LA TRAGEDIA DEL CARNERO FÉLIX

Félix es un carnero `alquilado´ ocasionalmente como semental de ovejas. La semana pasada, mientras esperaba cumplir con su `trabajo´, fue atacado por dos perros que le destrozaron su cuello, traquea, cadera y cola. El carnero quedó herido de muerte, pasando dos noches encerrado sin poder ponerse en pié en una caseta de metal. Las ratas acabaron la faena, entrando por sus heridas y carcomiéndolo por dentro. Hasta que fue rescatado por voluntarios de la ong El Hogar de Luci que le llevaron al veterinario para curarle. Uno de sus miembros nos remite este relato, muy humano, sobre este nuevo caso de barbarie animal.

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El carnero Félix en quirófano.

FOTO  ©  Jonás Amadeo Lucas

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Por Elena Tova para GEA PHOTOWORDS

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Los animales necesitamos tener un hogar. Un lugar seguro donde saber que podemos descansar sin miedo, donde nadie nos va a dañar, donde nuestra familia pueda dormir a salvo a nuestro lado, y podamos disfrutar de esas relaciones emocionales y experiencias maravillosas que los seres más queridos con su proximidad nos dan.

Algunos animales, sin embargo, no gozan de los derechos básicos y fundamentales como el derecho a la vida, el derecho a no ser maltratado. No conocen nunca lo que es dormir y descansar sin miedo a un depredador que les ronde, donde unas fauces sangrientas agarren partes de su cuerpo, o los golpes de un granjero les desgarren la carne y el alma. Porque si eres un animal, en la sociedad de los humanos no tienes derecho a la paz, no puedes escapar.

Carnero, vaca, cabra u otras especies que han sido criadas para el uso que los hombres les han otorgado, no tendrán nunca descanso. Vivirán desde que nacen siendo maltratados y vejados en insalubres granjas de explotación o hacinados en cuadras pestilentes privados de libertad y sin cuidados sanitarios.

Félix, es un carnero que hoy se debate entre la vida y la muerte. Nació para producir más animales. Se le impuso la tarea de fecundar hembras y enriquecer así, al opresor que tiene su tutela. Su vida es ir de finca en finca conociendo ovejas con las que sin que los ganaderos se den cuenta, nacen amistades y sentimientos de empatía que destrozan su corazón cuando les obligan a separarse.

Imaginaros que vida de ansiedad ver aparecer a ese hombre de rostro familiar, palo en mano y gritando. Golpeándole nada más llegar, asustar al animal es su forma de guiarle. No le llama por su nombre, los animales no humanos no suelen tener nombre. Es más fácil para no empatizar cosificarles y enumerarles como a cualquier otro objeto o producto.

 

GOLPES Y MÁS GOLPES

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Golpes en el costado, golpes entre cuerno y cuerno, haciendo sangrar su frente si por un instante duda el carnero del camino que ha de tomar. SI se detiene o se equivoca de dirección, pueden creer que el animal se ha revelado y entonces, le apalean con más saña.

Una vida llena de días de incertidumbre y dolor. Viajes en camión asustado hacia otro centro de producción: Sitios nuevos, a veces terribles, a veces tristes, a veces de locura… y siempre dejando a esas que fueron queridas, ya siempre lejos sin poder amarlas y defenderlas como él quisiera.

En este último viaje, hace ya una semana, Félix fue a parar a una finca con dos ovejas.

Allí lo encerraron con las hembras en un chamizo oscuro y frío. Alrededor, tres perros enfurecidos oliendo al que entendieron por intruso y, después de tres días de enloquecido acoso, a mordiscos rompieron la puerta de madera que les separaba.

Nadie pudo huir.

A las 8:00 h de la mañana, los perros mordían feroces a una de las ovejas, una oveja que 4 meses antes ya quisieron matar y la dejaron coja, desgarrándola la pata que hoy vuelven a desgarrar.

Félix, el carnero, con su afán de protegerlas se puso delante y ni cornamenta ni fuerza, tres son muchos para el. Lo derribaron y cada uno de un lado rasgaron rabo, patas, costado y terminaron en el cuello. Donde los bocados le dejaron sin respiración.

Alguien oyó los ruidos de la masacre en el silencio de la madrugada, saltaron la vaya y vieron el ensangrentado escenario.

Pudieron llevarse a Felix, para él su agonía casi ha terminado. Félix se debate entre la vida y la muerte en el hospital veterinario. Luchando por su vida, y nosotros a su lado.

Pero el infierno de ellas no ha acabado. Como no ha acabado el infierno de tantos animales machos, bebes, hembras, de especies distintas, animales denominados de producción.

Las hembras, las ovejas aterrorizadas, heridas y traumatizadas, siguen en aquel infierno, oyendo ladrar alrededor, sabiendo que alguna noche, cuando se vaya el granjero, los perros encontraran tarde o temprano el agujero donde entrar.

Y ellas, como todas las ovejas, serán devoradas sin gritar ni emitir un sonido que los humanos podamos oír. Tendrán el dolor más fuerte que puedas imaginar cuando los tendones y la carne se desprendan de su cuerpo entre los dientes de los perros. Su miedo y la certeza de que van a morir se reflejará en esos ojos tan bellos, pero no habrá un humano que pueda reconocerlo. Morirán solas, la una con la otra, las esclavas. Encerradas.

Para los animales no humanos, no hay un sitio de paz. No hay seguridad ni en el campo ni encerrados en establos. La única salvación que pueden encontrar es que recapacitemos los humanos, dejemos de tratarles como objetos, decidamos dejar de explotarlos.

La solución a estas muertes: no colaborar con la explotación.

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