LOS POSTERGADOS MÁRTIRES DE LA GUERRA DE LOS BALCANES

Más de 130.000 personas perecieron en la antigua Yugoslavia en la guerra de los Balcanes de la década de los 90 del siglo pasado. El conflicto, derivado del desmembramiento del país, provocó más de un millón de desplazados. `Postergados Mártires´ (editorial Áltera) narra a través de la mirada del soldado español Carlos Collado, integrado en la misión humanitaria UNPROFOR, algunos de los horrores que dibujó esa guerra. GEA PHOTOWORDS entrevista a su autor, que bajo el seudónimo de Pablo Peña Quirol ha querido rendir un sentido homenaje a los compañeros que murieron en aquella misión, cuando  trataban  de ayudar a una población condenada a vivir uno de los episodios más sangrientos de nuestra historia reciente. 

 

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Portada del libro Postergados Mártires de Pablo Peña Quirol.

 

Postergados Mártires de Pablo Peña Quirol

Por Gemma Rodríguez Betrian para GEA PHOTOWORDS

 

“Dejamos allí el alma, algunos la vida, pero la misión mereció la pena porque con nuestras manos ayudamos a la reconstrucción de un país”.

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Raúl Berraquero Forcada murió en acto de servicio en la antigua Yugoslavia a los 19 años. Formó parte de la Fuerza de Protección de la ONU, UNPROFOR, en el año 1994. El pasado mes de noviembre se cumplieron dos décadas del fatídico accidente que le costó la vida. El vehículo en el que viajaba volcó mientras escoltaba un camión de Médicos del Mundo. Como Raúl, otros 22 militares españoles han fallecido en las distintas misiones de paz que se han desarrollado en la zona. Desde la llegada del primer contingente español en octubre de 1992, más de 46.000 nacionales han trabajado por la paz bajo las órdenes de Naciones Unidas, OTAN o Unión Europea. Aún hoy, España sigue manteniendo una representación militar en Bosnia con su participación en el Cuartel General de EUFOR, desplegado en Sarajevo.

Hace tan sólo unos días, soldados españoles rendían homenaje a los caídos en la Plaza de España de Mostar (Bosnia-Herzagovina). Mientras, aquí en nuestro país veía la luz “Postergados Mártires”, un libro escrito por el compañero del soldado Berraquero en aquella dramática aventura, de la editorial Áltera. Un particular y sentido homenaje a Raúl y a todos “los muertos olvidados”, como el autor les llama. “A los que fallecieron en aquella guerra y que la sociedad y las instituciones han olvidado”, explica Pablo Peña Quirol (seudónimo).

 

¿Quiénes son los Postergados Mártires?

Son los compañeros que participaron en la misión de mantenimiento de la paz y que tuvieron la desgracia de fallecer prestando su vida a un país destrozado. Dieron hasta la última gota de su sangre por mantener la seguridad de los más desfavorecidos, los damnificados, las minorías más hostigadas. Ellos murieron heroicamente demasiado jóvenes, con una media de edad que no alcanzaba los 30 años. En aquellos tiempos, el militar no tenía el reconocimiento social que se merecía. Por eso sentí la necesidad de rendirles este humilde homenaje.

  • “Verás, Collado. – Prosigue destrozado. – La patrulla que salió esta mañana con vosotros, jamás regresará a casa completa. Les convocaron de madrugada para escoltar un convoy de Médicos del Mundo, y de regreso a base tuvieron un accidente. Al parecer el blindado perdió el control en la carretera que enlaza con Čapljina, y se precipitaron en caída libre por un barranco. Murieron aplastados contra los hierros del VEC36, sin tan siquiera poder gritar de dolor… Han sido el cabo Álvaro y nuestro Raúl”.

 

Vuestro primer destino: Drâcevo. ¿Por qué embarcáis en esa misión?

Por aquel entonces tan sólo teníamos 19 años. Al ingresar nos dieron la oportunidad de ir voluntariamente al Conflicto de los Balcanes. Decidimos apuntarnos sin saber a dónde íbamos. Pensábamos que sería una experiencia enriquecedora, en unos tiempos en los que tampoco teníamos muchas oportunidades para viajar y conocer mundo. Así que nos fuimos para allá con los ojos cerrados sin saber qué nos esperaría allí.

