PALOMARES ‘BROKEN ARROW’ 50 ANIVERSARIO

El 17 de enero de 1966 un bombardero B52 estadounidense que portaba cuatro bombas nucleares chocó con el avión cisterna cuando hacía maniobras de repostaje sobre suelo español. Se produjo una explosión y los aviones se desintegraron. Tres bombas cayeron en tierra y una al mar. 50 años después de la catástrofe de Palomares todavía no se han llevado a cabo las tareas de limpieza y extracción de tierras contaminadas por plutonio. La extensión total de la dispersión no se sabrá nunca.

 

María posa con una máscara en señal de protesta en la costa almeriense.

Foto ©  Adrián Domínguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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PALOMARES ‘BROKEN ARROW’: 50 AÑOS DESPUES DE LA CATÁSTROFE NUCLEAR

 Por Adrián Domínguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

 

Cincuenta años después del Incidente de Palomares todavía quedan muchas dudas sobre la versión oficial; documentos clasificados, secretismos y el silencio del pueblo hacen  muy difícil conocer las medidas que se tomaron y las repercusiones en la zona y la población. Hasta hoy día el Centro de Investigaciones Energéticas Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) realiza análisis periódicos a unos 150 habitantes de la pedanía de Palomares (Proyecto Indalo).

Las cuatro bombas termonucleares (Mk-28) que cargaba el B-52 contenían plutonio, uranio y americio, bombas multietapa de 1.1 megatones cada una (55 veces el poder destructivo de la bomba de Hiroshima). El combustible nuclear se diseminó por más de 266 hectáreas, los compuestos radiactivos eran de categoría alfa, por lo que sus partículas no atraviesan la piel pero si resultan nocivas por inhalación o ingestión de los aerosoles (adheridos a la tierra y el polvo en suspensión). Para algunos la mayor catástrofe nuclear en zona habitada de toda la historia, para los más cautos, la más importante a nivel global hasta Chernobyl (1986) y la más relevante de la historia con armamento nuclear. Uno de los sucesos más oscuros y desconocidos de la dictadura española en plena Guerra Fría. Hasta 2008 no se elaboró un Mapa Radiológico Tridimensional de la zona, con la restricción total de uso de 41 hectáreas. Los esfuerzos de unas pocas personas nos permiten hasta hoy avanzar hacia más conocimiento de lo que allí ocurrió y lo que allí nos dejaron.

La zona3 en pleno centro de Palomares.

Foto ©  Adrián Domínguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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.Una de las bombas se posó intacta, por la funcionabilidad del paracaídas, otras dos impactaron contra el suelo y cumplieron la primera etapa de implosión; el sistema de seguridad One Point Secure anuló la segunda fase, lo que evitó el holocausto nuclear. Aún así, unos cuantos kilos de plutonio y americio se esparcieron por la zona. La bomba1 cayó aparentemente intacta en pleno cauce del río Almanzora, aunque más tarde se descubrió una lengua de dispersión que se había extendido por la ladera de una loma hacia el este, denominada ‘zona6’.  La bomba2 explotó (una etapa) junto al cementerio, creando un enorme cráter. La bomba3 impactó en plena pedanía de Palomares, afectando a cultivos y casas colindantes; la zona sigue vallada en la actualidad, los terrenos se expropiaron pasando a formar parte del Proyecto Indalo del actual CIEMAT. La bomba4 cayó al mar (los gobiernos y la prensa del momento centraron la noticia en esta bomba); se encontró 80 días después, fue Paco ‘el de la bomba’ quien les indicó el punto exacto, ya que pudo apreciar la caída mientras faenaba en la zona. El arma se encontró a 8km de la costa, aparentemente intacta (baño de Fraga y el embajador norteamericano en la playa de Quitapellejos),  Paco ‘el de la bomba’ recibió dos indemnizaciones; por los daños que se produjeron en  su barca al rescatar a uno de los pilotos y otra por una ley internacional  que recompensa a quienes ayudan a encontrar un artefacto nuclear extraviado. Paco era catalán, abandonó la zona al tiempo del incidente (contrastar con testimonio de Joaquín Rico).

Más de 40 hectáreas afectadas y actualmente valladas (el plutonio [Pu] tiene una vida media de unos 80 millones de años). Los restos de fuselaje de los aviones (avión nodriza KC-135 y bombardero B-52) que se encontraron por las sierras colindantes, Almagrera y Algarrobina, también dieron niveles de radiación. En la Sierra de la Algarrobina actualmente hay un resort vacacional coronando la montaña. La Sierra Almagrera aparece entre los puntos negros elaborados por la organización ecologista Greenpeace, en Almería han determinado 5 puntos negros.

