MENORES ESPERANDO JUSTICIA

Hay países donde la justicia es menor de edad. Decenas de miles de niños de todo el mundo, sobre todo en África, se encuentran encerrados en prisiones horribles sin posibilidad de acceso a abogados, jueces y donde no hay tratado internacional que valga. Sufren violencia, acoso sexual, malnutrición, enfermedades, hacinamiento, y todo tipo de horrores que ponen en riesgo sus vidas y su futuro. Este reportaje de Fernando Moleres, realizado en la prisión de Pademba Road, en Sierra Leona, es uno de los trabajos ganadores de Revela, Premio Internacional de Fotografía a los Titulares de los Derechos Sociales. El trabajo, también fue valorado por el jurado para el I Premio de Fotografía Documental GEA PHOTOWORDS.

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Jóvenes en la Prision Central de Pademba.

FOTO ©  Fernando Moleres

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Redacción GEA PHOTOWORDS

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La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (1989) establece que ningún menor será privado de libertad de forma ilegal o arbitraria, y que la detención “se utilizará tan sólo como medida de último recurso y durante el menor período de tiempo adecuado”. El tratado también tiene una disposición a partir de la cual ”todo niño privado de libertad será tratado humanamente y con respeto a la dignidad inherente de la persona humana, y de manera que se tengan en cuenta las necesidades de las personas de su edad”.

Sin embargo, la mayoría de los sistemas carcelarios africanos -con excepción de los de Sudáfrica-, carece de recursos para albergar a los niños separados de la población de varones adultos. La mezcla de pequeños y grandes maleados provoca consecuencias desastrosas. En primer lugar, porque los niños detenidos deben competir con los adultos por recursos escasos, tales como los alimentos. Y luego porque, como las cárceles africanas no cumplen ni con los estándares mínimos más básicos para los adultos, tampoco cumplen con los estándares internacionales para la detención juvenil.

Por ejemplo, el hacinamiento compromete la salud y la higiene de los niños presos y los expone al riesgo creciente del abuso sexual. Tampoco las necesidades educacionales, de desarrollo, salud y nutrición de los jóvenes detenidos son debidamente atendidas. Para las cárceles africanas, la rehabilitación es un objetivo difícil de alcanzar, en gran parte, por la falta de recursos. La superpoblación y la escasez de fondos obstaculizan la implementación de esquemas de resocialización eficaces.

“Los especialistas piensan que una falta de dignidad da lugar al odio y la rebelión; del mismo modo que la incapacidad de integrar a estos jóvenes de vuelta a la sociedad conduce a la reincidencia. Es necesario devolverles la dignidad para romper el silencio circundante y, lo más importante, romper su aislamiento”, asegura el fotógrafo bilbaíno Fernando Moleres, autor de este trabajo realizado en las cárceles de Sierra Leona titulado “Menores esperando justicia” y que ha sido uno de los cinco ganadores del Premio Revela de fotografía solidaria.

Entre las imágenes que componen este reportaje, Moleres quiere destacar una en especial ”por verdadera e injusta como la de Abdul Moresey que se fue a bañar al río con un amigo que se ahogó. Abdul fue acusado de asesinato. Lleva cinco años años esperando juicio y ni siquiera se sabe si se va a celebrar. Y, mientras, este muchacho se pudre en la cárcel”. Moleres acaba de terminar un trabajo sobre un colectivo muy especial: las mujeres ciegas que tocan música en Egipto. “Hace 13 años que las conozco. Ha sido una experiencia muy positiva y he viajado con ellas por diferentes giras que han realizado en Europa. De todas formas, me gustaría seguir con el  proyecto fotográfico de los menores en las cárceles cuando son liberados y hacer un seguimiento en la rehabilitación. Porque, lo importante de todo esto, es saber que pasa al final del camino”, asegura.

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Prision Central de Pademba.

