PETRÓLEO Y DESHIELO EN EL ÁRTICO

El petróleo se agota y las compañías energéticas buscan alternativas. Una de ellas son las energías renovables; otra, encontrar nuevos yacimientos de petróleo. GEA PHOTOWORDS, explica en este artículo cómo los buscadores de nuevas reservas de oro negro han puesto sus ojos en el ártico. Y el precio que podemos pagar todos si el volumen de lo que hallen es muy elevado.

SACAR TAJADA DEL DESHIELO
Por Raquel de Luis Iglesias para GEA PHOTOWORDS

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La sustitución de unas fuentes de energía por otras suele venir dada, bien por el descubrimiento de energías alternativas más baratas, bien por el agotamiento de una fuente energética. Actualmente existen en el mundo reservas de petróleo suficientes para abastecer a la población durante 45 años a los niveles de consumo actuales. Sin embargo, es bien sabido que las reservas de este fósil se encuentran, por lo general, en países conflictivos. Además, a medida que vayan agotándose, su precio irá incrementándose, por lo que el consumo disminuiría rápidamente dando paso, probablemente, a las renovables.

Pero, ¿qué pasa si aparecen nuevas zonas de extracción de petróleo? Esta es la pregunta que nos llevamos haciendo desde que la compañía británica Cairn Energy anunció que había encontrado gas natural en su plataforma de prospección del ártico. Es curioso que uno de los efectos del cambio climático, el deshielo, sea aprovechado para buscar combustibles fósiles. Además de las consecuencias obvias que esto conlleva (abaratamiento del crudo, enriquecimiento de las petroleras y retraso en la sustitución del petróleo por fuentes de energía menos contaminantes), existen riesgos medioambientales muy altos inherentes a la propia actividad de extracción en una zona como el ártico. La propia compañía, en su página web, declara:

“Cairn reconoce que sus actividades de exploración, desarrollo y producción pueden tener un impacto en el medio ambiente y en la biodiversidad local, por lo que intenta, en la medida de lo posible, mitigar los impactos negativos de sus operaciones para el medio ambiente. Siguiendo con sus estándares de calidad, Cairn se compromete a no explorar en lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO”.

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FOTO   ©  ANGEL LÓPEZ SOTO, miembro de GEA PHOTOWORDS


Esta declaración resulta, a todas luces, completamente irrisoria. Para empezar, no adquieren absolutamente ningún compromiso en el ártico, ya que en Groenlandia, donde están perforando, no hay ningún sitio declarado Patrimonio de la Humanidad. Por otra parte, no está mal que ellos mismos reconozcan el daño que ejercen sobre el medio ambiente. Eso sí, la mitigación del impacto es una mera intención, no un hecho.

Este verano la compañía obtuvo el permiso del Gobierno de Groenlandia para la perforación en profundidades marinas de 300 a 500 metros. Por mostrar un ejemplo, el vertido de BP en el Golfo de México se situaba a 1.500 metros de profundidad. Es cierto, era tres veces más profundo de lo que Cairn tiene permitido, pero las condiciones climáticas de ambas plataformas no son comparables. Las extremas temperaturas del ártico imposibilitan la extracción entre los meses de octubre y julio. Si ocurriera un desastre justo antes de finalizar la temporada de extracción, ¿cómo se supone que sellarían el derrame? Toneladas de petróleo estarían vertiéndose al mar ante la impotencia del hombre. No estamos hablando de un fantasma, las probabilidades de un fallo son altísimas. El Gobierno de Estados Unidos ha señalado que la probabilidad de que se produzca un desastre en sus aguas del ártico es superior al 20%. Cabe esperar, por tanto, que la probabilidad de que se produzca un desastre en la zona del ártico de Groenlandia sea similar.

En cuanto a los daños a la biodiversidad local, Greenpeace ha señalado que la zona donde se está perforando es el hogar de entre el 80 y el 90% de los narvales del mundo. La región es también el hábitat de ballenas azules, osos polares, focas, tiburones, cormoranes, aves marinas y numerosas aves migratorias. Algunos de estos animales están en peligro de extinción, y todavía no se ha demostrado que la contaminación acústica producida por la actividad de perforación y extracción no los dañe.

Otro aspecto a tener en cuenta, esta vez para la población del país, es la negativa repercusión de la presencia de las petroleras en la pesca, que se caracteriza por ser la actividad con mayor aportación al PIB de Groenlandia. Al final, quienes ganan con los combustibles fósiles son los de siempre: las grandes corporaciones privadas. Esto, al menos, podría tener solución. En Noruega, cuna de yacimientos de crudo, el Gobierno ha creado un Fondo para gestionar los beneficios derivados de la actividad petrolífera. Este dinero se invierte en proyectos sociales y, sobre todo, se guarda para compensar la caída de beneficios una vez que sus yacimientos se sequen. Es una idea fantástica para distribuir la riqueza pero, desgraciadamente, es el único país del mundo que invierte el capital del Fondo en el desarrollo de la población local. Por poner el ejemplo contrario, los países del Golfo han aprovechado la coyuntura de la crisis para intervenir y adquirir bancos de inversión en los países occidentales.

Por otra parte, es preocupante el efecto llamada que produciría el descubrimiento de petróleo, ya que muchas otras empresas se unirían a la carrera por el oro negro en el ártico, aumentando así los riesgos y los daños medioambientales comentados.

Por suerte, aún hay esperanza. A pesar de que la compañía ha encontrado gas natural, aún no ha descubierto petróleo en su exploración. Previsiblemente no lo hallará este año, en breve las temperaturas y el aumento de tamaño de los glaciares impedirán la continuación de las actividades de perforación. Nos queda un año, como apunta Greenpeace, para luchar por una moratoria.

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Raquel de Luis Iglesias (1985) es economista y periodista experta en relaciones euromediterráneas. Actualmente trabaja en el Instituto de Crédito Oficial y estudia un doctorado en Crecimiento Económico y Desarrollo Sostenible. Ha realizado trabajos de investigación en el campo de los microcréditos, la política energética y las relaciones internacionales.

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