 

¿Qué encontrasteis allí?

Una realidad inhumana. Un escenario voraz, muy difícil de entender , más viniendo de una sociedad democrática como la nuestra, en un estado de derecho. Era un país asfixiado por el odio, un odio enraizado desde la 2ª Guerra Mundial. Nos encontramos vecinos que se habían degollado unos a otros, un niño al que le habían obligado a matar a sus propios padres con una pistola, mujeres violadas hasta la extenuación, a seres humanos quemados vivos dentro de sus casas, etc.. Fue terrible ver el sufrimiento de una posguerra tan dura.

 

En el libro describes escenas de hace 20 años con detalle. ¿Son difíciles de borrar?

Son imágenes que se quedan dentro del alma para siempre y que no podremos olvidar en la vida. A veces te despiertas pensando en la gente que dejaste allí y te preguntas qué habrá sido de ellos. Te acuerdas de ese niño que corría entre las ruinas de una ciudad destruida. Pero sobre todo, tengo la imagen de ese compañero que tuvo la desgracia de fallecer con tan sólo 19 años. Fueron 5 meses de momentos horribles que llevo conmigo para siempre, sus fantasmas aparecen casi a diario.

 

Además de la muerte de tu compañero, ¿recuerdas algún capítulo de forma especial?

Lo que allí ocurrió fue algo salvaje, un atentado brutal contra los derechos humanos y contra la carta de Naciones Unidas. Recuerdo el caso de una niña, Almira (Bektovic 1980-1992), raptada con tan sólo 12 años. La violaron hasta la saciedad y la mataron, de hecho su cadáver nunca apareció. Las mujeres fueron martirizadas sin piedad, violadas, obligadas a tener hijos con otras etnias para humillarlas y finalmente asesinadas. Las atrocidades que hicieron con ellas me sobre cogieron especialmente.

  • “Fue entonces cuando dio comienzo la depravación, y fuimos violadas durante más de siete horas, por una veintena de hombres a cada cual más repugnante. “¡¡¡TENDRÉIS HIJOS SERBIOS MALDITAS ZORRAS!!!” Gritaban, mientras hundían sus puñales para rajarnos los pechos”. Recuerdo la expresión de esa pobre pequeña, cuando a pesar de quedarse inconsciente, volvía a ser profanada por hombres borrachos con aliento podrido”. Cita Postergados Mártires.

 

¿Cómo se trabaja en una misión de paz en medio de ese escenario?

El objetivo de la misión, el mantenimiento de la paz, es muy complicado en una zona como esa. Íbamos vestidos con uniforme de campaña, con un fusil de asalto a la espalda las 24 horas del día, nos desplazábamos en vehículos de reconocimiento ligero. Todo eso asusta a la población, provoca desconfianza. Pero hacíamos lo que podíamos. Tratábamos de dar calor, apoyo y seguridad a los refugiados para que siguieran vivos, escoltábamos caravanas de ayuda humanitaria para que el material llegase a la población civil. Y al final, nuestro trabajo era bien recibido.

 

¿Cómo fue esa relación con la población civil?

El contingente español no deja de ser un reflejo de la sociedad española. Por nuestra forma de ser, entablábamos conversación fácilmente con cualquiera. Gracias a nuestra cercanía y tesón nos ganamos el respeto de la población. Al que pasa frío le das mantas, al que está sufriendo en el hospital por un dolor terrible, le facilitas las medicinas, al que vuelve a su pueblo después de ser arrasado, le proporcionas seguridad para que no lo maten. Al menos consigues un poco de orden dentro de un país sumido en el caos.

 

¿Cómo vuelves a España después de vivir uno de los peores capítulos de la historia reciente de Europa?

