la ciudad palestina. Hasta Tony Blair, ex primer ministro británico y hoy mediador de la ONU en el conflicto, se mostró sorprendido al pasear por las calles de Jenin sin escolta, acompañado de Dani Atar.

 

Jenin, un teatro de libertad

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La excelente convivencia entre Gilboa y Jenin es un ejemplo de que el conflicto tiene solución. Dani Atar admite la necesidad de que Palestina se conforme en un estado y Qadura Musa se mostraba de acuerdo con la existencia del Estado de Israel. A partir de esa premisa ambos trabajaron por la paz. Y lo lograron. En pocos meses la cara de Jenin cambió. Pasó de ser la cuna de la Brigadas de los Mártires de Al Aqsa (nacidos en el seno de su campo de refugiados) a ser la ciudad del Teatro de la Libertad, una escuela de interpretación que desvía a los jóvenes del irremediable camino de la violencia, un centro que propone una ‘intifada cultural’.

El Teatro de la Libertad ejemplifica qué es y, sobre todo, qué quiere ser Jenin. Se trata de una escuela de interpretación situada en el campo de refugiados de la ciudad. Este campo, de unos 12.000 habitantes, pasa por ser uno de los más hostiles con la ocupación israelí de toda Cisjordania. Por ello, la ofensiva que el ejército de Israel lanzó entre el 1 de marzo y el 7 de mayo de 2002, fue la más larga y cruenta de cuantas se produjeron contra campos de refugiados palestinos durante la segunda Intifada. Tanques y soldados hebreos atacaron el campo con el objetivo de desmantelar las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, brazo armado de Al Fatah. El resultado de la ofensiva se conoce entre los palestinos como ‘La masacre de Yenín’, ya que aseguran que los muertos alcanzaron el millar. No opina lo mismo Israel, quien establece en 52 el número de víctimas palestinas, todos combatientes. Según un informe de Naciones Unidas, en aquel ataque murieron 497 palestinos y 23 soldados judíos. Si dejamos los números a un lado, las consecuencias son menos discutibles.

El combate provocó que el odio y el miedo se apoderaran de toda una generación cuyo objetivo se hizo claro: ser mártires.

Este centro, escuela de teatro para chicos y chicas del campo, fue destruido durante la ofensiva. Lo había fundado antes de la batalla Anna, una ciudadana israelí casada con un palestino. Anna murió años después y su hijo Juliano Mer Khamis decidió abandonar su carrera de actor, regresar a Jenin y reabrir el teatro en el año 2006. Desde entonces, cientos de niños y no tan niños han pasado por sus aulas y escenarios. Han aprendido a interpretar, sí, pero sobre todo, han recobrado la esperanza en un futuro que parecía vacío. “Desde pequeño tengo muchos amigos y familiares –nos explica Hiad Mohadma, un alumno del teatro de 21 años- que quieren morir por Palestina. Lo único que hacen es estar en la calle fumando y hablando de morir por la causa. Los que se fueron a Israel a intentarlo murieron. Ese es el futuro si eliges ser mártir: nada. Pero con el teatro, con la cultura, tienes una nueva vida, un nuevo futuro, tenemos otro mundo. He aprendido que existen otras maneras de resistir”. Mariam Kahled tiene 18 años y también es alumna del teatro. Gesticula sin parar y agita un botellín de agua mientras habla. “Éste es el lugar para luchar contra la violencia porque la violencia empieza de niños, y aquí se intenta cambiar”, dice.

Se estima que el Teatro ha salvado de morir a miles de jóvenes de la ciudad. Ni siquiera el asesinato a tiros el pasado año de Juliano, su director, ha frenado el camino de la paz. Un camino que Jenin decidió emprender bajo la tutela de su alcalde.

Hace dos semanas Qadura Musa falleció. El alcalde que peleó por la paz terminó sus días con un infarto. Su corazón se partió, como se partió el de su colega y amigo Dani Atar. Su memoria y su legado siguen presentes. Gilboa y Jenin seguirán siendo la evidencia de que el conflicto tiene solución, de que la paz entre Israel y Palestina es posible. Si se quiere.

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