PUEBLO WAYUÚ – TRADICIÓN Y SUPERVIVENCIA

Eduardo Fuentes lleva meses conviviendo con los wayúu, el pueblo indígena mayoritario de Venezuela y Colombia compuesto por más de 700 mil personas, que sobrevive en la península de la Guajira a medio camino entre Colombia y Venezuela, territorio en el que habita el 98% del total de su población, según el censo de 2005 elaborado por el Departamento Nacional de Estadística de Colombia (DANE). Su proyecto fotográfico de índole antropológica se centra en captar mediante las imágenes que hoy nos brinda, un acercamiento a este pueblo indígena luchador, que sigue haciendo frente a las adversidades aferrándose a sus tradiciones ancestrales.

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FOTO  ©   Eduardo Fuentes

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Por Rebeca Mateos Herraiz para GEA PHOTOWORDS

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Un acercamiento a su cultura


“Tendrías que venir y ver la miseria y las condiciones de vida en las cuales viven mis hermanos wayúu y sin embargo, ellos te ofrecen una taza de café, y te brindan las mejores atenciones apenas llegas a su casa, aun siendo un forastero”.

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Los wayúu, también conocidos como Guajiros por la literatura etnográfica e histórica, han sido tradicionalmente un pueblo nómada con una práctica extendida de la caza y la pesca como modo de subsistencia. El contacto con los colonizadores hará que sumen el pastoreo a sus quehaceres cotidianos, y con él, aumenten su tiempo de estadía en los lugares de residencia. Actualmente, la ganadería constituye la actividad económica más importante de los wayúu en la Guajira, conjuntamente con el comercio desarrollado a partir de la época colonial.

La palabra wayúu que utilizan para autodenominarse, significa en Wayuunaiki – su lengua materna que proviene de la raíz del Arawak- “persona” en general, indígena de la propia etnia, aliado y también la propia pareja “mi esposo” o “mi esposa”. El término opuesto es “arijuna”, que se utiliza para designar a un extraño, un posible enemigo o un conquistador, que no respeta las normas.

Se organizan en torno a una sociedad compleja dividida en clanes y que presenta una estructura matrilineal: es el clan de la madre el que heredan los hijos y es la familia materna con quien deben criarse. La mujer wayúu es activa e independiente, dentro y fuera del clan. Dentro, desempeñando una importante función organizativa; fuera de él, representando a sus respectivos clanes en espacios públicos, además de ejecutora y transmisora de su cultura. Pero en el ámbito social, el sistema normativo wayúu viene regido y aplicado por los pütchipü`ui o palabreros, figura declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010. Se trata de una especie de líder social y cultural que actúa de mediador para solucionar los conflictos que surgen entre los miembros de la propia comunidad. Los pütchipü`ui de distintos clanes se reúnen en un espacio de análisis y discusión conocido como La Junta Mayor Autónoma de palabreros en la cual se promueve la participación y la concertación entre las autoridades tradicionales y los demás sectores de la comunidad. Esta actividad se lleva a cabo mediante una metodología autónoma y participativa de todos sus miembros.

Principales retos a los que se enfrentan los wayúu en la actualidad

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A pesar de que uno de los aspectos más destacados por los académicos es la resistencia étnica wayúu ofrecida a lo largo del siglo XVIII debido a que, tal y como señala el antropólogo Eduardo Barrera Monroy, las relaciones de mestizaje que se produjeron del contacto con los colonizadores, lejos de debilitar a los wayúu los ayudó a fortalecerse, puesto que fue un modo de establecer alianzas, actualmente el pueblo wayúu se enfrenta a serias amenazas ajenas a su modo de vida, que hacen peligrar su subsistencia: la escasez de agua provocada por meses de largas sequías; la confrontación entre grupos armados ilegales, debido a que la zona en la que se asientan posee rutas de conexión con el Caribe, la frontera con Venezuela, corredores hacia la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, por lo que convierte a los wayúu en blanco de amenazas, masacres, homicidios selectivos y múltiples, desapariciones forzosas, torturas, destrucción de bienes y desplazamientos forzados, según ha denunciado el Observatorio del Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH; y por último, la presencia de actividades extractivas de recursos minerales y energéticos por parte de compañías transnacionales: proyectos de gran envergadura que conllevan grandes intereses económicos, pero que suponen una seria amenaza contra la autonomía, la unidad, pervivencia y la cultura de los wayúu, al provocar daños irreparables en el entorno natural en el que viven y en su salud, a causa de la contaminación que generan.

Tal como denuncia el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz de Colombia (Indepaz), megaproyectos como la explotación de carbón a cielo abierto en el complejo El Cerrejón, el Gasoducto Transnacional que transporta gas natural entre Venezuela y Colombia, el proyecto Jepirrachi de generación de energía eólica, el puerto Multipropósito Brisa y la represa El Cercado sobre el río Ranchería, entre otros que se encuentran emplazados en territorio wayúu, han sido implementados violando abiertamente la legislación nacional que protege los derechos de los pueblos indígenas, así como los convenios internacionales como es el caso del Convenio 169 de la OI, en el cual se recoge particularmente el Derecho a la Consulta Previa de los Pueblos Indígenas a la hora de implementar proyectos que involucran la explotación de recursos naturales en sus territorios.

El carbón de las minas de El Cerrejón ha sido explotado en territorio wayúu desde el año 1969 y en la actualidad se considera como una de las minas a cielo abierto más grandes del mundo con una extensión de 69.000 hectáreas. El yacimiento localizado en el departamento de La Guajira cuenta con reservas de 3.670 millones de toneladas de carbón térmico, considerado de muy alta calidad para el mercado internacional, dado el bajo contenido de azufre y de cenizas, calidad que coincide con la legislación ambiental europea, según Indepaz.

El 24 de septiembre de 2009 se ratificó el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Suiza –país al que pertenecen la mayor parte de las transnacionales que operan en el terreno-, ignorando por completo las demandas del colectivo de la sociedad civil que había participado en movilizaciones semanas antes para evitar que esto sucediera, y haciendo caso omiso a los tratados sobre derechos humanos sobre los pueblos indígenas.

Queda claro que dentro del sistema económico y social que impera en el mundo actual, la pervivencia de los wayúu -como ocurre con muchas otras poblaciones indígenas asentadas en territorios de interés para las transnacionales por el valor de sus recursos naturales- corre peligro, ante la incapacidad de poder hacer frente a los abusos cometidos contra el entorno en el que viven y del que se nutren, y por lo tanto, del que se basa su propia supervivencia.

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Rebeca Mateos Herraiz. Licenciada en Periodismo y cursando la especialización en estudios contemporáneos de América Latina por la UCM. Colabora con Periodismo Humano y el IECAH (Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria).

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