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FOTOGRAFÍA PARA GEA PHOTOWORDS

Invernaderos junto a la zona6 donde se produjo una lengua de dispersión de una de las bombas.

Foto ©  Adrián Domínguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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El río Almanzora (bomba1) es un río seco,  con estancamientos parciales de  agua en su desembocadura; aunque  los  vecinos dicen que “cuando baja agua se lo lleva todo”.  Es una zona en la que no se tomaron tantas contramedidas tras el accidente al tratarse de una zona seca e inhabitada. En  1973  bajó  agua  (riada  del  Almanzora),  un  gran volumen de tierra fue desplazado al mar, renovando el curso del río y las tierras de la ladera. No se conocen informes de aquel momento con respecto a la tierra vertida en las costas de Villaricos y Vera Playa (las localidades más próximas). En 1985 el JEN reconoció la existencia de residuos radioactivos en la zona con niveles hasta 20 veces superiores a los recomendados en zonas habitadas.

Los estudios epidemiológicos del Doctor Pedro Antonio Martínez Pinilla, Murcia, que durante varias décadas realizó estudios sobre la población de Palomares, demuestran la existencia de contaminación; en el primer estudio en los años posteriores al accidente no encontró incremento de defunciones por desarrollos tumorales. No así en su segundo estudio, realizado 20 años después, en el que se apreció un incremento de desarrollos tumorales en la población de Palomares, estableciendo un periodo de latencia de los residuos contaminantes. Un estudio concienzudo que aporta algunas respuestas a lo ocurrido en Palomares tras el 17 de enero de 1966.

El  censurado noticiario franquista (el Nodo de la época) y la prensa en general apenas hicieron eco  de  esta  catástrofe,  mostrando  imágenes  de Fraga  y  el  embajador norteamericano en actitud despreocupada, bañándose lejos de las zonas verdaderamente afectadas (…).  Los americanos ocuparon la zona durante unos meses  estableciendo el Campamento Wilson (‘Villa Jarapa’ para los oriundos) y procediendo a las labores de rascado de tierra; una capa de unos pocos centímetros que guardaron en barriles que posteriormente enterraron, quemaron los cultivos afectados y  enterraron las cenizas en grandes zanjas en la misma playa (testimonio de Joaquín Rico), pagaron indemnizaciones  por  una   temporada (testimonio Manuel González)  y  dieron dinero a la Junta de Energía Nuclear (JEN) para continuar con el caso.

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Resort de golf en la Sierra Algarrobina donde se esparcieron los restos del avión nodriza 

Foto ©  Adrián Domínguez, miembro de GEA PHOTOWORDS

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El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) elaboró una publicación monográfica divulgativa; Palomares: En el camino de la normalización radiológica. CSN 2013, que tiene por objetivo informar a la población sobre la evolución temporal y las consecuencias derivadas de la contaminación radioactiva ocasionada en el Incidente de Palomares. El documento aborda la secuencia de eventos de 1966, así como las actuaciones derivadas del cambio socioeconómico de los años 90; ejecución del Proyecto Indalo y el PIEM-VR (Plan de Investigación en Palomares).

Según el CSN, los programas de vigilancia no han mostrado la existencia de morbilidad inducida por la contaminación y no hay ninguna evidencia de patologías causadas por el accidente. Desde 2010, está en marcha el Plan de Rehabilitación de Palomares  para la retirada de los terrenos con contaminación remanente y su transferencia a los EE.UU. para su almacenamiento definitivo, una propuesta del actual CIEMAT. El plan, aprobado el 5 de mayo de 2010 por el CSN, pretende las siguientes operaciones: 1. Extracción de tierras. 2. Tratamiento de tierras en seco. 3. Tratamiento de tierras en húmedo. 4. Expedición y transporte de residuos. 5. Restauración ambiental. 6. Desmontaje de las instalaciones. 7. Control radiológico final.

En 2016 todavía no se ha hecho nada, la pelota está en el tejado de las máximas autoridades del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, los residuos siguen aquí.

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Publicaciones para consultar:

Palomares Summary Report. Defense Nuclear Agency (EE.UU.), 1975

Análisis epidemiológico de Palomares. Pedro Antonio Martínez Pinilla, 1991-2005

Palomares, en el camino de la normalización radiológica. C.S.N., 2013

La descontaminación de Palomares en 1966. Axarquía, revista del levante almeriense. Nº16/2014

Radiografía social del medio ambiente en España. Organización Greenpeace, 2015

 

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