PROTEGER A LA SELVA DEL PETRÓLEO

YASUNI: INICIATIVA REVOLUCIONARIA PARA PROTEGER A LA SELVA DEL PETRÓLEO

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Hoy jueves llega a España la ministra ecuatoriana encargada de defender ante el mundo la iniciativa más novedosa en términos ambientales que se ha hecho en los últimos años. Ecuador propone dejar en tierra los 850 millones de barriles de petróleo que alberga una incomparable reserva natural de la Biosfera en la Amazonía, el Parque Nacional del Yasuni, a cambio de que la comunidad internacional le pague a este país la mitad del dinero que obtendría por su explotación: 3.500 millones de dólares. Este útero ecológico es, además, un refugio para los últimos indios aislados del planeta.


Vista aérea de las palabras Vive Yasuni formada por indígenas en una campaña de Amazon Watch

FOTO   © José F. Ferrer

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PROTEGER LA SELVA DEL PETRÓLEO
Por JUAN CARLOS DE LA CAL, miembro de GEAPHOTOWORDS


Si hay un lugar en la tierra que se parezca al paraíso terrenal ése es el Parque Nacional del Yasuni, un pedazo de selva amazónica en la frontera de Ecuador con Perú donde la naturaleza se conserva en estado primigenio. Los científicos han encontrado aquí algunas de las especies de animales y plantas más antiguas de las que habitan sobre la faz de la Tierra. La explicación se debe a qué, durante la última glaciación, esta zona no se heló, convirtiéndose en un refugio para toda aquella forma de vida que huía del frío. Después, con la retirada de los hielos, el Yasuní funcionó como una especie de útero ecológico desde el que se regeneró el principal pulmón del planeta. Por ésta y otras razones, en 1989 fue catalogado por la UNESCO como una “Reserva de la Biosfera”.

Para algunos especialistas, es la zona biótica más rica del planeta, un epicentro global de la biodiversidad. En el millón de hectáreas de su superficie, se encuentran más de 12.000 especies diferentes de plantas, 600 tipos de aves, 200 mamíferos, 500 clases de peces y unas 100.000 especies de insectos. Y, por si fuera poco, también es el refugio de dos de los últimos pueblos indígenas en aislamiento voluntario de la amazonía ecuatoriana: los tagaeris y los taromenamis, casi 2.000 individuos que eligieron este paraíso donde siempre vivieron sus ancestros para esconderse y mantenerse al margen de la cultura del hombre blanco.

Al Yasuní no le falta de nada. Lo tiene todo. Hasta petróleo…

Precisamente, el “oro negro” se ha convertido en la gran amenaza para el último paraíso. Los expertos estiman que debajo de esa mata virgen hay una reserva de unos 850 millones de barriles de crudo, más de 7.000 millones de dólares traducidos a dinero. Una cantidad muy importante para un país empobrecido como Ecuador, decimoquinto exportador mundial de petróleo, que está recibiendo grandes presiones de las multinacionales energéticas para extraerlo cuanto antes.

En junio de 2007, el entonces ministro de Energía de Ecuador, Alejandro Acosta, realizó una propuesta sorprendente, brillante y novedosa al mundo: su gobierno dejaría ese petróleo en el suelo si la comunidad internacional se comprometía a compensar al país suramericano con la mitad del dinero que obtendría por su venta. Tras ir puliendo el proyecto en todos los encuentros bilaterales que el gabinete del presidente Correa tuvo con las principales potencias económicas del mundo, la iniciativa Yasuni fue presentada oficialmente en la Cumbre por el Clima de Copenhague, celebrada en diciembre del año pasado. La propuesta fue ampliamente aplaudida por todas las organizaciones conservacionistas del mundo que vieron, por fin, un ejemplo claro de colaboración entre los países ricos y pobres para ayudar conjuntamente en la lucha contra el cambio climático.

