LAS VIUDAS DE LA VERGÜENZA

Enviudar en India es casi peor que morir. Antes quemaban a las viudas y ahora las desprecian, humillan y maltratan hasta límites inconcebibles. Tras fallecer el marido, pasan a ser posesión de la familia de éste que la vende como esclava con hijos incluidos. No pueden cocinar para otros ni tocar a nadie porque las consideran`seres impuros´. Incluso no se debe pisar su sombra para no quedar contaminado. Muchas acaban como prostitutas para extranjeros en las calles de las ciudades o mendigando si son ancianas. Este reportaje de Marcello Scotti es apenas una aproximación a una de las peores situaciones de la mujer en el mundo.

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Asha, una de las llamadas `Viudas de Varanasi´.

FOTO  ©  Marcello Scotti

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 Por Marcello Scotti para GEA PHOTOWORDS

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“Una viuda debe sufrir hasta que muere, debe ser comedida y casta. Una esposa que permanece casta tras la muerte de su esposo, va al cielo. Una mujer que es infiel, vuelve a nacer en el vientre de un chacal”

Las leyes de Manú. Cap.5 / Vers.156-161 - Dharamshastras. Textos sagrados del Hinduísmo

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En muchos sitios del mundo, la mujer sigue siendo un ser inconveniente, descartable y “asesinable” con total impunidad.

Asha, es una de las llamadas “Viudas de Varanasi (Benares)”, una de las 40 millones de viudas en India –según el censo de 2011- , y una de las decenas de miles que deambulan por las calles de esta ciudad en condiciones miserables. Mendiga y se prostituye para poder comer y alimentar a sus descastados hijos a orillas del “sagrado” Ganga (Ganges) tras haber sido expulsada por su familia política. Su única familia, ya que el matrimonio en India implica la posesión de la mujer por parte de su esposo, o de la familia de éste en caso de enviudar.

Pese a llamarse Asha (que significa “esperanza” en hindi), esta mujer poco puede esperar de la vida. Ya perdió a sus dos hijas mayores y es bastante probable que este niño rubio -nacido probablemente después de haber estado con un extranjero- no tenga un futuro mejor.

Si bien la práctica del “Sati” -acto de incinerar a las viudas en el mismo momento en que se quemaba al marido difunto- fue abolida por el gobierno inglés en tiempos de la colonia, todavía se practica. Y aunque no se haga, siguen considerándose a las viudas como seres infames e impuros, y merecedoras de una vida miserable.

A las viudas no se les permite ni siquiera tocar a otras mujeres que no sean viudas. La realidad es que la condición de casadas es lo que las convierte en seres humanos con un mínimo de dignidad. Y en realidad esa dignidad es obtenida por ser (ellas y sus hijos) la posesión de su marido y de la familia del mismo, que pueden incluso venderles como si fueran esclavos para el cuidado de los cerdos y la limpieza de la casa, letrinas etc. Ni siquiera podrán cocinar alimentos para sus nuevos dueños ya que por haber enviudado se han convertido en seres impuros, indignos. Esta es también la razón por la que se las incineraba luego de morir el marido. Ya no tenía sentido que siguieran existiendo. Se convertían así en gente despreciable y en una carga económica para su nueva familia.

 

`MALA´ SOMBRA

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Ni siquiera su sombra debe tocar a ninguna persona digna. Para más signos de barbarie, y en caso de tener la suerte de ser admitidas en un Ashram (sitio de oración), deberán orar y ayunar toda su vida para limpiar sus pecados, ya que esta terrible tradición dice que si el marido ha muerto antes que ella, es a causa de los pecados de su esposa. En estos Ashram viven en condiciones de absoluto hacinamiento donde vivirán lo que les reste de vida, que pueden ser MUCHOS años ya que algunas enviudan a los 10, 11, 12 años de edad sin siquiera haber conocido a su esposo más que de vista.

Los Sadus (hombres “santos”) suelen convertirlas en sus prostitutas personales en una ciudad donde el SIDA es una plaga. Al morir éstas, sus niños (parias) quedan absolutamente abandonados en las sucias y caóticas calles de Varanasi donde intentarán sobrevivir mendigando y robando con pocas probabilidades de llegar a su edad adulta.

Las más ancianas no son ni siquiera admitidas como prostitutas en los Ashrams por lo que difícilmente consiguen un techo donde cobijarse y sobrevivirán a pocos monzones. A las más afortunadas, puede que se les permita hacer los cánticos en los templos por lo que recibirán como única retribución una taza de arroz por 8 horas de cánticos. La condición de ingresar al Ashram es entregar sus pocas pertenencias, TODAS, y vestir sólo un basto sari de algodón. No se les permitirá llevar una blusa (lo usual) debajo del Sari y deberán llevar las cabezas rapadas para que la gente sepa de su viudez.

Nadra, la anciana viuda de una de las fotografías de este artículo, ha comenzado a sufrir problemas en su voz debido a sus años y por sus pésimas condiciones de vida. Hace unas semanas que no puede ya cantar los mantras religiosos del Ashram y la han echado del sitio “sagrado” a la calle para que se busque la vida como pueda. O perezca en el intento.

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Nadra, otra de las viudas de la vergüenza.

FOTO  ©  Marcello Scotti

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Marcello Scotti (Buenos Aires, 1960). Cursó estudios universitarios de Ingeniería en Sistemas Informáticos especializándose en sistemas aplicados de Gestión Empresarial. Fue profesor adjunto de la cátedra de Fotografía a cargo de Silvio Fabrykant en la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad. Forma parte del staff como fotógrafo corresponsal en España para el Estudio Fabrikant que es proveedor de fotografía de prensa en Argentina, Chile y Uruguay. Trabaja también como fotógrafo freelance y ha comenzado en 2011 a trabajar en viajes organizados que incluyen workshop fotográficos in-situ. Su mayor interés es el fotoperiodismo en sitios de conflicto. Vive en Barcelona desde el año 2002.

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