LOS JARAWAS NO QUIEREN TURISTAS

A los Jarawas no les gustan los turistas. No quieren que los fotografíen a traición, que les lleven en sus coches a ninguna parte, que exploten a sus jóvenes, que perviertan a sus menores, que les conviertan en objeto de `safaris humanos´ donde todo vale. Sobre todo, si lo que está en juego, es la pervivencia de su cultura milenaria. Con este reportaje sobre esta tribu perdida en las islas Andamán del Golfo de Bengala (India), GEA PHOTOWORDS continúa la colaboración con Survival Internacional sobre la tribus más amenazadas del planeta.

 

Human safaris

Turistas en la carretera Andaman Trunk Road con la esperanza de `avistar´ a miembros de la tribu jarawa.

El Tribunal Supremo de la India ordenó el cierre de la carretera en 2002, pero sigue abierta.

Foto  © G Chamberlain/ Survival

 

Por Juan Carlos de la Cal, miembro de GEA PHOTOWORDS.

 

Dicen los expertos que la tribu de los jarawa vive desde hace 55.000 años en las selvas de lo que hoy son las Islas Andamán, un archipiélago en el Golfo de Bengala que forman parte del territorio de la India. Son cazadores-recolectores nómadas: se dedican a la caza de cerdos salvajes y lagartos, a la pesca con arcos y flechas, y a la recolección de semillas, bayas y miel. Hoy en día, los aproximadamente 400 miembros de la tribu viven en grupos de 40 a 50 personas en “chaddhas”, que es como llaman a sus casas.

Los integrantes de esta tribu de pigmeos de Asia, los negritos más hostiles hacia los extranjeros, cuidan celosamente con arcos y flechas las inmediaciones del lugar para que nadie ose a traspasarlas. Es su forma de defender una forma de vida prácticamente inalterada desde la Edad de Piedra.

Los Jarawa son delgados, de piel oscura, pelo rizado y baja estatura. Las mujeres se afeitan la cabeza completamente y los hombres se la afeitan creando dibujos fantásticos con tatuajes de todo tipo

Hasta 1996, evitaban todo contacto con los colonos, que desde hace 150 años llegaron de Gran Bretaña y siguen llegando de la India. Los ingleses hicieron variados esfuerzos para “pacificar” a los jarawa mediante regalos, secuestros y ataques a sus asentamientos, pero no lograron sino incrementar su hostilidad. Su odio hacia los extranjeros fue a más, entre otras cosas porque, con la instalación de un presidio, llevó a sus islas lo peor de la civilización, con su cohorte de males, como las enfermedades, el alcohol y la deforestación.

Además, bombardeados por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, los jarawas asistieron impotentes a la llegada masiva de nuevos colonos hindúes, en su mayoría refugiados de Bengala oriental, malayos y birmanos que afluían constantemente a su archipiélago. La selva fue desapareciendo poco a poco. En 1950, el gobierno hindú erigió en reserva a Jarawa, los 265 kilómetros cuadrados que se extienden a lo largo de las costas orientales de South Andaman y Middle Andaman. Pero no sirvió de nada. Aun así, los jarawas tienen que luchar contra las repetidas embestidas del mundo moderno.

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TURISMO NOCIVO

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La principal amenaza actual contra los jarawa se deriva de la invasión de su tierra, desencadenada por la construcción de una carretera a través de su selva en los años 1970. El acceso asfaltado ha atraído a colonos, furtivos y madereros a su territorio, con la consiguiente degradación de su forma de vida ancestral.

En 1990 las autoridades locales anunciaron sus “planes” de largo plazo de sedentarizar a los jarawas en dos comunidades basadas en una economía de pesca. Sugerían que la caza y la recolección quedaran como sus actividades “deportivas”. El plan era tan preceptivo que incluso detallaba qué estilo de ropa deberían ponerse. Según denuncia Survival Internacional, la sedentarización forzosa ya fue mortal para otras tribus de las islas Andamán y muchos otros los pueblos recién contactados en todo el mundo.

