LA IMPORTANCIA DE HABLAR SOBRE LAS DROGAS (II)

Segunda entrega de una serie de tres artículos sobre drogas de NACHO CARRETERO, miembro de GEA PHOTOWORDS. Nacho acaba de recibir el Premio Reina Sofía por una serie de publicaciones sobre esta temática.

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LAS HERRAMIENTAS PARA PREVENIR EL CONSUMO DE DROGAS DEBEN CAMBIAR

Por NACHO CARRETERO, miembro de GEA PHOTOWORDS

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En el capítulo anterior hablaba de la importancia de la prevención del consumo de drogas mediante el diálogo entre padres e hijos y mediante la información directa y sin mentiras sobre las sustancias. Dos herramientas que ayudarán a los adolescentes a conocer las drogas y a preguntar sobre ellas, dos claves para prevenir un consumo problemático. Pero por encima de los padres y de los profesores existe una responsabilidad de las instituciones, administraciones y Estado para prevenir lo que supone un problema grave de salud pública entre muchos jóvenes. Estas organizaciones deben también luchar contra las adicciones y las herramientas que muchas de ellas están utilizando son obsoletas y no responden a la realidad actual de este fenómeno. Es difícil para padres y centros educativos educar en la prevención si el Gobierno o las instituciones no están al día en los métodos de lucha contra la adicción a las drogas.

Foto  © ALFONS RODRÍGUEZ, miembro de GEA PHOTOWORDS

El actual modelo para combatir el consumo problemático recogido en el Plan Nacional es, nada menos, que de 1985. Este plan está basado en una droga marginal como es la heroína. En esa década, esta sustancia irrumpió en una España deprimida e hizo mucho daño a una juventud desubicada y, en muchos casos, desesperanzada. La estrategia entonces fue sacar a los jóvenes de la marginalidad para integrarlos. Sin embargo el contexto de hoy ha cambiado completamente, ya que la heroína es residual y las principales sustancias que se consumen (cannabis, éxtasis, cocaína) están asociadas al ocio, es decir, a la integración misma de muchos jóvenes. Esto explica en gran parte que el fenómeno social de las drogas en España sólo pueda compararse en Europa a Irlanda, dos países que en pocas décadas han pasado a tener un elevado grado de bienestar. Sociedades de nuevos ricos que tienden al exceso, basado en un modelo donde se enfatiza sobre todo el bienestar personal. Si en los años 80 consumir drogas era motivo de exclusión social, hoy, entre muchos jóvenes, es un factor de integración. Es decir, tenemos un Plan Nacional opuesto al que necesitamos.

Para la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) “es una batalla perdida si se siguen usando las mismas armas”. Esta Fundación propone un modelo basado en objetivos más asumibles y aceptando que las drogas no van a dejar de existir. Así, las líneas de actuación, en lugar de apostar a la carta única (y utópica) de la abstinencia, deben dirigirse hacia otros frentes. Uno de ellos es la minimización de riesgos, es decir, que quien consuma sufra el menor daño posible o que al menos no muera. Un ejemplo de la minimización de riesgos lo encontramos en la ONG Energy Control. Esta asociación instala ‘stands’ en las puertas de las principales discotecas de España para analizar la composición de las pastillas que los jóvenes les acercan. No entran en juicios ni en valoraciones: simplemente, el joven que quiera tomarse una pastilla de éxtasis la acerca a la instalación, se la analizan, y le dicen si está adulterada o no. Así, el joven minimiza los riesgos de su consumo de una manera importantísima. Energy Control, además, advierte en sus ‘stands’ y en su web sobre las pastillas que ahora mismo en la calle están adulteradas y deben evitarse, sobre el tipo de éxtasis que circula a día de hoy y realiza recomendaciones a quien decida consumir. Este enfoque representa una herramienta realista y actual de prevención: se asume que, por un motivo u otro, siempre habrá quien decida probar una sustancia y se intenta que este colectivo sufra el menor daño posible al hacerlo. Otro frente de actuación realista es perseguir la reducción del número de consumidores. Una vez más entra en juego la aceptación de que la abstinencia entre la totalidad de la juventud es una esperanza absurda. El objetivo debe ser intentar que el número de personas que decida consumir sea el menor posible y que quienes lo hagan sea por voluntad racional. La otra línea de prevención es retrasar las edades de inicio de consumo. La droga hace mucho más daño a los adolescentes que a los adultos. O al menos más rápido. Estas son tres líneas por las que apostar que podrían reducir el número de consumidores adictos y el daño que puedan sufrir. Ocultar, mentir, alarmar, exagerar o buscar la abstinencia de todos los jóvenes, no ha funcionado.

Otra carencia actual en el tratamiento de la prevención es no distinguir los tipos de consumo. De nuevo parece que todo lo que no sea decir un no rotundo y sin matices a la droga es incitar a su consumo. Sin embargo, es importante incidir en que, sin obviar el problema que puede conllevar cualquier consumo, se ha de distinguir entre uno de tipo esporádico no conflictivo y el tener problemas de dependencia. Desde la FAD explican que el afán de tratar de manera idéntica los usos de todas las sustancias es otra manera de generalización ineficaz, que no se justifica por el hecho de que sean los expertos quienes frecuentemente lo preconicen. No se puede olvidar que, más allá de la definición farmacológica, las realidades están muy marcadas por esa percepción social que cataloga de forma diferente, hasta el punto de construir realidades muy diferenciadas.

Las leyes y los indicadores de control también deben cambiar. Los indicadores para medir el número de consumidores que hay en España se basan en la mortalidad y los ingresos hospitalarios. Sin embargo, son muchos los dependientes que no acuden al médico y muchos más los que no mueren. Sería conveniente recoger otros factores como problemas de escolarización o agresiones. En cuanto a la legislación, la FAD es partidaria de revisar algunas leyes que se han revelado como ineficaces, como las que prohíben el consumo de alcohol a menores de 18 años (cuando el 94% de ellos ya lo ha probado al llegar a esa edad) o las sanciones administrativas por fumar cannabis en público.

En resumen, parece que los problemas de adicción han desaparecido de la agenda política y sin embargo el número de dependientes crece o se mantiene, pero no baja. Se antoja necesaria una revisión profunda de los mecanismos de prevención y educación y una mayor colaboración entre la sociedad y la administración.

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