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FOTO   ©  ALFONS RODRÍGUEZ, miembro de GEA PHOTOWORDS


Finalmente, el 3 de agosto último, Ecuador y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) firmaron el acuerdo de constitución de un fideicomiso para la recaudación de fondos entre los posibles donantes, públicos o privados, para este proyecto. El dinero serán administrado por el propio organismo internacional, mediante bonos de garantía, para evitar problemas en el futuro en caso de cambios políticos o una mala administración. En términos ambientales, dejar ese petróleo en tierra supondría ahorrar la emisión a la atmósfera de 407 millones de toneladas de dióxido de carbono. Por último, la iniciativa fue presentada la semana pasada en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, a los representantes de una veintena de países.

Pero a pesar de que los gobiernos internacionales manifestaron desde el principio su intención de apoyar esta iniciativa como “un modelo mundial a seguir”, la crisis económica y la falta de compromiso, como siempre, a la hora de soltar el dinero amenazan ahora su desarrollo. Alemania, por ejemplo, que había anunciado una donación de 50 millones de dólares, acaba de rectificar su postura posponiendo esta decisión al acuerdo del resto de los posibles países donantes. Quizá por eso, la ministra coordinadora de Patrimonio de Ecuador, María Fernanda Espinosa, llega esta semana a Europa –Alemania y España son sus principales destinos- para intentar desbloquear la situación.

El gobierno español ya adelantó en su día 4 millones de dólares para los primeros estudios aprovechando una visita de la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, quién afirmó que nuestro país estaba estudiando condonar una parte de la deuda a Ecuador como posible forma de financiación. Italia también ha propuesto lo mismo cuantificando su donación en 30 millones de dólares. Una de las peticiones que, tanto España como el resto de la comunidad internacional hace al gobierno de Correa, es que aclare en que va a invertir ese dinero, sobre todo si va a ir destinado a iniciativas ambientales sostenibles. Lo que no dijo de la Vega es que la principal petrolera española, Repsol, ya tiene una prospección petrolera en el amazonas ecuatoriano y también una participación importante en el reparto del “pastel” del Yasuni.

Y, es que, Ecuador sabe bien lo que es sufrir una explotación irracional de los recursos naturales. El caso de la contaminación de amplias zonas amazónicas por parte de la multinacional Texaco (hoy Chevron) durante cuatro décadas, ha provocado un desastre ecológico sin precedentes. Concretamente, en la provincia de Sucumbios se encuentra lo que actualmente se conoce como “el Chernobyl amazónico”: miles de kilómetros cuadrados de selva contaminados después de que millones de litros de petróleo fueran vertidos sin control a los ríos y esteros amazónicos por esta empresa norteamericana, produciendo una contaminación irreparable. La consecuencia es una selva que huele como una gasolinera.

Además de la degradación del frágil ecosistema amazónico, está la terrible situación social de los más de 30.000 afectados por estos vertidos, muchos de ellos indígenas. Los casos de cáncer se multiplican y la gente se muere sin tratamientos porque no tienen como pagarlos. Para defenderse, los afectados se organizaron para denunciar a las petroleras y llevan 18 años pleiteando en lo que es ya el mayor juicio por una causa ambiental del planeta. Piden 20.000 millones de euros a la compañía norteamericana para que descontamine su selva y pague indemnizaciones y tratamientos a los enfermos.

Si esta iniciativa prospera, hay quién habla ya de “yasunizar” el mundo con este tipo de propuestas que nos interesan a todos. Un paso adelante, valiente y comprometido, que puede marcar el futuro de una nueva cooperación Norte-Sur en la lucha contra el cambio climático.


Juan Carlos de la Cal, periodista, es coautor con su hermano Francisco del libroViaje al traspasado corazón del Mundo: rebuscando Eldorado, coeditado por GEAPHOTOWORDS, donde se denuncia, en clave de viaje, la delicada situación del Amazonas actual comparándola con la que vio el descubridor extremeño Francisco de Orellana hace 500 años.

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