MAYORES Y ESTUDIANTES COMPARTEN PISO

Las grandes ciudades esconden historias cargadas de soledad. En Madrid, miles de personas mayores viven cada día sin nadie cerca con quien compartir unos minutos, una conversación durante la cena, una película en el salón de sus casas. Para evitarlo, la organización Solidarios para el Desarrollo organiza un programa de convivencia entre mayores y estudiantes universitarios que buscan alojamiento en la capital. Una experiencia con la que todos ganan.

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Ilustración ©   GEA PHOTOWORDS

 

Por Noelia Suárez para GEA PHOTOWORDS

 

En la Comunidad de Madrid 137.000 personas mayores viven en soledad, una situación que les ha venido impuesta por sus circunstancias personales. En muchas ocasiones, este estado provoca depresiones y sensación de abandono. La ONG ‘Solidarios para el Desarrollo’ trabaja, desde hace 15 años, para que estas personas gocen de un envejecimiento saludable.

Para ello, coordinan el programa ‘Convivir con Mayores’ , a través del cual seleccionan a estudiantes que tengan dificultades en el pago de un alquiler para que compartan piso, tiempo y experiencias con ellos. Marcos Böcker, coordinador de esta iniciativa de Solidarios, afirma que han conseguido que estas personas ya no tengan “ese miedo a estar solos porque saben que tienen a alguien durmiendo en la habitación de al lado”.

Carmen López es una de las usuarias. Tiene 92 años y, desde hace tres comparte su vivienda con Alexandra Mesa, una estudiante colombiana de 35 años. Ella se encontraba en Colombia buscando dónde vivir en Madrid mientras cursara su máster en Historia del Arte, cuando encontró en la página de la Universidad Autónoma de Madrid esta alternativa. Como este centro, también colaboran el resto de centros públicos de la Comunidad como la Universidad Complutense, la Universidad Politécnica y la Universidad Carlos III, así como el Ayuntamiento de la capital.

“Ella no paga nada. Ni luz, ni agua, ni ningún tipo de alquiler. Sólo se compra su comida porque, a veces, no comemos a la vez”, explica Carmen. Sin embargo, una de las condiciones de la convivencia es que compartan tiempo en la medida en que el estudiante pueda. “Carmen y yo hablamos mucho, vemos la tele y películas juntas y las comentamos. Además, le hablo mucho de Colombia y ella a mí me cuenta sus historias. Es una experiencia muy enriquecedora, hay un intercambio cultural y nos ayudamos. Somos amigas”, cuenta Alexandra.

 

Compromiso mutuo

 

Marcos explica que centenares de estudiantes presentan su solicitud cada año. Sin embargo, la organización busca unos perfiles muy concretos para sus participantes. “Es muy importante que el estudiante esté comprometido y pase tiempo con la persona mayor. Especialmente por la noche, que es lo que más seguridad les da. Además, que le acompañe al médico si no puede ir un familiar e, incluso, queremos poner en marcha talleres para los mayores y esperamos que ‘su estudiante’ le apoye”.

En cambio, el perfil de los mayores es más difícil de encontrar. La falta de difusión entre ellos hace que las solicitudes sean escasas y que la mayoría de los participantes vengan derivadas de los servicios sociales. Pero de nuevo, no todos los casos valen. “Buscamos personas de más de 65 años que se valgan por sí mismas. A veces, nos llegan casos que necesitan una atención médica profesional o personas que piden alguien para que les limpie y esta no es una función del estudiante. No queremos que sea un trabajo, sino una convivencia”, afirma Marcos.

Con esta idea, Solidarios mantiene el seguimiento a las 55 convivencias que existen actualmente en Madrid. Tras presentarles y ayudarles a establecer unas normas de convivencia, mantienen un contacto constante con las parejas para asegurarse de que la relación prospera adecuadamente y sin conflictos. “No solemos tener problemas, pero podrían darse. Entonces, intentaríamos mediar y conciliar ambas partes ya que damos un apoyo psicológico también. Si no hay acuerdo, disolveríamos la pareja y les buscaríamos nuevos compañeros”, explica Marcos. Sin embargo, el mayor problema al que se enfrentan es que el financiador ha retirado el apoyo y buscan nuevas formas para continuar con su labor.

Carmen y Alexandra han establecido sus propios pactos para llevar el día a día. “Como tenemos diferentes horarios debido a mi beca de trabajo en la universidad, cada una come y friega lo suyo. Pero cuando podemos lo hacemos juntas”, dice Alexandra. Pero siempre se reservan un hueco por la noche para pasarlo juntas. “Vemos la tele o, si no echan nada, nos contamos nuestras cosas. Luego nos vamos a acostar, y me gusta saber que ella está ahí por si pasara algo. Para mí es una más de la familia”, concluye Carmen.

 

Noelia Suárez es estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y ha trabajado como redactora en la sección ‘Solidaridad’ del periódico El Mundo.

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