LOS ÚLTIMOS BEDUINOS DE ISRAEL

Este reportaje describe la situación de los árabes Al-Jahalin en la comunidad beduina en la zona E-1 de Cisjordania, donde Israel tiene la intención de expandir sus asentamientos ilegales, desalojando a las comunidades beduinas que viven en esta zona. Estas tribus vienen saltando de un lugar a otro desde el establecimiento de Israel como país y son los más marginados entre los diversos colectivos que lo habitan. El trabajo del fotógrafo italiano Giuliano Camarda es uno de los finalistas de la II edición de REVELA, Premio Internacional de Fotografía a los Titulares de los Derechos Sociales. También fue valorado para el II Premio de Fotografía Documental GEA PHOTOWORDS que concede nuestra organización.

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Fatimah Ka’abneh (80) con sus tres sobrinos ante su barraca demolida. Jaba’a, Ramallah.

FOTO  ©  Giuliano Camarda

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Por Nacho Carretero, miembro de GEA PHOTOWORDS

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Por la ventanilla del coche que atraviesa el desierto de Negev, en el sur de Cisjordania, pueden verse, de cuando en cuando, raídas chozas y viejas tiendas de campaña agolpadas en forma de poblados. Una suerte de aldeas nómadas rodeadas de ovejas y niños descalzos que juegan entre neumáticos y otros escombros. Son núcleos de pobreza y marginalidad. “Son beduinos”, explica alguien. Los últimos de entre los últimos en el conflicto Israel-Palestina.

El 80% de los beduinos son refugiados de guerra, provenientes de comunidades de los Territorios Palestinos ahora ocupados por Israel, según Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA en sus siglas en inglés). Se trata de tribus árabes de nómadas que llevan cientos de años habitando en la Palestina histórica. No son israelíes, tampoco palestinos. Son tribus, ancladas en modos de vida arrastrados desde mucho antes del conflicto. Israel, denuncian, no les quiere en sus dominios y por ello se van viendo desplazados. Tampoco tienen sitios en los núcleos urbanos palestinos, no es ese su modo de vida. “Los beduinos dependen de los animales. No podemos cuidarlos en un pueblo o una ciudad”, explica Mohammad al Korshan, quien reside en un campamento con su familia y otras 90 personas, cerca de la localidad cisjordana de Anata, al noreste de Jerusalén. “Nos matan si nos llevan a una ciudad. Dentro de unos años no habrá más beduinos en la zona”, alerta.

Dentro de los beduinos existe una tribu que destaca de entre las demás debido a su gran número. Son los Al-Jahalin, la comunidad beduina más grande. Su problema también es el más grave y se debe al lugar en el que viven. Ajenos a los entramados políticos, su desgracia es estar asentados en la zona E-1, tal vez la más delicadas del enredo territorial entre Israel y Palestina. Esta franja de tierra, encuadrada en la zona C, es decir, territorio cisjordano controlado por Israel, es ahora mismo el punto más caliente en las negociaciones entre ambos bandos.

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Mahmoud al-Rifai, alcalde de la ciudad palestina de Anata, completamente rodeada por el muro.

FOTO  ©  Giuliano Camarda

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El gobierno israelí quiere ampliar sus colonias en esta tierra, algo que fragmentaría en dos partes Cisjordania, rompiendo con ello su unidad territorial y echando por tierra casi de modo definitivo sus aspiraciones a convertirse en un estado unido. La Autoridad Nacional Palestina ya ha denunciado la intención israelí de edificar en la E-1 pero no parece importar mucho en el parlamento israelí. Y en medio, los Al-Jahalin.

Los beduinos viven en chozas miserables, sin electricidad ni agua corriente, el pastoreo de sus ovejas entre los escombros y soñando con el florecimiento del desierto de Negev, donde se han desalojado forzosamente, a través de las líneas de armisticio de 1949 por las autoridades israelíes. Israel tiene un plan de reubicación para ellos ya que, según denuncian las propias tribus, “los israelíes no quieren beduinos en sus territorios”.

El problema de estos planes es que ignoran sus necesidades y formas de vida. Sus tradiciones y su cultura. “Estos planes harían desaparecer al pueblo beduino en pocos años”, explica la organización de derechos humanos israelí B’Tselem. Esta organización estima que se verán afectados unos 27.000 beduinos por la reubicaciones o desalojos. No todo responde a los cauces legales. En los últimos 15 años, las comunidades de beduinos han sido objeto de demolición, confiscación de ganado y, sobre todo, ataques de los colonos radicales, con el objetivo de que se alejen de la zona.

Los beduinos, a día de hoy, no ven futuro. Israel tiene claro que los expulsará de sus territorios y los reubicará, algo a lo que ellos se niegan porque, dicen, sería su codena a muerte. “Queremos quedarnos en nuestras casas. Si destruyen nuestra vivienda o nuestras tiendas de campaña, la reconstruiremos. No nos vamos a ir. Aun si nos matan, nos queremos quedar. No tenemos donde ir”, advierte Kufr Adummin, beduino de la zona. Son las víctimas olvidadas. Los últimos de los últimos.

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Soldados israelíes durante una demolición en Mitawish Bedouin Community.

FOTO  ©  Giuliano Camarda

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LA ONG

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Vento di Terra, VDT, es una ONG italiana fundada en 2006 cuyos fin exclusivo es la solidaridad y cuyo funcionamiento es democrático, sin distinciones políticas, religiosas o étnicas, en observancia de la igualdad de oportunidades, las diferencias de género y los derechos humanos. VDT es el punto de encuentro de profesionalismo diferente en el campo de la educación, la bio-arquitectura y la cooperación internacional.

Su misión es promover la cooperación internacional y la educación para la paz. Su metodología se basa en la planificación participativa y la creación de redes basándose en la participación activa de los interlocutores, enlazando a los beneficiarios del proyecto y de la sociedad civil. Losproyectos se basan en la activación de redes locales grandes y proactiva y están orientados a mejorar las oportunidades de desarrollo en la valorización plena de los recursos locales.

También, VDT promueve intervenciones en diferentes sectores: el apoyo a las micro-empresas, la educación, la bio-arquitectura y la autoconstrucción, la creación de capacidad, la salud, los derechos humanos, educación para la paz; humanitaria de emergencia, etc.

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Nora (11) de la comunidad beduina al Ahmar bedouin visita por primera vez Jerusalén.

FOTO  ©  Giuliano Camarda

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EL AUTOR

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Giuliano Camarda, Roma 1978, es un fotógrafo independiente desde 2008. En julio de 2009 asistió a un curso de fotografía de reportaje en el London College of Communication. En diciembre de 2009 obtuvo un Master en Fotoperiodismo en la Agencia Contrasto en Milán.

Ha trabajado en Bosnia Herzegovina desarrollando varias cuestiones acerca de las secuelas de guerra. Actualmente está trabajando en los Territorios Palestinos Ocupados en un proyecto a largo plazo. Centrado principalmente en proyectos con aspectos sociales y humanitarios. Ha colaborado con ONG como CESVI, Caritas Italiana, La Carovana del sorriso, Vento di Terra. También está un proyecto en la región de Ogaden en Etiopía en la comunidad étnica somalí.

Sus trabajos se han publicado en National Geographic Italia, Repubblica.it, Sky TG24, Política Exterior, ABC News, Donna Moderna, Witness Journal, ZOOM, entre otros.

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