FOTO ©  Fernando Moleres

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EL PROYECTO

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Precisamente, el proyecto FreeMinorAfrica ofrece ayuda a los jóvenes encarcelados en forma de asistencia legal y pago de fianzas por delitos menores. Se trata de trabajar una forma de aterrizar en la sociedad donde fueron excluidos arbitrariamente con el menor trauma posible. Una vez excarcelados se les ofrece un lugar de acogida donde trabajar con ellos para la integración social. Reciben apoyo psicológico, y se promueve el contacto familiar fuera de la cárcel con la convicción de facilitar la integración en la sociedad civil. Tras su paso por la prisión su situación frente a la sociedad e, incluso, frente a su círculo familiar se ha deteriorado en gran medida por lo que necesitan de ayuda para recuperar la dignidad que combata la automarginalización y les ayude a incorporarse a la sociedad. La reincidencia puede ser alta si no la reciben.

Las consecuencias de los nueve años de guerra civil en Sierra Leona resultaron especialmente graves para los menores. Un gran número de niños fueron desplazados, heridos y traumatizados, y miles de ellos quedaron huérfanos. Muchos acabaron secuestrados y obligados a combatir. Huérfanos y niños abandonados han ido llegando en grandes cantidades a las ciudades para terminar viviendo en las calles, enfrentados así a una situación de extremo riesgo de supervivencia. Algunos cometen pequeños hurtos y acaban encarcelados durante años.

La arbitrariedad policial se ceba con ellos y pueden ser detenidos por delitos menores como la simple presencia en la calle a partir de medianoche, una falta de identificación adecuada, callejeo, ausentismo escolar, mendicidad o falta de control paterno. Una vez cruzadas las rejas, la salida de la prisión es un camino demasiado difícil que puede durar años. Además, los menores con largos periodos de encarcelamiento con adultos y sin medidas de rehabilitación tienen muy difícil la reintegración social posterior.

La casi totalidad de los menores en Sierra Leona son acusados de faltas menores y pertenecen a las familias mas pobres y desestructuradas. Son víctimas de un sistema económico social que no los ha incorporado y muchos no han tenido acceso a la educación. En el trato con ellos sorpende su gran interés por ser útiles, trabajar, estudiar, casarse y formar una familia. No odian a la sociedad o a el sistema judicial que les ha impuesto penas desproporcionadas y en muchos casos castigado injustamente.

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Temporada de lluvias. Prision Central de Pademba. Freetown, Sierra Leona.

FOTO ©  Fernando Moleres

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EL AUTOR

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Fernando Moleres (Bilbao, 1963) reside en Barcelona desde 2001. Entre sus trabajos publicados destacan los dedicados a los refugiados, sobre todo en el Kurdistán (1991), Sahara Occidental (1992) y Ruanda (1996). Ha trabajado también en los suburbios de Calcuta y Guatemala. Ha realizado numerosos reportajes sobre temas más concretos como: la explotación laboral infantil; las fábricas textiles en Asia; las mujeres trabajadoras; la inmigración ilegal en la frontera Norte de México; la basura electrónica en Ghana,  etc.

Ha recibido diferentes premios y becas: Finalista Eugene Smith Grant 2011 – World Press Photo 2011, “ Juvenile behind bars in Sierra Leone” Daily life series. – POY, Picture of the Year 2011. World Understanding Award. – 8th Vevey. Leica prize. May 2011. – World Press Photo 2002 , Burning Man in Art , series. – W. Eugene Smith Grant 1999 ( 2ª prize) . New York. – World Press Photo 1998, “ Children at work”, etc.

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Reparto de agua y comida. 1/3 de litro diario  que no siempre llega para todos. 

FOTO ©  Fernando Moleres

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LA ONG

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La entidad gestora F.M.A. (FreeMinorAfrica) es una organización no gubernamental cuya principal acometida es la defensa de los derechos de los menores que sufren injusticias en el ámbito penal o judicial en el África subsahariana. Además de las campañas de sensibilización realizan acciones continuadas de ayuda directa como recaudar fianzas para que los niños puedan salir de la cárcel. Muchas veces una fianza  de menos de 50 euros puede evitar años de prisión.

 

Para más información haz click en este enlace y en este otro.

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