En 1998, algunos jarawas empezaron a salir de la selva por primera vez sin sus arcos y flechas para visitar poblaciones y asentamientos cercanos. Denis Gilles, editor de un diario en las Islas Adamán, afirmó que son principalmente los jóvenes los que salen del corazón de la selva por curiosidad, pero cuando van envejeciendo pierden interés “cuando se dan cuenta de que el mundo exterior no es para ellos”. Cuando le preguntaron a Enmai, un joven jarawa, cómo se sentía cuando los foráneos le hacían fotos, dijo: “No me siento bien. No me gusta cuando me hacen fotos desde sus vehículos. Este tipo de turismo convierte a las personas en atracciones, en “animales exóticos” que vale la pena fotografiar para que el visitante se lleve un recuerdo del “mundo inhóspito”.

 

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Los jarawas son vulnerables al contagio de enfermedades frente a las que apenas han desarrollado inmunidad, como una simple gripe o un resfriado.

Foto  © Survival International

 

El turismo se ha convertido en los últimos años en un serio problema para los jarawa. Los turistas, llevados a las islas por grandes tour operadores, intentan interactuar con los jarawa que muchas veces mendigan en la carretera. Este turismo es ilegal según la ley india. En marzo de 2008 el Departamento de Turismo de la administración de las Islas Andaman y Nicobar publicó una nueva advertencia para los operadores turísticos. Esta dice que está prohibido intentar contactar con los jarawa, tomar fotos, parar el coche cuando pasan por su tierra y ofrecer llevarles en coche bajo la Protección de la Regulación de Pueblos Indígenas de 1956 y que serían perseguidos según una interpretación estricta del estatuto.

No obstante, estas reglas se incumplen abiertamente. Cada día operadores turísticos llevan más de 500 turistas a la tierra de los jarawa para mirarlos, lo que significa que cada día hay interacciones entre turistas y los jarawa de la reserva. En 2006 la agencia de viajes india Barefoot estableció un centro vacacional a 3 km de la reserva jarawa. Survival International y otras organizaciones, entre ellas las autoridades de las Andamán, han presionado desde entonces para que se cierre el complejo.

Después de una enérgica campaña organizada por Survival y organizaciones locales, este proyecto de sedentarización fue finalmente abandonado. En 2004 las autoridades anunciaron una política nueva y radical: los jarawas podrían elegir su propio futuro y la intervención externa en sus vidas se reduciría al mínimo. Esto significó un enorme éxito para la campaña internacional y local.

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EXPLOTACIÓN SEXUAL

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Sin embargo los problemas continúan. El último de ellos ha sido la noticia del abuso sexual que sufren las mujeres jarawas por parte de colonos y conductores de autobuses, entre otros.

En una grabación de audio que ha obtenido Survival International y divulgado el periódico británico The Observer, un joven hombre jarawa explica cómo los cazadores furtivos se adentran de forma regular en la reserva protegida de su pueblo y engatusan a las jóvenes jarawas con alcohol o drogas para explotarlas sexualmente.

El joven jarawa explicó: “Las chicas dicen que los hombres de fuera las presionan para que hagan muchas cosas. Las presionan con sus manos y las uñas de sus dedos, cuando las chicas se enfadan. Las persiguen bajo la influencia del alcohol. Tienen sexo con las chicas (…) Beben alcohol en las casas de ellas. También duermen en la casa de los jarawas. Fuman marihuana y después persiguen a las chicas.”

El joven prosigue enunciando los nombres de los furtivos que van al bosque para explotar sexualmente a las chicas jarawas. El testimonio apareció por primera vez en el periódico local Andamán Chronicle, que también denuncia el alarmante incremento de los enfrentamientos entre los jarawas y los colonos que viven en los márgenes de su reserva.

Según las informaciones, un grupo de jarawas se enfrentó hace unas semanas a los locales durante una fiesta en la playa, cerca de los límites de la reserva jarawa. Se piensa que tenían como objetivo castigar a quienes habían explotado sexualmente a las jóvenes de este pueblo indígena. Nuevas informaciones sacaron a la luz que un grupo de 60 colonos se aventuró recientemente hasta el límite de la reserva de la tribu con la intención de atacar a la comunidad jarawa, que huyó adentrándose en la selva.

Las enfermedades de transmisión sexual como el VIH/SIDA suponen para los Jarawas una grave amenaza para los pueblos indígenas recientemente contactados. Los vecinos de los jarawas, los granandamaneses, resultaron prácticamente aniquilados por enfermedades como la sífilis que llevaron los colonizadores británicos en el siglo XIX.

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