Vuelves muerto en vida. Allí dejé mi alma, mi inocencia, muchos sentimientos que ya no recuperaré nunca. Me cambió todo de repente, fue un giro de 180 grados. Valoras las cosas de una forma distinta y tienes una visión muy diferente a la que tenías antes de pisar la zona de operaciones. Esos problemas que te cuentan los amigos que les llevan al borde del colapso, carecen de importancia. Cuando piensas en esas personas que murieron casi en tus brazos o de la gente que tenía que buscarse la vida con menos de un euro al día, todo cobra otro sentido.

 

¿Mereció la pena pagar un precio tan alto?

Siempre merece la pena porque te enriquece personalmente. Hay momentos de un estrés emocional desbordante en los que lloras sin consuelo. Tienes que luchar por mantenerte frío para seguir haciendo tu trabajo. Pero con nuestras manos ayudamos a la reconstrucción de un país. Tendimos la mano a esa gente que lo había perdido todo, eso no está pagado. Les abrazamos y lloramos con ellos. Al final te queda ese sabor dulce a pesar de haber vivido en el infierno durante meses. Entre todas esas imágenes, también te quedas con la sonrisa de ese niño al darle un caramelo o la del refugiado cuando te invitó a su casa y te ofreció lo poco que tenía.

  • “Rodeados por la niebla consumimos los últimos metros en la República Srpska 47, mientras avistamos la concertina que bordea el destacamento. Con un sabor agridulce preparamos el traslado, alentados por un regreso a casa, que se percibe hoy más necesario que nunca. Nuevamente me preocupa la frialdad de mi entereza, que a base de odio me mantiene cabal. ¿Volverá todo a la normalidad cuando me vaya de aquí? ¿Seré capaz de ser el de antes?. Son tantas las preguntas que circundan en mi razón, que necesito chutarme Diazepam, para poder conciliar el sueño.”

 

¿Qué novedad aporta este libro a todo lo publicado sobre el conflicto?

Uno de los objetivos de Postergados Mártires es dar esa otra perspectiva que creo que faltaba, la del soldado. El protagonista, Carlos Collado, sitúa al espectador en el espacio y en el tiempo a través de testimonios reales. Me dirijo al ciudadano de a pie, que quizás no conoce con tanto detalle la historia, para contarle de una forma sencilla lo que pasó. Relata cómo la gente se cobró las deudas contraídas en la 2ª Guerra Mundial. Y aquí hago una crítica a lo que está sucediendo hoy en España con la corrupción política y la animadversión hacia nuestros políticos. Apelo a su responsabilidad para evitar que se generen odios en nuestra sociedad, algo que no es ninguna tontería y que puede cobrarse un precio elevado.

 

¿Crees que se fue una guerra bien contada?

Postergados Mártires amplía lo que ya hay publicado sin desmerecer el trabajo de periodistas e historiadores. Es un ángulo más que sirve para complementar ese momento de la historia. En la cobertura de este tipo de conflictos, el periodista puede llegar a estar muy limitado por razones de seguridad, mientras que nosotros interactuamos con la sociedad civil recorriendo el territorio de un sitio a otro. Creo además que en su momento, los medios de comunicación fueron muy manipulados por las grandes potencias en un intento porque aquello pasase de largo ya que fue sin duda, la vergüenza de Europa.

 

¿Esta experiencia reforzó aún más tu vocación?

En mi caso, vivencias como esta se convierten en una adición, una vez que entras es difícil salir. Es más que un trabajo, es una forma de vida. No sólo hemos servido en Bosnia, después han venido muchas más misiones. Continuamos con los mismos principios de siempre, nuestro objetivo es el mismo, ayudar a los más débiles en las peores situaciones.

  • “Afortunadamente hoy vuelvo a sentir la adrenalina, mientras preparo concentrado mi equipaje. Sin uniformar y más autónomo me dirijo a mi próxima misión, donde un escenario bélico, reclama mi intervención…”. Postergados Mártires.

 

 Gemma Rodríguez Betrian es licenciada en Ciencias de la Informacion por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es responsable del área de internacional y sociedad en ABC Punto Radio. Trabajo en Onda Cero, Europa Press Aragón e Intereconomia Televisión entre otros. Especialmente comprometida con los temas sociales y los conflictos internacionales. Colabora puntualmente con el diario ABC. Actualmente trabaja en la Fundación Amigó.

 

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